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Ahora soy un hombre de Ivonne Bernuy

Editorial DENDRO, Perú, 2026, 56 páginas

Por Miguel Ildefonso


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“Sobre el espejo detenido/ cae una gota de abismo./ No he de llorar los astros./ He de romper la aurora,/ su reflejo”, estos versos iniciales del poema titulado María Magdalena, y que abre el libro Ahora soy un hombre (Dendro Ediciones, 2026) de la poeta Ivonne Bernuy (Lima, 1984), nos hablan de un quiebre, de una trasgresión y de un deseo de desplazamiento del yo poético. Por otra parte, más que asumir una identidad transitoria para poetizar una historia, el título del libro es un desafío a la territorialidad masculina; como señala la lingüista Melody Toledo en el excelente prólogo: “La autora de este libro se transfigura como una ocupación consciente del territorio prohibido”. Es por eso que en el mismo poema la protagonista bíblica dice: “Esta blasfemia no es mía, / mi sangre no la ha escrito, / las monjas decían que se sigue creyendo si tenemos temor.”

 

 

El título Ahora soy un hombre podría sugerir que se trata de poemas que se centran en el conflicto del yo ante la masculinidad o lo patriarcal. Pero la poética va más allá, dado que, como dicen los versos finales del poema citado: “El peso del mundo tras la ventana canta su epitafio. / Mis sábanas y yo esperamos el rocío”; es decir, que el discurso que ha construido “el peso del mundo” (masculino) ha fenecido ya. Y es ahí que, en palabras de Melody Toledo: “la voz poética no huye de sí misma, sino que se otorga el permiso de deconstruir la identidad femenina impuesta a través del tiempo, con todos sus “debe ser” y “no debe ser” en el espacio privado y público”. Y vemos, por supuesto, en los poemas (son veintitrés poemas), esa constante traslación entre los espacios públicos y los privados, o entre la historia como fue contada y la historia íntima que interpela. 

La filósofa Simone de Beauvoir decía sobre el amor: “El día en que sea posible que la mujer ame no en su debilidad sino en su fuerza, que no escape de sí misma sino que se encuentre a sí misma, que no se limite sino que se afirme: en ese día el amor se convertirá, tanto para mujeres como para hombres, en una fuente de vida y no de peligro mortal”. El verso con que acaba el poema que abre el libro nos dice (sobre la afirmación de sí misma): “Yo soy María Magdalena: vuelvo al círculo”. Es una declaración de su libertad, un manifiesto de su deseo, como lo vemos también en los versos finales del poema que continúa, Isadora Duncan, que dice: “Mi vientre concentra el color del principio: / Gira. Me voy al amor”. Hay en estas declaraciones esa avidez del desplazamiento que mencionaba al inicio (ese encontrarse “a sí misma”), partiendo de un reiniciar. La protagonista de este poema, bailarina y coreógrafa estadounidense, va hacia el amor, hacia la “fuente de vida”, así como la poética del libro asume su lenguaje lírico con la sensibilidad y la fuerza de su voz que, a su vez, asume a las otras voces (Sylvia Plath, Virginia Wolf, Simone Weil, etc.).

“La novia de Sebastián alguna vez fue humana. / Ella despertaba con el peso del mundo /sobre el párpado izquierdo” (poema La novia de Sebastián). El poema trata sobre el personaje de la canción del salsero, poeta y filósofo, Rubén Blades, Sebastián, un personaje atípico. Acudiendo al filósofo surcoreano Byung-Chul Han podríamos decir que “el amor interrumpe la perspectiva del uno y hace surgir el mundo desde el punto de vista del otro, de la diferencia”. En ese sentido, el amor es “siempre una alteridad”, una alteridad que, incluso _ tal como vemos en la poética del libro _, es capaz de deconstruir la propia imagen en aquel umbral-espejo que es como un testigo.

El testigo es el título de un poema de la uruguaya Idea Vilariño, e Ivonne Bernuy hace una intertextualidad en su poema que, precisamente, se titula, Idea Vilariño. La autora de Poemas de amor (en el poema de Bernuy) dice: “Rehacer mi rostro / (ese que los otros, a veces miran a medias) / parece mi epitafio. // No hay fe, ni dedos, ni boca, espero (…) La incertidumbre tropieza con el río que orilla y herrumbra el amor”. Y es que, como afirma el autor de La agonía del eros: “El amor como acontecimiento, como ‘escena de lo dos’ des-habitúa y reduce el narcisismo. Produce una ‘ruptura’, una ‘perforación’ en el orden de lo habitual y de lo igual”. Lo vemos también en el poema titulado Chuquisuso (igualmente en el poema La mujer de Lot): “Pariacaca decía amarme. / Una mañana le susurré al oído: vamos a cualquier sitio los dos, / ¿Alguien podría decirle que yo le he de servir la / embriagante chicha? / ¿Alguien podría decirle que acariciando su rostro diré: / _ Soy Chuquisuso, no has de tener sed?”

Vale la pena citar este fragmento algo largo de Byung-Chul Han, en El Tiempo del otro, cuando dice que “El amor como absoluto es para Hegel una conclusión. El amante ciertamente muere en el otro, pero esta muerte va seguida de un retorno a sí mismo. Ahora bien, el retorno a sí mismo desde el otro es todo menos una apropiación violenta del otro, modalidad que algunos han convertido falsamente en figura principal del pensamiento hegeliano. (…) El retorno a sí mismo no es ninguna apropiación; más bien, es el don del otro, donación a la que precede la renuncia a sí mismo, el abandono de sí mismo. La conclusión es absoluta porque no es limitada. Una conclusión limitada significa que tan solo me apropio una parte del otro, permaneciendo yo intacto en mí mismo. El amor como conclusión absoluta presupone supresión del sí mismo. Es transformación.” Amor y transformación que sufre Chuquisuso en el mito de Dioses y hombres de Huarochirí, y como lo dice la protagonista del poema “¿Alguien podría decirle que / convertirme en huaca fue / desde el principio, mi único deseo?”

Ahora soy un hombre tiene más temas del que este pequeño texto aborda (o da pistas o apostillas [en el sentido que lo usa Umberto Eco]), que es el del amor. Podría leerse sobre la escritura, lo metapoético, la belleza, etc. Esta breve reseña no es más que una invitación a la lectura de este buen libro de poesía, el cuarto de Ivonne Bernuy (en 2020 publica Disección; en 2022, Aroma de nido; y en 2024, El último canto) que consolida su obra como una de las más interesantes de la última poesía peruana.




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"Ahora soy un hombre" de Ivonne Bernuy.
Editorial DENDRO, Perú, 2026, 56 páginas.
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