ASEO GENERAL
Viví hasta los treinta
después me dediqué a corregir sombrías
minucias poéticas, embadurnados residuos
diríase, de un tiempo en que fui inocente y nefasto
como el quintral o la polilla / o como el trago
que se comió el hígado de mi padre
Como los autócratas
le metí mano al ayer, reformulé mis escritos
cortando sin asco los árboles que conformaron
–alguna vez– mi frondoso bosque primitivo: adiós
«die blaue blame», adiós ramajes rosamelianos
adiós higuera cargada de frutos negros
Confuso
ahora intento recordar qué decían los poemas
en su versión original, rehacer sílaba y silabario
quisiera reescribirlos, destilar su antigua esencia
pero el bosque se volvió un peladero, tierra muerta
llena de tocones que no volverán a verdear
CIGARRILLOS
Salgo al patio de noche
y sentado sobre una piedra
enciendo dos o tres cigarrillos
Mientras fumo miro la luna
y las estrellas y los planetas
sobre los techos parpadeando
Y no veo más que eso
ninguna otra cosa viene
a mis ojos o a mis oídos
Como no soy un místico
ni un cazador de asteroides
ni la mujer de un astronauta
el cielo no tiene nada que decirme
MALL
Sobre el césped de una pantalla gigante
un golfista camina seguido de su caddie
Un niño color margarina pone fichas
en una expendedora de previstas sorpresas
Una pareja –que en el patio de comidas
come pollo frito– se besa: ella porta un peluche
él, un corazón inflable: están enamorados
De la imagen que el espejo les devuelve
han seguido las indicaciones y ahora tienen
su recompensa: son jóvenes gringos viviendo
un amor gringo en un pedazo de EEUU
ubicado en pleno Paseo Puente
Pasa un jockey de los Chicago Bulls
Pasa un jockey de los Angeles Lakers
Circulando sigilosa entre el público
como opacada mazorca, una morena
operaria recoge las bandejas sucias
El aire acondicionado es ideal
absolutamente frío, absolutamente fresco
estamos en pleno verano y a pesar del enjambre
de cadáveres que copan el ambiente
hay cero olor a pudrición
PROLETARIOS DEL MUNDO ¡UNÍOS!
Me fui a fumar un pito
en el patio trasero del cementerio Católico
más allá de la sepultura de Carlos Pezoa Véliz
bajo la sombra de unos pálidos eucaliptos
encendí la marihuana –era basura paraguaya–
y apoyándome en el nicho de una mujer ejemplar
(buena madre / buena hija / buena esposa)
me puse a mirar a unos operarios que
a martillazos abrían añosos ataúdes
Los vi extraer: . .cráneos
. . . . . . . . . . . . . tibias
. . . . . . . . . . . . . falanges
. . . . . . . . . . . . . omóplatos
. . . . . . . . . . . . . costillas
Osamentas
que sobre un triciclo trasladaron a la fosa común
pedaleando, silbando, dejando atrás un montón
de vestidos, enaguas, ternos, zapatos
y otras apolilladas prendas
Sin ceremonias
ni lágrimas, ni discursos, ni orfeones, ni curas
los restos fueron arrojados al enorme socavón
donde terminan los que no pudieron pagar
su individual descanso eterno
En ese hoyo
que tiene el tamaño de una piscina olímpica
han de compartir el comunismo más profundo
más perfecto, más real: el comunismo
de los olvidados huesos proletarios
RUMBO AL TRABAJO
(Eco de un poema de Jorge Montealegre)
Me molesta la guagua que llora en la micro
me molesta la voz de su madre que le pide
que la corte: córtala cabro culiao, basta
me molesta el vendedor de mineral
me molesta el vendedor de billeteras
me molesta el cantante de cumbias cristianas
Por qué no se bajan todos y me dejan en paz
no ven que trato de hacer una poesía que hable
de nosotros mismos, los que viajamos en micro
y tengo que escribirla ahora mismo, yendo a la pega
puesto que en la empresa no se puede, en la empresa
no hay libertad de pensamiento ni de acción
Tampoco en la noche –informo– la cosa funciona
trato, pero tras la jornada y las saladas horas extras
el territorio se halla en ruinas, arrasado, bombardeado
en la noche el panal no tiene ni miel ni cera
en la noche ni siquiera me quedan energías
para masturbarme como un hombre de bien
Dispongo –en consecuencia– de este único
momento para escribir, cuarenta y cinco minutos
en que estoy descansado, lúcido, listo para hacer una poesía
de nosotros mismos, los que viajamos en micro
que ustedes, con sus insoportables ruidos
no hacen más que arruinar