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*Lado B de las sombras de Juan José Soto Bacigalupo

Por Carolina O. Fernández


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(…) el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Jorge Luis Borges

Lado B de las sombras, el quinto libro de Juan José Soto Bacigalupo, comienza con una dedicatoria muy reveladora, pues de entrada nos permite inferir que el libro es un homenaje a dos entrañables mujeres, su abuela y su madre y, en segundo lugar, el reconocimiento del valor de la amistad encarnada en el poeta Evgueni Bezzubikoff.

Tuve la oportunidad de conocer a la señora Chabuca, la hermosa abuela de Juan José en los años 90. Era una abuelita de cuento, alegre, bailadora y generosa. Nos guarecía en su casa, siempre con una sonrisa hospitalaria, cuando en algún momento los poetas del 90 visitábamos Barranco. Recuerdo estas visitas junto a grandes amigos: Miguel Ildefonso, Willy Gómez, Antonio Sarmiento, Santiago Risso, Rocío Hervias, Domingo de Ramos y el gran José Pancorvo, a quien recuerdo con mucha nostalgia. De su abuela y su madre aprendió el poeta la alegría y la lucha cotidiana, valores que le permiten afrontar los retos y golpes que implica el vivir. De los amigos como Evgueni aprendió la hermandad y la solidaridad.

Resalto esta dedicatoria porque el conjunto del libro revela la angustia de la existencia, el dolor, la injusticia que ensombrece y ahoga la vida humana. Y es allí que todo ese aprendizaje que viene de estas dos mujeres maravillosas y la amistad como expresión de poesía vital encarnan las palabras que arrasan con las sombras.

“Intro”, sección que introduce el poemario, constituye parte de su arte poética. El actante poético en primera persona y en presente dice: “Coloco el ojo izquierdo en la cerradura /Giro/ Y vuelan despavoridas las sombras (…)”. Las sombras huyen al sentir la luminosidad de la mirada y son arrasadas por las palabras lanzadas contra las penumbras. Las sombras de antigua estirpe colonial caen al pie del Cancerbero que resguarda el infierno. La poesía vence las sombras, la oscuridad.

Las palabras plenas de airada luz, cargadas de células madre vencen la desesperanza, el abatimiento. Veamos: “Hurgo en mi aljaba /Saco y tenso palabras /Las lanzo contra la penumbra /Una tras otra /Cargadas de nervio/ De iracunda luz:/ Blanco certero/ Arde la noche.” (11)

“Lado B de las sombras”, la segunda sección, me recuerda al gran Borges de “Elogio de la sombra”, cuando dice: “Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar”, porque la intensa luminosidad/modernidad que recae en nuestros ojos enceguece, nos limita la mirada. Por eso, es preferible arrancarlos de manera simbólica y sentir la intensidad de la oscuridad porque de sus profundidades emerge la luz: “Son tus nalgas/ Enredando mis labios/ Hondos ojos/ Por los que miro el amanecer” (17)

El sujeto poético no sigue el ritmo de las olas, trastabilla al disfrutar y sufrir la noche. Sin ojos, sin luz, sin pie se orienta por las iluminadas sombras y el olor de las tinieblas (21). Este es el lado B de las sombras, el Elogio de Borges.

Los días se ensombrecen con el dolor de los suicidas, el caos, la humana agonía en plena luz. El poeta tropieza entre testículos y cuerpos desmembrados y de sus ojos ausentes fluye “el rumor de las palabras”; pero qué son las palabras sino penumbras. ¿Qué son los amaneceres sin rastro de luz? He ahí la paradoja.

La ciencia tan pregonada en Occidente ha fracasado, el tan ansiado progreso conduce a la destrucción, al estrés, al vacío, al suicidio. Con todo, aparece el guiño “De una luciérnaga/ En la raíz de la sombra.” Es allí que el poeta danza con la abuela, con Chabuca desafiando las sombras. La salida está en lenguaje materno, es decir, en el cuidado que prodiga la madre. Si la industria y la ciencia tuviesen como principio el cuidado de la especie y del planeta, probablemente la historia humana sería distinta porque desafiaríamos hondamente el lenguaje de la muerte. Por eso, es posible afirmar en diálogo con Lado B de las sombras que de los Ojos que son luz de la noche” surge el resplandor.

 

*Texto leído el 19 de abril de 2022 en la presentación oficial del poemario Lado B de las sombras en Barranco, Lima.

 

 

Durante la presentación:
de izquierda a derecha:  Antonio Sarmiento, Carolina O. Fernández, Carlos López Degregori y
el autor, Juan José Soto Bacigalupo


 


Sobre la autora de la reseña:
Carolina O. Fernández. Poeta y ensayista peruana.  Es autora de Rumikuna del mar (2021), No queremos cazar la noche (2019), A tientas (2016), finalista en el premio COPÉ de poesía 2015 y primer premio de los Viernes Literarios; Un gato negro me hace un guiño (2006), Una vela encendida en el desierto (2000), Cuando la luna crece (1996). Su libro inédito Bordando quilkas acaba de obtener una mención en el Premio Casa de las Américas 2022. 

Sobre cultura, imaginarios, género y poder ha publicado Procesos de descolonización del imaginario y del conocimiento en América Latina (2004), Poéticas afroindoamericanas. Episteme, cuerpo y territorio (2014); La letra y los cuerpos subyugados. Heterogeneidad colonialidad y subalternidad (1999). Es profesora de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.


Sobre el autor del poemario Lado B de las sombras:
Juan José Soto Bacigalupo. Nació en Lima, Perú. Ha publicado los poemarios Cárcel de mi ojo (1994), Morada Diosa (1997), Palabra sobre los abismos (2005), Airado verbo (2008) y Lado B de las sombras (2022). Figura en el libro colectivo de poesía Extensas legiones (2021). Gestor y coordinador de la primera edición de Madrid: Una Ciudad, Muchas Voces, ciclo de poesía hispanoamericana y española realizado en España (2009). Gestor del proyecto Ciclón de Poesía, ciclo de recitales que congregó a poetas y artistas de Lambayeque y diversas ciudades del Perú (2010-2019). Coorganizador, en la ciudad de Chiclayo, del Festival de Poesía Fiesta del Diantre (del 2011 al 2015). Premio Prensa Cultur 2015 por Buenas Prácticas en Periodismo y formación de jóvenes comunicadores en la ciudad de Chiclayo. Director fundador de Agenda CIX, medio digital de difusión cultural.

 


Foto superior de Evgueni Bezzubikoff  Díaz.




 



 

 

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