Días de Mundial. Ayer 25 de junio a las 19 horas salió a la cancha El Equipo de Bolaño, transmitido
por youtube (@VicenteVázquezFeres), cuyo refirato estuvo a cargo del tándem Mario
Vázquez Astudillo/ Vicente Vázquez Feres, doctorado en Educación el primero, y periodista,
su hijo; en el VAR coanimaron Iván Mayor (España), Rebeca Garzón (México) y,
representando a Chile, el filósofo Francisco Roco y la socióloga e investigadora del arte Silvia
Fernández. El encuentro, que era de esperar, se basó en la estrategia de equipo de Roberto
Bolaño en “Consejos para escribir cuentos”, donde, con desespero de escritor y de su
enfermedad, que es escribir + enfermedad, mencionó abordar los sistemas de juego (o los
cuentos, como quiera el fanático del juego, el rodar del balón) de infinito en infinito
(“Honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte”),
por lo que imaginó vidas suyas y cuentos otros, porque escribir es leer a los demás en uno, y
los hizo jugar en su Equipo. A Horacio Quiroga, Felisberto Hernández y a Borges (¡qué no:
los platenses!), a Rulfo, Monterrosa y García Márquez (¡centros!), a Cortázar y Bioy Casares
(no a la sombra de los árboles borgianos…), a Petrus Borel por su forma de vestir, a Jules
Renard y, sobre todo, a Marcel Schwob, y de este, de regreso a Alfonso Reyes y de ahí a Borges. Y a Edgar Allan Poe los 90 minutos y más. Los vítores (gritos en el estadio) estarían
a cargo de la Antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters, mencionado por Borges. Y
de nuevo Borges (como Nicanor Parra) que era algo así como sponsor del juego de Bolaño.
Lo lindo de este pleito (sería mejor llamarlo “pleitesía”) es que nos lleva a otros convocados.
No olvidar a Chejov, a Raymord Carver… Pero siempre que hay un Ronaldinho presente, se
extasían en otros (¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?); no hay acuerdo. De qué
hablamos cuando hablamos de Carver. Su obra de corte minimalista, con un estilo seco y
simple, ¿no se acerca acaso, y por las mismas fechas, años 80, al deseo de la Máquina
(Metropolis, IA o Matrix) de crear un estilo aséptico, aquello que puede llevar a cabo una
corte de negros literarios o un exquisito editor? Realismo sucio le llaman otros a este modo
deslumbrantemente limpio de ver al ser humano cansado por vivir en un mundo cansado,
optimismo pesimista como lo nombraba Carver. Si me necesitas, llámame. Chejov pensó que
perduraría siete años. Su literatura es vida humilde y trascendente, porque tiene esa
humildad de lo infinito. Leer a otros, por ejemplo a Juan Bosch, nos hace sospechar que
jugar este partido es más que una anécdota que las masas sociales sacrifican en aras de
algo que hay más allá. Ya lo supo Longino (lo sublime no es babear por lo perfecto, sino
buscar lo bello en el arte) y Cortázar lo recuenta cuando habla del oficio de significación,
intensidad y tensión: “…cuando escribo un cuento busco instintivamente que sea de alguna
manera ajeno a mí en tanto demiurgo, que eche a vivir con una vida independiente, y que el
lector tenga o pueda tener la sensación de que en cierto modo está leyendo algo que ha
nacido por sí mismo, en sí mismo y hasta de sí mismo, en todo caso con la mediación pero
jamás la presencia manifiesta del demiurgo”. Cualquier tema puede ser significativo, pero,
tratado desde la intuición del escritor (demiurgo o crack) debe ser desarrollado con
intensidad y provocar tensión, como una buena finta o un buen uppercut.
Y a propósito de las consideraciones anteriores, podemos traspasar esos esquemas literarios
a la lectura. No estoy de acuerdo cuando se dice que hoy se lee menos que antes; al
contrario: se lee más y de múltiples maneras. Antes se consideraba “leer” solo textualizar o
detextualizar, verbalizar códices o libros (o ver es solo vaciar en Buda), afán de la
Generación Discursiva, que sigue la linealidad de la escritura (problematizada desde su
nacimiento estanco, por Sócrates en su Fedro, entre otros), en desmedro de las Técnicas
Digitales o Generación Digital, las que se desarrollan incluso desde o con este partidario de
2666, Roberto Bolaño y su sistema de realismo limpiamente sucio, como un partido de fútbol
en Ciudad de Juárez ―que es el mundo―, años 80 y, sobre todo, 2000 en adelante. Ahora,
más que leer a partir de una sola línea o un único latido, leemos el todo, leemos más porque
es el mundo lo que leemos y tenemos al instante en nuestra vida digital ―que es lo todo―. Y
este libro de Vázquez & Vázquez, nos enseña a ser lectores proteicos: leer, ahora, es
conectar, linkear, poner en correspondencia. En el libro “El Equipo de Bolaño”, hay códigos
QR, audilibros, relación o correlación entre autores y sistemas de juego. Incluso el autor de
aquel objeto, aleph, ver que nos lleva a todas las formas de leer y ser escritura de todas las
nadas, Borges, que amaba lo anglo y lo insospechado, habría querido anular el fútbol y, en
su defecto, construir laberintos y más mundos de Alejandría. No seamos grandilocuentes
sino humildes, disfrutemos del mundo y su juego fluido. ¿Servirá esta pausa de hidratación?
El equipo haitiano confesó que era la primera vez que le había sido dado probar el agua
tratada y consumible. Sin heroísmos, por favor. ¿Qué es más natural…, la hidratación o un
espejismo?