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Germán Marín en Vuelan las Plumas



"VOY A DEJAR DE ESCRIBIR CON LA LOCOMOTORA A TODO DAR"

7 de enero de 2004




. El escritor reiteró su decisión de dejar de escribir, pero no por agotamiento o "porque no le da el cuero" y agregó que el ideal sería irse de Chile, lo cual contribuiría al mito, dice, a pesar que para nada le gusta su calidad no asumida de escritor de "culto".

. Marín también habló de su paso por la Escuela Militar, con Pinochet como superior, de su experiencia en China, durante la Revolución Cultural, y de sus profesores, entre ellos, el Padre Hurtado y Borges.

. También se refirió críticamente a la narrativa chilena actual –que clasificó de opaca- y a la posibilidad de ver a alguna de sus obras en el celuloide.

Le irrita que lo llamen "escritor de culto". Lo encuentra un "facilismo" que no dice nada. "No veo velas en torno mío ni religiosidad alguna que me eleve sobre los demás", dice con su vozarrón. Y agrega que encuentra "un poco obsceno el éxito", por un problema de calidad. "Me preocupa escribir libros decentes desde el punto de vista creativo y de la originalidad literaria, no caer en el facilismo que puede traer el éxito.", dice.

Con esa voz cavernosa que le es tan particular, el escritor Germán Marín (1934) fue el invitado de ayer al programa literario "Vuelan Las Plumas" de Radio Universidad de Chile. La obra de Marín ha cosechado premios a nivel nacional y una gran acogida del público desde que publicara "Fuegos Artificiales"(1973) y tras un prolongado exilio,"Círculo vicioso" (1994), "El Palacio de la risa"(1995), "Las Cien Aguilas" (1997), "El Circo en llamas" (1997), "Conversacines para solitarios" (1999), "Carne de perro"(2002) y recientemente la trilogía "Un animal mudo levanta la vista"(2003). Con esta última ganó el Premio de Novela “Vuelan las Plumas 2003”, que le dieron los auditores del Programa y el que agradeció al aire, por ser un premio “no venal, es decir, que no tiene retribución económica”.

Marín dice que mantiene su decisión de dejar de escribir apenas termine el libro que ahora tiene entre manos y del cual no quiere dar pistas. Señala que es una decisión adoptada en términos literarios y "con la locomotora a todo dar". La melancolía sería dejar de escribir porque no te da el cuero, por agotamiento y es más bonito lo otro, señala. El ideal -para él- sería despedirse con un "me voy y no volveré", lo cual, contradictoriamente, alimentaría el mito en torno suyo, algo que, como reitera, no le gusta para nada.

Germán Marín contó a los conductores de Vuelan las Plumas –Vivian Lavín y Mario Valdovinos- que comenzó a escribir "ya viejo, a los 20, 21 años, por ocio existencial, por mero aburrimiento". Como no tenía nada que hacer, visitó durante un año la Biblioteca Nacional, dirigida en ese entonces por el escritor Eduardo Barrios, "sin ningún prurito cultural", sólo buscando la tibieza de sus salas para capear el frío del invierno y buscando la comodidad. Y sin saber cómo, se vió "fatigando algunas líneas".

Marín contó también de su paso por la Escuela Militar, con Pinochet de capitán, al que vió asombrado en 1973 autoproclamándose como miembro de la Junta de Gobierno ("pensé que era una persecución personal", dice, ya que tuvo que salir rápidamente del país y empezar su largo exilio). Recordó con cariño al Padre Alberto Hurtado, profesor y confesor en el Colegio San Ignacio y su penitencia de "una obra buena al día, algo que no he cumplido", señala. Esto, en contraposición al miedo que infundían otros confesores y ese "ojo omnipresente del que hablaban y que me hizo pensar en Dios como un gran espía". También recordó a Jorge Luis Borges, con quien tomó la cátedra de Literatura Inglesa y Norteamericana mientras vivió en Buenos Aires, en la cual sólo se hablaba de literatura argentina y al que quería profundizar en el título de la cátedra lo mandaba con su ayudante. "De él recuerdo su gusto por la literatura, cualquiera fuera su origen y su amabilidad y bondad con los alumnos".

Marín se explayó con los conductores de Vuelan las Plumas sobre su experiencia en Pekín, China, durante los días de la Revolución Cultural, en la Editorial en Lenguas Extranjeras. "Fue muy interesante, primero, conocer Pekín y luego ver el desarrollo de este proceso", cuenta. Dice que no advirtió la represión y siguió atentamente la querella ideológica con la Unión Soviética, en la que los chinos resaltaban la descomposición de la URSS, anunciando con gran clarividencia el derrumbre final del régimen.

El escritor se refirió al panorama narrativo chileno, caracterizando el año 2003 como "opaco". Nota "una repetición, una falta de progresión y desarrollo, pero la novela de Roberto Ampuero (Los amantes de Estocolmo), le pareció interesante. Sobre el velatorio literario al que se refirió hace poco dice que prefiere no dar nombres, "porque a lo mejor se ofenderían y haría omisiones", dice en ese tono grave y semiserio que lo caracteriza. Lo notable en narrativa, enfatiza, fue el rescate de libros como Frente a un hombre armado, de Mauricio Wacquez ; El Zorro de arriba y el zorro de abajo, de José María Arguedas y los libros de Enrique Lihn. El panorama lo ve muy distinto en poesía, donde destaca la Antologia del poeta Oscar Hahn.

Consultado sobre la internacionalización de algunos escritores, dice parcamente que hay muchos factores extraliterarios en juego.

Llevado al terreno de su escritura y su reiteración del fracaso como hilo conductor, explica que no se pueden hacer novelas alegres en un país que ha sido tan tensionado y ha pasado por tantas experiencias históricas. "He sido llevado por eso y quizás por mi propio pesimismo". Dice que es cierto que le duele estar vivo después del "golpe". "Conocí personas excelentes, honestas, que murieron en circunstancias muy trágicas, asesinadas, desaparecidas, a algunos los extraño; gente que enfrentó a la dictadura y finalmente la historia pasó por encima de ellos, porque la historia la escriben los vencedores. Fueron muertes inútiles".

Sobre su novela El palacio de la risa dijo que era una forma de utilizar esas situaciones, producto de la represión, para darles un desarrollo literario. En este caso él conoció el lugar (ex Villa Grimaldi hoy Parque de la Paz) cuando fue casa de una familia y cuando fue la discoteque "El Paraíso". "Hubo un coronel que asistió a la discoteque y le gustó mucho, era el coronel Contreras", dice. La casa fue demolida y se arrasó con todo lo que podía recordar el pasado de ese lugar. "A partir de ese sitio eriazo hago el relato, esa es parte de la recuperación del pasado".

Marín también se refirió a la suerte de "biografía imaginaria" que hace en sus libros, donde los personajes se llaman como él y viven situaciones que él ha vivido. "Los elementos reales e imaginarios se confunden y en la obra se entrecruzan estos dos planos", señala.

El escritor manifestó, finalmente, su deseo de que sus textos sean llevados al cine, ojalá, con él en alguno de los roles, reeditando así su pequeño papel en la película de Raúl Ruiz, Tres tristes tigres en el ques ólo debía decir "Buenas tardes" a un señor que se venía cayendo.

El Programa Vuelan las Plumas también incluyó el comentario de Gustavo Villalba, sobre el Poema del Cante Jondo, de Federico García Lorca y la explicación de la escritora Isabel Allende sobre la novela relacionada con la figura de El Zorro que comienza a escribir hoy, 8 de enero, día cábala para ella.

También se regalaron libros a los auditores, por gentileza de Random House Mondadori.

Nuestro próximo invitado, el miércoles 14 de enero, el poeta Jaime Huenún.


8 de enero de 2004


 

 

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Germán Marín: "Voy a dejar de escribir con la locomotora a todo dar"
"Vuelan las plumas"
7 de enero de 2004