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Visiones de un astronauta

Por Jaime Pinos

Escribo esto como respuesta al artículo de Javier Campos El iceberg y la creación literaria (y la critica a algunas propuestas “neo-realismo socialista”) publicado originalmente en la revista Extramuros y reproducido luego por Letras.s5. Escribo esto porque se alude un texto mío, de hecho soy el único autor mencionado en el artículo, y para hacerme cargo de la finalidad que el propio autor le asigna a su texto: levantar un debate. Entro entonces a discutir algunas de las ideas y opiniones planteadas en el texto.

El artículo parte con la teoría del Iceberg de Hemingway, o cierta original interpretación de ella, aplicada a la poesía. El verdadero poema, como un iceberg, deja ver en la superficie tan sólo una pequeña parte, pero se impone por la contundencia de su volumen sumergido, oculto. La poesía no se explica, dice Campos. Quien explica sus propios poemas, en el fondo, intenta dotarlos de una profundidad ficticia.

Estoy de acuerdo con la crítica de las retóricas académicas o teorizantes y  otras formas de valorización espúrea de un texto. En general, no me interesan los que sólo hablan de sí mismos, los egóticos, los autoreferentes, se trate de poetas o no. Sin embargo, más allá de tráficos y egotismos, me parece útil y necesario aportar a la construcción de espacios de diálogo donde sea posible el intercambio de experiencias y miradas. Donde sea posible inscribir los textos propios y coetáneos en el ámbito más amplio de la tradición chilena y universal. Donde se practique la lectura atenta y la crítica entendida como un libre juego de escrituras sobre escrituras, antes que como una jerga o un poder. Ese es el sentido de mi texto que, por lo demás, no contiene ninguna referencia a mi propio trabajo y está escrito como aporte a una mesa de discusión con otros autores convocada por una editorial chilena.

Creo que el valor de los textos depende, en última instancia y más allá de cualquier intento de adulteración, del lector. O mejor, de su inteligencia. Como también creo que parte de la literatura es la reflexión sobre esos textos, la propuesta y la confrontación de sus posibles lecturas. Eso es lo que hizo Hemingway, entre otros grandes escritores. Su literatura está en sus relatos y novelas escritos con una capacidad de elisión y alusión formidable. Pero también está en los los textos y entrevistas donde habló sobre el oficio. Sobre cómo y porqué escribía. La del iceberg es una imagen para comunicar y comprender su propia poética. No toda poética es egótica o fraudulenta. No todo lector es tan ingenuo o tan estúpido para no diferenciar un gato de una liebre.

No es bueno reducir o simplificar lo que es complejo. Pero sobre todo, no es bueno subestimar al lector.
Cito: Al final de cuentas, y eso muchos artistas jóvenes aún no se enteran, es que la obra de arte no es una construcción teórica ni una agenda política como en un reciente artículo escribía el poeta joven Jaime Pinos (“La poesía como política” publicado en lanzallamas.com). Postura  bastante caduca y especie de rehabilitación de un muerto bien enterrado: “el realismo socialista” en el  arte. Es difícil discutir esta afirmación porque se hace sin argumentar ni hacer referencia alguna a mi texto. Sin embargo, le dejo claro al profesor Campos que mis filias políticas y artísticas están en las antípodas de la estética de los socialismos autoritarios. Mis referencias son otras. Más que el viejo comunismo burocrático me interesa la experiencia del anarquismo español (soy nieto de trabajadores cenetistas) los situacionistas, los provos, los diggers, los yippies. El jazz, el rock, el punk. Como escribió Camilo Brodsky, pertenezco a una generación cuya triste herencia política la mantuvo demasiado ocupada leyendo manuales estructuralistas como para enterarse de quién era Guy Debord. Trabajo para remontar ese retraso, para superar en mí y en mi entorno las limitaciones políticas, mentales y sentimentales heredadas de una izquierda chilena agotada, degradada, meramente testimonial y ritualista.

La discusión es otra. La misma discusión que abrió la vanguardia y que conserva plena vigencia: la relación entre escritura y realidad, la integración entre el arte y la vida. La realidad es la única película que nos quita el sueño/la realidad es el único libro que nos hace sufrir. Lihn dixit.

La obra de arte no es una construcción teórica ni una agenda política, escribe Campos. Ni una construcción ni una agenda, claro. La poesía es mucho más que eso. La poesía es un camino profundo y difícil de conocimiento de sí mismo y del otro, una epistemología. La poesía es una política, si tomamos en serio las palabras de Rimbaud: hay que cambiar la vida. Si tomamos en serio la experiencia de todos aquellos que hicieron de la escritura una tentativa de vivenciar, en este perro mundo, la fraternidad, la libertad, la belleza. Eso es lo que intenta decir mi texto. Lihn, Mayakowsky, Dalton, Cameron, Cuevas, Rexroth. Esos son los poetas mencionados en mi texto.

Resulta que algunos/as no han revisado que en estos tiempos una poesía para cambiar el mundo no funciona, especialmente en los tiempos globales que vivimos, escribe Campos. Este punto sería largo de discutir aquí. A este respecto, me alineo con los escritores que han comprendido y practicado la literatura como una forma de critica o de inconformidad con el orden de cosas o el signo de los tiempos. Eso debería ser la poesía, si tomamos en serio las palabras de Bolaño: Nuestra ética es la Revolución, nuestra estética la Vida: una-sola-cosa.
  
Finalmente, algunas opiniones de Campos sobre la poesía joven. Me llama la atención eso de poesía joven. En algún sentido, con Nicanor Parra y Gonzalo Rojas vivitos y escribiendo, irónicamente, todos somos poetas jóvenes. No me queda claro a qué se refiere Campos con eso de poesía joven. No menciona nombres, no meciona textos. Sin embargo, se permite hacer un listado de sus carencias y defectos. La poesía joven chilena es hermética y su vocación es minoritaria. La poesía joven chilena es autoreferente y pretenciosa: Y es que la joven poesía chilena, muchas veces con rabia (ya  Jorge Teiller decía que la poesía nuestra estaba cargada de mucha rabia), tiende a considerarse el centro de la poesía latinoamericana.  Esto último ocurre porque ni se sabe qué hay más allá de Perú o Argentina (que tienen buenos poetas). Pero ¿y qué saben del resto de América?

No me interesa hacer el panegírico de nadie. Sin embargo, conozco los esfuerzos, seguramente precarios o insuficientes pero muy concretos, por abrir una recepción nueva y más amplia para la poesía actual. Ediciones independientes, revistas digitales e impresas, lecturas públicas que, con mayor o menor éxito, lenta y subterráneamente, van ensanchando la audiencia e incrementando el interés. Conozco también la paciente artesanía de muchos poetas jóvenes que trabajan por articular, libro a libro, mano por mano, un circuito de intercambio que les permita conocer y hacer conocer lo que se está escribiendo en el resto de América Latina. Las versiones del encuentro latinoamericano de poesía Poquita Fe, organizado de forma independiente por poetas menores que yo,son una demostración concreta de los avances en este sentido.

Las críticas a la poesía joven de Campos ya habían comenzado en un texto anterior:  Pensando en los poetas jóvenes de este sitio, publicado también en Letras.s5. En ese texto la crítica apuntaba a la estrechez de registro y el apego a la literatura letrada de los poetas más nuevos:  O sea, que las influencias, aparte de multidiversas lecturas (o la "educación letrada"), lo que también nos abruma (y eso me gusta mucho) es la cultura de la imagen. Ah, eso es otra cosa que aquellos poetas ni mencionan. Es como si la poesía, en estos momentos, sólo fuera pura literatura letrada. Sería bueno que Campos se diera una vuelta por el bar Rapa Nui, aquí, en Santiago de Chile. Ahí funciona hace varios años el Foro de Escritores. Un grupo compuesto por poetas, jóvenes en su mayoría, apostados a la búsqueda de nuevos lenguajes y posibilidades expresivas para la poesía, así como al diálogo con otras artes.

En fin, lo que hay seguramente no es mucho. Pero tampoco es nada. Y ha costado y cuesta sostenerlo y proyectarlo en un país que, luego de casi cuarenta años de oscuridad, ha desterrado la poesía del alma cotidiana de sus habitantes. César Soto dixit

No es bueno polemizar desde el desconocimiento y el prejuicio. Pero sobre todo, no es bueno subestimar a los poetas jóvenes.

Pensando en los poetas jóvenes de este sitio, titula Campos su artículo. Esta carta que se me ocurrió desde alguna parte del Universo. Tal vez ahí esté su problema. Tal vez debería pensar menos en los poetas jóvenes. Y leerlos más. Eso haría posible un debate útil, productivo. Escribo este breve artículo en esta revista, en su primer número, para levantar un debate. Algunos quizás me atacarán con furor, anticipa Campos. No seamos dramáticos. Por mi parte, le aseguro que reservo mis furores para mejores causas, más importantes.

Levantemos un debate. Pero un debate que sirva para hacer más y mejor literatura. Un debate abierto sobre textos, ideas y experiencias. Las tristes polémicas furibundas de antaño, los grandes egos crepitando en la hoguera de las vanidades, no servirán de nada.  Una discusión planteada desde la provocación gratuita, carente de un conocimiento mínimo de la escena literaria chilena, no servirá de nada.

Escribo esto porque me interesa aportar al debate. Construirlo. Para eso es necesario tomárselo con calma. Relajar el tono. Y poner los pies sobre la tierra. Eso sobre todo. Bajar a terreno, situarse. Evitar el mal de altura. La visión ingrávida e irreal con que nos observan desde alguna parte del Universo, desde esa distancia sideral, cierto tipo de astronautas.

            Santiago de Chile. Enero 2008.

 

 

 

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