-
Denisse, tú eres la poeta más destacada y joven de la antología:
Generación del 2000?, muestra de poesía joven, conjuntamente
con Pamela Lozán Béjar ¿cómo te ubicas frente a tus
compañeros de ruta?
- Gracias, eres muy amable con tu comentario.
No obstante, no dejo de valorar otras voces incluidas en la Antología.
¿Cómo me ubico frente a ellos?, pues sencillamente como una joven
que en la poesía ha descubierto un fondo trascendente, y no puede contener
lo que virtuosa y famélicamente se le alborota en los dedos.
-
¿Cómo nació exactamente tu interés por la escritura
poética?
Antes de pasar al fondo de tu pregunta, me gustaría
manifestarte que mi interés por escribir en sí (fuera de que si
fue o no poesía lo que hice), lo motivó mi madre. Como te comentaba,
nací y viví en Trujillo hasta los siete años, época
por la que falleció mi abuela que me criaba mientras mi madre trabajaba
aquí en Chimbote. Su ausencia era lo que me hacía escribir sobre
cualquier papel que encontraba, llegaba al punto de desarmar las cajas de los
medicamentos
de
mi abuela para escribirle. Claro que lo que escribí no fueron versos, de
eso estoy segura, digamos que volcaba emociones, pensamientos que me hacían
estar cerca de alguien que estaba distante y que sólo veía los fines
de semana. Eso para mí era algo mágico, algo que no se podía
comparar con otra experiencia. Ella despertó eso, y en cierto modo se podría
decir que aquello también fue poesía.
Ahora, ya entrando
al fondo, considero que mi móvil principal en cuanto a la escritura poética
fue la necesidad de construirme mundos mejores o felizmente habitables con palabras.
"Al fin estás cansado de este mundo viejo", diría
Apollinaire; o lo que en palabras de Rimbaud sería: "no la búsqueda
del cielo azul de los parnasianos, sino el abismo sin fondo de lo desconocido".
Esto último justamente era siempre lo que me jalaba, quería saber
lo que sentía, lo que había detrás de lo aparente, quería
intensificar la profundidad de lo que vivía, darle saltos altos a mis angustias.
Era una necesidad más allá del cuerpo y del alma, algo que bullía
y pugnaba por ser expectorado. Esto comenzó en la secundaria. Recuerdo
que en los salones del C.E. "Salazar Bondy" (que fue el colegio donde
estudié) me emocionaba con los versos de Storni, Vallejo y
Octavio Paz. Llegando a casa me ponía a escribir, un papel en blanco
siempre fue mi mejor fiesta. Aún conservo en algún armario los cuadernos
que llené con mis balbuceos, con mis exploraciones ingenuas que no reparaban
en atarse al papel en forma de nudos abultados o piezas rústicas, como
toda principiante. Poemas eso sí, con una pronunciada veta amorosa, y conservando
esa actitud de rebeldía hacia lo que, en palabras de Ojeda es "el
temor de un mundo ajeno a los sentidos". Etapa incipiente, en la que ahora
reparo, tal vez fue necesaria, para lo que posteriormente iba a crear con más
seriedad y consistencia. Posteriormente el contacto con una mejor biblioteca me
hizo conocer nuevos autores, que incrementaron mis ganas de seguir escribiendo,
ser más pulida y exigente con mis escritos; y darme cuenta que la poesía
me acompañaría para siempre.
- Yo
creo que toda poesía es más o menos autobiográfica o testimonial,
¿cómo se fue constituyendo tu primer libro Euritmia (2005)?
¿Te acuerdas de cómo surgen tus primeros poemas para este libro?
- Efectivamente, Euritmia (2005) es cien por ciento testimonial.
La constitución de este libro fue vertiginosa, lo empecé a escribir
en ese mismo año por el mes de Febrero, en tres meses tenía el libro
listo, y se extendió a dos meses más por las correcciones. Estos
poemas los escribí en las calles de Chimbote, en el Malecón Grau,
en la playa, en el colectivo, en plena plaza, en un café, a veces esperando
cola en el Banco o a mitad de mis clases de Derecho en la universidad. Yo quería
eso justamente, que los versos de ese poemario se escribieran en lugares espontáneos,
sabía que lo que tenía que escribir no fluiría entre cuatro
paredes. Fue una experiencia maravillosa, el contacto con lo de afuera me ayudó
mucho; también como el apoyo del poeta Ricardo Ayllón, un querido
amigo que le hizo algunas observaciones a mis textos y del que aún estoy
muy agradecida. Los móviles de Euritmia fueron mi hogar de Trujillo
en La Mar, en donde viví los mejores años de mi infancia, el deseo,
la pasión, el desencanto, la soledad; pero sobre todo el tránsito
amatorio con un "alma gemela". Hay también uno que otro atisbo
erótico.
- ¿La creación poética,
es un oficio como cualquier otro, o es distinto?
- No, claro que
no es un oficio como cualquier otro. Tal vez podamos encontrar ejes, puntos similares
como la disciplina, la continuidad, la perseverancia. La poesía requiere
de una sensibilidad que no cualquiera tiene la aptitud de desarrollarla, es decir,
ciñéndonos al aspecto de la escrituralidad. Ya que también
soy de la idea de que hay gente que no escribe y sin embargo con sus actos hace
poesía; porque poesía no es solamente lo que leemos en los libros.
Recuerdo que en alguna ocasión oí al poeta Marco Martos decir en
alguna conferencia, que el poeta es un hombre poseído por el espíritu
de la lengua; pensamiento con el cual estoy completamente de acuerdo. La creación
poética traspasa el filtro de lo mundano y desemboca en lo abisal, toca
el limen de lo verdadero. Existen unos versos del poeta Roberto Juarroz,
que recuerdo haber leído en múltiples ocasiones antes de escribir
un poema: "no se trata de hablar/ ni tampoco de callar: / se trata de abrir
algo/ entre la palabra y el silencio"; hermoso ¿no?; y esa no es una
tarea como cualquier otra.
- ¿Cómo
ves las relaciones entre el poeta y el mundo?
- El poeta necesita
del mundo, motor de su inspiración, oxígeno de sus escritos; pero
considero que ahora más que nunca el mundo necesita del poeta, y no sólo
de él, de todo lo que tenga que ver con el arte, frente a nuestra patente
involución humana. Poeta como ejemplo de humanidad, de sensibilidad, de
despierta conexión con el universo. "Todavía el hombre es
más mono que ningún mono", fíjate esto lo dijo Nietzsche hace más de un siglo en Así habló Zaratustra, y dime
tú ahora si esto ya en pleno 2006 ha variado. Por otro lado, creo que no
nos caería mal otro Allen Ginsberg en estos tiempos de precariedad
pacífica.
- Yo estoy de acuerdo con lo
último, se necesita varios aullidos ¿Crees en el poeta como ser
elegido que tiene capacidad de predicción?
- Creo que ese
presupuesto ya perdió legitimidad hace mucho, es decir, en cuanto a lo
de "ser elegido" equiparándolo a la "divinidad", para
ser más clara. Yo no sé si la poesía elige, pero creo que
tampoco uno la busca, de pronto la sientes. Son cosas a las que difícilmente
le encuentras explicación, y justamente su hermosura radica en ello, porque
no se explican, sólo fluyen. En mi caso fue así. Ahora, pienso que
no necesariamente un poeta para considerársele como tal tenga que predecir,
basta con que nos sacuda con su mundo, que nos muestre una realidad que nos remueva
el piso. Pero si predice, wow! en buena hora. Aunque predecir algo a estas
alturas en un mundo que se ha vuelto tan predecible, hum…sería anómalo.
Pero lo que sí pienso es que el poeta siempre tiene que revelarnos algo.
- Cuándo escribes tus poemas ¿los
trabajas mucho o, por el contrario los dejas así, tal como salen en su
primera versión?
- Antes emulaba a Mozart, el cual
no corregía ninguna partitura, claro eso era antes cuando la poesía
no tocaba mis puertas interiores tan fuerte e insistentemente como las toca ahora.
En ese entonces corregir un par de palabras para mí ya era demasiado. Creo
que eso nos ha sucedido a muchos cuando empezamos a escribir. Cuando escribo trato
de perfilar lo mejor que puedo lo que en esos instantes siento, algo así
como si les intentara tomar una fotografía a mis emociones. Me preocupa
mucho que el poema exprese la fuerza loca o sutil que quiera darle. Siempre me
preocupa la cadencia, los acompasados golpes de los versos. Es por ello que luego
de escribir un poema lo leo varias veces en voz alta para detectar una palabra
coja o una mala disposición.
Si hay que corregir hay que hacerlo,
pero si no, entonces dejo que el poema empiece a respirar, a caminar, a vivir
tranquilo. Normalmente esto último me sucede con los poemas cortísimos.
Tampoco soy tan maniática de estar enmendando un poema, pues pienso que
así corro el riesgo de desnaturalizarlo, de desgastar la materia con el
que fue concebido.
- Yo soy de los que creen que
la poesía postula siempre a un estado utópico donde los hombres
podamos ser hombres ¿cuál es tu utopía?
-
Es una utopía muy bella la tuya. Yo le agregaría a ello, el aprender
a vivir verdaderamente, rescatar el contacto con los sentimientos reales y no
quedarnos como estatuas ante la contemplación vertiginosa, angustiante
y también bella del mundo.
- En la poesía
siempre están presentes los grandes temas universales, como el amor, la
muerte, que no son necesariamente una experiencia. ¿Por qué en tus
poemas hablas de la soledad? ¿Por qué este tema en especial?
-
Me agrada la escisión que haces al decir que estos temas no son necesariamente
una experiencia. La soledad es un tema que desde siempre me ha jalado, me ha circundado,
la soledad desde casi todas sus aristas, como luz y como sombra.
La soledad
como luz, o lo que Krishna Murti quería dar a entender cuando decía
que "hay una soledad que no es este sentimiento de soledad", y converge
en una bendición.
Y la otra, la soledad como sombra, aquella que a
veces va tras de mí o de los personajes de mis
poemas
con una hacha roja.
La soledad es un bosque inmensurable donde
puedes toparte con lobos y gacelas. Hay que aprender a andar por él, y
eso no nos enseña nadie más que el vivir, y no lo sabe nadie mejor
que la poesía en mi caso.
Lo que sucede es que ahora he prolongado
mi temática poética en este último tipo de soledad, quizá,
entre otros motivos, lo que leo también me influye.
Nietzsche decía algo así como que hay que llevar dentro de sí un caos,
para poder engendrar una estrella rodante. Además en la creación
poética tenemos etapas en las cuales nos aferramos a un tema en especial,
por diversos motivos. Por ahora me siento súper cómoda hablando
de ello, lo cual no significa que ese sea mi único tema. Ahora, lo que
sí es innegable es que hoy más que nunca el hombre es un ser solitario
que transita entre una multitud de soledades, es lo que sintió Baudelaire
por ejemplo cuando afirmo "Multitud, soledad, términos semejantes".
El uso social nos vende la imagen de independencia, cuando ello es afirmar
que no se necesita del otro, porque "independencia" es divergente de
"libertad". La "independencia" genera una mentalidad de autonomía
total, casi divina, el hombre es su propio Dios.
Anulado el otro entonces,
el hombre se convierte cada vez más en un individuo alejado, narcisista,
lo que acarrea el detrimento de valores como la misericordia y la solidaridad,
la fractura de la verdadera comunicación. Pasamos de ser un emisor con
un receptor, a un par de monólogos, cada cual apuntando por su lado. Es
innegable que necesitamos de "el otro" por innumerables razones, pero
cada vez nos empeñamos en evadirlo más. En este siglo la tecnología
ha redoblado fuerzas creando un sin fin de aparatos para comunicarnos más,
y sin embargo no sabemos hacerlo, qué tal paradoja. Qué feo ¿no?,
yo no quiero ser parte de ello, yo intento escapar de ello, o encararlo sanamente
aunque sea con el arte.
Por otro lado, amo la soledad, vivo enamorada
de ella, la soledad me ha permitido hacer un montón de cosas, escribir
poesía por ejemplo, pintar, viajar o estudiar bastante. Mi soledad en ese
aspecto es sagrada.
- Volviendo a la soledad.
Es un tema recurrente que aparece en tu poesía, que acecha, que ronda,
que amenaza, que siempre está presente y te persigue como en estos versos
"Los libros me enseñaron a romper la razón / en casos de emergencia
/ la emergencia es esta soledad / corriendo tras de mí con una hacha roja"
¿Qué libros en especial te enseñaron a romper la razón
en casos de emergencia? ¿La soledad es para ti una obsesión?
-
La primera es una muy buena pregunta. Me la haces e ipso facto se me viene a la
memoria Rayuela de Julio Cortázar, se me vienen otros, Demian
de Hesse, La muerte en Venecia de Mann, En los extramuros
del mundo de Verástegui, las Obras Completas de Pessoa,
Libertad bajo Palabra de Paz, los Cuentos de Ribeyro,
Los días pasan como caballos salvajes sobre las colinas de Bukowski,
Donde todo termina abre las alas de Varela, Retrato de una Dama
y otros poemas de Eliot, etc., etc., etc. Pero sobre todo Cortázar,
que he leído sus obras desde mi adolescencia y su lúcida locura
me ha rescatado de incontables naufragios.
Y la soledad como una obsesión,
no tanto así, creo que todos tenemos etapas donde nos sentimos más
solos; y quizá lo mejor que pueda hacer en esas etapas sea escribirlas
o pintarlas.
- ¿Qué relación
secreta hay entre tu poesía y la de Alejandra Pizarnik, donde ella pide
que su soledad "debería tener alas." Y tú pides que escupa
tu nombre? Como en estos versos: "Ahora sólo te pido soledad / que
raudamente escupas mi nombre / mientras salgo como una polilla / por una de tus
mangas"
- Pues ahora dejará de ser un secreto, nooo…mentira,
no hay secreto. Leí todas sus obras, las sigo releyendo, y no me dejo de
maravillar, es una de mis poetas preferidas, tiene esa agresividad y elegancia,
precisión y limpieza, oscuridad resplandeciente, esa meditación
de la palabra sobre sí misma en sus escritos, que me mantienen fiel a ella.
La admiro mucho y le tengo un profundo respeto. E independientemente de
que yo escriba poesía, pues creo cualquier persona que se siente sola y
lee algo de Pizarnik se va a sentir muy identificada, como me he sentido
y me siento a veces. Justamente "La carencia", que es el título
del epígrafe que tomé para "1ra. Traición a la Soledad",
fue un poema que me remeció mucho cuando lo leí por primera vez,
es sumamente doloroso y mágico, como un sol negro.
Digamos que
ambas nos hilvanó esa emergencia de empacarle sus maletas a la soledad,
y embarcarla en el navío del naufragio sin pasaje de retorno.
-
"El tiempo no se depila / la soledad se pela mejor con las manos y no somos
más que un par de abismos musicalizando / los pétreos huesos de
la nada." Final de poema que me estremece. Quizás la soledad sea para
tí un tema de auxilio, con respecto a qué ¿acaso el vacío
existencial?
- Es válida la soledad como auxilio a contraluz
de la soledad como tormento. Hay temporadas en las que siento que todo me ahoga,
¿y qué es lo que hago?, después de poetizarlo, me refugio
en mi soledad como luz, y toda excusa puede llegar a ser válida con tal
de arribar a esto.
- ¿Tú crees que
pueda existir una poesía completamente aislada de la realidad concreta?
Naciste en Trujillo, y ahora vives en Chimbote, ¿en qué influye
esas realidades en tu poesía?
- Es difícil encontrar
algo completamente aislado del contexto en donde uno se encuentra viviendo. De
Trujillo conservaré siempre un gran estigma, está alternativamente
en mis textos aunque de una forma muy disimulada y muy pocos lo noten. La relación
con Trujillo siempre estará activa, viajo para allá, camino largas
horas por sus calles, visito sus playas cada vez que puedo. Cada ciudad tiene
una magia, y Trujillo tiene una incomparable a otra, demasiado especial.
Quizá
lo sienta tan así porque nací ahí, pero creo que aunque hubiera
nacido en otra ciudad, Trujillo igual me atraería enormemente. Acá
en Chimbote, el mar es algo que me jala mucho, el mar es como una gran hoja azul
llena de poesía, cuando no puedo ir a la playa en mi bici, me doy una escapadita
al Malecón Grau para contemplar y escuchar la cadencia de las olas.
A
pesar de mi apego a estos lugares, es rarísimo encontrar en mis poemas
alguna referencia sobre ellos, y eso es porque al momento de escribir es el poema
el que termina decidiendo, se nos termina escapando de las manos, toma el timón
y escoge la dirección que se le antoje. Me refiero a mis últimos
poemas claro, los que he empezado a escribir después de Euritmia,
porque como anteriormente te señalé, ese libro tuvo mucha influencia
de afuera, lo que no quiere decir tampoco que haya citado nombres de calles, nada
de eso, pero en la mayoría de los poemas se siente la ciudad, el mar.
Si
te das cuenta hasta ahora sólo me he ceñido a un aspecto geográfico.
Bien, pasando ahora a la realidad social, de todas maneras trastoca, sin pretenderlo
se refleja en el poema, la poesía te abre infinitos espacios, te abre los
ojos de los ojos, cuando te das cuenta que el noventa por ciento de lo que te
rodea, de lo que transcurre en tu ciudad se resume a la nada, el saber que cada
vez existe menos espacio para los sueños, para la valoración de
los sentimientos reales y la estirpe del cuervo de Poe nos invade, sumado
a ello el cuarto de tragedia que nos toca a cada uno, es terrible. Creo que no
sólo acá sucede esto, sucede en todas partes, en algunas es más
tangible que en otras naturalmente. La poesía es un exilio, pero también
me encara en carne viva con la realidad. Ahora, cuando escribo, es como ponerle
orden a ese caos, surge la belleza entre toda esa maraña verbal, y es esa
belleza que se logra, lo que al final me salva.
Escribir es mejor que
ir al médico, una iglesia, hablarse frente al espejo, etc. Pero existen
también veces en los que al momento de escribir no pienso que vivo en algún
lado, ni en Trujillo ni acá en Chimbote, ni en ningún otro lugar.
Habito el instante de lo que siento, el papel es mi ciudad y en él pueden
suceder cosas más asombrosas de las que se ven más allá de
las paredes de mi biblioteca.
- ¿Por qué
y para qué escribes?
- Escribo porque me hace experimentar
una libertad más allá de la libertad misma, me encuentro, me esfumo,
reconcilio lo claroscuro, todo lo puedo, todo lo destruyo o reconstruyo con las
palabras, puedo pisar las nubes y la tierra a la misma vez. Escribo porque existen
zonas que sólo se descubren escribiendo, porque así lucho contra
la marginalidad humana.
Y escribo para vivir, sin poesía no vivo,
'vivo' en el verdadero sentido de la palabra, sería un ser doblemente vacío,
sin rumbo. La poesía es como si fuera mi sangre, mi templo eterno.
-
¿Cuáles son tus preocupaciones políticas e ideológicas?
- La exangüe inversión educativa, esa ha sido desde
siempre mi preocupación. La educación es fundamental para el desarrollo
de un pueblo, tanto intelectual como espiritualmente. La educación, es
decir, "la buena educación" es un arma de defensa, a la cual
considero, todos sin distinción debemos de acceder. No es extravagante
encontrar a gente que no entiende lo que lee.
La educación es base,
en cuanto menos ignorante es un pueblo, menos podrá ser manipulado por
los intereses económicos del Estado. Esta es una realidad muy lamentable,
somos un país que está en el último lugar en este aspecto,
pasan los años y todo sigue inmutable. En cuanto a la cultura, siento que
nos falta identificarnos más con lo nuestro para saber hacia dónde
nos dirigimos como país. Y respecto a la literatura, el Estado debería
participar con un auténtico compromiso, aunque pensándolo bien,
por otro lado es mejor que no se meta con ella, porque si lo hace, la morderá.
- ¿Cómo situarías tu poesía
con respecto a la poesía actual y con respecto a la anterior?
-
Eso tendrían que decirlo los críticos, la gente que me lee, que
sigue mi poesía. Autodenominarse en ese aspecto corre el riesgo de la parquedad
o la exageración. Además creo que tendría que pasar esta
década para evaluarlo mucho mejor. Ahora lógicamente todo cambio
generacional implica un contraste, ahora con la globalización mucho más,
el mismo poeta Pablo Guevara en el prólogo de la antología
indica que los poetas de hoy venimos con las armas de los globalizados. Lo importante
Leoncio, creo yo, es que la pluma no se adormezca, la imaginación y la
sensibilidad, el compromiso serio y responsable para con la poesía se siguen
aceitando; y ahora más que nunca en los noveles poetas.
-
¿Qué te gustaría a ti que se destacara de tu poesía?
- No lo sé. Pero si alguien al leer mis poemas encuentra
algo rescatable, magnífico; y si les sirve, si contribuye a innovar actitudes,
despertar sensibilidad, mucho mejor. Creo que esto último sobre todo es
lo ideal para un poeta que publica sus trabajos, cierra el círculo.
-
Me dices que vienes preparando un nuevo poemario, me podrías dar un adelanto
de qué trata.
- Bueno, no es exactamente un poemario, es
decir, no sé si lo vaya a ser, parece que sí porque estoy encontrando
un nexo fuerte en mis poemas inéditos desde hace un buen tiempo. Como dijo
alguna vez Billy Collins, llegado el momento los poemas se buscan solos.
Pues bien, parece que estos ya se están empezando a buscar.
Las
temáticas que circunvalan mis últimos escritos, como ya te has percatado,
son la soledad (como luz-sombra), el vacío, la muerte, el vertiginoso túnel
de luminiscencia; pero todo esto alternado con la flora y la fauna; las cuales
me han remecido sobremanera en mis últimos viajes a la sierra y la selva.
También como otros paisajes naturales que me atraen del extranjero, como
el Río Sava en Los Alpes Julianos, o el gran lago Victoria en África;
y los desiertos. En fin, me fascina la magia de todo elemento creado sin artificios.
Hay una sección de poemas cortísimos, y otra con nombres de puentes,
justo de esta nómina al que más poemas le voy escribiendo es al
Puente Villena, quizá por el magnetismo suicida que tuvo con varios artistas,
siempre me tiene extrañada. Abarco también las soledades de otros
poetas, artistas y músicos.
Sobretodo de éstos últimos,
a los cuales les debo la motivación para haber elaborado algunos poemas
que aprecio mucho. Y justamente, ya que hablábamos hace unos instantes
de Pizarnik, he escrito también poemas en alusión a su soledad
que serán incluidos en el libro. Estoy condensando todo esto aquí.
Y lo que te comento es sólo una aproximación a lo que estoy elaborando,
no sería conveniente por el momento charlar acerca de todos los detalles.
Indudablemente deseo que este libro sea superior al primero, publicar
algo inferior no tendría mucho sentido.
-
Algo que quisieras decir, al final
- Sí, gracias a ti por
la entrevista, y a la gente que le dio o le sigue dando a mis poemas un tiempo
en su vida, en su memoria y en su corazón.