Al avistar este libro de cuentos, creación de Juan Mihovilovich, ya desde su sugestivo título se nos avisa que estamos a las puertas de espacios narrativos que nos han de provocar inquietud, sensaciones de amenaza, que a poco andar verificamos, desde la lectura del relato inicial. Avanzamos, como constante, por variados e inciertos mundos, expuestos al suceder de sorpresivas escenas. Asumimos así el rol de viajeros que deambulan por espesuras boscosas. Lugares donde predominan, con insistencia, visiones impregnadas por poderosa invasión de sombras. Donde las rarezas, el extrañamiento, la irrupción de la fantasía, las alucinaciones, surgen una y otra vez, concediendo breves treguas, pero ya instalada la sospecha de lo insólito y asombroso, que llega o mucho se aproxima a tener consistencia de costumbre.
Hay fuerza y contenido de humanidad en estos relatos, tanto así que propician el nacimiento de grados de empatía hacia alguno de los protagonistas. Y es que el narrador en ocasiones como personaje testimonial, nos ha contagiado y seducido hasta embarcarnos en la aventura de cada cuento, ofreciéndonos la posibilidad de ser solidarios. Esto, al sentir y palpar las vivencias de seres subsistiendo en circunstancias, donde la precariedad asfixia, desde lo íntimo y en el entorno sociocultural en que se encuentran inmersos.
Existe entonces, aquí, la posibilidad de asumir, por emotiva extensión, tanto el conocimiento como la comprensión de existencias humanas, que antes no vimos o no quisimos ver, ignoradas por una sociedad marcada por el individualismo y la indiferencia, por la falsía afectiva enmascarada de bondad.
En los relatos, por consiguiente, están estampadas denuncias, que no nos permiten escabullirnos, ignorar lo que sucede de inhumanidad, muy cerca nuestro.
Por otra parte, variando el punto de vista, y como gran valor, logramos apreciar en esta colección de cuentos, ya desde una primera lectura, matices explícitos en su construcción, como la belleza del lenguaje narrativo, el cual esgrimido con vivacidad policromática, va dando a luz, pincelada tras pincelada, al suceder de sugerentes cuadros, cuyos destellos surgen y hablan desde la magia de la poesía.
Cuadros, desde otra mirada, que nos permiten atisbar hilos conductores, entretejidos en redes donde fructifican ideas e invitaciones a la reflexión. Asimismo, surgen señales, visualizadas con claridad, donde como cascada, o cual río caudaloso, fluyen las palabras, manan expresiones que, como ventanas abiertas al escrutinio, ofrecen variedad de riquezas para la indagación abisal. Para leer entrelíneas, e ir hacia la honda intimidad, y encontrar ocultos valores estéticos, y cercanías con la espiritualidad, que afloran y nos impregnan gratamente.
Es la de Juan Mihovilovich, también, una prosa, por momentos, un tanto críptica, que parece urdida a vuelapluma, veloz, que, sin embargo, pese a que podría parecernos inconexa en ciertos pasajes, se muestra al final como armoniosa construcción, sabiamente urdida y sorprendente.
Y entramos, en esta cuentística, luego, a seguir las señales que se nos ofrecen, situadas en espacios permeables donde lo que veíamos como realidad, cambia, se transforma al instante de fundirse con sucesos fantásticos, y adquiere otra identidad. Percibimos la proximidad de umbrales inseguros o fronteras porosas, permeables, donde todo puede ocurrir.
Es como si las narraciones, sus ecos, obedecieran a impulsos originados en ciertos ámbitos de índole mítica, y ancestral y radical. Subsumidos sus actores, en algún caso, en estado de franca y triste enajenación mental, y/o expuestos o condenados a la sobrevivencia, a sufrir indefensión, soledad, marginación, habitando fríos ambientes, paisajes urbanos inhóspitos donde persisten los tonos grises. O maniatados por la desesperanza, por alguno no asumida. Sus sentidos envueltos por cegadoras o distorsionantes nieblas. Tragedias de hondo impacto, soledades abismantes que de pronto nos golpean con dureza.
Agreguemos que, al avanzar de manera comprensiva en la lectura de estos cuentos surgen, y coexisten, lazos entre quien narra, los personajes y quien lee, al tiempo de provocar amplia gama de reacciones frente a los hechos narrados. Ocurre una suerte de complicidad y empatía, con visos amables y otros molestos. Ello por el contagio de sensaciones que despiertan mezcladas, o renacen inseparables, al vibrar cuerdas sonoras, claras y oscuras, de nuestra particular y humana intimidad: amores, simpatías, remembranzas gratas, a la par con miedos, creencias, supersticiones…
Hay que destacar también, la presencia de un narrador que, arbitrariamente, llamaremos movedizo. Que relata desde diversas posiciones y personas, siempre omnisciente se diría, y que al contar desde un mirador que podríamos calificar de insólito, absurdo, recurre a la metamorfosis, se mimetiza, actúa y razona, llegando a desempeñar el papel de animal que interpela, dominante, en autoasumido trastoque. Asimismo, encarna el rol protagónico de una peligrosa criatura, investida de difusa identidad, yendo desde la inocencia a la desilusión, la malicia y la venganza.
Nos trae a la memoria, ese cuento titulado “Informe para una Academia”, escrito por Franz Kafka, donde quien redacta el documento es un simio asimilado a la vida y las costumbres de los hombres.
Aproximándonos al final de este estudio, señalemos que este libro, es afín o fiel a las características que, muy tempranamente, marcan con sello propio la narrativa de Mihovilovich, al punto que en su obra total creada a la fecha, existen indicios de esa mixtura, discutiblemente denominada, en su caso, “real-fantástica”, del moverse en caminos entrecruzados, vasocomunicantes, en que sube al escenario de sus páginas, criaturas y/o seres humanos, puestos a vivir en ambientes convulsos, insertos en realidades e irrealidades que, expresivamente, fluyen simultáneas desde sus vertientes creativas, dando lugar a una escritura de asombrosa y armónica naturalidad.
O sea, y en general, existe una propuesta recurrente de Mihovilovich, en que lo asombroso o extraordinario o irreal, perdura y se extiende en el espacio-tiempo, junto a la llamada realidad. Resurge como veta perenne desde su muy fecunda imaginería de escritor, como fuente propiciatoria, (¿imperecedera?) e impulsiva de su creatividad literaria, ésta, además, magnificada por variados recursos estilísticos.
Buenos ejemplos de esta propuesta literaria afincada en lo “real e irreal”, sostenida desde el ayer al hoy, es, primero, por citar y situar un (im)probable inicio, el cuento “No Dejes que me Lleven”, premiado en un concurso el año 1983 y publicado en el libro “El Ventanal de la Desolación”, año 1989, y que felizmente reaparece como pieza literaria de excelencia en el libro actual. Y, para completar el punto, recordemos que en el libro “El Contagio de la Locura”, año 2006, un colibrí comparece ante el juez; y en una obra reciente, “El Amor de los Caracoles”, año 2024, Laura, muerta durante un maremoto, reaparece en imagen, incorpórea, es vista y comparte con los niños, dialoga, asiste al velatorio de sí misma, y acompaña su propio funeral.
Señalo lo precedente, habiendo releído con afán indagatorio, para efectos de este trabajo, un número importante de creaciones literarias previas a este nuevo y muy valioso libro, “Síndromes Alucinantes”, edición que incluye tres o cuatro cuentos publicados antes, y que, junto a relatos nuevos, hay que decirlo con énfasis, nos muestran y demuestran, con claridad, el alto grado de madurez y maestría logrado por Juan Mihovilovich en su oficio de escritor.
Talca, mayo de 2026

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Adriano Améstica, Talca (1947). Poeta, Escritor, Educador. Columnista Diario El Centro,
Talca, Región del Maule (1989-1994). Editor Arte y Cultura, y reportero, Diario La Mañana, Talca
(1994-1996). Preside la Sociedad de Escritores de Chile-Talca (1991 a 1994). Autor de “Las Arenas
y las Vidas” y “Casa de Poemas”, poemarios. “La Boina del Padre”, cuentos. Incluido en
“Antología Poética para el Bicentenario, Poetas del Maule”, de Matías Rafide, Naín Nómez y
Marcela Albornoz Dachelet, Universidad de Talca (2007). Premiado en poesía y cuento. Finalista
y publicado en antología, versiones X y XI, respectivamente, del “Premio Internacional Julio
Cortázar de Relato Breve”, Universidad de La Laguna, Tenerife, España.