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Cuenta Gabriel Zaliasnik:
Miguel Krassnoff y el fantasma de Diana Aron


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En noviembre de 2011, el abogado Gabriel Zaliasnik, probable embajador chileno en Israel para el Gobierno de J.A. Kast, publicó en Cooperativa.cl dos columnas de opinión sobre Miguel Krassnoff, condenado a un total de 1.047 años de prisión por su responsabilidad en múltiples violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura militar y probable beneficiario de la llamada "Ley de impunidad" que impulsa el nuevo gobierno.

 

 

 

El fantasma de Diana Aron

18 de noviembre de 2011

En ocasiones la historia nos sorprende con sutilezas, oportunismos, y hasta crueles coincidencias. Ello es precisamente lo que ha ocurrido con el inaudito homenaje organizado al coronel (R) Miguel Krassnoff.

Precisamente hoy, 18 de noviembre, se cumplen 37 años desde el día en que la joven periodista Diana Aron Svigilsky fuera secuestrada mientras transitaba por Av. Ossa, en dirección a la casa de unos amigos. En la ocasión fue baleada, trasladada a Villa Grimaldi primero y luego a una clínica clandestina de la DINA, perdiéndose todo rastro de la misma.

Por el secuestro, tortura y posterior desaparición de Diana Aron, el ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago Alejandro Solís condenó a quince años de prisión precisamente al “homenajeado” coronel (R) Miguel Krassnoff. Dicha sentencia forma parte de los 144 años que el referido Krassnoff purga actualmente en Punta Peuco.

Los relatos que constan en el proceso judicial dan cuenta que éste participó de las torturas a la joven periodista con especial encono, por ser ella una mujer de izquierda y judía. Así, al grave atropello a los Derechos Humanos de que fue víctima Diana Aron, se sumó el antisemitismo del hechor. Más de alguien describió lo ocurrido entonces como un “festín antisemita” y, de hecho, un testimonio recogido en el libro “Confesiones de un torturador” de Nancy Guzmán resulta escalofriante: “Krassnoff la agredió con tal brutalidad que le produjo una hemorragia que todo el suelo quedó con un charco de sangre que debe haber sido parte del feto que perdió por culpa de los apremios... Krasnoff salió de la sala de tortura con las manos ensangrentadas gritando: Además de marxista, la conchesumadre es judía.... hay que matarla”.

De allí que frente a este vergonzoso homenaje, el recuerdo de Diana Aron asome como un fantasma para todos aquellos que participaron en su secuestro, tortura y desaparicion forzada, y sirva mas que nunca de testimonio a Chile entero. Diana Aron, a 37 años de su desaparición, nos recuerda a todos que estos brutales actos delictuales, no pueden ser tolerados, aceptados, justificados ni por cierto homenajeados.

Resulta inconcebible que en Chile todavía algunos (aunque sean pocos) relativicen las graves violaciones a los Derechos Humanos cometidas. Sin distinciones políticas se deben repudiar dichos hechos tanto por quienes sabiendo de los mismos los ignoraron, como por quienes tardíamente se enteraron de ellos.

Pueden existir diferentes aproximaciones y puntos de vista para explicar por qué Chile en esos años llegó a tan dramático abismo, pero debe existir consenso nacional que estas graves violaciones a los Derechos Humanos de muchos ciudadanos resultan repudiables. Sólo una sociedad con memoria histórica y arrepentimiento sincero será capaz de evitar que atrocidades como las que sufrió Diana Aron vuelvan a repetirse.

*Esta columna se publicó en el blog de Cooperativa.
http://blogs.cooperativa.cl/opinion/gabriel-zaliasnik/
https://web.archive.org/web/20190921201537/https://opinion.cooperativa.cl/opinion/justicia/el-fantasma-de-diana-aron/2011-11-18/182402.html

 

 

 

Del fantasma de Diana Aron al fantasma de Proskurov

21 de noviembre de 2011

En mi última columna, “El fantasma de Diana Aron”, escribía sobre el insensato homenaje y lanzamiento de un libro en honor al condenado coronel (R) Miguel Krassnoff, afirmando que, en ocasiones, la historia nos sorprende con sutilezas, oportunismos y crueles coincidencias. Ello en alusión a que este grave episodio tenía lugar en el aniversario número 37 del secuestro de la joven periodista Diana Aron.

Para mi sorpresa, las crueles coincidencias no se agotaron en ese hecho. Por la tarde del mismo día que escribí la columna, leí en un diario vespertino las declaraciones del ex ministro del gobierno militar Alfonso Márquez de la Plata, quien señalaba haber conocido a Krassnoff con ocasión de la visita a Chile de un grupo de cosacos que condecoraron al general Pinochet en la Fundación que lleva su nombre. En aquella oportunidad habrían rendido especial tributo a Krassnoff por ser nieto del líder cosaco Piotr Krasnow, añadiendo: "Miguel Krassnoff es descendiente de famosos cosacos. Su abuelo y su padre fueron colgados en la Plaza Roja por combatir el comunismo”.

La forma con que Márquez de la Plata aludía a los antepasados de Krassnoff —“famosos cosacos”— me inquietó. Históricamente, la “fama” de los cosacos siempre se relacionó con su participación en cruentos y sanguinarios hechos, y muy especialmente en matanzas contra los habitantes judíos de Rusia y Ucrania durante la época zarista como en los años siguientes a la Revolución Rusia de 1917. De hecho, prácticamente toda mi familia paterna fue asesinada en lo que se conoció como el “Pogrom de Proskurov” el 15 de febrero de 1919.

¿Sería entonces posible que el abuelo de Krassnoff fuera efectivamente un importante líder cosaco y, si era así, habría participado de hechos como los que marcaron el destino de mi familia?

Me aboqué obsesivamente a revisar la información disponible y, para mi sorpresa, esta es la historia que precede al Coronel (R) Miguel Krassnoff:

Su abuelo Piotr Krasnow fue un criminal de guerra que dirigió a los Cosacos del Don, en Ucrania, siendo responsable de numerosas matanzas -pogromos- en contra de los habitantes judíos de esas zonas. Junto a otros criminales cosacos como Semeon Petlura, condujeron —entre 1918 y 1920— más de 1.300 pogromos, asesinando a cerca de 150.000 judíos. Entre estas masacres destacaron las de Kiev, Sarny, Ovruc, Tetiev, Cherkowsky y Proskurov. En esta última fueron asesinados 1.600 judíos, entre ellos, como lo anticipé, toda la familia de mi abuelo paterno, quien emigró a Sudamérica como único sobreviviente de aquella sangrienta orgía antisemita.

Con el advenimiento de Hitler al poder, y particularmente con ocasión de la invasión nazi a la ex Unión Soviética, Piotr Krasnow, en su calidad de líder cosaco en el exilio, acordó con el general alemán Helmuth Von Pannwitz la incorporación de unidades cosacas al bando alemán, organizando la 1° División de Caballería cosaca del Ejército Alemán. Entre dichos soldados se encontraba precisamente el padre del coronel (R) Miguel Krassnoff, Semeon Krasnow. En el año 1944 la mayor parte de estos soldados cosacos se incorporó a las sanguinarias Waffen SS, las tropas de elite de Hitler a cargo de la implementación del genocidio contra el pueblo judío.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, tanto Piotr como su hijo Semeon Krasnow se entregaron al ejército inglés en Austria, el que, en cumplimiento de los acuerdos de Yalta, los envió junto a otros prisioneros de guerra a la ex Unión Soviética para su juzgamiento. Tanto el abuelo como el padre del coronel (R) Krassnoff fueron enjuiciados por crímenes de guerra, traición a la patria y colaboración con el enemigo, siendo condenados por el Tribunal Supremo de la URSS a la pena de muerte y ejecutados en definitiva por fusilamiento —no colgados— en el patio de la Cárcel de Lefortovo —y no en la Plaza Roja— en enero del 1947.

Claramente la relación de hechos que proporcionó Marquez de la Plata fue insuficiente o acomodaticia. Ni el padre ni el abuelo fueron “colgados en la Plaza Roja por combatir el comunismo”. Fueron juzgados como partícipes de crímenes de guerra junto al ejército de la Alemania Nazi al que voluntariamente se integraron y apoyaron.

Lamentablemente, ni Piotr Krasnow ni Semeon Petlura ni otros lideres cosacos pioneros del terror masivo que impregnó a Europa a partir de la I Guerra Mundial fueron juzgados por las matanzas previamente realizadas en contra de la indefensa población judía de Rusia y Ucrania. Sin embargo, así como el fantasma de Diana Aron apareció para reivindicar la memoria histórica de nuestro país, el fantasma de Proskurov, la aldea ucraniana de mi abuelo paterno, también emergió para reivindicar su propia memoria.

*Esta columna se publicó en el blog de Cooperativa.
http://blogs.cooperativa.cl/opinion/gabriel-zaliasnik/
https://web.archive.org/web/20210630175333/https://opinion.cooperativa.cl/opinion/politica/del-fantasma-de-diana-aron-al-fantasma-de-proskurov/2011-11-21/104459.html




 

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