En Chile respiramos a Ercilla y no lo sabemos
Eduardo Solar Correa (32)[1]
Esta frase de Solar Correa que lleva escrita casi un siglo resume no sólo lo que Alonso de Ercilla (1533-1594) significa dentro de la historia y la historiografía literaria chilena, sino que también explica, además de otras circunstancias que competen a Chile y a nuestra América —si es que aún resulta pertinente esta expresión martiniana—, el porqué otros/as poetas se han acercado a su extenso poema, menos a su vida y a lo que ocurrió en su época[2], a través de un diálogo intertextual/emotivo y votivo (Mistral, Neruda y Zurita, entre los más comentados al respecto[3]) y de la reescritura selectiva de La Araucana (1569, 1578 y 1589, versión completa y corregida en 1590 y 1597), entre las cuales destaca la Seudoaraucana (2017) de Elvira Hernández[4], la que se originó, junto a otras, en el marco de celebraciones académico-culturales alrededor del Bicentenario nacional (2010), entre las cuales se dio lugar al proyecto Memoria poética. Reescrituras de La Araucana, al alero de la Universidad de Chile, patrocinado por la Caja de Compensación La Araucana —y otras instituciones de variado tipo—, y cuyos directores/coordinadores generales fueron Luz Ángela Martínez y Jaime Huenún; publicado (a cargo de Francisco Stéfano Gallo) en la red de la siguiente manera: http://www.reescrituradelaaraucana.uchile.cl/.[5] Se trata de un proyecto que quiso, además de su propósito central que es el de la reescritura contemporánea del poema de Ercilla, poner en diálogo creativo a poetas chilenos y mapuche, dieciséis poetas más cuatro artistas visuales, “en días en que la tensión en la Araucanía no se podía ignorar pero que desde los medios de comunicación y otras vocerías de la sociedad se buscaba soterrar”, como recuerda Elvira Hernández en su “Nota…” (s/p)[6]. Estos “días” han continuado desde entonces, lamentablemente, son parte del entramado ontológico y económico de la nacionalidad…, cualquiera sea ésta que tenga un pasado de conquista y colonia, más aún si tiene, como pocas un poema épico que habla y seguirá hablando, como lo hace, de aquel enfrentamiento en tanto éste no ha cesado. Las y los poetas que consciente, intertextual y metapoéticamente lo renuevan y reposicionan dentro de la cultura del país son ni más ni menos que fiduciarios de un inmenso testamento.
Antecedente de las Reescrituras del 2010 es, de alguna manera, la compilación de Jorge Román Lagunas: Don Alonso de Ercilla, Inventor de Chile (1971), donde se consolidó, gracias al aserto de Pablo Neruda, el famoso epíteto, y allí se incluye a escritores tales como Jaime Eyzaguirre, Fidel Sepúlveda y Víctor Raviola Molina, entre otros, como el propio Neruda, cuyo texto en prosa que introduce el volumen, “El mensajero”, suele citarse y en el que el poeta dejó las bases de una lectura más compre(he)nsiva de La Araucana:
Ercilla no sólo vio las estrellas, los montes y las aguas, sino que descubrió y separó, y nombró a los hombres. Al nombrarlos les dio existencia. El silencio de las razas había terminado. La tierra adquirió la palabra de los dioses. (12)
Aunque esto, en parte, peque de cierto adanismo/endiosamiento congénito, el párrafo anterior explica la efervescencia del poeta, quien otorga la gracia así al poeta-soldado de haber visto y cantado a los hombres nuevos, a los americanos, tan antiguos en sus tierras, pese a la oro-manía de su gente y su mundo. Cierto es que las de este libro no son propiamente reescrituras poéticas —corresponden a opiniones críticas—, algo relativamente inconcebible en esa época aún no postmodern(izad)a de los países de América Latina[7]. Y esto hay que relevarlo en párrafo propio porque se trata de dejar sentado que La Araucana y Ercilla —en adelante hipotextos, en el sentido palimséstico genetteano (1989)— han venido siendo reescritos de diversas maneras y en distintos géneros escriturales en Chile desde muy temprano en la historia de Chile; destacan Andrés Bello, José Toribio Medina, el mismo Solar Correa, Bernado Subercaseaux, Gilberto Triviños, entre otros, porque, repítase, a Ercilla se le respira y se le lleva en el ADN de la literatura/cultura nacional, se lo sepa (acepte) o no.
Por cierto, que hay que remontarse en este viaje regresivo para dar comienzo a la secuencia de sus imitaciones y/o reescrituras a la de Fernando Álvarez de Toledo (Sevilla, 1550-Santiago de Chile, 1633), referida en ocasiones como La Araucana II (1646), o a la Quarta y quinta parte de La Araucana (1597) de Diego de Santisteban (León, 1563-1598), lo que quizás con facilidad podría llevar a querer rebautizar La Nueva Araucana (LNA, 2020) de Serafín Alfsen-Romussi (Valparaíso, 1981[8]) como La Araucana VI, no sólo habida cuenta de su monumentalidad y su auto-designación como la nueva y, hasta hoy, que sepamos, la última. Pero, esto pasaría por alto muchas situaciones de recepción y producción literaria en torno al hipotexto ercillano, como, por ejemplo, las que se indicaban más arriba y que se dieron a la luz en el Bicentenario (2010) de Chile bajo el Proyecto titulado Memoria Poética… En este contexto, evidentemente, han de situarse también y con mucha anterioridad a este presente siglo veintiunesco, el Arauco Domado (poema épico, 1596) de Pedro de Oña (Los Infantes de Angol-Chile, 1570-Calca-Perú, 1643), Purén indómito (poema épico, publicado en 1861, acción en 1598), de Diego Arias de Saavedra (Extremadura, 1558-Chile, 1627), el Autosacramental La Araucana (1621, últimamente atribuido a Andrés de Claramonte) y la tragicomedia Arauco Domado (1625) de Lope de Vega, y, por qué no, también, el Cautiverio Feliz (crónica auto-biográfica, 1673) de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán (Chillán, 1607-Concepción, 1682)[9]. Todo esto hasta llegar a Neruda otra vez, tanto en su Canto General (1950) y en Incitación al Nixonicidio… (1973); en el primero, en el poema “XXII” del “Canto III: Los conquistadores” aparece su texto sobre el poeta-soldado español, donde, como se ha comentado repetidamente, ve al Ercilla “hombre” y “sonoro”, en una suerte de (auto)identificación épica, quien no “beberá[s] la copa de sangre” de la Guerra contra Arauco (73-74); en el segundo, al final, Neruda crea un terceto para cada verso de la conocida sexta octava del Canto I de La Araucana, con los cuales los termina (81-82), lo que José Eduardo Salazar Rodríguez sintetiza de este modo señalando el asunto anti- de la reescritura incidental nerudiana efectuada allí:
al final del poemario, [Neruda] hace uso del dialogismo al utilizar los versos de La Araucana de Ercilla para alterarlos con versos propios. De esta manera se presenta un poema a dos voces. Es así como actualiza la lucha contra el colonialismo español y lo compara con el imperialismo norteamericano, utilizando un tono alto o épico. (s/p)
En suma, reescribir, dialogar crítica y poéticamente con el poema ercillesco es y ha sido un trabajo colectivo transhistórico/generacional en Chile, lo que en muchos aspectos cruciales podría denominarse la continua y persistente “chilenización” de La Araucana, atendiendo a lo postulado por Bernardo Subercaseaux (2022).
Entonces, ya destacado esto por Eva Valero al inicio de su estudio del 2007, “La Araucana no sólo es un poema: es un camino”, como dijo el mismo Neruda en una de sus páginas autobiográficas, sección “Nosotros, los indios”, en Para nacer he nacido (1977) (cit. por Valero 201); un camino, como lo han demostrado los/las poetas que le han dedicado sus reescrituras, siempre fragmentarias, para realizar un viaje teleportativo hacia el pasado de la formación nacional de un país que antes de serlo quiso ser un reyno, que fue Capitanía General y antes de esto tierra de numerosos pueblos originarios —y mucho más atrás, tierra de nadie, en el mojor sentido de la expresión[10]—, entre los cuales el Mapuche ocupa un primerísimo lugar en la mitología del ser nacional chileno, motivo de disputas identitarias, referente de la obra de Ercilla, en bélica oposición legendaria a los conquistadores españoles[11]. Sin embargo, este viaje no sólo se dirige al pasado, sino que también y de manera decidida, al futuro, siempre con la égida nerudiana porque, como Valero indica, hasta que no se encuentre uno anterior a él[12], como poeta, es el único hasta antes del Bicentenario de la República que propone “la recuperación”, “la apropiación” y el “reclamo” poético “de su figura y de su obra como fundadoras del mito épico de Chile” (Valero, 2007: 210)[13].
No obstante, no será sino hasta LNA de Alfsen-Romussi que Chile encuentra, como su título mismo sugiere, un proyecto de reescritura total(izadora) del clásico poema épico que inventó, según Neruda y la crítica, como hemos señalado recién, una nación y una literatura, tema éste, sin embargo, bastante confuso y controversial, como se puede ver en trabajos que se dedican, de alguna manera, a indagar en este debate siempre abierto, tales como los mencionados de Waldo Rojas (1997), Gilberto Triviños (2008), por nombrar sólo un par, respecto a lo cual Alfsen-Romussi toma una posición, aunque no sean fuentes suyas, ya por el solo hecho de remediar la obra de Ercilla, que reconoce ambos bandos y ninguno también[14]. Como postula Christian Moraru, en su libro Rewriting… (2001), nosotros, los lectores de reescrituras, ya sea aquellas que se realizan desde el campo de batallas creativa o las que se efectúan desde el de la crítica (especializada), estamos confrontados, al participar en ese acto, con un “déjà-lu” que nos hace responsables de nuestra propia historia y de nuestras condicionantes antropológicas, siendo la conciencia de éstas y una suerte de desencanto pseudo-apocalíptico frente al curso de aquéllas aquello que promueve en épocas postmodernas los procesos de “agonizing revision[s]” y el acelerado y compulsivo “rewriting of everything”, como insistía Jean Baudrillar ya en los 90 en The Illusion of the End (cit. por Moraru xi).
LNA se abre como tal y así se cierra, es un libro plena y excesivamente semiótico, auto-consciente de esto y de muchos otros factores, tanto formales como de contenido[15]. Por cierto, Alfsen-Romussi es un excelso productor/creador de contenido(s), como huelga decir ahora, y un artista visual acendrado, no hay página que no esté trabajada como una obra en sí misma, incluso las correspondientes a los créditos editoriales y derechos de autor. Lo más próximo en resultado y tiempo (hacia atrás), aunque difieran en sus referentes y, la verdad, en casi todo, sería La Nueva Novela (LNN, 1977) de Juan Luis Martínez (JLM, 1942-1993); ambas, sin embargo, dialogan sobre el abismo del tiempo desde sus títulos, que en sí mismos se convierten, el uno y el otro, en especies de manifiestos neo-vanguardiastas de sus años y hora, considerando la neo-vanguardia como un fenómeno ubicuo ya en literatura y cultura artística[16]. Tanto LNN como LNA son, al fin y al cabo, no agotándose obviamente en ello, por supuesto, arquitecturas poéticas remediales, en todos los sentidos propuestos por Bolter y Grusin (2000), incluso el hipertextual en su formato digital que aparece latente, por actualizar, desde su formato impreso, algo típico de los pioneros pre-digitales como JLM y de los rebeldes post-digitales como Alfsen-Romussi.
[…]
Queda todo por decir sobre LNA. Los artículos que, entonces, vienen a continuación son lecturas atentas y lúcidas, teóricamente bien respaldadas, productos de un bello seminario sobre La Araucana, su escritura y reescrituras, que ofreciera el que suscribe para la Universidad de Concepción hace un par de años, agradeciéndoles aquella oportunidad a los profesores María Luisa Martínez Muñoz y Edson Faúndez Valenzuela del Programa de Doctorado en Literatura Latinoamericana.
[continúa en: https://www.anle.us/noticias/publicaciones/banle-numero-extraordinario-27-29-2024-2026/]
La épica inacabada del Reyno de Chile: la Nueva Araucana de Alonso de Ercilla y Zúñiga y la Araucana de Serafín Alfsen-Romussi
Luis Correa-Díaz, editor
Indice
En busca de una [o la] nueva Araucana para un nuevo Chile [Introducción], Luis Correa-Díaz
1. Dragones drogadictos y otros reos de la realidad. Vindicación de sujetos "infames" en La Nueva Araucana de Serafín Alfsen-Romussi, Jesús Arencibia Lorenzo
2. La Nueva Araucana de Serafín Alfsen-Romussi: si el territorio cambia la materialidad de la escritura también, Mairyn Arteaga Díaz
3. “Esto no es Chile”: heterotopías en La Nueva Araucana de Serafín Alfsen-Romussi, Dunielys Díaz Hernández
4. La Nueva Araucana: invención en Coa del novísimo espíritu de Chile, Avelino Gómez
5. Corporalidades insignificantes: cartografía del exterminio en La Nueva Araucana de Serafín Alfsen-Romussi, Alexandra Novoa Romero
6. La Nueva Araucana en su forma-trayecto: una mirada contemporánea desde la escritura radicante, Claudia Pulido Hernández
7. El acto de mirar el rostro del Otro en La Nueva Araucana de Serafín Alfsen-Romussi, Mariela Ramírez Peña
8. PacifiCOA©ción: lo mapuche, las paradojas de la chilenidad y la deconstrucción decolonial en La Nueva Araucana de Serafín Alfsen-Romussi, Ana María Rodríguez Sierra
9. (Re)construcción del libro-templo de ruinas: una alegoría alquímica de la refundación de Chile en La Nueva Araucana de Serafín Alfsen-Romussi, Carlos Ruiz Figueroa
10. Una épica grotesca: La Nueva Araucana de Serafín Alfsen-Romussi, Daniela Ulloa Burgos
11. Apropiacionismo y reescritura en La Nueva Araucana de Serafín Alfsen-Rumussi, Susana Pamela Valdés Peña
12. La Nueva Araucana: un poema documental non-finito, Olivia Villegas Cabrera

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Notas
[1] Gilberto Triviño también considera este aserto de Solar Correa, y el que se menciona más adelante sobre el poema
ercillesco como un camino, en su artículo “Lecturas de La Araucana: ‘No es bien que así dejemos en olvido/ el
nombre de este bárbaro obstinado’” (Firbas 2008: 113-131).
[2] Excepciones siempre se encuentran, una de ellas es la novela histórica Ercilla y las contradicciones del imperio (Santiago: Penguin/Random House, 2023) de Patricia Cerda.
[3] Véanse los estudios de Eva Valero (2007 y 2019).
[4] Para estudios sobre la Seudoaraucana de Hernández, véanse los de Francisca Moraga García y Luis Correa-Díaz
en Correa-Díaz (2025), a los que hay que añadir el de Biviana Hernández Ojeda (2023).
[5] En un principio el proyecto se concretó en una página web en la Universidad de Chile, luego se realizó su
impresión en libro con el mismo título bajo el sello editorial de Cuarto Propio (2010).
[6] Además de Elvira Hernández, las/os poetas en cuestión son: Mariana Arrate, Gustavo Barrera Calderón, César
Cabello Salazar, Damaris Calderón, Julio Carrasco Ruiz, Ivonne Coñuecar, Damsi Soledad Figueroa Verdugo, Jaime
Luis Huenún Villa, Paula Ilabaca Núñez, Verónica Jiménez Dotte, César Millahueique Bastías, Rodrigo Olavarría,
María Teresa Pinchillo Neculhual, David Preiss y Clemente Riedemann. Y los artistas visuales: Luis Bernardo
Guzmán Martínez, Volupsa Jarpa, Lorena Lemunguier Quezada y Bernardo Oyarzún. Por cierto, los/as críticos/as
que presentan las obras también también han de ser considerados/as como parte inherente de este proceso re-
escritural.
[7] Aquí habría que agregar La invención de Chile (Santiago: Editorial Universitaria, 1977) de Jorge Teillier y
Armando Roa Vial, una selección de relatos de viaje, dentro de los que se encuentra, más bien sugerida en el prólogo
de Teillier, La Araucana, que también fue eso, una de aquellas crónicas de su tiempo (Pastor, 1988). Llama, sin
embargo, la atención que los recopiladores no le hayan dado mayor presencia al poema de Ercilla, más todavía
juzgando el volumen por su título y porque La Araucana es también el resultado literario de un viaje. Para el tema
de la postmodernización de la región, Santiago Castro-Gómez (2011).
[8] Autor, entre otros de los poemarios: Metamérika, Códex y Teoría del Caos (Santiago: J.C. Sáez Editor, 2012, 2017
y 2017, respectivamente). Su archivo en Letras s5:
http://www.letras.mysite.com/archivosergioalfsen.htm
[9] Véase “Poetas y cronistas: consideraciones sobre la reescritura de La Araucana en el discurso historiográfico del
siglo XVI chileno” (2012) de Stefanie Massmann. Asimismo, aunque anterior, “La sombra de Ercilla” (1969: 78-84)
de Augusto Iglesias. El estudio crítico del manuscrito en Chile: un Cautiverio Feliz? (2023) de William Alexander
Yankes revisa el texto en sus implicaciones contemporánea también, algo equivalente, dentro de su género
académico, a una forma de reescritura del texto de Núñez de Pineda y Bascuñán, donde aparecen influjos
ercillescos, no cabe duda (35 y 127).
[10] Quizás en este punto sería importante volver a escuchar/ver a Gastón Soublette (in memoriam, aquí, si me
permiten) en la entrevista “Parte III: la cultura Mapuche”: https://www.youtube.com/watch?v=N27LAd906yM,
quien destaca que es decidor de sí que los Mapuche, por la nobleza de su carácter, su cosmovisión y su defensa de (o
“manera” de habitar) la tierra, hayan tenido un poema épico escrito por las manos de un conquistador, poeta-
soldado, lo que otros pueblos de las Américas no tuvieron.
[11] Estudios importantes dentro de esta línea de pensamiento, son los de Waldo Rojas (1997), Gilberto Triviños
(2003), Paul Firbas (2010), entre otros que, de una manera simbiótico-literaria, se relacionan con los postulados más
persistentes de LNA de Alfsen-Romussi, si nos enfocamos en su defensa de los vencidos de ayer y de hoy mismo.
Véanse los artículos de este dossier para ahondar en este asunto.
[12] Gabriela Mistral, quien tuvo una relación compleja con el poema de Ercilla sin dejar de admirarlo, no llegó a
proponer ninguna forma de reescritura de esta epopeya nacional, véase Luis Vargas Saavedra (1986).
[13] El Neruda que le habla al futuro de los chilenos y de la humanidad ha alcanzado pocas veces atención crítica,
siempre preocupada más del mito politico-literario y del pasado. Véase un recuerdo/recordatorio de esto en el
artículo “La poesía última, póstuma y perdida de Pablo Neruda, 2000 y nuestra residencia en el espacio (inter/meta)
estelar” (2025) de Luis Correa-Díaz; abreviado en inglés en el voluminoso Pablo Neruda in Context (Cambridge:
Cambridge University Press, 2026), editado por Ignacio López-Calvo.
[14] Para una indagación sobre La Araucana en el “imaginario nacional de Chile”, véase Lucía Guerra Cunningham.
[15] Esto lo concede y lo comenta el mismo Alfsen-Romussi en una larga entrevista que le realizaran, a fines del año
2023, los autores de los artículos de este dossier y que permanece inédita. Allí el poeta, artista visual y chamán
declara incluso que acepta que LNA sea un libro no ya para (otros) poetas, sino que para el propio poeta como su
único lector.
[16] Véase Zenaida Suárez (2022), quien ha escrito el único texto/la única reseña de LNA a la fecha y estudiosa de
JLM, notó este influjo martineano en seguida. En lo tocante al asunto de la ya transtemporal noción de neo-
vanguardia, Víctor del Río (2006).