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El lamento de Roth

Por Jorge Zavaleta Balarezo
Desde Lima


Philip Roth cumple 71 años convencido de ciertas desventuras del hombre, y, sobre todo, descontento con el mundo. En gran parte le preocupa su propio pesimismo, ése que le hace decir que, dentro muy poco, la literatura será sólo para unos cuántos, para un cenáculo reducido y por lo tanto autoexcluyente.

Las reflexiones del estimado escritor americano, quien se dio a conocer en los años 50 y luego triunfó con "El lamento de Portnoy", inmediato "bestseller" mundial, demuestran que un intelectual de categóricas afirmaciones como es él y autor de obras realmente valiosas -sino recordemos sus trilogías o la inmensa"Pastoral americana"-, encaja, justamente, con la discusión sobre el por qué y el para qué, en fin el futuro de la literatura.

Cuando los estudios culturales, interdisciplinarios y un insistente posmodernismo colman el ambiente de la teoría literaria y, por otra parte, las operaciones de marketing son más efectivas que el contenido de la obra misma, entonces sí vale reflexionar en torno a lo que manifiesta Philip Roth. Y he aquí una curiosa digresión. Cuando aparece "El lamento de Portnoy", el mundo asistía a una coyuntura de "guerra fría" que hoy, sí, precisamente hoy, es reemplazada por la inutilidad y la irracionalidad de la diplomacia para ventilar asuntos especialmente importantes para el orbe. Al mismo tiempo, si antes fue Vietnam, con toda su secuela de horror, tan bien graficada en el cine -sólo recordemos "Apocalipsis ya", de Coppola-, hoy el campo de batalla en el Golfo Pérsico es muestra de injusticia, intolerancia y barbarie de parte de la policía más represiva y ofensiva del mundo: los Estados Unidos

En otras palabras, existe una intrínseca relación entre el cierto deterioro y decadencia de la literatura que plantea Philip Roth, con una singular vocación por ir rodando sin horizonte, permanentemente cuesta abajo. Así como Norman Mailer o la fallecida Susan Sontag se expresaron sobre la pertinencia de la literatura, del éxtasis de la novela -quién mejor que ellos como ejemplo-, Roth, por el contrario tiene sus dudas. Miembro de una familia judía, como Bellow, Bashevis Singer o el mítico Salinger, Roth adoptó para sí mismo una postura que siendo ética y estética, lo convertía en ácido crítico de su propia comunidad.

En ese sentido, antes que su carácter de "bestseller", "El lamento de Portnoy" es una versión cruelmente cuestionadora de ritos y costumbres a partir de la vida de un adolescente que odia a su familia, a la cual ve como un ente opresor, y, además, tiene que revelar esta situación no tan "sui generis"a su psicoanalista. Entonces, desde el momento en que comienza con sus confesiones, el Portnoy, en tanto personaje literario, adopta una posición de avanzada. Su queja es similar, está al mismo nivel que la que expresa hoy el mundo todo.

Philip Roth se muestra ansioso y descontento acerca de lo que sobrevendrá con y para la literatura. Llega a una edad en que es frecuentemente nombrado para el Nobel, tras haber obtenido, en su país, el National Book Award por dos veces y el Pulitzer. Su condición de "borderline", de estar siempre al límite, y su exquisita cultura lo conducen hacia un escepticismo que ojalá, por el bien de sus lectores y no por otra cosa, no tenga consecuencias mayores. El lamento de Roth es, hoy, el propio lamento, la queja de Portnoy, su personaje más célebre, y, por extensión, es el descontento, a la vez, de un mundo que se debate por una sobrevivencia que, a estas alturas, ya no podemos ni siquiera calificar de heroica. El aplicado análisis de Roth así lo ha percibido y de allí el carácter poco alentador y entusiástico de sus declaraciones, como lo manifestó ya a propósito de su septuagésimo cumpleaños.

 

 


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Por Jorge Zavaleta Balarezo.