En una esquina mirando la fiesta, así se siente la escritora que acaba de lanzar en España el volumen de cuentos Todo lo que aprendimos de las películas. Son historias sobre conexiones emocionales que casi ocurrieron o sucedieron de forma inesperada. Su séptimo título también es una expresión de cómo le gusta definirse: "Un monstruo de los libros".
Ahora le parece obvio que debía haber cancelado la clase sin pensarlo y partir lo más rápido posible a urgencia. Pero siguió hablando de literatura ante sus alumnos mientras un ojo se le apagó de forma fulminante. Dejó de ver. Pero María José Navia siguió en la sala hasta terminar las clases y solo después fue a la clínica. Ese año, 2019, se sometió a múltiples procedimientos oftalmológicos para revertir la posibilidad de la ceguera. Algunos eran tan invasivos que la dejaban inhabilitada de la vista por horas. La acompañaban su esposo, sus padres, su hermana o amigos, que luego la guiaban en la oscuridad. "¿Qué habría pasado si hubiera vivido esto sola?", se preguntó en una de las sesiones y se activó su cabeza de escritora: escribió un cuento sobre una mujer que atraviesa esa experiencia sola y en la sala de espera se asocia a una conexión con un niño que también está a punto de perder un ojo y a su padre. Más que insinuaciones, no pasa mucho entre ellos. O sí: son la confirmación de que está sola.

El relato se llama "Mal de ojo" y es con el que arranca Todo lo que aprendimos de las películas, el nuevo libro de María José Navia (Santiago, 1982). Publicado por la editorial española Páginas de Espuma, la llevó a España a una gira de promoción que se extendió por tres semanas. El libro quedó finalista en el concurso Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero (que ganó la boliviana Liliana Colanzi) y es un paso en la internacionalización de la carrera de Navia: después de seis libros de cuentos y novelas que han circulado en Chile con cada vez más reconocimiento, Todo lo que aprendimos de las películas
la ha situado en ese amplio plano de narradores latinoamericanos en torno a los 40 años que renueva la literatura del continente. En ese mapa, Navia explora las zonas donde las familias se vuelven un problema, el futuro llegó sin avisar y una melancólíca soledad arrecia en experiencias vitales que no terminaron de cuajar.
Autora de libros como Lugar, Kintsugi
y Una música futura, Navia se define como una "monstruo de los libros", y los hechos puede que le den la razón: es profesora de literatura de la Universidad Católica, escribe columnas sobre libros en Artes y Letras, dicta dos o tres talleres de lectura al año y sus redes sociales son un mapa de lecturas y recomendaciones. "Hay gente que cree que yo soy como una escritora que salió de entre las plantas, pero yo llevo un montón de rato hablando de libros en todas las partes posibles. Yo soy sobre todo lectora. Y de lo muy feliz que me hace leer, también quiero jugar a esto de escribir, ¿no?", dice frente a un taza de té en Providencia para retomar su afición favorita: Daisy Johnson, Joy Williams, Elizabeth Strout, Rodrigo Fresán, José Donoso, Ray Bradbury, Peter Orner y una larga lista de nombres aparecen en su conversación.
Los autores que menciona esta vez están asociados a Todo lo que aprendimos de las películas
, un libro que lleva múltiples citas que lo conectan con sus lecturas. Eso sí, el hilo de referencias de los cuentos aparece en el título: "En las películas aprendemos cosas que nunca usamos, incluso en las películas malas", dice uno de los personajes, revelando que su educación sentimental también proviene de la ficción y específicamente del cine. Y más que eso, revelando un tono que cruza los cuentos: nuestros aprendizajes no siempre nos sirven para la vida. Compuesto por 10 cuentos, el libro narra historias de escritoras famosas que no consiguen conectar con sus hijas; parejas que pese a tener todo organizado no pueden tener hijos; niños que son cuidados por inteligencias artificiales en la pandemia, y casas que se embrujan con las memorias y huellas de sus antiguos habitantes.
Y aunque Todo lo que aprendimos de las películas
no tiene la ambición de convertirse en una novela en cuentos, en los relatos se repiten personajes y las historias se van conectando sutilmente. "Me gusta jugar con esas conexiones. Para mí es como esa imagen de cuando uno va al oftalmólogo y te ponen a leer las letritas. Te van pasando diferentes lentes para ver con cuál ves mejor, hasta que finalmente llegan a tu receta. Y yo quería que en el libro fueran apareciendo personajes y que el lector se hiciera una idea de ellos de a poco. Primero ve una parte de ellos en un cuento, después se los encuentra más adelante y tiene que cambiar de idea. Tiene que volver a mirar", explica Navia. Y agrega: "A mí me gusta mucho cuando escribo ir armando una galaxia. O sea, no solamente que el libro funcione en sí mismo, sino que estire alguna ramita, un tentáculo, a alguno de mis otros libros".
—Y así como las historias están hiladas por referencias al cine, también parecen estar conectadas por experiencias de los personajes que terminaron mal. Por historias que les dejaron una herida no resuelta o por algo que no alcanzó a concretarse.
—Sí, es verdad. Hay mucho de esos fantasmas. O sea, hay muertes deambulando. Lo que yo quería hacer es hablar de estas relaciones del casi, de vínculos que no son exactamente de madre e hija, o padre e hija. O de conocer a alguien por un par de días y que eso importe, ¿no? Que deje una marca, pero tal vez eso no significa que esas personas que se conocieron se vuelven a encontrar o se emparejen ni nada. En el caso de "Mal de ojo", por ejemplo, me importaba que el lector creyera que la protagonista se iba a enamorar del padre del niño que conoce en la consulta. Pero no se enamora. Esta chica va sola y la enfermedad es muy solitaria. Hay algo que no se puede compartir, aunque lo conversemos por horas y tal vez yo trato de llegar a esos lugares que son parte del cuarto propio de los personajes: donde pueden pensar lo que quieren pensar y ser contradictorios con sus acciones. Explorar esos recovecos de la cabeza.
—¿Cómo integra lo de ser una "monstruo de los libros", dar clases de literatura, encabezar clubes de lectura, con la escritura? ¿Cuál es su nivel de autoexigencia?
—No soy una escritora únicamente intuitiva. Empiezo a escribir mis cuentos y después soy muy estudiosa. Cuando sé lo que estoy tratando de hacer, empiezo a leer libros que me ayuden a escribir lo que quiero escribir. Hay escritores que cuando están en un libro dejan de leer para no contaminarse, pero en mi caso nunca dejo de leer. Y cuando estoy en un proyecto en específico empiezo a buscar libros que yo sienta que hayan hecho lo que yo quiero hacer, por el estilo, por la temática, por lo que sea, y leo y leo e investigo. Cuando termino un cuento, lo leo en voz alta, lo grabo en el teléfono para escucharlo y lo edito de oídas. Valoro mucho cuando escribo un libro estas frases con las que me quiero quedar.
—Y en esa búsqueda de libros que hayan hecho lo que usted quiere hacer, ¿se encuentra con la pregunta de cómo entregar algo nuevo si ya todo está escrito?
—Sí, pero me gusta sentirme así, porque para mí escribir es como seguir conversando con los libros que me hicieron la escritora que soy, volver a ellos. Es rendirles homenaje a los autores y a las cosas que me han formado. Entonces, claro, pasa eso de: "chta, ya está todo escrito", pero me gusta saberlo. Yo prefiero saber a no saber. Si hay cosas parecidas a lo que yo escribí, díganme, porque lo quiero. Tampoco escondo las referencias, menciono a Wakefield
, de Nathaniel Hawthorne, Casa de campo
, de José Donoso, o a Daysi Johnson. Me parece que es sano saber que yo no vengo a inventar la rueda, yo vengo a dar mi versión, mi punto de vista. Esto es lo que puedo mostrar.
—Me decía que hay gente que piensa que "salió de las plantas". ¿Cree que esa es la idea que hay sobre usted?
—A veces me imagino que esa es como la idea. Hubo un par de entrevistas sobre este libro en que sentí que plantean como ¿dónde estaba? Yo siento que no figuro mucho. Tal vez van a decir que soy hiperfigurona, pero yo siento que soy una escritora muy piolita, que estoy en mi esquina en la universidad. De pronto alguien me dice: "Oh, sacas tu libro!". Bueno, tengo siete. Pero la cantidad da lo mismo, porque mi lado de escritora no se entiende sin mi lado de lectora. Soy profesora de literatura, estudié mucho rato y después escribo ficción. También escribo reseñas, participo en redes sociales, hago clubes de lectura; trato de hacer todo lo que pueda en relación con los libros. Quizás porque soy tímida e introvertida me cuesta ir a lugares que no conozco, a fiestas o lanzamientos. Estoy desde la esquina de la fiesta mirando. No molesto a nadie, yo no polemizo, en general, no hablo mal de ningún libro, no hablo mal de nadie.

