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Intervención lanzamiento libro “La vida a pesar de todo”

LOM, 2018, 124 páginas

Por Miguel Lawner

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Es la madrugada del 16 de Septiembre de 1973. Una fuerte sacudida nos anuncia que acaba de varar la barcaza en la cual nos han  transportado desde Punta Arenas. En la penumbra se percibe el perfil de unas lomas que caen abruptas sobre una playa desierta. La embarcación rompe el silencio y comienza a abatir  ruidosamente su portalón metálico, por el cual nos ordenan descender. 

Son las cinco de la mañana y la oscuridad es interrumpida por los focos de algunos vehículos militares estacionados en la playa, lo cual incrementa el dramatismo del momento.

Un modesto tablón de madera nos permite tocar tierra sin hundir los pies en las aguas. Me equilibro con dificultad y de pronto percibo que estamos pisando nieve. No puedo creerlo..... pero si, es nieve. 

Se escucha un coro de insultos y voces de mando que fluyen desde las tinieblas. Nos ordenan formar en fila de a dos, e iniciar una marcha a lo largo de  una huella ripiada, cubierta a ratos por retazos de nieve. 

Percibo que el camino corre adyacente al mar, remontando y bajando por suaves lomas.  Asoman restos de grandes árboles calcinados.

Amanece y para añadir otra dosis a nuestro desconcierto, el horizonte  comienza a teñirse de color rosa tras las aguas.  El sol no se posa, sino que se alza desde el mar. ¿Hasta eso nos habrán cambiado?

Después de marchar unos 40 minutos, viramos hacia la izquierda internándonos en dirección a un pequeño bosque que asoma cobijado por una cadena de montes. Se divisan algunas barracas y carpas dispuestas a manera de campamento militar, tras un cerco de    latones de zinc y alambradas de púa. Emergen espigadas casetas de vigilancia, desde la cual vigilan  guardias  armados. 

Ingresamos al recinto flanqueados por una escolta que no cesa de empuñar sus metralletas 

El silencio es sobrecogedor. Solo se escucha el click metálico de las armas. ¿Qué nos espera? Tratamos de captar algún indicio en el rostro de los soldados que nos rodean. Nada. Herméticos. 

Para nuestro  desconcierto, el oficial a cargo de la tropa.  nos ofrece un tazón de café, que ingerimos como un bálsamo en medio del terror que estamos viviendo. ¿Será nuestro último trago antes del ajusticiamiento ?.

Nos ordenan entregar todos nuestros efectos personales: lapiceros, billeteras, dinero o cédulas de identidad, que un sargento de la marina acumula desordenadamente al interior de  una decrépita caja de zapatos.

Concluido el trámite, somos allanados nuevamente según la modalidad  ya habitual de abrir piernas y brazos de cara a un cerco formado por altas planchas de zinc. Finalmente, nos congregan para escuchar las advertencias e instrucciones formuladas secamente por el comandante del campo. 

 


Nos enteramos que somos considerados prisioneros de guerra, y debemos obedecer todas las normas reconocidas por dicha condición. Cualquier desacato será castigado severamente, aplicando la Ley Marcial en caso de tentativa de fuga. 

Nos informan del régimen de alimentación, y del trabajo forzado al cual estaremos  sometidos. 

El comandante añade, que desde ese momento deberemos olvidar nuestros nombres. Pasamos a ser sólo un número. Queda estrictamente prohibido referirse a los demás por su nombre. Al registrarnos y hacer entrega de nuestra documentación, se le ha asignado una clave a cada uno de nosotros. A mi me correspondió el número S-31.  S por Sierra, del  alfabeto en clave de la marina, empleado esta vez para identificar a los prisioneros provenientes de Santiago, a diferencia de los V, por Vela, utilizado días después para identificar a los compañeros  detenidos en Valparaíso, y que se unen a nosotros una semana mas tarde.  

Concluye su intervención el comandante señalando lo siguiente: “Ustedes están confinados en la COMPINGIM, base de una Compañía de Ingenieros de la Infantería de Marina,  situada en la Isla Dawson.

Hasta entonces, ninguno de nosotros  conocía la existencia de dicha isla, ignorada por lo demás, para la inmensa mayoría de los chilenos. Sólo al día siguiente, algo repuesto del shok provocado por el bombardeo de La Moneda, el flaco Tohá recordó que había viajado un año antes, en su calidad de Ministro de Defensa, a entregarle la Isla a la Armada. Esta institución había solicitado su expropiación acogiéndose a las disposiciones de la Reforma Agraria, por su valor estratégico al estar situada en el corazón del Estrecho de Magallanes.

En cuanto se extendió por el mundo la noticia de nuestro confinamiento en ese lugar remoto, Dawson perdió su anonimato. Se convirtió en símbolo universal del terror, adquiriendo una connotación solo comparable a la alcanzada por los campos de exterminio nazis durante la segunda guerra mundial.

Gobiernos y parlamentos de todos los colores políticos en todos los continentes, altas autoridades eclesiásticas, eminentes artistas e intelectuales, organizaciones sindicales, femeninas, y culturales, alzaron su voz exigiendo la clausura del campo de concentración levantado en la Isla.  

 

Autoretrato

Permanecimos allí por ocho meses, hasta que la presión internacional obligó a trasladarnos a la zona central. Con otros compañeros de cautiverio, fui encerrado por dos meses en el siniestro subterráneo de la Academia de la Fuerza Aérea en Las Condes, y destinado enseguida por un año, al campo de concentración de Ritoque . Finalmente, un mes antes de mi expulsión de Chile, en Junio de 1975, debí sufrir un último mes de reclusión en una celda de Tres Alamos. 

Las imágenes que hoy presentamos ilustran mi recorrido por esta cadena del horror, sin que hasta el día de hoy haya recibido alguna explicación sobre las causas que motivaron este calvario. Jamás fui sometido a proceso. Nunca se formuló cargo alguno en mi contra. 

La primera edición de estos dibujos dio a luz el año 1976 en Dinamarca. 

Corrían días en que era vital salvar las vidas de miles de chilenas y chilenos acosados por la DINA. La publicación de estos dibujos contribuyó a documentar la solidaridad internacional con nuestro pueblo, y a mostrar la naturaleza fascista del régimen militar. 

Han sido necesarios treinta años para avanzar en el esclarecimiento de la verdad. La reciente designación de jueces de dedicación exclusiva encargados de  activar los juicios por las violaciones a los derechos humanos, ha permitido confirmar, sin lugar a dudas, la magnitud de las atrocidades cometidas por la dictadura, individualizando a muchos de sus autores.

Ahora, nadie puede negar que en Chile se secuestró, se torturó, y se violó a miles de nuestros compatriotas. 

Ahora, ya sabemos que la dictadura ejecutó ilegalmente a un gran número de chilenos, que los sepultó ilegalmente en socavones remotos o en las arenas del desierto, que exhumó ilegalmente sus cadáveres para  quemarlos  o triturarlos, y que en otros casos los lanzó al mar después de atarles una barra metálica a fin de  sumergirlos para siempre en las profundidades del océano. 

Esta publicación ahora, es un testimonio mas de sucesos que no tenemos derecho a olvidar, y ayuda a  cimentar el clamor de NUNCA MAS compartido por la inmensa mayoría del país.  

Muchos de los criminales han gozado de impunidad hasta ahora. Como ya resulta imposible seguir soslayando sus responsabilidades, comienza a circular una nueva estrategia destinada a otorgarles otro salvavidas. Se trata de la tesis de  todos somos responsables.  

Conforme a este razonamiento, nosotros seríamos culpables del clima de polarización política y social que desembocó en el golpe militar. Por lo tanto, debemos asumir nuestra responsabilidad, análoga a la de quienes violaron los derechos humanos. 

Es la perversa  tesis del empate, ya que en definitiva, si todos somos responsables, al final nadie tiene la culpa. 

Tomás Moulián sostiene que —conforme a esta extraña lógica— “habría que afirmar, por ejemplo, que la República de Weimar fue responsable de los crímenes de Hitler”. 

No es posible aceptar que nuestros errores puedan justificar el genocidio que practicó el régimen de Pinochet. No tenemos ninguna, ni la mas mínima responsabilidad en los crímenes de lesa humanidad cometidos durante su mandato. 

En los últimos días han proliferado reportajes sobre el gobierno de Salvador Allende y el golpe militar. Algunos han sido impactantes y objetivos, poniendo al descubierto mentiras tan burdas como la existencia del Plan Z,  pero en los juicios respecto al gobierno de Allende, aún predomina el sesgo de exhibirlo como un régimen donde predominó el caos y la violencia. Que violó la constitución y las leyes, y que intentó imponer su programa a sangre y fuego. 

El programa impulsado por la Unidad Popular, fue elaborado a lo largo de veinte años, a partir de  la primera candidatura de Allende a la Presidencia en 1952. Respondió a las aspiraciones de los trabajadores, de campesinos, profesionales y capas medias, mujeres y jóvenes, siempre postergados en sus anhelos. Fue concebido en largas jornadas de estudio, con la colaboración de economistas de prestigio internacional, como: Pedro Vuskovic,  Max Nolf, Carlos Matus, Alban Lataste, Gonzalo Martner García, Alberto Martínez y otros, todos los cuales asumieron mas tarde altas responsabilidades de gobierno.

La Unidad Popular formuló la vía pacífica al Socialismo, señalando la necesidad de llevar a cabo importantes reformas estructurales: la Nacionalización del cobre, la Reforma Agraria, y el fin del dominio monopólico sobre el aparato industrial, abriendo paso al  área social de la economía.  

Nuestro programa estaba lejos de ser un exabrupto sectario. Sus postulados eran muy semejantes a los de Radomiro Tomic, candidato democratacristiano  en la misma elección de 1970, el cual afirmaba que “las estructuras sociales ya no sirven mas en Chile... es impostergable la transformación de la vieja institucionalidad, de base social minoritaria y de expresión capitalista, en un nuevo orden social vitalmente democrático... nacionalizaremos de inmediato e integralmente las principales empresas del cobre... etc. “ ( Sergio Bitar: Transición, Socialismo y Democracia. La experiencia chilena. México 1979.)

Por su parte el Cardenal Raúl Siva Henríquez dijo: “Las reformas básicas contenidas en el programa de la UP son apoyadas por la Iglesia Chilena... Nosotros vemos esto, la Iglesia ve esto con inmensa simpatía... la mayoría de las reformas planteadas por la Unidad Popular coincide con los deseos, con los planteamientos de la Iglesia, así que hay un apoyo claro” (entrevista concedida a Las Ultimas Noticias 12.11.70).

Por añadidura, la CEPAL -organismo de Naciones Unidas- reiteraba insistentemente en todos sus documentos, la urgencia  de dichas reformas,  como único camino  para dinamizar la economía de los países latinoamericanos. 

En consecuencia, Allende recogió en su programa una aspiración abrumadoramente mayoritaria de la población, y la diferencia con otros mandatarios es que cumplió lo que tanto prometió. 

Efectivamente, se puso fin al latifundio que mantenía ociosa gran parte de las tierras productivas, mediante la expropiación de 6 millones de hectáreas de suelo agrícola. Es inimaginable el actual desarrollo agrícola de Chile sin las bases que proporcionó la Reforma Agraria, iniciada por Frei Montalva y culminada por Allende. 

Se nacionalizaron todas las compañías extranjeras del cobre, dando nacimiento a  la empresa nacional Codelco, que aun mantiene la propiedad de esas compañías.  Tan sentida fue esta acción, aprobada por la unanimidad del Parlamento, que aún el gobierno militar, con todo su sometimiento a las multinacionales, no se atrevió a revertirla. El estado chileno conserva la posesión de los grandes minerales hasta el día de hoy, con los beneficios incalculables que ha proporcionado al país a lo largo de estos 30 años. 

También se nacionalizó  el hierro y el salitre; se estatizó gran parte de la banca privada; y se obtuvo el control del 50% de las empresas monopólicas industriales, que pasaron a conformar el área de propiedad social. La cesantía se redujo al 3%, y se logró una rápida redistribución del ingreso en favor de los trabajadores, los cuales dispusieron de la cuota mas alta de que se hayan beneficiado en la historia de Chile. 

Todos estos cambios fueron realizados en libertad, dentro del marco de las leyes chilenas existentes, o de reformas constitucionales, como es el caso del cobre. Por cierto, con la protesta de los sectores económicos afectados en sus intereses seculares, pero que dispusieron de todas las instancias jurídicas y administrativas para su defensa. 

Es interesante recordar ahora las 40 medidas del programa básico, que se cumplieron casi en su totalidad . Perdura en la memoria el asegurar medio litro de leche diario como ración a todos los niños de Chile. Pero hubo otras medidas igualmente significativas hoy día,  como la limitación de los altos sueldos a los funcionarios de confianza; el máximo de 20 sueldos vitales, como remuneración del Presidente de la República y Ministros de Estado; la limitación del uso particular de los autos fiscales; el otorgamiento de matrícula gratuita, libros, cuadernos y útiles escolares a todos los niños de la enseñanza básica, etc, etc.

En el ámbito de mi especialidad: la vivienda y el desarrollo urbano, los resultados son espectaculares. En el primer año de gobierno se construyeron 100.000 viviendas, en circunstancia que la cifra anual mas alta alcanzada anteriormente fue de 52.000 unidades en el año 1965. Esta meta es mas elocuente cualitativamente ya que, por una parte,  se asignaron prioritariamente a los sin casa, y además,  sus méritos de diseño y tecnológicos pueden confirmarse hoy día en muchas ciudades del país, a la luz de lo que ocurre —en contraste— con la precariedad del parque habitacional levantado en los últimos años. Han cumplido 30 años y gozan de espléndida salud. 

A solicitud personal del Presidente Allende, recuperamos el viejo Parque Cousiño que permanecía abandonado, sin riego durante 30 años, convertido en guarida de vagos y delincuentes. Así nació el Parque O’Higgins, que se rehabilitó en solo un año de trabajo. Sus 54 hectáreas fueron cercadas a fin de garantizar la preservación del recinto, se plantaron 20.000 nuevos árboles y arbustos, se amplió la laguna, se habilitó el llamado Pueblito con diversos restaurantes y centros culturales y se pavimentó con hormigón una pista de 650 metros de largo  destinada a facilitar la parada militar. 

La obra de equipamiento mas relevante fue la construcción del edificio destinado a recibir la III Asamblea Mundial de la UNCTAD, que tuvo lugar en 1972, y concebido para servir mas tarde como el gran centro cultural de Santiago. 

Cuarenta mil metros cuadrados fueron levantados en el lapso de nueve meses, en lo que constituyó una proeza de empresarios, profesionales y obreros, despertando la admiración de los santiaguinos que circulaban frente a las faenas. 

Los mejores artistas nacionales se integraron a la obra: Bernal Ponce iluminó como un volantín, la linterna exterior sobre el acceso principal. Marta Colvin labró una piedra situada en el patio interior. Ortúzar fundió en metal la fuente de los 4 mundos emplazada frente al acceso por Villavicencio. Castillo esculpió un busto en  bronce que nos recibe en el vestíbulo central. Nemesio Antúnez diseñó los pavimentos frente al casino. Balmes, Gracia Barrios, Guillermo Núñez, Mario Toral e Iván Vial vistieron los paramentos de las salas de reuniones con grandes tapices o murales. Egenau moldeó los tiradores de las puertas, Bonatti el sistema de lámparas interiores. Modestas bordadoras de Isla Negra tejieron la loca geografía chilena en un inolvidable tapiz multicolor, y el imaginativo mimbrero Manzanito colgó varios peces gigantes desde el cielo del casino.

La Editorial Quimantú multiplicó la publicación de libros y revistas. Las  ediciones alcanzaron cifras de 50.000 ejemplares. Nunca antes ni después ha existido semejante explosión cultural. La mejor literatura se ponía al alcance popular exhibiéndose en los kioskos de diarios. 

Artistas totalmente comprometidos con el proceso de cambio social que tenía lugar en nuestro país, tales como Violeta Parra, Victor Jara y Patricio Manns, alcanzaron una dimensión universal. Lo mismo ocurrió con grupos musicales como Quilapallún e Intillimani. El afiche y la pintura mural callejera iluminaron con una apoteosis de color y de alegría las calles de nuestras ciudades, alcanzando un nivel artístico que trascendió fuera de nuestras fronteras. 

En fin... imposible resumir en este encuentro todas las realizaciones y la explosión creativa que acompañó al gobierno de Salvador Allende. Todo esto en solo mil días.

Limitarse a mostrar la situación conflictiva de los últimos meses como balance de lo que fue el gobierno de la UP, es una grosera manipulación de la verdad.  También es  inaceptable que se nos exija —una y otra vez— reconocer nuestros errores, ocultando deliberadamente o tergiversando, los indiscutibles méritos del gobierno. Es verdad que  pudimos haber hecho mayores esfuerzos por evitar la crisis institucional,  pero  ningún gobierno sufrió una agresión mas brutal, mas sostenida, mas cruel y despiadada, que el gobierno de la Unidad Popular. 

No olvidemos que Nixon ordenó hacer aullar nuestra economía, aún antes del ascenso de Allende al poder, y el comité de los 40 de Washington asignó millones de dólares para financiar la sedición. También recordemos que la palabra desestabilización en el sentido político, se utilizó por primera vez para el caso de Chile.  Justamente para describir el conjunto de  acciones de propaganda, de manipulación, de provocación, de tergiversación, y de sabotaje organizadas  por la reacción criolla e internacional a fin de derribar a Allende a cualquier precio. 

A estas alturas, después del desmoronamiento de la Unión Soviética y del llamado socialismo real, la modesta experiencia nuestra esforzándonos por materializar los cambios sociales en libertad y democracia, perdura en la memoria colectiva universal como un ejemplo crece con el transcurso del tiempo. 

La historia de Chile no conoció otro período mas realizador y creativo en  favor de los intereses populares, y este noble propósito tuvo su reconocimiento fuera de nuestras fronteras.

Al enterarse de la muerte de Allende, y once días antes de su propio fallecimiento, Pablo Neruda escribió lo siguiente:

“Donde estuvo, en los países mas lejanos, los pueblos admiraron al presidente Allende y elogiaron el extraordinario pluralismo de nuestro gobierno. Jamás en la historia de la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, se escuchó una ovación como la que le brindaron al presidente de Chile los delegados de todo el mundo. Aquí, en Chile, se estaba construyendo, entre inmensas dificultades, una sociedad verdaderamente justa, elevada sobre la base de nuestra soberanía, de nuestro orgullo nacional, del heroísmo de los mejores habitantes de Chile. De nuestro lado, del lado de la revolución chilena, estaban la Constitución y la ley, la democracia y la esperanza.”  (Confieso que he vivido. Pablo Neruda).

La humanidad no ha olvidado la tentativa de Allende y la Unidad Popular por abrir paso a un cambio social profundo mediante la vía pacífica, y esta experiencia continúa despertando  admiración  en todos los rincones del planeta.

No es por azar que después de treinta años, se multiplican en Europa y América Latina, los actos en homenaje a Allende. Nuevas plazas, calles y avenidas se sumarán a las numerosas que ya existen, portando el nombre de nuestro inolvidable compañero presidente. 

Es correcto y necesario analizar las causas que nos llevaron al  desenlace final, pero me parece mas importante, profundizar en las condiciones que hicieron posible la existencia de un gobierno tan realizador y consecuente. ¿Cuáles fueron

las circunstancias que permitieron gatillar  los mejores valores que anidan en todo ser humano? 

¿Cómo fue que logramos elevar la conciencia de miles y miles de humildes obreros y campesinos, de modestos pobladores, de funcionarios públicos, de artistas y profesionales, de jóvenes y mujeres que trabajaron día y noche, sin exigir el pago de horas extras, concertados en la misión de construir una sociedad mas justa y solidaria?

Ese es nuestro desafío ahora. No se puede vivir de nostalgias, pero nadie tiene derecho a negarle a nuestros jóvenes hoy día el derecho a soñar. Es una tarea impostergable la necesidad de construir una alternativa viable al modelo neoliberal imperante. 

El legado de Allende es el que debe inspirarnos. Su ejemplo es hoy patrimonio de la humanidad progresista y nuestro deber es preservarlo y recrearlo teniendo presente las nuevas condiciones 

Hay que examinarlo a la luz del actual proceso de globalización, irreversible por cuanto corresponde al desarrollo de las fuerzas productivas. De lo que se trata es aprovechar estas nuevas condiciones del desarrollo en beneficio de las mayorías, y no de una minoría ligada a las grandes compañías multinacionales. 

Excúsenme por haber derivado en este análisis político. Me ha parecido necesario para entregar desde el interior  del gobierno, una visión que intenta salir al paso de tantas imágenes sesgadas. 

Estos dibujos también son una confirmación de nuestro profundo humanismo, de los valores acuñados tras tantos años de compromiso social, y que nos permitieron  resistir con dignidad las  peores vejaciones, sabiendo que con nosotros estaba la vida a pesar de todo. 

Santiago, 30 de Agosto de 2003.
Museo de la Solidaridad Salvador Allende.


 

Don Miguel Lawner, Premio Nacional de Arquitectura 2019.

 



 

LA VIDA A PESAR DE TODO.  (Segunda edición)

La primera edición de estos dibujos dio a luz el año 1976 en Dinamarca. Fue una publicación trilingüe: danés, inglés y castellano, y circuló en casi toda Europa. La humanidad se estremecía con los horrores que tenían lugar en Chile, y cada día nos enterábamos de nuevas personas detenidas y desaparecidas. Comenzaba a generalizarse esta fórmula del terror desconocida hasta entonces. 

Corrían los días en que era vital salvar la vida de miles de chilenas y chilenos acosados por la DINA, y la publicación de estos dibujos fuera de Chile, contribuyó a develar la naturaleza del régimen establecido en nuestro país, y ayudó a documentar la solidaridad internacional con nuestro pueblo.  Durante 16 años consecutivos, las Naciones Unidas emitieron una resolución condenando al régimen de Pinochet por las violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos.

La Isla Dawson, territorio desconocido hasta entonces para los propios chilenos, adquirió una connotación mundial, solo comparable a la alcanzada por los centros de exterminio nazis durante la segunda guerra mundial. Gobiernos y parlamentos de todos los colores políticos; autoridades eclesiásticas, artistas e intelectuales de las más diversas disciplinas, alzaron su voz exigiendo la clausura del Campo de Concentración en Dawson y la liberación de los presos políticos.

En Chile, sin embargo, un sector no pequeño de la población se resistía a creer en la veracidad de los crímenes y del horror descargado por la dictadura. Al igual que en la Alemania de Hitler, muchos chilenos cerraron ojos y oídos, negándose a ver lo que ocurría en su propio vecindario.

 

Primera Edición, 2003

 
El año 2003, la Editorial LOM publicó en Chile la primera edición de estos dibujos, con ocasión de cumplirse 30 años desde el golpe militar que acabó con el gobierno constitucional del Presidente Allende. Han transcurrido 15 años más y el resultado respecto al paradero de los detenidos desaparecidos y de los restos de ejecutados políticos es aún muy reducido. De un total de 2.095 ejecutados políticos y 1.102 detenidos desaparecidos, que suman 3.197 personas, el Servicio Médico Legal sólo ha podido identificar a 153 de ellos.   

Es cierto que los jueces de dedicación exclusiva para activar los juicios que yacían archivados en los tribunales de justicia, han permitido poner al descubierto una verdad indiscutible respecto a algunas de las atrocidades cometidas por la dictadura. Ya hay unas 340 personas en su mayoría personal uniformado, encausados como responsables de estos delitos. Entre ellos, la plana mayor de la Dina, como Manuel Contreras (fallecido), Pedro Espinoza, Álvaro Corvalán, Miguel Krasnoff, Marcelo Morén Brito (fallecido), el fiscal Fernando Torres Silva y recientemente el general Héctor Orozco.

El dictador Augusto Pinochet falleció el 10 de diciembre de 2006. Al momento de morir, estaba procesado como presunto autor de secuestros (desapariciones), homicidios y torturas en al menos tres casos por violaciones a los derechos humanos, entre ellos la Caravana de la Muerte, comitiva militar que ejecutó a 75 presos políticos en un recorrido por Chile el año 1973.

También fue juzgado por una treintena de víctimas de la Operación Colombo, montada en 1975 para encubrir la desaparición de 119 disidentes y por otros tantos casos de desaparición y torturas en la Villa Grimaldi. 

Asimismo, estaba procesado por fraude al fisco y uso de pasaportes falsos en relación con el descubrimiento, en 2004, de numerosas cuentas secretas a su nombre en el Riggs Bank de EEUU y otros bancos del exterior, en las que acumuló una fortuna calculada hasta el momento en 26 millones de dólares. 

Días atrás, la Corte Suprema decretó que su familia, tendrá que devolver al Fisco los dineros confiscadas en cuentas bancarias y los bienes que fueron objetos del comiso durante la tramitación del caso Riggs, que en total están avaluados en 13 millones de dólares.

A diferencia de lo ocurrido en Argentina, donde la cúpula militar que encabezó la dictadura fue condenada y permanece recluida en cárceles comunes, Augusto Pinochet falleció en su cama sin haber sufrido un solo día tras las rejas y los militares condenados por graves crímenes de lesa humanidad sirven sus penas en un recinto de régimen especial llamado Punta Peuco. 

A pesar de todas las evidencias, aún hay golpistas como el diputado Urrutia de la UDI, que califican de terroristas a las personas detenidas y desaparecidas.

 Sin embargo, es abrumadora la evidencia de que en Chile se secuestró, se torturó y se violó a miles y miles de hombres y mujeres. Ahora, hay certeza de que la dictadura ejecutó ilegalmente a un gran número de compatriotas, los sepultó ilegalmente, exhumó sus cadáveres ilegalmente, quemó o trituró sus restos, y en muchos otros casos los lanzó al mar, después de atarles una barra metálica para asegurarse de que se hundieran en las profundidades del océano. 

La memoria histórica es un territorio en disputa permanente con quienes la tergiversan a fin de justificar el origen de sus privilegios. 

La segunda edición de mis dibujos, contribuye a la voluntad de evitar que en Chile pueda volver a degradarse la condición humana, y se respeten los derechos humanos en cualquier circunstancia. 

Este libro, está dedicado a la memoria de las víctimas de la tiranía. En su mayoría, hombres y mujeres sencillos que acompañaron al Presidente Allende y a su gobierno, en el noble objetivo de construir un país mas justo, de repartir la leche y el pan para todos, de otorgar el trabajo y la dignidad a los humildes. 

Expreso mi reconocimiento a quienes compartieron el cautiverio conmigo. Juntos soportamos el rigor de un tratamiento a menudo humillante. Todos estuvimos a la altura de lo que representábamos, y ninguno se inclinó ante nuestros gendarmes, aún en los momentos mas difíciles.

Agradecemos a tantos quienes cautelaron por la seguridad de estos dibujos fuera y dentro de Chile, incluso a riesgo de sus vidas; en particular a mi esposa Anita, compañera de oficio, de sueños y aventuras, que se las arregló para llevarlos a buen puerto hasta el día de hoy.  

Agradecemos finalmente a quienes han hecho posible esta magnífica edición.

Miguel Lawner 

10.07.2018.

 

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