1.-El Chiloé que fue
Acciones cotidianas de un mundo campesino recorren Tiempos de murras, de Marcos Maricoy. Todos actúan: los hombres, las mujeres, los chicos y los hijos; pero también la tierra, la luna y el viento; las ovejas, y los perros; las iglesias, los santos y las casas, y por supuesto, y por supuesto el surco.

El territorio, Chiloé, con su viento, su mar y sus mareas, con la niebla, con sus bosques y su barro, con sus animales, con la tierra y lo que produce, es un personaje central del poemario. El paisaje está por todas partes. La naturaleza condiciona la existencia humana: tanto los ritmos de trabajo como las decisiones familiares dependen del clima, de las estaciones. Los animales comparten el ciclo de la vida rural con sus dueños: los acompañan, trabajan con ellos y muchas veces son su alimento.
“La tierra le latía / eran pobres // pescar, mariscar y aporcar / trae comida para los hijos. / Así también / se gana el pan y la yerba” (Contrapunto)
“Bebe una copa / cuida las ovejas / recibe a los amigos /y a viejos amores /en tanto afana la huerta.” (Flor Nagüil)
“El viento es fuerte / me arrojaba de bruces a la vega” (Cucao)
“La luna cruza el patio sin enojar a los perros” (Tránsito de luna)
“A lo lejos vendrán los perros / brincando a saludarnos” (Desertores)
“Me acorralaron los carneros / contra el alambre de púas” (Martirio)
Las ovejas
En procesión con abrigos empapados
en gacho avance van a guarecerse
de la pampa al cahue*
resignadas a la merma.
*Cahue: Lugar donde pernoctan los animales, especialmente las gallinas
El mundo se transmite. Los niños van a la escuela, se cuentan historias, juegan, se desplazan, sueñan, interactúan con el territorio.
Escueleros
Los chicos medianos se cuentan historias
detienen el camino para mirar a los corderos
creen que escondidos
los verán actuar como corderos
juegan a las bochas
y entierran tesoros en las orillas
que olvidan buscar después de la escuela
escriben en el barro
azuzando a las nubes a borrar sus diagramas
y dejan una rama de maqui
para decir que ya partieron.
Aquí la palabra, aquí los juegos de entonces, aquí los tesoros y secretos, pero también el anuncio de una partida.
La minga de Chiloé reúne en el trabajo a los vecinos y compadres con sus yuntas de bueyes; a las mujeres con su conversación y su cocina. Pero la minga de Maricoy es diferente: le cuesta a la voz poética conseguirla, no es cualquier casa la que debe ser tirada.
Minga de tiradura
En suplica*fui por mis vecinos y compadres
me perdí en varios caminos
porque las casas ya no estaban
de una las piedras de la chiflonera
de otra el peral del jardín
de la más lejana nada
y una fea casa santiaguina.
A la hora de la última marea
llegaron los suplicados
con sus yuntas y sus quepuchos
idos después
y avergonzados de los fogones.
Ya incapaz de pararme
vino el entendido a hachear mis cimientos
pusieron yugueras de tepa bajo mis pies
y con doce yuntas de toros
tiraron mi cuerpo frío
en varales me condujeron al mar
remojé cada rincón seco de mi casa
mientras me tiraban tierra encima
y se escuchaba algún lamento.
De remate me dieron una saloma
para cantarla mientras Tempilcahue
me lleva a mi lugar.
* Suplica: Acción de pedir apoyo para una minga.
Los lugares han perdido su nombre. La reunión no es espontánea. El muerto es quien convoca la minga. El muerto, la casa y la voz poética se confunden.
2. Olvido y desintegración
La murra, con sus arbustos densos y espinosos, está al acecho, observa la ruptura de un vínculo sagrado, del vínculo que no debe romperse entre los hijos con sus padres, entre las personas con sus ancestros, sus animales, sus cosas, sus ritos y creencias, y con su territorio, y, lentamente, la murra va colonizando los espacios abandonados. Es el olvido que va borrando las huellas de una forma de vida, la desintegración de la comunidad.
El tiempo se transforma en maleza. La vegetación espontánea cubre los campos antes trabajados. Las cosas se oxidan y se pudren. El venado borra su huella, las bandurrias huyen, los pájaros buscan alimento, las ovejas, gregarias, pastan junto a un cadáver. Las gallinas ya no están, con ellas se ha perdido el mundo doméstico, están en crisis la cultura chilota y la campesina.
La murrera
No habrá más mariscos en mar bajo
de mal pasto se cubrieron las melgas
hasta ahogar el hinojo y el toronjil,
negra ceniza puso mustio el papal.
Los azadones se costran en el fogón
sus astiles prenden la estufa sin matera.
La broma* carcome los barriles de chicha
y las manzanas camuestas se pudren
sin gallinas castellanas que las escarben.
Las ovejas bagualas
rastrillan cadillos y espinas secas
y la capilla es una ballena moribunda
con huesos repintados para los turistas.
No recuerdo asentar la murrera
para rozar espinillos
y los suplicados para la minga
incumplen el deber.
Fuera el viento lo que siempre ha sido
una pausa de lluvia mateada,
abuela, térciese pronto el chal ante la ruina,
llega el viento del norte con el mentado progreso.
* Broma: Insectos xilófagos que se alimenta de madera.
La dimensión espiritual y los valores cristianos también parecen estar en crisis en Tiempos de murra. Los hijos no acuden a la última Misa de sus padres.
«Llegó su última Misa / y los hijos no» (Ite Misa est)
Pocos visitan al Cristo del cerro.
“De vez en cuando / alguien pasa y muestra respeto / hace la señal de la cruz / recuerda parientes y clama protección. / Lo visitan más las ovejas / que recién paridas le presentan sus corderos” (Cristo del cerro)
No hay oración, no hay milagros, no hay devotos. Los santos han sido olvidados.
Vida de santos
La vieja iglesia
ronca en el rincón de la ensenada
sus santos olvidados por el pueblo
campean aburridos la tarde
y salen a buscar venados.
De pie en sus nichos
esperan angustiados por si el monte los reclama.
En Parusía, frente a la presencia de Cristo “los isleños avergonzados / permanecían en silencio”.
3. Transformación
En Chiloé conviven la tradición católica, la huilliche y la intensa relación de los habitantes con el bosque y con el mar. Allí la madera tiene memoria: alerces, cipreses, coigües y canelos son seres que atraviesan generaciones. La Virgen de la Candelaria, “prisionera de palos serruchados hace siglos”, no deja de ser árbol. “Por la noche / regresan a ser verdes y coposos sus huesos / en la tierra de donde los tomaron.” (Candelaria)
Candelaria
Prisionera de palos serruchados hace siglos
sin escapar
de su nave
de su hierática expresión marmórea.
Mantiene un chongo de vela
para alumbrar el balseo
prender fuego a sus ropas
o a sus huesos
condenados a la pudrición.
Por la noche
vuelve sobre sí
regresan a ser verdes y coposos sus huesos
en la tierra de donde los tomaron.
Maricoy escribe contra el olvido de un mundo, del mundo de Chiloé. No busca conservarlo intacto; testimonia la continuidad entre lo que fue y lo que queda, y presagia lo que puede volver a ser. Su imaginación es circular: la flor muere para volver como raíz, la casa se deshace y sus astillas alimentan las murras, el muerto vuelve como recuerdo.
4. Resurrección
La poesía de Maricoy parece estar buscando aquello que permanece después de que los seres humanos han dejado de estar. Los humanos abandonan, venden, lotean, destruyen, olvidan y se van. Los animales, esa comunidad diferente, permanecen, padecen las consecuencias, se adaptan y, en el momento de la Parusía, son precisamente quienes participan de la recuperación del mundo.
Tras la destrucción, ante la presencia de Cristo, las motosierras se detienen. Sobreviven los varales de luma. El mar se limpia. Renacen los papales, las murtas, las huertas, las grosellas y manzanos. Las ovejas quedan libres de sus trancas. El territorio revive, sí. Pero Chiloé ya no es el de antaño. La resurrección en Tiempos de murras no consiste en volver atrás, sino, simplemente, en recobrar el ciclo de la vida. La tierra vuelve a producir, crecen árboles, los animales regresan junto con quienes fueron expulsados. La comunidad se reúne y Cristo puede volver a sembrar.
Parusía
Los nuevos encargados
habían puesto estacones de fierro
en parcelas de mal gusto.
Las ovejas ante el fin
se calentaban en un piño
mascando pastos secos,
sin potreros ni cahues para todas.
De pronto
se remeció la tierra bajo sus vientres;
cesaron las motosierras
de rapiñar los montes,
persistieron tres varales de luma
sobre el Gólgota,
y la niebla
que por incienso
consolaba las pampas loteadas.
Media loma se vino abajo
se agitó el mar
hasta que los cahueles
trajeron la púrpura presencia.
Se puso de pie
mientras las bandurrias
quetros y gaviotas
aleteaban para cortar la niebla.
Levantó los ojos al cielo
pronunció una antigua romancia*
que limpió el mar de toda la mugre
y sembró de nuevo las playas.
Su rostro mayéstico se enfrentó a los lotes
levantando papales con flores azules
murtas
huertas
grosellas y manzanos.
Llegó hasta el corral de las ovejas
y las soltó
a pastar sin trancas ni cercos.
No fue a la iglesia
se sentó en la pampa a descansar
y los isleños avergonzados
permanecían en silencio.
Marcó cada frente
con agua salada y tierra,
no dijo nada
y se fue con la llovizna.
* Romancia: Canto u oración poética huilliche. Posiblemente deriva del romance hispano.
5. Coda
Después de este periplo queda un surco, una marca en la tierra, una señal. Las estaciones pasarán sobre él. La lluvia seguirá cayendo. Crecerá nuevamente la hierba, pero el surco permanecerá.
Surco
Quizás seas para siempre
ese indeleble surco
que trascurridas las estaciones
sigue marcando la tierra.
Así como todo se transforma y nada desaparece, la propia voz poética que ha muerto en Minga de tiradura, que ha dejado de existir en Chiloé, cobra vida en la ciudad, pero lo acompaña el fantasma de la isla.
Paseo
Humo de las cocinas
lo pegado en mi ropa y en la carne
brillo de las luces
lo que traigo en los ojos
tierra de la calle
lo pesado en mis pies
fría caricia del viento
la que escofina mis manos
una bandada de gaviotas
los deseos de correr hacia el mar
y el fantasma de siempre
va conmigo por la ciudad.
Sergio Mancilla lo dice bien en su prólogo: “Maricoy, con un lenguaje cuidado, vívidamente evocador, atestigua el inagotable valor humano del Chiloé anterior a las salmoneras: del papal, de la minga, de la escuela rural, de las costumbres religiosas, de la naturaleza no intervenida.”
La memoria y la palabra son las armas que Marcos Maricoy esgrime para expresar su esperanza en que renazca en Chiloé la vida, para dar cuenta de su transformación y para mostrarnos el Chiloé que fue. Desfilan en sus versos los nombres de oficios y animales, desfilan expresiones y palabras antiguas y remotas, algunas de las cuales, como “cahue” y “pindita”, el autor no duda en arrastrar al pie de página para entregarnos una explicación.