Desde los años 20, en plena vigencia del expresionismo, cuya
mejor muestra es la clásica "El gabinete del doctor
Caligari", el cine alemán ha tenido una presencia
permanente tanto como arte e industria. Si la directora Leni Riefenstahl,
recientemente fallecida, es recordada hoy como autora de filmes de
propaganda del nazismo, desde las cimas ideológicas del poder,
no se obvia su capacidad creadora. Del lado de las divas, Marlene
Dietrich, a partir de "El ángel azul", de
Josef von Sternberg, surge como una presencia inolvidable,
con sus adorables y largas piernas, que la convirtieron en auténtico
mito, más aún cuando dio el salto a Hollywood.
Nos interesa referirnos, ahora, al llamado "nuevo cine alemán",
movimiento que surgió en los años 70 y mostró
a tres inmediatos talentos: el singular Werner Herzog, el prematuramente
fallecido Rainer Werner Fassbinder y el más cercano
Wim Wenders. El cine germano cobró otro cariz con las
obras de estos cineastas que exploraban nuevos caminos y se planteaban
dilemas intocados hasta el momento de su aparición.
Herzog filmó en el Perú dos de sus respetadas obras,
"Aguirre, la ira de Dios" y "Fitzcarraldo",
ambas protagonizadas por su actor fetiche Klaus Kinski, padre de la
bella Natassja Kinski, precisamente uno de los personajes centrales
de "París, Texas", la obra maestra de Wim
Wenders, en la que, rubia y encantadora, surge como una presencia
decisiva en aquella película rodada en Estados Unidos.
Allí
también realizó Wenders, bajo los auspicios de Francis
Ford Coppola, "Hammet: investigación en el barrio chino",
un célebre homenaje al "cine negro", ése que
tenía como base las novelas de Raymond Chandler, Dashiell Hammet
o protagonizaban los personajes creados por éstos, los detectives
privados Phillip Marlowe y Sam Spade. Wenders nos ha entregado escenas
tan poéticas como las de "El cielo bajo Berlín"
o metafísicas, como en "Tan lejos, tan cerca",
y nuevamente en el policial, adaptó a Patricia Highsmith en
su versión de "El amigo americano", e incluso
volvió a trabajar con actores estadounidenses en la más
reciente "One million dollar hotel".
No cabe duda que Wenders, también autor del festejado documental
"Buenavista Social Club", un viaje de rescate al
mundo de la inmortal música cubana, en asociación con
el célebre productor musical Ry Cooder, mantiene un ritmo de
trabajo sorprendente y propone una personalísima visión
estética que encierra los conflictos del hombre en este planeta.
Basta recordar las escenas de "París, Texas", para
advertir los senderos que cruzan la filmografía, ya bastante
amplia,
de Wenders.
En cuanto a Fassbinder, él falleció a inicios de los
años 80 y, aún hoy, su desaparición es un misterio
que, de cuando en cuando, concita la curiosidad no sólo de
sus constantes admiradores sino de los críticos más
entusiastas. Pero, a diferencia de Herzog y Wenders, con los que no
deja de tener, sin embargo, puntos de conexión, Fassbinder
fue un inteligente creador de universos en que las relaciones humanas,
eróticas, conflictivas, y la figura preponderante de la mujer
abarcaban de manera totalizadora su copiosa y precoz obra. Vale recordar
uno de sus filmes cumbres, "Lili Marlene", con su
musa Hanna Schygulla, o la no menos lograda "El matrimonio
de María Braun". Igualmente, resultan perturbadoras
y contestatarias "El mercader de la cuatro estaciones",
"La angustia corroe el alma" o "Lola",
entre muchas de las películas que confirmaron su calidad de
artista joven y comprometido.
El cine alemán de los últimos años se ha fortificado,
a nivel mundial, sin duda, con el éxito de la kinética
y por ratos sorprendente "Corre, Lola, corre", en
la que Franka Potente, que también ya está filmando
en Hollywood, es dirigida por Tom Tykwer, un director de reciente
interés. Es el caso, también, de la aclamada "Goodbye
Lenin", una comedia amarga sobre el fin del comunismo en
la ex RDA que mereció premios internacionales. La impronta
de los clásicos silentes, el aporte de actores míticos,
autores de primera talla -no hemos olvidado al definitivo Fritz
Lang de la histórica "Metrópolis"
o de "Doctor Mabuse"- y un impulso reciente y cada
vez mayor confirman, a través del tiempo, el sello inigualable,
considerablemente decisivo del cine alemán.