Hay historias que nos habitan y que se van formulando debajo de la piel de forma natural,
esperando el momento exacto para ser narradas. Cuando pienso en mi padre (La Pollera,
2026) es una de esas historias. Su autor, José Miguel Martínez, se aleja de la ficción para
adentrarse en el territorio más complejo de todos: la memoria familiar. El libro nace de una
coincidencia casi mística: la muerte de su padre en 2015 y el nacimiento de su hijo, Santos,
apenas seis meses después.

A través de una estructura híbrida que navega entre el ensayo, el diario personal y la
crónica, Martínez compone un mosaico que busca dar respuesta a una pregunta esencial:
¿quién es el hombre antes de ser padre? La obra se organiza en tres partes: Diario de
muerte, Diario de vida y Diez años después y configura una carta que es, al mismo tiempo,
una conversación con el progenitor ausente y un legado para el hijo que crece.
Lo que vuelve al libro una pieza entrañable es cómo la cultura pop actúa como el hilo
conductor entre tres generaciones. El autor reconstruye este mapa afectivo mediante
referencias que van desde el estoicismo de los westerns y la música de Johnny Cash, pasan
por la épica de Dragon Ball, hasta llegar a la cotidianidad compartida de Paw Patrol. Cada
anécdota, cada canción y cada película compartida funcionan como piezas de un
rompecabezas que intenta descifrar ese misterio envuelto en familiaridad que habita en la
figura paterna.
Si bien Martínez se distancia de la narrativa de violencia que ha marcado su obra previa,
este libro entrega todas las pistas de su camino literario. Al explorar la biblioteca de su
padre o los rincones de Chillán, Martínez revela las raíces de su imaginario, convirtiendo
esta obra en una pieza clave para comprender su universo creativo.
Más que un testimonio sobre la pérdida, este libro se consolida como la hoja de ruta de un
autor que utiliza el lenguaje como su principal herramienta de reconstrucción. Un libro que
no pretende darnos lecciones morales ni cerrar el duelo con respuestas definitivas, pero que
consigue algo mucho más valioso en el terreno literario y emocional: transformar, a
través de un complejo acto de escritura, el vacío dejado por su padre en un lenguaje
compartido para conectar con su hijo.