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Prólogo, contratapa y selección de Emocionario Porteño
(Viña del Mar: Altazor Ediciones, 2026)
de Luis Correa-Díaz

http://www.rom.uga.edu/directory/luis-correa-diaz-0

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Poética del merodeo de Luis Correa-Díaz:
una guía (pseudo) turística de emoción porteña

Emocionario Porteño es parte de una serie de títulos[1] que el poeta Luis Correa-Díaz monta y acopia en el Valparaíso de Chile, del cual se hace un paseante que merodea en los distintos espacios porteños, un imaginario a razón de un hablante cuyo lenguaje coloquial combina narración, descripción y poesía. En sus textos podemos encontrar espacios, figuras, obras y hechos fácilmente reconocidos en el panorama literario y/o noticioso nacional “…de una falda del Cerro Artillería —cuyo / ascensor lo lloran los turistas, lo penan / los idos, lo desmantelan los vivos—, un jardín / a la Bahía, aprovecho de leer “La vieja / casa”, escrito al oído del viento, de Sara / Vial en Letras en Valparaíso (2009), / editado patrimonialmente por el poeta / Marcelo Novoa, lo acabo de comprar…”.

Me atrevería a decir que el poeta Correa-Díaz utiliza la crónica como una forma de poetizar la experiencia, un ejercicio escritural que respeta a conciencia elementos como la imagen poética, el tiempo y el remate. Así como en la Lira Popular el metro y la rima de la décima daban cuenta de un momento noticioso, el poeta en este caso utiliza el verso libre: “y el día por fin (me) sonríe al constatar / a Wanderers convertido este 2025 / en el líder exclusivo de la Liga de Ascenso, / uf, ya pensaba que no habrían noticias / por las que alegrarse y quizá morir contento “. Sus poemas están datado y en una especie de jerga coloquial, pero no se confunda quien lee, se leerán a muchos años de hoy y hay en su verba un complejo entramado de registros actuales y antiguos que, todavía, ni siquiera un algoritmo podría develar.

El hablante de este poemario, como casi todos, es un observador de su entorno, un voyerista, un paparazzi, un poeta repentista en verso libre que mantiene su esencia correspondiente a la improvisación versificada “todo esto lo invento porque tampoco / es que yo sea un paparazzi del amor / ajeno, sino un poeta repentista del siglo / XVIII…” Estamos ante un poeta que habla de lo que conoce y de lo que quiere.

El oficio obliga a dar un largo viaje a través de la formación y creación del temple para darse el lujo, en el retorno, de que la conciencia de la forma y el fondo son partes esenciales que deben estar en un constante equilibrio “aquí en una fosa común, yacen cuerpos / abrazados, otros cuerpos, solos, yacen / en tierras cercanas o lejanas y todos aquí / yacemos bajo las oceanías más altas”  El autor de estos versos, sin considerar su bagaje académico, viene de un largo periplo que lo autoriza a abordar lo que estime en cuenta.

La velocidad de la creación poética es otro de los atributos de este Emocionario Porteño, y me obliga al desarrollo pronto de estas líneas, con el objetivo de mantener lo más fresco posible estas emociones que el lector podrá encontrar en estos versos “…y que conste que escribo / este apunte con el tal libro al lado y / leyendo acerca de la ruta turista / de la princesa Leonor…” Postales de la contingencia nacional como también la protesta de los pescadores, la visita del buque escuela Elcano, el robo a un banco cerca del puerto, la muerte de Tommy Rey, entre otros.

Un consumidor de café que da cuenta de muchos lugares de este Valparaíso trasnochado y activado. Hablante inquieto que merodea la ciudad y registra su avance noticioso y contemporáneo. Un transitar también en tono de nostalgia de tiempos idos y un presente, tan presente que es fácil de ubicar y reconocerse como testigo de frente al televisor o de pie frente al quiosco esquinero hojeando las portadas de los diarios.

Consideración que suma al trabajo de estos poemas es el que pone atención a las lecturas literarias de nuestro hablante que son indirectamente una recomendación de obras, la referencia literaria que hacen conexión con el objeto poético de estos textos, la reseña del momento, el contexto de producción. A estas alturas poeta y hablante se unifican en esta autoficción que nos invita a caminar junto a él. El plus lo conforma la experiencia vital, el reconocerse en estos mismos espacios, con la misma nostalgia, la misma necesidad de pasado, junto a estos mismos personajes, colegas, autores, amigos y en estas mismas lecturas.

No olvidar leer este libro acompañado de su teléfono inteligente, porque Correa-Díaz interviene algunos textos con QR como una nota al pie de página dinámica que obliga al lector a interpretar estos versos lo más cercano a lo que el autor desea, lo poético se entrega a la experiencia y exigencia propia del oficio. La imagen aquí se puede ver en blanco y negro o a color. El poema, como nos dijera Paz, se escribe dos veces, por el autor y por el lector.

Celebro los poemas que conforman este Emocionario Porteño del poeta Luis Correa-Díaz, porque una parte de mi historia personal vagó, como el autor de estos versos, por los mismos lugares que se consignan en estas páginas y que son capaz de transportarnos a la memoria infinita de recrear y transformas esos pasados. Estamos ante una guía turística de Valparaíso de los que pasamos y fuimos adoptados por los días, las noches, las mañanas, por la ciudad. Una obra elitista que obtiene su mejor resultado condicionado al lector que logre reconocerse en esta poética del merodeo con nombres de sectores, calles, cafés, autores del pasado fantasmagóricos, algunos presentes, otros olvidados, mención de distintas obras, con sus respectivas fechas de publicación, más café, olores, noticias de último minuto, QRs, otros libros, otros autores, los jóvenes poetas que fuimos, tradiciones, más sectores de Valparaíso, intertextualidades, más calles, cerros, Playa Ancha, poesía, emoción.

Juan Eduardo Díaz
poeta, docente, editor literario
Punta de Tralca

 

 

[CONTRATAPA]

 

Digresiones, excursos y divagaciones avanzan y se contorsionan irreverentes y nostálgicas a lo largo de los versos de Luis Correa-Díaz en razón de un hilo inquieto y laberíntico que se extiende incansable por medio de los infinitos derroteros porteños que componen la ciudad de Valparaíso. Es el sujeto paseante, un flâneur que, no obstante, se dispone a la búsqueda del “secreto armazón, su modelo de construcción azarosa” que determina el “modus vivendi/moriendi” de quienes habitan este puerto; poesía de paso cuyas raíces, sin embargo, no se desprenden jamás del plan y de los cerros, aquel portentoso anfiteatro con vista al mar. Constituyen este deambular la contemplación atenta, curiosa y constante; los hallazgos cotidianos y prodigiosos a la vez; el hablante informado/actualizado y absoluto lector –y la extensión de su recorrido en digital–; la conciencia explícita del oficio poético y la escritura, siempre entrelazada; la cartografía –necesaria– de cafés porteños cuales estaciones del caminante habitué/visitante; la evocación de los antepasados familiares; el declive porteño y la melancolía de la despedida, como versa Pedro Lastra: “y la puse en seguida junto a mi corazón”. En su conjunto, reconocemos en estas páginas las claves de un Emocionario Porteño en el cual confluyen los distintos vértices de un sentir que ondula incesante entre la ironía lúdica y la angustia, la experiencia palpable y la memoria “en esta ciudad –puerto, agrégase / para sortear cualquier desamparo”...

Ana María Riveros
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

 

 


 

Selección

 


Murales parlantes

hablaré muy pronto con los muralistas,
seguro que me inclino, si ellos se animan,
por los del colectivo de tal nombradía, y
les voy a proponer que hagamos juntos 
que este Emocionario porteño se vuelva
murales parlantes, desperdigados, qué
bella idea, alrededor de toda la ciudad,
paredes que hablan, pilares de puentes,
plazas con niños y padres, cualquier
superficie será buena —a mí me gustaría,
claro, provocar que las mareas pacíficas 
dibujaran la vieja voz amada del mar  
ante los ojos atónitos de la gente—,
no competiremos con nadie por ser oídos,
ni siquiera con las verdes bandas de loros
,
estaremos allí, simplemente, para quien
venga, o sea para quien pase y se atreva
a apretar el botoncito mientras contempla 
una escena de su historia del instante,
un selfie holográfico y gramático y gramó-
fono, con un bonus, evidentemente, un Q-
R con el que se podrá llevar para la casa
este arte urbanístico…, ah, sí, también 
podrá dejar mensajes que se contestarán
por radio —aún estoy en conversaciones…

 

La Casa de los 4 Vientos

cuando la Casa de los Cuatro Vientos
estuvo abandonada en los 90, puede
que haya sido antes, en los 80, mi padre
nos llevó a ver los fuegos artificiales
de Año Nuevo desde allí, algo pagamos
tal vez, el piso era tablón por medio y
la quejumbre del entramado entero
una música nada de ligera, miedo daba
pero ninguna de esas otras fiestas
del puerto en transición colectiva al futuro
ha dejado mayor huella que ésta en mi ♥️ 
arrugado ya por el tiempo inclemente,
una especie de torta seca y descolorida,
ahora es azul y luce con algo de aquella
dignidad que tuvo antaño, colgante 
de una falda del Cerro Artillería —cuyo
ascensor lo lloran los turistas, lo penan
los idos, lo desmantelan los vivos—, un jardín 
a la Bahía, aprovecho de leer “La vieja 
casa”, escrito al oído del viento, de Sara
Vial en Letras en Valparaíso (2009),
editado patrimonialmente por el poeta
Marcelo Novoa, lo acabo de comprar
en o a los viejos —y me digo a mí mismo
que cómo andamos por casa, eh—
de la Plaza O”Higgings, mañana soleada
de domingo, que ahora con el comercio
ambulante compiten, mientras el ruco
de todos, el mausoleo amarillo duerme
lirón, enrejado por sus vallas papales
que lo rodean como un collar feroz y
gastado de marinahuiros, hablando
changanente, vuelvo para rematar aquí 
al poema referido: como un barco vengo
para verte/ no has naufragado aún
sobre mi cerro/ con tus palomas frías
olvidando/ esta infancia veloz [y muda]
en tu entretecho,  % seguro de que ella
estaba pensando en otra, yo en ésta y
los versos sirven para cualquiera de todas 

 

El encantador

el amanecer se dibuja por la ventana
y a lo lejos nadie canta sino una luz
rara que se despliega entra en mis ojos
para sacar un pensamiento nocturno 
obstrusivo, la desgracia de no morir
a tiempo, pero no se elige ni el cuando
ni el donde ni se puede evitar el dolor
y, sobre todo, la vida intermitente
que se le impone a los demás en tanto,
me echo a la calle en busca del primer
sorbo de un nuevo día y me siguen
las brumas mentales, muy coincidentes
con lo que pasa en Valparaíso, toma
conciencia, a propósito de lo sucedido
en unos colegios, de que convivimos 
con una plaga ubicua de ratones ,
y, cual es su proteico habitus —cruzan
su mente también las ideas de Bourdieu
que trabajó en unas clases la semana
pasada, martillando la mesa—, empieza 
a sentirse una especie criolla del flautista
de Hamelín, sólo que su talento musical
fue nulo desde la cuna, tapiados tuvo 
los oídos y ese sector del cerebro, versos 
ha escrito y reemplazado por la sintaxis 
el ritmo  que su cuerpo no aprendió 
en este baile de máscaras de la sociedad 
en toda época y lugar, ah: las estructuras
estructurantes estructuradas…, llega
a sentarme al café modular de la Plaza
Victoria, el Kombinarte, pone 2 libros 
suyos en el estante, biblioteca del pueblo
y del turista, recítase el poema de Goethe
y el de Browning (en traducción, obvio)
por si en ellos encontrara la ciencia 
del encanto y ser así de utilidad pública

 

Aparato raro

yo, que tengo, como el que más, por ahí
un tótem cibérnetico, guardado debajo 
de la cama, yo, que entre sueños aún
escucho esos amores computarizados, 
la ruina informática de viejas pasiones
que se las llevó la ola, estamos bien,
pese al tiempo y la distancia, siempre
Chile [y este puerto] no está lejos, hablo
de esto en otra parte, pese a + de 30
años en USA us, pero es un dato duro y
no me repetiré en esta ocasión, tampoco 
que cuando vengo me hace la encerrona
una dulce decepción, nuevas y amargas 
calibraciones, es que el futuro se siente
aunque no se presente, plantado, pulga
solitaria, en la arena o en la fieras rocas
saltando hago la vocería de un ultimátum
por si la gente se aviniera a pensarse
de otra manera, se va el amor de la city
y este aparato raro que soy ya huele
a post-mortem y hace un gesto final y
manda a su amado editor, tanta paciencia
es santidad, otra página, el verdadero 
the end para este tercer libro, trilogía 
de sus emociones sin restricciones…,
vacilo: pintar tu rostro en la pared o
gritar tu nombre en el amanecer, cabilo
y vuelvo a mi centro de operaciones
https://www.youtube.com/watch?v=kjkHrmcGz5I&list=RDkjkHrmcGz5I&start_radio=1


Artificial me

me pongo a jugar con la idea al leer
ya las primeras páginas de Artificial
you (2019) de Susan Schneider,
instalado en el 2045 desde el Fika
Café en Viña del Mar, luego de pasar
por el correo a enviar a Santiago
unos libros, el Peligro de Extinción 
(2025), me imagino, como ella propone,
a las puertas del Centro para Diseño 
de la Mente, no voy a elegir ni el chip
Mente colmena, no quisiera por nada
experimentar los pensamientos íntimos
de mis seres queridos, el Jardín zen,
ese microchip que permite estados
meditativos a nivel maestro, tienta,
tampoco el clásico Calculadora 
humana, el insólito Cartas de Eros
respondidas seduce, Valparaíso 
en el 2061 pido, cumpliría el siglo
en ese entonces y, como eso no va
a ocurrir, quisiera verlo ahora, sólo
que sospecho que no habrá cambiado
mucho, por supuesto que no espero
ver una ciudad como la de los Jefferson
ni una como el lado nuevo de Panamá
City, explorando graffitis hologramá-
ticos y cómo es que en envejecieron
los anteproyectos conceptuales
por los cuales fui a votar con mi bro
ayer 5 de agosto a metros del Liberty 
de la Matriz, cuando me pasmo de ver
en uno a un poeta de la gleba recitando
continuamente una especie Declaración 
transhumanista, el futuro…, el sufrimiento
y nuestra reclusión en esta bahía…,
suma y sigue, tenemos que crear foros,
expandir nuestras capacidades mentales
y físicas, somos la sagrada inteligencia 
del cosmos y la tecno-ciencia…, y pasa
a las tres leyes de la robótica de Isaac
Asimov…, y yo devuelvo el adminículo
y me dedico a revisar este vídeo-rap
que lo venden como reliquia canaria
https://youtu.be/_7MskuoIT8Q?si=CBGEnb7OzodJXVYw




[1] Valparaíso, puertoprincipal y LaValparadisea, ambos en Viña del Mar con Ediciones Altazor, 2022/2024 y 2025, respectivamente.  

 


 

 

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Prólogo, contratapa y selección de "Emocionario Porteño".
(Viña del Mar: Altazor Ediciones, 2026) de Luis Correa-Díaz