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Cocaví.
Pomas de anticipo.

Marcelo Guajardo Thomas

 


El poema es una mujer barbuda.
micromanifiesto.

Me refiero a que la poesía debes ser como esas ferias bizarras que recorrían Europa durante el siglo 18  que entre sus atracciones estaban los enanos, los deformes y la mujer barbuda. La gente pagaba para que algo, repulsivo a veces, lo acercara a la muerte. Expuestos de pronto a la desaparición de la lógica. Silenciosos ante la deformidad de lo retorcido. De la misma forma, el poema - un asunto de palabras – debe provocar el mismo silencio conmovedor que experimentamos ante un lenguaje nuevo. Una palabra como una célula sometida a altas temperaturas y a la manipulación descarada hasta formar una nueva forma viviente. El poeta es un manipulador genético. Un cirquero.

El poema debe causar el mismo espanto
que un gigantesco sol torcido
que se asoma de pronto en el mar.

 

 

El poema como un veloz guepardo.
Contra micromanifesto

Así de bello,
así de elegante
así de despiadado a la hora de matar.

 

 

Para una chica coja y analfabeta
que consigue avanzar
de una manera muy aparatosa.

Cfr. Joaquín Cociña.

A pesar de los pesados artefactos al ombligo atados  y los dientes
trizados por las nervaduras camina. Delante de una enorme pantalla
que simula su propia muerte, colgada, de un postigo donde el sol consigue
de vez en cuando descoyuntar el polvo. Hambrienta. El aspa de la enredadera
y el suministro. Del agua cortada por el día de todos los santos,  en la pileta,
drenada al amanecer, dos muchachos desnudos se lanzan una pelota de rugby. Un poema.
Para una chica coja y algo repulsiva, que se ha quedado sin agua para beber, el granito,
de los fragmentos que dejan los obreros en su insistencia, el agujero que han hecho
en la vereda, en el día de todos los santos,  un día que para la chica repulsiva,
es tan similar al anterior, en esto, de su desesperante equilibrio y su voluntad.
Ella que ha dejado de ver su rostro en la pantalla, furiosa y blanca, ha dejado ya de mirar un puño que emerge, un trozo de espejo donde mirar su lengua, ha dejado de amar el vientre salobre de su amante, ha dejado el repentino hierro, el oxígeno, un beso lento sobre las manos. Ella.
.. .. .. .. .... . .. .. .. . .. . .. . . . ... .. .. .. .. .. . .. . .. . . .. .. .. . .. .. . .. Que aparatosamente dibuja un trazo
.. .. .. .. .. ..... .. ... ... ..... .. ... ... . ... ... ... .. .... ... . . .. . . . .. . . . en espiral sobre la pileta drenada del
. ............... .. .... ............. .. .. ..... ... ...... .... .... .... ..... ..... ... parque                  Bustamante  
Ha dejado de ver su rostro, con los ojos cerrados, y la oscuridad ficticia de la enorme pantalla blanca donde la cuerda se tensa por el peso de su cuerpo. Que importa que cierre los ojos, que importa ahora esta ceguera, si la chica coja y analfabeta levemente repulsiva dibuja con sus movimientos un doble espiral sobre la superficie caliente de la pileta vacía. Para una chica coja y analfabeta que baila bajo el sol del medio día, un rostro plano pintado con carboncillo en una galería elegante. Para el postigo y la cuerda, un poema escrito en una pequeña habitación sin ventanas, en donde de tanto en tanto, se oye el mantra de una máquina de cortar pasto. Un arrecife. El viento del arrecife. La total oscuridad del arrecife. La lienza del pescador en las claras aguas del arrecife. El pez amarillo en la red  del pescador en las claras aguas del arrecife. El snorkel. La boca de un gordo y blanco gringo apretada al extremo de hule del snorkel. La tensión en los ojos sin vida del pez que sube por la lienza del pescador del arrecife debajo de la panza del gordo y blanco gringo que asustado busca el aire de la superficie. El calor en la superficie. Para que la chica consiga avanzar aparatosamente  tomada de la cuerda que arrastra un jabalí. Un paso irregular.
La grieta de los párpados. Una polilla tiembla en el aire  quemándose lentamente hasta desaparecer.
La dentellada irregular. La luz que consigue descoyuntar el polvo. Es la misma luz que la ceguera escoge, la luz sumamente blanca que emana de una instalación de Alfredo Jaar.

Todo es sombra se dice así misma.
-este espiral que dibujo sobre la superficie caliente de esta pileta es el trazo de un niño ciego
que percibe el surco del contorno con la punta de su dedo-. Afilado.
La única huella de la ceguera. El surco quiebra el papel.
El poema quiebra el papel. El dedo húmedo en la boca.
La comisura del sueño abierta del otro lado. El espanto de los ojos ante el orgasmo.

 

 

Marcelo Guajardo Thomas

melodramático
iconoclasta
demodé
roto tira’o a gente

 

 

San Cristóbal

                                  . .. .. .. .. .              Cfr. Pablo Burchard

En el escaño, temblando, gira su cabeza hacia el espino
con los labios crispados, a penas, la luz de noviembre
cruza la bruma e ilumina los pliegues del vapor
la soledad de un día hermoso, tal vez del verano,
atardeciendo, que duda cabe, sobre el follaje.

 

 

Ejemplo de extrañamiento

Cualquiera de estos autos en la lenta procesión junto a la playa
sus luces bajo tu departamento que circunda, tomado del vértice hacia la grieta
flotando sobre los riscos, en la niebla, que de pronto escoge su gobierno.
El extraño anochecer de la luz en una ciudad futurista a punto de desplomarse
a unos kilómetros de la virgen negra en la gruta serpentearte. Advierte.
El zumbido que se extiende desde las dunas, al agujero de piedra
donde las langostas crecían al amparo del esmero y el vértigo.
De que te extraña que los golpes vengan de las paredes
que este único ruido venga del tibio acantilado interior.
Que desgano trabar la piedra que desciende hasta su desembocadura, Lijar
otra vez los sentimientos. La exasperante redondez de la piedra de río
inservible al final de su viaje.

 

 

Parlous land

Al amarillo que salpica, cada deseo y tiembla,
Una mujer abrigada por pieles, en el hielo y el conjunto,
bailarinas, tantas bailarinas. Sobre la  tierra que habla, camina, a la vez,
se desplaza al páramo donde hunden sus zapatillas en la nieve.
aún                                                     el viento del sur oeste.

 

 

La luz del ocaso
sobre la piel de Kit Moresby

cfr. The Sheltering Sky

Lo que piensa del desierto y de Porter Moresby

Porter es un tipo desagradable. Casi aterrador. Obsesionado con el desierto me ha hecho abandonar la comodidad de Nueva York por un poco de arena insípida, y un cielo interminable. Sólido dice él. Me he dejado llevar por su extraño voluntarismo, cuya intensidad aparece por los asuntos más absurdos y se hace imperceptible cuando los eventos realmente la requieren. Cuestión que me sería indiferente en la certidumbre de la ciudad pero que aquí francamente me es insoportable. Nuestros viajes siempre han sido a la médula de la cultura occidental, y no podrían ser catalogados de viajes exploratorios, más bien, como muy planificados recorridos por los que se podrían denominar como variaciones sobre Nueva York. Pero aquí existe un permanente caos que me es tan ajeno, y al entablar cualquier tipo de relación humana tengo la extraña sensación de utilizar una máscara grotesca. La mueca absurda y patética de quien se encuentra apartado definitivamente del fluir cotidiano, alejado de las pequeñas transacciones y gestos, ignorante de aquel terco y desarticulado lenguaje que colma el cuerpo y la garganta.
Me pregunto que es lo que me une a Porter y de inmediato pienso en el silencio. Si algo compartimos es nuestra sospecha del lenguaje, de sus repentinos arrebatos de entusiasmo, de sus pueriles intentos, de su intoxicante certeza. Algo aciago que hace de la vida un fruto irreconocible, un exótico, y a veces ensordecedor, malabar.

 

 

Niño con sonrisa

                                                           Cfr. Diane Arbus

enjuto bajo el sauce.
tullido. satisfecho.

 

 

Tiuque.

A la criatura que distingue la ceguera y el sarcasmo
y afila bajo la luz del sol, una daga cuando debe hacerlo, y nunca
deja que el destello agregue de si más que un insignificante presagio.
Ella, a la que un leve beso devuelve el brillo de los ojos, en otros días,
y  pregunta. Quién detrás de la ironía. Quién.

 

 

Contra la nostalgia

Resulta particularmente bello una crisálida colgada de una cala
O una lluvia que cubre toda Europa, desde Praga a Lisboa
- Oye, ¿cómo es Europa? -
- Europa es como Rancagua-

 

 

Tricornio

Una brisa sobre la cubierta, el anclaje de las velas
un día espléndido por cierto, no hay necesidad de tierra
Las tres puntas en la cabeza del navegante
Tedio              deseo              repulsión.

 

 

Nourishment

Busca la hiedra de la ciudad un lugar donde existir, la grieta
del acantilado, el ladrillo que presiona, y se junta y se junta.
Más allá del paso, del zapato amarillo que reluce, en la vidriera
la luz de neón que ciega cuando se ve de frente.
Busca el agujero la hiedra de la ciudad, y crece donde no debe,
arrancada una y otra vez para el deleite de un tonto de capirote.

 

 

me on sunny day

Y esto era lo que llamaban el sol
la caverna ondulada invertida que ondea
de vuelta hacia la certidumbre, y los objetos
hacia  tu pelo oscuro que adoro.
En una campiña imaginaria
con el beatle cuello de tortuga
me veo tan intelectual bajo el sol. y transpiro.

 

 

Bádminton

Placer, mucho placer me causa este día soleado, el pasto
delicado y siempre verde, el atuendo blanco, la camiseta
de mi prima que trasluce eso pechos preciosos.
Y rebota la plumilla de raqueta en raqueta, elevada
confusa hasta lo indecible.
Donde duele el sol mirado de frente, y el sabor
de las frutillas, el ajenjo desesperado. No. Tal cual es
la brisa, la colina, el coto de caza donde
el abuelo percuta al viento un fusil Mauser y silencia
La perdiz, el abejorro, la liebre.

Y a la vez, unos movimientos antes que la plumilla devuelva
un poco de su tenaz certidumbre al perpetuo Sin Sentido.

 

 

 

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Libros disponibles del Autor: http://garageediciones.blogspot.com
Anticipo Sonoro de Cocaví: Alquimia Ediciones.
Dibujo del autor: Valentina Guajardo.

 

 

 
 

 

 

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