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Juan Luis Martínez
o la nadería de la personalidad


Por Erick Pohlhammer
Publicado en APSI, N°209. Del 13 al 19 de julio de 1987



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Poeta viñamarino, Juan Luis Martínez ha sido destacado por la crítica como el poeta más incisivo y experimental de las últimas generaciones, precursor de una concepción de lo poético como potencialidad de creación de un "objeto total", idea primitiva de Stephane Mallarmé.

En su obra La Nueva Novela, la fantasía científica, la lógica simbólica y la patafísica se funden con un oculto hálito irónico antilírico, todo lo cual redunda en la construcción de un sistema poético que abre una nueva vía de acceso al conocimiento de lo real —o lo irreal—.

Donde no ha puesto luz todavía la crítica es en la benefactora influencia de Martínez en la joven poesía chilena actual, donde se inserta la ya consolidada obra de Raúl Zurita, poeta que conviviera cinco años en la casa del primero en el balneario de Con Con.


"Desde hace años he dejado de depender de mis rasgos"
(Henry Michaux)

No ha habido casi poeta, esteta, diletante o especialista que no haya elogiado la obra de Juan Luis Martínez sin pelos en la lengua. Tres de ellos fueron consultados por APSI para conocer su opinión crítica de la obra de este autor y los versos que estimasen más memorables. Veamos:

Enrique Lihn: "Por un esfuerzo razonado se llega a un delirio lúcido. Así se obtiene de la locura una inteligencia de las cosas que escasea inmensamente. De esa inteligencia está hecha la poesía de Juan Luis Martínez: en esta casa que aún no conocemos/ sigue abierta la ventana que olvidamos cerrar".

Arturo Fontaine Talavera: "Martínez ha construido una nave para atravesar poéticamente esas zonas no imaginables y a veces no pensables de la lógica y la física en que vivimos. Al volcar la imaginación en la imaginación hasta su última gota logra que, por ese vaciado, ella habite resbalando en un más allá de sí misma: A través de su canto los pájaros, comunican una comunicación/ en la que dicen que no dicen nada".

Raúl Zurita: "Juan Luis Martínez fue el primero en entender en su obra a nuestro país como un gran juego, una máscara y una nostalgia. La Nueva Novela es una obra que marcó una pauta y un quiebre en la poesía chilena: Dado que va a suceder no sabe qué ni cuándo! ¿Qué providencia toma usted?".

Su obra, no él, ha sido elogiada por la critica, porque Martínez piensa que el poeta es "un instrumento del lenguaje o de una realidad misteriosa", por lo cual cualquier emoción de éxito un poco prolongada sería "mezquina". Congruente con tal visión y también un poco hastiado del circuito competitivo "donde siempre inexorablemente se cae un poco", pero "más bien por razones de comodidad", vive lejos del mundanal ruido, en Villa Alemana, junto a su amada mujer y a sus dos amadas hijas. Su experimentada conciencia sobre la autonomía de la obra incide en que realmente Martínez no sienta apetito alguno por ser conocido públicamente como persona, por lo cual no acostumbra a conceder entrevistas. No obstante, algo habló.


Oí que La Nueva Novela es la perfecta subjetividad perfectamente objetiva. ¿Oí bien?
—Siempre trato de expresarme en forma muy objetiva para sensaciones subjetivas.

¿De esas que uno no sabe si son reales o no, pero donde intuye algo profundo?
—Eso, más o menos. La Nueva Novela está estructurada sobre la base de una fe intuitiva; fue escrita en un estado de miedo constante. Fue un vuelo muy alto; al terminar la bajé de nuevo a la tierra.

¿A la irrealidad?
—No sé.

Rilke decía que mientras más alto era el vuelo poético más terrible era la caída.
—Para mí fue hermoso, no fue terrible.

A mucha gente le cueste sangre, sudor y lágrimas entender tu poesía. ¿Desde qué perspectiva de entendimiento dirías tú que el lector debe aproximarse a ella?
—Sinceramente, yo creo que hay que entender que no hay que entender mucho.


MASCOTA CON MOTO

Juan Luis Martínez abandonó los Sagrados Corazones en séptimo básico para nunca retornar a un aula de clases. Eran demasiado sagrados para un adolescente espigado, rubio y locuaz. Cuando dejó el colegio, le pidió a su papá, que era subgerente de un banco de peso, que le comprara una moto. Como Juan Luis "era adorable", su papá se la compró. Se la compró, y en pocos meses todo Viña del Mar conocía al Loco Martínez. Iba y venía, subía y subía y bajaba por las calles y callejuelas de la ciudad jardín en su moto vestido de negro al mejor estilo James Dean. Incluso un día ingresó a una patota de patos más o menos malos. "Era la mascota", dice, sonriendo. Sonriendo, añade: "Nos robábamos autos y nos íbamos chocándolos por la carretera Panamericana a Santiago". Cuando los carabineros los detenían, Juan Luis pasaba una noche entera en la cárcel. Una sola, porque al día siguiente su papá pagaba una fianza y Juan Luis volvía a ver el sol. Pero cuando el sol desaparecía aparecía la luna, y la mascota con su pandilla irrumpía a su vez por las puertas descascaradas, rancias y malolientes de las casas de putas en Valparaíso, cargados al oro porque la mascota era hijo de un subgerente de un banco de peso.

Así como Saulo hubo de desplomarse ciego del caballo para ver la luz de Cristo, el Loco Martínez hubo de caer en cama, a causa de una enfermedad delicada, para ver por vez primera la luz de la poesía. Durante el proceso de su enfermedad, un amigo le cedió prestado Altazor, de Vicente Huidobro. Altazor, de Vicente Huidobro, "me cambió la vida; fue una revelación, una profunda maravilla".

La maravilla fue que a partir de ahí —en adelante— Martínez inició un intenso período de lecturas de poetas que influirían sensiblemente en su ulterior entendimiento del fenómeno poético: Lewis Carrol, Henri Michaux, Mallarmé, Jean Tardieu, los patafísicos (patafisica: "ciencia de lo particular o ciencia de las soluciones imaginarias") y otros.

Aunque desde la óptica del insospechado juego del azar —sincronía, destino—, lo que emociona y lo deja a uno inquieto, entre sonriendo y reflexionando, es que ya afiatado Juan Luis Martínez como estudioso y experimentador de la poesía, cierta aurora golpeara la puerta de su casa otro futuro poeta, estudiante entonces de Ingeniería en la Universidad de Chile, Raúl Zurita. "Apenas nos vimos nos enamoramos", ríe Martínez. De quien realmente se enamoró Zurita fue de la hermana del anfitrión, porque al poco tiempo se casó con ella. Los dos más trascendentes poetas que ha producido Chile en estos últimos tiempos convivieron, estudiaron, jugaron, discutieron, escribieron juntos un lustro en la misma cabaña de Con Con, acompañados de sendas compañeras.

A Lewis Carrol se le conoce bien por Alicia en el País de las Maravillas. Martínez lo conocía por su ebrio, cerebral, comiquísimo texto Juego de la Lógica. (pdf) Inquietaban al poeta este tipo de silogismos:

Ningún pato baila vals
Ningún oficial declina nunca
. . . . . . . . . . /una invitación a bailar vals;
Todas mis aves de corral son ánades.

La Nueva Novela es una fiesta de ellos:

a. La muerte es un camino azul.
b. Todos los caminos son la muerte.
c. Luego, todos los caminos son azules.

Zurita entró a la fiesta insuflándole su propia energía lírico-telúrica:

i. Los desiertos de atacama son azules
ii. Los desiertos de atacama
. . . . . . . . . . / no son azules y ya dime lo
. . . . . . . . . . /que quieres
iii. Los desiertos de atacama
. . . . . . . . . . / no son azules porque por
. . . . . . . . . . /allá no voló el espíritu de J.
. . . . . . . . . . /Cristo que era un perdido

LA PALABRA - COSA

Muchos piensan que la crítica aún no ha destacado todo el valor de tu obra.
—Para el cura Valente, Raúl Zurita es el único poeta.

Ya no lo quieres tanto a Zurita, parece.
—A él lo quiero mucho...

Ya sé, es como lo que me dijo Benito Badilla una vez con respecto a Cardenio Ulloa: "Yo lo quiero mucho a Cardenio, somos grandes amigos, nunca me ha hecho nada a mí; en el ring, claro, lo quiero destruir".
—Si (ríe), es lo mismo. Pero hablemos de lo esencial, no de lo accesorio.

Hay un magistral ensayo de Sartre sobre Francis Ponge, El hombre y las cosas.(pdf) Sostiene que Ponge se propone crear "una cosa" con las palabras; cita ese inquebrantable verso sobre la mariposa: minúsculo velero de los aires maltratado por el viento en pétalo redundante,/ vagabundea en el jardín. No le canta, hace volar, pero no a la mariposa como hubiese hecho Huidobro, sino al lenguaje mismo. Aunque con otro enfoque menos bucólico y más latamente intelectual, tu propósito poético es el mismo. En Ponge el lenguaje mismo es la mariposa volando.
—Jean Ricardou le criticaba a Sartre el que usara el lenguaje como instrumento y no como fin en sí mismo. Claro, Sartre usaba, a su manera magistral, claro, el lenguaje para expresar su pensamiento, su filosofía; se servía del lenguaje. A mí en realidad no me importa escribir bien o mal; lo que me importa es dar cuenta de mis intuiciones, pero todo esto siempre y cuando el significante prime sobre el significado. El ideal mío es escribir un libro donde yo no haya escrito nada pero que el libro sea mío. Mallarmé llamaba a un libro "pequeña cosmogonía práctica".

La nadería de la personalidad de la que hablaba Jorge Luis Borges; ¿eso?
. .Dice que sí.

 


 



 

 

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