Esta temporada, Martin Scorsese, el célebre y cerebral
realizador neoyorquino, fue el gran favorito para el Oscar, que finalmente
no obtuvo, con El aviador, un "biopic" sobre el legendario
y a la vez oscuro magnate Howard Hugues, quien también estuvo
vinculado al cine. El rol central le cupo a Leonardo DiCaprio, acompañado
de una pléyade de hermosas actrices que interpretan, a su vez,
a las que, en un tiempo ya lejano, fueron divas y amantes de Hugues.
El filme anterior de Scorsese, Pandillas de Nueva York, ,
estuvo nominado asimismo a varios premios Oscar y lamentablemente
tampoco triunfó. Filme con garra y coraje, demuestra que el
espíritu scorsesiano camina, hoy en día, más
lúcido e imponente que nunca.
Las
Pandillas...
Pandillas de Nueva York (2002), es un fresco monumental e
imponente. Sólo la magia y la habilidad de un cineasta en constante
actividad y con un sentido plástico e inequívoco del
cine podría lograr esta poderosa conjunción de imágenes
épicas.
Así es, en el noreste americano, en una época clave
del siglo XIX, la misma en que se ambienta ese clásico que
es Lo que el viento se llevó, en esos años de
guerra civil y enfrentamientos, va formándose, sangrientamente,
la Unión, la gran nación. Los "Cinco Puntos"
de la Nueva York decimonónica son para Scorsese el recurso
ideal del cual se vale para retratar una época, una sociedad
y una gran batalla.
Las Pandillas... de Scorsese son un triunfo más del
cine de autor. Una cámara en constante movimiento que registra
la violencia de los enfrentamientos callejeros, un argumento que enlaza,
disocia y vuelve a unir la vida de personajes diversos, desde el lumpen
hasta los más ostentosos, y una historia de la que son protagonistas
tres buenos actores: Daniel Day-Lewis, Leonardo DiCaprio y una sentimental
Cameron Diaz, quien revela ser, sí, una buena actriz cuando
se lo propone. Son estos elementos los que hacen de Pandillas de
Nueva York una interesante propuesta a ser revisitada más
de una vez.
Los
apasionantes comienzos
Martín Scorsese nació en 1942 en Flushing, Nueva
York, y se crió en el barrio conocido como Little Italy. Una
niñez que pasó enfermizo y alimentando fantasías,
lo llevó primero al seminario, dispuesto a ser sacerdote. Pero
su vida cambió radicalmente cuando ingresó a la Escuela
de Cine de
su
ciudad natal. Allí comienza el desarrollo del genio, del niño
prodigio, que logra títulos desde su etapa de estudiante, por
ejemplo con What´s a nice girl like you doing in a place
like this? (1963), y luego resulta elegido por el gran animador
de jóvenes talentos, Roger Corman, el rey de las series B,
para rodar Bertha, ladrona y amante (1972).
Sin embargo, su debut oficial ya lo había realizado con ¿Quién
golpea a mi puerta? (1969), un auspicioso primer paso en la carrera
de un cineasta que, por entonces, buscaba definir un estilo propio.
Los ingredientes personales de la referida cinta, a caballo entre
la nueva ola francesa y el cine independiente americano, ameritan
la visión y el recuerdo de esta ópera prima.
El gran salto llega en 1973, con Calles peligrosas. Contando
con protagonistas como Harvey Keitel y un por entonces joven Robert
de Niro, quien con el tiempo se convertiría en el actor "fetiche"
de Scorsese, el filme es el antecedente directo de la genial Buenos
muchachos (1990), una de sus obras maestras. Calles peligrosas
es el primer acercamiento a la mafia, a una Nueva York escindida y
violenta, que reaparecería, ya claustrofóbica y neurótica,
en Taxi Driver (1975), triunfadora en Cannes, primer gran reconocimiento
para Scorsese y su espaldarazo definitivo.
Entre esos dos filmes, Marty, como lo llaman cariñosamente
sus amigos, rueda Alicia ya no vive aquí (1974) con
una brillante Ellen Burstyn, en lo que algunos vieron un acercamiento
a la revolución feminista de la época; y el documental
Italiamerican (1974), donde el gran director retorna a sus
raíces familiares, a sus antepasados y recrea un mundo de costumbres
y folklore.
En 1977, reúne a Liza Minelli y Robert de Niro en un músical
nostálgico, a un tiempo historia de amor y homenaje a las "big
bands": New York, New York, que cuenta con una estupenda
banda sonora. Al año siguiente, otro proyecto musical esta
vez dedicado a un género moderno y triunfal, el rock, en El
último vals, presenta al mítico Bob Dylan y The
Band. Ese mismo año, en otro documental, American boy,
vuelve tras sus huellas y reafirma su compromiso racial y artístico.
La
gran carrera
Mas un nuevo gran triunfo, El toro salvaje, de 1980, lo eleva
aún a categorías mayores y a ser admirado por representar
a un artista que, aun trabajando con los grandes estudios de Hollywood,
sabe
permanecer, muchas veces, al margen de ellos y realizar actividades
independientes. Jake La Motta, un boxeador de los 50 es el personaje
de esta biografía fílmica con guión de Paul Schrader,
a su vez director por cuenta propia, y eficiente colaborador de Scorsese.
Muchos críticos la consideran la mejor película de los
80s. Esos planos en blanco y negro, mientras De Niro interpreta al
impetuoso boxeador, y despliega toda su fuerza sobre la lona y entre
las sogas del cuadrilátero son cine puro.
Hay quienes sostienen que El rey de la comedia (1982) es una
cinta fallida. De Niro, en esta ficción interpretando al nervioso
Rupert Pupkin, así como fue Travis Brickle en Taxi Driver,
tiene aspiraciones de humorista para los grandes públicos.
Secuestra a un comediante de verdad, que es Jerry Lewis, pero no todo
sale como lo planea. Algunos lo consideran un filme demasiado personal,
un capítulo quizá que se puede saltar en la carrera
de Scorsese.
En 1985, Después de la hora, nos demuestra cuán
bizarro, burlesco y alucinado puede ser Scorsese cuando se lo propone.
Y otra vez la Gran Manzana neoyorquina es la protagonista de esa noche
turbulenta por la que desfilan personajes realmente excéntricos
como Griffin Dunne, después de todo inocente de cualquier cosa,
y la bellísima Rossanna Arquette, a la que Marty requiere nuevamente
para su episodio de Historias de Nueva York, el tríptico
que filmó con otros dos genios: Coppola y Woody Allen, en 1989.
El episodio se llamó en inglés "Life lessons"
("Apuntes del natural") y también contó con
el concurso de Nick Nolte. Es una breve obra maestra del mismo autor
de El color del dinero y la controvertida La última
tentación de Cristo, filmes que rueda entre 1985 y 1988.
La primera es una secuela de El audaz, de Robert Rossen, con
el mismo Paul Newman como protagonista, y un Tom Cruise que por entonces
no era la súper estrella de hoy. La segunda pone en entredicho,
para fundamentalistas y puritanos, la carrera de Scorsese pues, por
su planteamiento e ideología, la mirada hacia la vida de Jesucristo,
presentándolo como ser terrenal y sensual, le merece críticas
adversas, prohibiciones y escándalos.
Los
90s y hoy
Con Buenos muchachos llega otra cinta cumbre -un pico realmente
alto- que nos demuestra cuán grande es Martin Scorsese. Cineasta
que combina las imágenes con una notable serie de canciones
-un valioso y oportuno soundtrack-, en esta película reúne
a grandes como Robert de Niro y Paul Sorvino, y cuenta la vida de
una mafia recurrente y maldita. Ray Liotta es el protagonista final
de esta aventura que, entre sangre, violencia, drogas, y escenas de
antología es de lo mejor del cine scorsesiano.
A ella le sigue Cabo de miedo (1991), en la que los cinéfilos
recuerdan vivamente a Juliette Lewis en una particular escena con
De Niro, aunque ignoren que es un remake de una cinta de los 60s con
Robert Mitchum y Gregory Preck, los cuales, curiosamente, aparecen
en esta nueva versión encarnando personajes opuestos a los
del filme original.
La edad de la inocencia, basada en la novela homónima
de Edith Warthon, es una sesuda visión de la "alta sociedad"
neoyorquina en el siglo XIX. El otro lado, se podría decir
ahora, de Pandillas de Nueva York. Es una puesta en escena
muy consciente, madura y académica. Casino (1995) retoma
el camino de Buenos muchachos aunque es inferior. Como en aquella,
De Niro y Joe Pesci muestran lo terribles que pueden ser y son, en
efecto, como miembros de una sociedad secreta, angustiante y con códigos
propios: una mafia a la que se une y en la que por último se
pierde una actriz en este casos sobresaliente como Sharon Stone, despojada
aquí, casi por completo, de todo glamour.
La película anterior a Pandillas de Nueva York fue
Vidas al límite, que relata las aventuras nocturnas
de unos paramédicos del Bronx encabezados por Nicolas Cage,
invadida por la música a la vez vital e incidentalmente estridente
de The Clash y Van Morrison. Sin embargo, pese a su pasión,
entusiasmo, y las obsesiones de su autor, este filme, incluso con
su dureza intrínseca, no demostró todo lo bueno que
podía ser.
Aparte de la citada y hoy extensa filmografía scorsesiana
hay que citar Un viaje personal con Martin Scorsese por el cine
americano que es la contribución personalísima de
un hombre de cine al centenario de este arte. Así, el autor
de Kundun -su película sobre el Dalai Lama y el Tibet-,
nos muestra el cariño y pasión por su oficio, enfatizando
la calidad, el clasicismo y la vigencia de las mayores y mejores cintas
"Made in USA".
Pues bien, éste es un recorrido en la vida de un cineasta
límite, capaz de embarcarse y soñar por años
por un proyecto como Pandillas de Nueva York, que filme durante
tres años en los míticos estudios Cinecittá.
O plantear, también como una cuestión onírica,
una aventura romántica a su estupenda El aviador. Y
es, también éste, un reconocimiento de un cinéfilo
pasional a sus filmes, vigorosos y sentimentales, odiseas y aventuras
en las que el hombre puede sentirse perdido y maltratado, donde Robert
de Niro es un boxeador que mira el éxito o el fracaso, o se
convierte en un sádico asesino como en Cabo de miedo,
o donde Rossanna Arquette demuestra que no sólo es una actriz
con rostro y cuerpo de muñeca. Scorsese es, hoy por hoy, el
gran creador del cine americano. El, sobre todo. El último
clásico, seguido muy de cerca por Clint Eastwood, otro grande
a su manera.