Vivo en un cuarto / próximo a la muerte.
Rodolfo Hlousek-Astudillo (Chillán, 1977), como parte de los autores chilenos que emergen al filo del siglo pasado, constituye un nombre ineludible en la escena literaria nacional. Es poeta, investigador, Periodista, Licenciado en Comunicación Social por la Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de La Frontera (UFRO). Realiza estudios en Letras, mención Lingüística, en la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile y es doctor en Ciencias de la Comunicación por un programa conjunto entre la Universidad de La Frontera y la Universidad Austral de Chile. En Chillán destaca por su rol en los inicios de las jornadas literarias: Chillán Poesía. Además, por su trabajo en la catalogación de obras del Museo Internacional de la Gráfica y a nivel nacional, en la transcripción de la Liras populares, en el Archivo Oral de Tradiciones campesinas y populares de la Biblioteca Nacional.
Es autor de los libros: Persistencia del Alba (Ripio ediciones, Santiago de Chile, 2007); Cancionero (2009); 0 [Orden] (Bajo el aura del sauce, Buenos Aires-Argentina, 2010); Obras menores (Editorial Australis, 2014), Fronteras en Ciudad (2019). Ha sido antologado en el libro de Poesía Anarquista del siglo XX (Gato Negro editorial, Bogotá, Colombia, 2013), en Perú, Los Cantos del Caburgua (2019) y prontamente en Cuba. Además de haber realizado la antología de poesía novel de La Araucanía: Hojas del Ñielol (2011). Ha escrito los siguientes libros de investigación: Salón de Primavera, entrevista a seis acuarelistas de la región de La Araucanía (2007) y participó en el libro Mercado de Chillán: iconografía de una historia (2009); entre otros trabajos. En Neuquén capital este año presentó la plaqueta titulada Arbóreas. Críticas culturales y literarias del presente (Nagtul, 2025), en el que reúne en seis textos parte de su labor crítica.
Como se puede ver, el trayecto escritural de Rodolfo Hlousek-Astudillo destaca por su compromiso y amplitud, integrando la investigación formal con el propio trabajo reflexivo, desde donde ha desplegado una mirada crítica vinculada a los territorios que le ha tocado habitar y una propuesta creativa que, junto con cuestionar los usos normativos en curso, hace visible el abandono y la fragilidad de un mundo amenazado hasta sus límites. Sus formas de producción adoptan alternativas que “desbordan el formato convencional del libro y de los hábitos canónicos de lecturas”, característica que ha llevado a Valentina Natalini, doctora en literatura de la Universidad de Córdoba, lo señale como “poeta artesano”. Sobre su discurso poético, Ernesto González Barnet observa que en la poesía de Hlousek-Astudillo: “camina nuestro sur, canta, sufre, escucha, recuerda. Sobrevive con la utopía mortecina a cuestas, pulsa con el pecho caliente…”. He aquí, entonces, al fin, algo de su trayectoria y visión escritural en su propia voz.
—¿Cómo ocurrieron tus inicios literarios, en términos de contexto, amistades e inquietudes?
—Este camino o trayectoria se inició cuando fui estudiante en el liceo Narciso Tondreau, en Chillán. En el año 1993, me integré en un taller de Héctor Ponce de La Fuente, egresado de Pedagogía en Castellano de la Universidad del Bío-Bío, campus Chillán, otrora provincia de Ñuble. Hoy Héctor es profesor titular de semiótica de la Universidad de Chile. Paralelamente participé de las reuniones del Grupo Literario Ñuble, por aquellos años se realizaba en la casa de la señora Silvia Molina, en calle Isabel Riquelme, al llegar a la avenida Libertad. Finalmente, el grupo literario del Doctor Héctor Ponce comenzó a buscar nuevos lugares o espacios, hasta convertirse en El Glamal, en calle Maipón, en Chillán. En ese grupo participaba Angela Ramos y Gloria Garrido, Daniel Godoy, Jorge Rozas, Felipe Manríquez, Elgar Utreras, Gustavo Arias, Andrés Rodríguez, entre otros. Participamos de un encuentro de escritores en la ciudad de Valparaíso el que llevó por título Encuentro de agrupaciones literarias de narrativa y poesía de fin de siglo en la Universidad Federico Santa María. Posteriormente, se organizó un encuentro nacional de escritores organizado por El Glamal, en el que participó Harry Vollmer, Bernardo Colipán, Yanko González, Sergio Parra y otros. Al interior de El Glamal se organizó la cena de camaradería. Como agrupación nosotros elaborábamos una revista homónima en la época que circuló La Barca, revista de microcuentos. Este contexto está descrito en la entrevista que me hizo Ernesto González para la revista electrónica letras.s5. Además, yo escribí un ensayo titulado “Chillán: po-ética de la década del 90”, el que fue publicado en el libro El mar en una gota de agua, editado por el doctor en literatura, Manuel Jofré, desde las cátedras de literatura de la Universidad de Chile (ambos productos se pueden leer en Google).
Además, a mediados de los años 90, se puede describir que estaba presente la crisis ambiental y cultural en Ralco Lepoy (región del Biobío) consecuencia de la instalación de una represa. Participé en jornadas de reflexión y recuerdo que me solicitaban redactar comunicados para mantener a la comunidad informada. Con los años opté por estudiar Licenciatura en Comunicación Social, Periodismo. Es decir, cuando yo ingresé a la universidad de La Frontera yo tenía un cierto recorrido. Lo que se mantuvo con el tiempo. El primer libro que publiqué se llama Amor y Sangre (una auto edición con papel couché). Finalmente hice la tesis sobre el discurso de las editoriales independientes, desde 1980 al 2010. Como puedo observar todo confluyó: el sur, el discurso, la literatura, las editoriales independientes, modos de circulación y consumo cultural, la globalización, la perspectiva crítica y decolonial.
—¿Qué autores han influido, fundamentalmente, en tu proceso de desarrollo poético, y de qué han gatillado en ti?
—Inicialmente me influyó Reiner María Rilke, con su libro titulado Cartas a un joven poeta. También Arthur Rimbaud, con Iluminaciones, Una temporada en el infierno y el Barco ebrio. La obra completa de Vicente Huidobro elaborado por Braulio Arenas. Me influyó también Leonel Lienlaf y su libro Se ha despertado el ave de mi corazón. Además de Ceremonias de Jaime Luis Huenún, a quien entrevistamos con mi colega, Yerko Bocic, quien reside en Croacia. Esta entrevista se publicó en la revista Punto Final. Poetas internacionales que leí en primera juventud fue Allen Ginsberg y su libro Aullido.
En Temuco, participé en varias jornadas y revistas, como Jauría, bajo la dirección de Gerardo Quezada. Debo señalar que participé en talleres con Jaime Huenún, con Elicura Chihuailaf y, en los talleres de la Fundación Neruda, zona sur, con el antropólogo, Clemente Riedemann. Como se puede leer el desarrollo poético fue marcado por el sur (al sur del río Biobío).
Hicimos varios recitales poéticos en el sur de este país, por ejemplo, Riesgo País, Violento Sur, además de actividades poéticas que organicé en Chillán, como General Richter. Además de crear con Fidel Torres el encuentro nacional Chillán Poesía, gracias al Grupo Literario Ñuble. Otros escritores que han influido la labor reflexiva han sido los textos del crítico literario Wellington Rojas, a quien entrevistamos en un taller realizado para la Agrupación cultural - literaria Erato, de Collipulli, provincia de Malleco, La Araucanía.
Desde la teoría debo mencionar dos libros: La poesía de Johannes Pfeiffer y con similar nombre escrito por Martín Heidegger. Por supuesto que textos de análisis de Soledad Bianchi, Jaime Giordano, Manuel Jofré, Paula Miranda y Ana Pizarro, por ejemplo. Además de la obra de mi amigo Diego Maquieira. Es un poco dispersa la descripción, pero es habitual usar la memoria de este modo. Es, menester mencionar la obra de Paul Ricoeur.
Últimamente estoy leyendo al antropólogo Didier Fassin y a Eduardo Restrepo. Además de artículos de Daniela Poblete y Rocío Vera. Por supuesto retomo a Suart Hall y a Paul Gilroy. Además de la obra del poeta y comunicólogo: Antonio Méndez Rubio. Un hallazgo es el libro Citizens: poesía afroamericana del siglo XX, traducido y prologado por Cristián Gómez. Estos autores me han llevado a pensar desde un ángulo cultural diferente, desde otra vereda, cuestionando mis anquilosados preceptos de identidad, de la gubernamentalidad (Foucault, 1979) y el discurso como práctica.
—¿Cómo caracterizarías, en términos generales, tu propuesta creativa?
—El proceso de creación inicialmente fue con miedo a estas figuras y sus luces. De todos modos, fui avanzando y una de las características de mi obra es la búsqueda conceptual antes de escribir, no quiero decir que trabaje con un marco teórico previo, pero sí de manera reflexiva. Una de las características es la precariedad en el formato de las obras, como una búsqueda más bien antropológica, más que el deseo de publicar con herramientas industriales por llamarlo de algún modo, así nació Amor y sangre, el tríptico: El blues de la revolución, Poemario de ruta, Cancionero, 0 (orden), Obras menores, Fronteras en ciudad, Cofquekura. Intento abordar al lector no abrumándolo (es decir, con pocos textos), más bien busqué seducirlo con ediciones cartoneras, libros objetos, fanzines, y otros soportes. El problema es conectar posteriormente los poemas hasta encontrar una línea argumental y estética.
—¿Qué factores consideras determinantes en tu proceso creativo?
—Me agrada encontrar soportes o lograr obras desde la precariedad como recurso estético (uso de papel y artefactos no habituales para el armado de libros). El proceso es bien reflexivo, por lo tanto, el factor es la sorpresa antes un mundo industrial, y el objetivo es encontrar los códigos semióticos, comprendiendo la obra como un proceso abierto para reconectar o resignificar los flujos culturales.
—A partir de tu visión estética, ¿qué elementos o dimensiones atraen especialmente tu interés a la hora de leer poemas?
—La novedad, la problematización, la precariedad como estética, el uso del lenguaje desde las claves culturales, la alteridad de la significación. Por ejemplo, me agrada la escritura de Héctor Hernández (la labor crítica y la comprensión del lenguaje como matrices dispersas de significados), Héctor Libertella (El árbol de Saussure, una utopía), Marcelo Arce Garín (Óxido), Mariana de la Paz (Endemocracia) y Valeria Reseneti (Terminal). También Juan Luis Martínez y Nelson No-Vásquez de Puerto Montt, particularmente sus libros L&vertad (1984) y Revo&lusion (2010).
—¿Cuál crees tú que es el rol principal de la poesía, o la función que le asignas desde tu experiencia como lector y escritor?
—Creo que la labor es crear mundos posibles, crear flujos comunicacionales, discursivos y semióticos. Descubrir los procesos transculturales que conectan obras o, las obras mal ensambladas que requieren de reflexividades estéticas.
—¿Qué trabajo literario estás desarrollando actualmente?
—Me encuentro trabajando en la antología de mis textos poéticos, gracias a la invitación de René Silva Catalán y el sello Andesgraund. El manuscrito lleva por título Esencial. Como lo señalé anteriormente, el desafío es encontrar los conectores culturales entre un cuerpo poético y otro. El poeta Arnaldo Donoso lo advirtió hace años: mi obra tiene varios registros. Actualmente realizo tareas de editor, me apasiona la idea de un topo que posiciona a autores/as con sus propias experiencias y discursos. Se inició un catálogo que reúne obras tan diferentes; se inició este recorrido con la solicitud de Juan Pablo Prieto con su obra Genot; Los Déjà vu de Ignacia, de la profesora Hilda Palma; o de Juan Carlos González y su libro de microcuentos titulado: Narraciones del barrio y otros relatos. Además, en este momento estoy reuniendo la obra de Galvarino Merino Duarte. Además, estamos prontos a publicar la obra poética de Balderes Tiznado, en el cual Ziley Mora hará el prólogo y yo, el postfacio. Todas las obras se sustentan de acuerdo con criterios estéticos en interfaz con las ciencias sociales.

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* Julián Gutiérrez (San Ignacio, 1972). Profesor, Magíster en Literatura y Doctor en Estudios Americanos de la Universidad de Santiago de Chile. Ha publicado los poemarios Epopeya de la luz (2005), Pie de página (2008), Film de los paisajes (2010), Territorio extraño (2019) y La velocidad de los árboles (2022). Responsable de las antologías: Ricardo Navia: cantos a la muerte (2008) y Fin de siglo: nueva poesía chilena de los 80 (2009).