Hace poco la casa en Lautaro donde Jorge Teillier vivió su adolescencia (esa que es Monumento Nacional) volvió a ponerse en venta por 380 millones. No encuentro información sobre su estado actual, ¿se vendió?, a lo mejor sigue el tire y afloje burocrático de promesas incumplidas de comprarla y convertirla en museo.
En el libro de Carlos Olivárez, "Conversaciones con Jorge Teillier" aparece el relato que hace el poeta sobre los incendios que afectaron sus antiguas casas y que muestra cómo su familia enfrentó la tragedia con una resiliencia casi poética, con humor y fortaleza, sin dejarse aplastar por el desastre.
—¿Terminas ahí o vas a otra ciudad?
—De Angol a Traiguén. En Traiguén se nos incendia la casa. Mi padre en realidad no alcanzó a salvar nada. Todo lo que salvó de ese incendio se quemó al mes siguiente en la casa en que lo había refugiado. Cuando vio que mi mamá estaba llorando, le dijo: esto no es nada, señora. Estaba cesante con siete hijos, la casa quemándose. Esto no es nada, le dijo. Pidió prestada una victrola, pero le dijo: vamos a bailar sobre estas ruinas, vamos a levantarnos de nuevo y nada de lloriqueos. Después mi papá se puso a buscar trabajo y yo viví con un tío hasta que consiguió empleo en la Fábrica Fash de Hilados y Tejidos, la más grande del sur. Bueno, todas las fábricas del sur decían que eran la más grande. Ahí entré al Liceo de Lautaro, llegué al tercero de Humanidades y me cambié al área humanística. Luego me fui a Victoria. Ahí terminé mis Humanidades; aparece Rubén Azócar y Claudio Solar.
(pág. 24)