CAJAS/ MUCHAS CAJAS/ cajas de cartón/ cubos de cajas de cartón/ cerrados/ sellados con huincha de embalaje café. Así comienza este libro. Y en el segundo texto: MUCHAS CAJAS DE CARTÓN /apiladas/ en una habitación oscura/ cajas de cartón/ apiladas/ en una habitación cuadrada/ muchas cajas de cartón café/ apiladas, unas sobre otras en una cuadrada habitación oscura. Este libro invita a entrar a esa habitación repleta de cajas. Observarlas, abrirlas, cerrarlas, imaginarlas. Ver lo que hay, o no hay, dentro de ellas. Lo que sigue son algunos apuntes de lectura, notas breves sobre mi recorrido por el espacio cuadriculado de este libro. Entro a la habitación. Escribo sobre la superficie de una de las cajas con un rotulador.

1
Un libro también es una caja dice un verso. Desde luego, habría que definir qué entendemos por una caja. Releo el libro de Mario Montalbetti titulado Cajas. Allí el poeta peruano ensaya una definición: ¿Qué es una caja? Una caja es un objeto tridimensional (3D) que distingue adentro de afuera/ Una caja es un objeto que tiene un hueco adentro/ Una caja distingue adentro de afuera/porque tiene un hueco adentro. En el mismo libro, define también las palabras: Las palabras prometen algo/ en ese sentido son cajas/ lo son también porque aquello que prometen no es visible. Las cajas apiladas en el libro de Gómez son del mismo tipo. No interesan tanto las cajas mismas, sino lo que tienen o no tienen adentro. Más que su contenido, la promesa de revelarlo.
2
TODOS ESTAMOS DENTRO DE UNA CAJA se titula uno de los textos. En otro, se describe el metro cuadrado donde transcurre nuestra vida laboral: El cubículo/ donde pasas/ la mayor parte/ el día –y de la tarde /es un cubo/ –ya lo dice su nombre/ no de cartón pero casi/ sí de paneles de melanina/ cubiertos por tela genérica/ alfombra para los pies/contornos romos/ esquinas pensadas/ para ensamblarse/ listos para replicarse/ abiertos/ no del todo cerrados/ pero con poca luz/ siempre artificial/ nunca natural. El espacio donde se mueven nuestros cuerpos, nuestras mentes, ha sido diseñado así. Cajas cerradas, o semi cerradas, donde la luz del sol ha sido reemplazada en nuestros ojos por la luz artificial. El espacio sagrado de la sociedad de consumo, los centros comerciales, los malls, son cajas gigantescas llenas de cosas. Espacios, sin salidas visibles, donde se despliega el brillo, la seducción lumínica de las mercancías, en el espejo de nuestra mirada.
3
El poema se llama PARA MI MUDANZA: a mi amigo Pablo/ le tocó/ experimentar/el peso/ de lapoesía chilena /en la caja/ que subió/ cuatro pisos. La referencia al artefacto de Juan Luis Martínez demuestra que las cajas engañan en cuanto a la relación entre su tamaño y su peso. La pequeña caja de Martínez, como se sabe, contiene los certificados de defunción de nuestros poetas mayores. Mistral, Neruda, Huidobro, De Rocka, También contiene una bolsa con tierra del valle central. Escribir poesía, según Enrique Lihn, es trabajar codo a codo con la muerte. Soportar ese peso. Un libro puede ser un ataúd, un cajón. Tal como escribe Gómez en el poema que cierra este libro: LA ÚLTIMA CAJA / es la muerte/ la tumba/ el ataúd.
4
Pienso en este libro como parte de una serie de cajas en la historia de la literatura y el arte. Recuerdo la edición objetual de Bello Barrio de Mauricio Redolés. Una caja rectangular donde, además del texto, venía una pequeña botella con aire y una bolsita con tierra del Bello Barrio. También un pequeño espejo para captar su luz. Pienso en las cajas célebres del arte contemporáneo. Las de Joseph Cornell o Marcel Duchamp, las Brillo Box de Andy Warhol.
5
ENCONTRAMOS UNA CAJA/ que estaba rotulada/ por fuera/ con alfabeto y tipografía rusa/ “pertenece a Marina T”. Las palabras rusas escritas al fondo de la caja componen un verso de Marina Tsvetaieva. Un verso que vuelve a aparecer, destacadamente, en una de las solapas del libro. Lo vacío no se puede vaciar es lo que dice. Si el lenguaje puede ser pensado como una caja, lo que importa es su forma y capacidad para contener, para tener adentro. Su calidad de continente más que de contenido. Lo que explora este libro, su poética, es, en este sentido, una epistemología. Tal como ese poema de Hans Magnus Enzensberger, otro poema/caja, titulado justamente Modelo para una teoría del conocimiento. Lo transcribo completo, es breve:Aquí tienes una caja,/una caja grande/con una etiqueta que dice/caja./Ábrela,/y dentro encontrarás una caja,/con una etiqueta que dice/caja dentro de una caja cuya etiqueta dice/caja./Mira adentro/de esta caja,/no de la otra)/y encontrarás una caja/con una etiqueta que dice…/y así sucesivamente,/y si sigues así, encontrarás/tras esfuerzos infinitos/una caja infinitesimal/con una etiqueta/tan diminuta,/que lo que dice/se disuelve ante tus ojos./Es una caja/que sólo existe/en tu imaginación./Una caja perfectamente vacía. Tal como le comenté al autor cuando me envió el texto inédito, creo que este poema podría haber funcionado como epígrafe para su libro. Un libro que funciona como un sistema de cajas chinas que se contienen unas a otras.
Se acaba el espacio en la superficie de la caja que elegí para escribir estas notas. Tomo el rotulador. Escribo la última en un rincón todavía disponible.
6
ECHÉ DENTRO/ de la caja/ todas las palabras/ que conozco/ la levanté/ la batí/ y saqué/uno por uno/ los versos/ de lo que/ ahora escribo. Una dimensión importante en este libro es su conciencia de la escritura como procedimiento. Construir el texto, encajarlo, es aquí un trabajo con las formas y los materiales. Montaje, combinatoria, variación y repetición, composición visual en el espacio de la página. Un trabajo de lenguaje que nos invita a pensar y leer la poesía fuera de la caja. O mejor, a revolverla, a levantarla y batirla. Para que el lector nunca pueda saber anticipadamente que hay dentro. Un libro puede ser una caja, es cierto, pero una de un tipo especial. Un libro, uno de poesía, es o debería ser una caja de sorpresas. Una que nos abra el cuerpo y la mente a los misterios de la imaginación.