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Psicodinámicas y Alegorías en la obra "Ella o el Sueño de Nadie" (1983) de Mauricio Wacquez:
una reconstrucción de la Identidad Queer


Pía Estefanía Ramírez Donoso
don.pia1258@gmail.com
Investigador Independiente. Chile-Viña del Mar

Publicado en Ciencia y Reflexión - Revista Científica Multidisciplinaria.
Mayo-Julio, 2015, Volumen 4, Número 2

 

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RESUMEN

En el presente artículo del tipo crítica literaria, el cual contiene un enfoque psicoanalítico, aborda el modo en que se construye la alegoría circense de la construcción de una identidad Queer en la obra Ella o el sueño de nadie (1983) de Mauricio Wacquez. Se toma el enfoque del psicoanalista Lacan, indagando en las figuras de Je, L'Autre y L'Autre de L'Autre, las cuales entrelazan a los protagonistas de la obra; Julián, hombre bisexual con homofobia internalizada; Marcio, hombre homosexual forzado a la heterosexualidad funcional y Reina, mujer heterosexual utilizada como herramienta para acceder a los beneficios de la heteronorma. El elemento principal es la construcción narrativa y retórica empleada por el autor para conectar a cada personaje con el lector, abordando las psicodinámicas de Lacan de orden Imaginario, Real y Simbólico. A su vez, se analiza el factor "a minúscula" que funciona como el motor de deseo que mueve a los tres protagonistas y sus dinámicas internas dentro de la obra. Se hace un hincapié en el uso del lenguaje gráfico, el uso de los espacios habitados, la falta de linealidad temporal, los elementos moralistas conectados con la religión y las consecuencias del actuar personal y colectivo. Estos factores se sopesan bajo la ideología de la represión en contraste de las identidades Queer. Finalmente, se busca con este artículo reconstruir un discurso de lo marginal que ha sido ignorado, pudiendo servir para re-significar las vivencias de las disidencias de género y sexuales en Chile hace cuarenta años en contraste con el presente, exponiendo una performance literaria queer ignorada en el país.

Palabras clave: alegoría, Queer, identidad, psicodinámicas

 

 

INTRODUCCIÓN

Dentro de la escritura de Mauricio Wacquez existe un lugar persistente para las críticas sociales, conectando sus obras con la realidad chilena de los años sesenta al poner el foco sobre eventos y/o temas contingentes para la sociedad de aquél entonces; en este artículo se verá la realidad Queer presente en una sociedad retrógrada y heteronormada, que complejiza la construcción de la identidad para las personas disidentes y las relaciones que deciden llevar durante sus vidas. Ella o el sueño de nadie postula una alegoría circense que se desenvuelve mediante una relación erótico-romántica con tres vértices que se escapa de lo normativo; teniendo a Julián, Marcio y Reina, tramoyista y pareja de trapecistas que funcionan como los personajes principales y antagonistas a la vez.

Cada uno de los personajes propone una perspectiva distinta de la realidad narrativa, pudiendo evidenciar los arquetipos postulados por Jacques Lacan de Je, L’Autre y L’Autre de l’Autre a medida que se entrañan las relaciones; esto se evidencia ya sea entre el triángulo erótico-romántico o en sus dinámicas con el lector, pues se presentan relaciones de Orden Real, Simbólico e Imaginario que buscan conectar de formas distintas con el receptor de su historia. Teniendo esto en consideración, el presente artículo aborda los factores clave para la construcción de esta alegoría sobre las identidades Queer y sus significados subyacentes, tales como: la sexualidad, la homosexualidad, el erotismo, el deseo, la moral, la violencia, la religión, las relaciones de poder, entre otros.

 

Mauricio Wacquez


Bajo el concepto de la memoria se analiza la obra de Wacquez en pro de reconstruir el discurso Queer de 1983, Para ver este término desde una perspectiva más latinoamericana tenemos a Juan Pablo Sutherland con su obra Nación Marica Prácticas Culturales y Crítica Activista (pdf) (2009) en donde define el término queer como: “¿Qué es el queer? Desde una caja de herramientas foucaultatiana-butleriana (...) puede entenderse como una teoría de la acción performativa, que tiene efectos políticos en los cuerpos” (14), de esta manera encapsulamos el término queer como una manera en que se pueden expresar, mediante la performance, las realidades de las disidencias, dejando vestigios de vidas alternativas a la heteronorma.

Lo que se busca hacer con esta obra de Wacquez es abrir la posibilidad de traer de regreso esta alegoría circense ignorada de una realidad que se niega a asumirse en una casilla tiempo/espacial, decisión activa del autor para llegar a más lectores; esto se consigue mediante una retórica sórdida e incluso grotesca, pero que, a su vez, enaltece a cada personaje y la complejidad mental de mismo. A su vez, se postula esta obra como una performance literaria Queer, como se explicó previamente, que se construye a sí misma como un discurso de memoria colectiva para la comunidad disidente, consiguiendo abordar la diversidad de posibilidades que un sujeto tiene para construir su identidad fuera de la heteronorma, pudiendo caer en la violencia sexual, el rechazo, la resignación o la idealización. Considerando la publicación en el año 83’, el autor se cataloga socialmente como un escritor con su ápice en los sesenta, buscando diferenciarse de la generación previa y creando obras rupturistas, ya sea por los temas a tocar o por la retórica elegida para ello; lamentablemente la escritura de Wacquez no se popularizó en el país e incluso se puede decir que hubo una censura social por sus recurrentes temáticas homosexuales, lo cual nos hace recordar a otros autores como Lemebel, pero se ha elegido a Wacquez por la manera en que aborda lo que podría catalogarse hoy en día como una relación poliamorosa, algo impensable para la época, por lo que el presente escrito busca rescatar este discurso Queer para re-integrarlo al repertorio memorial de la realidad disidente latinoamericana durante el siglo XIX.

La finalidad de este análisis crítico es reconstruir un fragmento de la historia chilena perdido con el tiempo, cuestionando la forma en que Mauricio Waquez construye su obra y el cómo los personajes, ambientes, tiempos y espacios juegan un rol crucial en enmarcar una imagen de un Chile retrógrado con tendencias que se siguen repitiendo en el día presente. El presente análisis cuenta con diversas secciones, partiendo por materiales y métodos, en donde se verá el psicoanálisis, las psicodinámicas, la performance literaria Queer y la terminología sexual usada en la obra. Posteriormente se pasará a la zona de análisis de resultados y discusión, seguido de ello se verán las conclusiones del análisis y finalmente las referencias bibliográficas.


MARCO TEÓRICO Y ENFOQUE ANALÍTICO

Psicoanálisis y psicodinámicas

Este artículo emplea una metodología de análisis textual, es decir, se analiza la obra por cómo se ha escrito, siendo una investigación cualitativa, Seguido a esto, se consideran elementos teóricos pertenecientes a Jacques Lacan, psiquiatra y psicoanalista francés, para enmarcar los conceptos tomados del psicoanálisis y psicodinámicas dentro de la obra. Primero se verá cada arquetipo de manera individual, representado por los personajes, en donde surgen las nociones de Je, L’Autre y L’Autre de l’Autre, reestructurados por el autor desde los conceptos del Yo, Superyó y Ello pertenecientes a Sigmund Freud, pero se ha seleccionado a Lacan por su enfoque menos sexista y más enfocado en la construcción de una identidad mental segmentada por partes, habiendo un estudio previo de teóricos para seleccionar al más adecuado para este análisis y su enfoque conectado con la conformación de la identidad en una o más de una persona Queer, siendo Lacan el elegido. Posteriormente, se verán las psicodinámicas que desarrollan los personajes con el lector, siendo estas del Orden Imaginario, Orden Simbólico y Orden Real. Un elemento que se analizará a lo largo de la obra es el del Objeto a minúscula, siendo este la representación de un objeto de deseo faltante que debe ser inalcanzable para los sujetos. Finalmente, estos aspectos (y los siguientes a detallar) de la obra serán analizados desde los momentos claves, los ápices de emocionalidad y los fragmentos que contengan más relación con el clímax de la obra.

Partiendo con los conceptos de Je, L’Autre y L’Autre de l’Autre, estos se comprenden desde lo expuesto en El Seminario, Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (pdf) perteneciente a Lacan (1964). A modo de guía se usará la siguiente alineación expuesta por el autor en la obra mencionada, la cual se desprende al abordar los conceptos del “Yo” y el “Otro”, siendo necesaria para comprender estos términos:

Si escogemos el ser, el sujeto desaparece, se nos escapa, cae en el sin-sentido: si escogemos el sentido, éste sólo subsiste cercenado de esa porción de sin-sentido que, hablando estrictamente, constituye, en la realización del sujeto, el inconsciente. En otros términos, la índole de este sentido tal como emerge en el campo del Otro es la de ser eclipsado, en gran parte de su campo, por la desaparición del ser, inducida por la propia función del significante (219)

De esta manera se expone que los arquetipos del Yo, el Otro y el Otro del Otro se complementan entre sí, teniendo una relación de dependencia, pero, no por ello perdiendo su propia identidad. Ahora pasaremos a detallar las definiciones necesarias para este análisis:

• El "Yo" (Je): Se comprenderá este concepto como la representación de la identidad consciente y racional en una persona. Se conecta con la percepción de uno mismo y las capacidades de razonar y pensar.
• El "Otro" (L'Autre): Se comprenderá como la percepción y la influencia de las figuras externas, primordialmente las figuras de autoridad e importancia para un individuo, considerando a los padres, cuidadores o las figuras de referencia.
• El "Otro del Otro" (L'Autre de l'Autre): Se comprenderá como la dimensión más abstracta y/o inaccesible dentro de la psicología, representando la parte de la mente que está más allá de la influencia directa del "yo" y el "otro".

Lo expuesto previamente se considera como “El triángulo lacaniano”, siendo una representación de cómo la identidad de un individuo se va formando en relación con las influencias externas (el "otro"), abordando a su vez una dimensión más profunda e inconsciente (el "otro del otro"). Lacan utiliza este modelo para explorar la dinámica de la identidad, la construcción de la realidad y la relación entre el individuo y el mundo que lo rodea, estos aspectos retratados en los tres personajes principales pasan a construir una identidad colectiva, pudiendo exponer variantes para las maneras en que una identidad disidente se desarrolla.

Pasando a los conceptos en relación con las psicodinámicas se han utilizado las siguientes obras de Lacan: El Seminario, Libro 5: Las formaciones del inconsciente (pdf) y El sinthome: Seminario 23, (pdf) pertenecientes a los años 1957-1958 y 1975-1976, respectivamente. Se ha seleccionado, al considerar que ambas obras abordan las categorías del Orden Simbólico, Orden Real y Orden Imaginario, detallando estos conceptos en El Seminario, Libro 5 y explicando sus relaciones internas en El sinthome: Seminario 23, mediante la teoría de los nudos. Para comprender esta estructura del nudo en relación con los conceptos a abordar y el elemento del “Síntoma”, es pertinente tomar la siguiente cita en consideración, correspondiente al Seminario 23 (1975-1976):

Como en otra ocasión lo he señalado bien, tenemos un medio de reparar eso, esto es hacer lo que por primera vez he definido como el sínthoma, a saber, algo que permite a lo Simbólico, a lo Imaginario y a lo Real continuar manteniéndose juntos, aunque ahí ninguno se sostenga más con el otro, esto gracias a dos errores. Me he permitido definir como sínthoma a lo que, no permite al nudo, de 3, hacer todavía nudo de 3, sino lo que lo conserva en una posición tal que tenga el aspecto de hacer nudo de 3. (143)

De esta manera, Jacques Lacan utiliza el concepto del nudo como una metáfora para abordar la relación entre lo simbólico, lo imaginario y lo real, viendo estos lazos bajo la construcción de la identidad. Se expone que las tres áreas están interconectadas en la psique humana, representando la estructura de la identidad y la relación del sujeto con el lenguaje y las experiencias de formación. Ahora pasamos a definir los conceptos principales para este análisis:

Orden simbólico: Se comprenderá como la sección que incluye el dominio del lenguaje, los signos y los significantes. Siendo el nivel donde los sujetos se constituyen mediante la entrada en el sistema simbólico de la cultura y el lenguaje. De esta forma, el lenguaje actúa como mediador fundamental en la formación de la subjetividad.
Orden real: Se comprenderá como la sección considerada más allá de la simbolización y el lenguaje. Este nivel representa lo que escapa a la simbolización y a las construcciones lingüísticas, asociado con las experiencias concretas, la corporeidad y fenómenos que resisten la representación simbólica.
Orden imaginario: Se comprenderá como la sección que implica la formación de imágenes y representaciones mentales interpuestas entre el sujeto y el mundo simbólico. Este nivel incluye la dimensión de la identificación imaginaria, abordando la relación de los individuos con los demás a través de imágenes y representaciones visuales.

Estos tres órdenes no están separados, sino que interactúan y se entrelazan en la experiencia psíquica de los sujetos, siendo primordiales para comprender la subjetividad desde la perspectiva de Lacan. Estas dinámicas se ven representadas en la narrativa que escoge Mauricio Wacquez para cada personaje y la forma en que interactúa con el lector, habiendo un dominio de cada orden en el discurso narrativo de los personajes.

Finalmente, el "objeto a” (minúscula) es uno de los conceptos centrales para este análisis, abordando las aristas del deseo. Para esta definición se ha utilizado la obra El Seminario, Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis perteneciente a Lacan (1964). Una cita primordial para la comprensión de este concepto es la siguiente: “El objeto a es algo de lo que el sujeto, para constituirse, se ha separado como órgano. Eso vale como símbolo de la carencia (…) que falta. Es preciso, pues, que eso sea un objeto, en primer lugar, separable, en segundo lugar, que tenga alguna relación con la carencia” (110).

•Objeto a minúscula: Se considerará como la representación de un deseo que falta, el cual no se puede definir o identificar directamente, pues no es posible su completa simbolización, pero el cual posee un impacto significativo en la psique de un sujeto. Este concepto se asocia con la pérdida y la falta, las cuales gatillan el deseo, implicando una búsqueda constante del sujeto para satisfacer este deseo, pero el cual nunca puede ser plenamente poseído, implicando la imposibilidad de alcanzar la plenitud en el deseo.

Este factor se ve encapsulado en el concepto de deseo carnal que los protagonistas poseen, habiendo una construcción de lo erótico distinta según cada personaje, pero coincidiendo en que este deseo físico no puede ser alcanzado, por lo mismo se mantiene su idealización dentro de la narrativa general de la obra.

Performance literaria queer

Con respecto al concepto de memoria y la construcción de las identidades Queer nos centraremos en dos autoras: Elizabeth Freeman con Time Binds (pdf) y Diana Taylor con The archive and the repertoire (pdf). La primera aborda la historia Queer entrelazada directamente con el concepto de identidad; mientras que la segunda se inmiscuye en las prácticas Queer archivadas que construyen una memoria para las nuevas generaciones mediante las performances.

Freeman (2010) apoyada en Bourdieu expone que los hábitos temporales unen a las personas mediante la historia y las distintas culturas, usualmente estos hábitos están dictados bajo ciertas jerarquías de poder, significando que el cumplir con estos tiempos equivale a ser una persona competente e incluida en cierta sociedad: “For Bourdieu, cultural competence and thus belonging itself are matters of timing, of coming to inhabit a culture's expectations about the temporal lapses between getting and giving such that they seem inborn” (4) De esta manera, entenderemos que el concepto de pertenencia dentro de lo Queer rompe con esta estructura, pues ciertos lazos temporales que unirían a la comunidad disidente con el resto no pueden ser cumplidos, como el matrimonio. Por otro lado, se expone que la repetición es un elemento fundamental de la construcción de la identidad, pues la pertenencia con un grupo social se consigue mediante la integración de tiempos “funcionales” forzados en una comunidad. Esto implica que al no cumplirse “the subjectivity emerges in part though mastering the cultural norms of withholding, delay, surprise, pause, and knowing when to stop-through mastery over certain forms of time. In temporal manipulations that go beyond pure repetition, his work suggests, institutionally and culturally enforced rhythms, or timings, shape flesh into legible, acceptable embodiment.” (Freeman 4), siendo la inclusión de estas normas culturales a la vida propia lo que implica realmente pertenecer socialmente, pudiendo encarnar una identidad en específico que implica los mismos tiempos funcionales los otros, algo con lo que la comunidad Queer no puede cumplir de forma natural.

Posteriormente, se conecta la temporalidad con los eventos históricos, implicando que cada identidad es producto de cierto momento en el tiempo/espacio, la cual tuvo repercusiones en la formación de las identidades de las generaciones que los sufrieron. Esta temporalidad histórica puede ser social o personal, incluyendo los elementos traumáticos por los que pasan las personas disidentes o los eventos a gran escala como las ETS y sus auges en ciertos tiempos de la historia. Pese a estos factores, se propone que las identidades disidentes nacen como una nueva modernidad, no como una resistencia a la misma, la teoría Queer propone que las identidades Queer nacen como la respuesta a una falta de estructura y aceptación social, como respuesta al odio y la discriminación, siendo una aceptación íntima del cuerpo propio y las emociones que este proyecta, las cuales, al no calzar con el canon, pasan a crear uno propio.

Pasando a la segunda autora, Diana Taylor (2003) propone que “performances function as vital acts of transfer, transmitting social knowledge, memory, and a sense of identity through reiterated” (Taylor 2), en este sentido, posteriormente aclara que el concepto de proponer una genuina falta de comprensión, postulando que solo mediante el esfuerzo mutuo es que las performances culturales nos podrán ayudar al entendimiento, pero que debe ser bidireccional. De esta manera: “performance and aesthetics of everyday life vary from community to community, reflecting cultural and historical specificity as much in the enactment as in the viewing/reception” (Taylor 3), se postula que la performance como reflejo cultural e histórico implica un esfuerzo tanto desde la representación como desde la recepción para llegar a una comprensión.

Con esto establecido, veremos que la performance en esta investigación se centra en representar la construcción de las identidades disidentes dentro de un momento histórico en específico. Esto nos dejará ver fragmentos de una cultura Queer que transmite un peso social al proyectar el complejo camino que se recorre buscando la comprensión de los otros, llegando a representar algo que el autor considera digno de transferencia social mediante la literatura, quedando enmarcado dentro de los registros culturales de una comunidad.

Con estos factores aclarados, pasaremos a conectar esta compleja obra de Wacquez con el concepto de Memoria, la Performance y la construcción de la identidad. Partiendo por el primer concepto, esta obra se enmarca en la memoria colectiva Queer al postular eventos con los que la comunidad LGBTIQ+ puede identificarse durante la formación del Yo; tales como el peso de la religión o la caída en prácticas de violencia sexual, ambos siendo eventos recurrentes en la memoria colectiva Queer. Ahondando en ello, podemos ver que los protagonistas postulan ciertos arquetipos pertenecientes a las narrativas Queer; Julián representa la represión sexual, esto en base a que sus instintos naturales son catalogados como pecado; Marcio la resignación social al optar por llevar una vida heteronormada con Reina, la cual le proponía mayores beneficios sociales, morales y éticos; y Reina representando la aceptación social, siendo el elemento clave que los dos coprotagonistas buscan continuamente poseer.

Es de esta manera que los tres personajes construyen una panorámica dinámica de la realidad Queer y las posibilidades de encajar socialmente siendo parte de una minoría, habiendo un arquetipo de homofobia interna en Julián; resignación sexual por parte de Marcio y Reina se encuentra representando el ideal femenino al cual estos dos hombres debían acceder. Sumado a esto, se vuelven a traer los factores analizados del psicoanálisis para darle un peso más formal y filosófico a la cuestión de la construcción de la identidad, pues si para una persona común, perteneciente a una sociedad preparada para su desarrollo este proceso se considera dificultoso, para los sujetos Queer la autocomprensión y aceptación puede resultar casi imposible, habiendo un alto índice de suicido dentro de la comunidad LGBTIQ+ en base a esta falta social de oportunidades para una estructuración individual y colectiva más diversa.


Terminología sexual

Para enmarcar los términos que se utilizarán en esta investigación con respecto a la sexualidad se utilizarán a los siguientes autores: Meg-John Barker y Julia Scheele con Queer: Una historia gráfica (pdf) (2017) y Laplanche y Pontalis con “Diccionario del psicoanálisis” (1996). Con esta selección se ha podido detallar la terminología relacionada al área de la sexualidad y el género que es contingente para este análisis.

Partiendo con el término principal que nos servirá de paraguas durante el análisis tenemos que Queer “Puede usarse como un paraguas para las personas que están fuera de la norma heterosexual, o para personas que desafían el «mainstream» lgtb (...) También puede ser una manera de desafiar las normas sobre género y sexualidad” (Barker y Scheele 7), este término consigue abarcar no tan solo la sexualidad y el género, sino un modo de pensar y actuar que busca romper con el encasillamiento social, llegando a inmiscuirse en temas políticos sobre la inclusión y los lineamientos que legalmente tiene.

Los términos dentro de la sexualidad que serán utilizados son la homosexualidad y la heterosexualidad, siendo estas: atracción por el mismo género/sexo y atracción por el género/sexo opuesto al propio, respectivamente. Aparte de estos términos se utilizará el diccionario del psicoanálisis de Laplanche y Pontalis (1996) para detallar en ciertas prácticas sexuales contingentes para este análisis.

• Masoquismo: “Perversión sexual en la cual la satisfacción va ligada al sufrimiento o a la humillación experimentados por el sujeto (...) «masoquismo moral», en el cual el sujeto, debido a un sentimiento de culpabilidad inconsciente, busca la posición de víctima” (218).
• Sadismo: “Perversión sexual en la cual la satisfacción va ligada al sufrimiento o a la humillación infligidos a otro” (390).
• Sadomasoquismo: “simétrico y complementario en las dos perversiones sádica y masoquista (...) interrelación de estas dos posiciones, tanto en el conflicto intersubjetivo (dominio y sumisión) como en la estructuración de la persona (autocastigo). (391)

Los términos expuestos serán utilizados dentro de la investigación para referirse a las dinámicas e inclinaciones sexuales que poseen y/o desarrollan los personajes, habiendo un alto abuso de violencia ligado con sistemas internos y sociales de represión sexual.

Pasando a la obra como tal, se encuentra el factor de la violencia sexual. Julián es un hombre violento por las restricciones que se autoimpone bajo el yugo de la religión, esto lo lleva a desquitarse carnalmente con sus receptores, ya sea Reina o Marcio, ambos sujetos violentados por el “macho” dominante. La relación con Reina se baja en una dinámica de sadismo, algo que solo disfruta Julián, pero Reina no se incluye en las prácticas, sino que las sufre como un evento necesario para mantener a Julián a su lado, intentando tener empatía con él, pero terminando por crear un grotesco rechazo y posterior repulsión, en el momento que comprende que toda la violencia del macho proviene de una homosexualidad retraída y no de un deseo desbocado hacia ella. Con Marcio la relación pasa a ser sadomasoquista, teniendo cambios en el rol de poder; de esta manera se proyecta a Julián ejerciendo constante violencia física hacia Marcio; en contraste de la escena clave en que Marcio ejerce violencia emocional y psicológica hacia Julián. La manera en que esta dinámica se desarrolla no es paulatina, sino que es avasalladora; el único momento en que vemos a Julián dejándose llevar por su lado masoquista es en el clímax de la obra, en donde decide rendirse ante su deseo homosexual y toma una postura pasiva en contraste de la dominancia de Marcio, quien procede a agredirlo y avergonzarlo por caer tan bajo como él, pues había perdido su lugar en el pedestal para el joven trapecista, quien había idealizado al macho como un ejemplar perfecto de masculinidad. Estas representaciones de violencia sexual dentro de las dinámicas Queer cumplen un factor crucial dentro de la memoria colectiva de la comunidad disidente, pues estas prácticas son altamente vistas en esta clase de relaciones que implican el salir de la norma heterosexual, sin haber tapujos ya para probar los límites que el deseo tiene una vez habiendo accedido a él. Sumado a esto, la obra no tiene una ubicación tiempo/espacial concreta, el mismo autor lo aclara en la narración, su intencionalidad de evitar aquella etiqueta para promover la empatía con las situaciones expuestas; pese a esto, Wacquez se enmarca como un autor de los años sesenta, teniendo esta obra publicada en los ochenta, se puede apreciar que las experiencias están tomadas de las décadas pasadas, en donde tener una infancia religiosa era mucho más usual y la libertad de las diversidades sexuales no había llegado todavía a una discusión sobre los derechos, sino que se exponían como una paria social que había que eliminar.


RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Partiendo con la discusión sobre la obra Ella o el sueño de nadie (1983) esta postula una alegoría de la construcción de la identidad Queer en la que cada personaje representa una arista de la psique humana exacerbada. Los tres personajes cruciales que fueron analizados son Reina, Marcio y Julián; Reina representando la parte del Otro, Marcio el Yo y Julián el Otro del Otro. Sumado a esto, los personajes pasan a desarrollar psicodinámicas específicas con el lector, tales como la del Orden Real, Orden Simbólico y Orden Imaginario. Es así como se van interconectando a los tres sujetos en la construcción de una identidad completa, viéndose guiados por un objeto “a minúscula”, siendo este el deseo carnal y sexual que jamás puede llegar a realizarse.

Julián se nos expone desde los 13 años hasta los 23 años, pasando por un convento en donde sufre una fuerte adoctrinación religiosa que lo deja marcado de por vida. Dentro de este lugar es que se expone con mayor claridad la arista del Otro del Otro en Julián, viviendo la construcción de su identidad bajo una represión sexual en donde sus instintos carnales quedaron catalogados como pecado, buscando continuamente la salvación contra el demonio. Wacquez al incluirse en el discurso postula que “existen los otros protagonistas, menos cerebrales e imaginativos, pero más ataviados por la pasión” (Wacquez 10), dando a entender que Julián es el personaje más complejo, siendo el cual sufre ante sus propios cuestionamientos durante la construcción de sus relaciones con Reina y Marcio, quienes son “antagonistas de un alma que muere” (Wacquez 12). Pasando a Reina y Marcio, se nos presentan juntos, exponiendo que “Reina es la amada mecánica de un Marcio devoto (…) ella es la reina del circo y él solo el soporte de su gloria” (Wacquez 17). Su dinámica queda expuesta de inmediato, postulando posteriormente que el amor que representan solo llega a eso, una ilusión para el público, pues Marcio ama a Julián, sufriendo una continua agonía por el desprecio que recibe a cambio.

Marcio se enmarca como la representación del Yo al ser el personaje más conectado con su propia identidad, siendo consciente y racional en su actuar. Reina, por otro lado, representa al Otro al verse sometida continuamente por entes exteriores que dictan su vida, siendo figuras de autoridad como sus padres o Julián, quienes tienen un fuerte impacto en cómo se ve a sí misma y la vida que forja. Reina, al contrario de Marcio, sí sostiene una relación pública con Julián, en donde él la propone como una “princesa rescatada del fuego” (Wacquez 20), a la cual amó y con la cual accede a la pasión sexual como un modo de liberarla, de hacerla sentir mujer, destacando que esta pasionalidad ya no tiene efecto en él.

Pasando a otro aspecto de la obra, la construcción retórica utiliza los cambios de espacio y temporalidad incesantemente. Esto se hace para exponer la realidad adulta de Julián con 23 años viviendo en el circo, en contraste con una explicación del porqué de sus comportamientos durante la narración de su adolescencia a los 13 años viviendo en el convento. Wacquez elige este formato de forma consciente para crear en el lector una empatía más fuerte con el protagonista que con sus antagonistas, pues de él se nos explica cada pensamiento y el porqué del mismo, mientras que las explicaciones del actuar de la dupla de trapecistas sólo aparecen cuando Julián ya ha sucumbido al peso del deseo carnal; siendo este su ápice como personaje, cayendo en la decadencia mental y social.

De esta manera, es el objeto “a minúscula” lo que guía los cambios de temporalidad y espacio que sufre la narración, estando siempre ligadas al factor de deseo carnal que siente Julián y el cómo lo aborda mediante Marcio y Reina, ya sea mediante el pecado vergonzoso o la virilidad honrada.

La obra aborda la sexualidad desde los aspectos más brutales de la misma, pasando a postular a Julián como un personaje sadista que goza con el sufrimiento de Reina en el acto sexual, pero siendo quien, además, experiencia un mayor masoquismo cada vez que se deja caer en el deseo sexual con Marcio, al cual también agrede físicamente, pero es él quien más sufre mentalmente en el acto. De esta manera vemos relaciones de Orden Real, Simbólico e Imaginario mediante los tipos de narración y el cómo los protagonistas deciden exponer su realidad al lector, exponiendo una continua ambivalencia entre las dos caras del deseo carnal y cómo acceden a ello los personajes en su relación triangular, siempre ligado a la narración de la realidad que lo rodea.

En una siguiente etapa se ven mezcladas los espacios mentales de Julián, hablando del presente como si fuera pasado, y refiriéndose al futuro como si fuera el presente:

…..pertenecen al pasado, como tú, como Marcio, como esta casa y los adoquines que me sostienen, no eleves la voz, no me lo prohíbas, duerme, cumple esa misión de vivir fuera de mí, trece años han bastado para dividir nuestras sangres y no estoy seguro de que el futuro me depare una unión tan perfecta como fue la nuestra, pero parto (44)

En este momento no se puede diferenciar qué Julián está hablando, pese a que el tiempo real lo posiciona como adolescente en el convento asumiendo su pronta huida, se expresa desde su yo adulto, por lo que se postula al personaje narrativamente como un ente que sobrepasa el concepto de tiempo/espacio, pasando a ser un narrador omnipresente que no es consciente de ello, pues jamás te cuenta su propia historia, se la cuenta a sí mismo, y es Wacquez quien nos la presenta desde afuera, habiendo una relación de Orden Imaginario entre las perspectivas que presenta Julián y el cómo se le hacen llegar al lector, perdiendo por completo el juicio de lo verídico en relación con el tiempo y espacio narrativo.

Por otro lado, la relación con Reina toma nuevas perspectivas y es ella quien intercede a Julián para cuestionar la razón de su unión, saliendo de su faceta dócil guiada por figuras de autoridad (Otro) para adueñarse de su propia representación de la realidad mediante una relación de Orden Simbólico con el lector, añadiendo mayor subjetividad al relato mientras le cuestiona su realidad a Julián y nos deja ver su perspectiva:

…..no lo niegues, has sido incapaz de amarme, de entregarte a mí, ¿por qué? ¿por qué?, me pregunto por qué y a qué se deben estos diez años en los que no he sido feliz; te lo digo tranquilamente, Julián, yo no he sido feliz porque te siento más allá de cualquier precio, porque te avienes a todo, mientras yo, lejos de ti, mientras yo, como la reina del circo, me enloquezco de hambre y de urgencia por venir a saciarme en lo que tú me das, esto que acabas de darme de una forma atroz (52)

A su vez, Julián cuestiona su propio arquetipo del Otro del Otro en un intento de hacerse entender por reina, fallando al dejarse caer otra vez en la relación de Orden Imaginario con el lector y pasando a expresar la dinámica que posee con el objeto “a minúscula” (deseo carnal):

……Nuestros encuentros, entonces, mis insaciables hazañas, esas que al comienzo fueron sangrientas desgarraduras cuya crueldad me reprochabas, no han sido entonces, digo, más que una alegoría semejante a la del sacerdote que comulga y sabe, sin embargo, que el dios ha cambiado de sitio y que no puede, que no podrá ver nunca su cara perfecta (54)

Durante esta discusión Julián busca hacerle entender a Reina que pese a no amarla de la forma que ella busca, él considera hacerlo al limitarse de satisfacer su deseo carnal de perderse en ella y dejarla disfrutar del clímax como la protagonista, manteniéndola siempre en un pedestal de deseo que prefiere poder admirar antes que poseer.

Pasando al clímax de esta obra se aborda a mayor profundidad los pensamientos de Reina y de Marcio con respecto a la dinámica triangular que habían llevado hasta el momento; comprendiendo un nuevo valor entre la unión que poseen y cómo se complementan con el otro. Es en este momento cuando vemos la formación de la construcción sólida de una identidad funcional mediante la unión del Yo (Marcio) y el Otro (Reina), optando por separarse del Otro del Otro (Julián), que funciona como el actuar más irracional posible. Esto se logra mediante el nuevo razonamiento de Reina: “Marcio es más valioso para mí; Marcio es más valioso porque de él depende un poco el mundo que me sostiene y que heredé de mi padre; de mi padre y de ese hermano que murió demasiado pronto” (68), presentando a Marcio como la única conexión verídica con su identidad real, la que la conecta con su familia y su cultura. Sumado a esto, Marcio expone su primer encuentro con Julián y propone una nueva visión de cómo se tomaba aquella relación, en la cual más allá del deseo carnal por satisfacer, se proyectaba una manera en que el (Yo) podía materializarse, pero pronto comprendió que ese no era el complemento que necesitaba para la construcción completa de su identidad, pues ese rol era realmente de Reina (Otro); esto deja a Julián (Otro del Otro) como una versión abstracta de la concretización de su identidad, un aspecto inalcanzable de la misma al cual podía acceder, pero no poseer.

Es aquí cuando se nos revela el clímax de la obra, lugar en que Julián por fin accede a sus deseos carnales y comprende que la aceptación de esta faceta era la manera de acceder genuinamente al deseo, alcanzando el objeto “a minúscula”, perdiendo la adicción a la búsqueda de este con Reina y optando por rendirse ante él mediante su concretización con Marcio:

…..Sintió una incontenible excitación, sin odiarse ya, entregado a ella con el mismo candor con que la enfrentó por primera vez (…) Marcio le cogió la cabeza, le penetró la boca, viendo cómo éste abría los ojos y volvía a cerrarlos para concentrarse impunentemente en aquél sorprenderé final (76)

Es en este punto donde Marcio expone la dominación que realmente poseía sobre Julián, imponiendo el Yo (la racionalidad) sobre el Otro del Otro (el inconsciente). En este fragmento las relaciones con el lector se ven mezcladas entre el Orden Real y el Orden Imaginario; primero se retrata la realidad temporal/espacial, posteriormente se expone la narración de los pensamientos Marcio, pero estos se entrelazan con un choque entre la realidad y la narración de esta, pues se expone a Marcio como el receptor de la eyaculación que físicamente recibía Julián:

…..El olor sexual de Julián le sofocó la nariz y le produjo arcadas. Marcio creyó estar soñando. Ahora conocía su poder, estaba persuadido de que por poco que él hiciera, Julián obtendría la recompensa prevista. Este pensamiento se vio interrumpido por el violento desenlace, y Marcio tragó, tragó, deglutiendo la blandura que lo inundaba y que no parecía tener fin. Tragó y pensó que aunque fuera el último acto de su vida, todo se hallaba compensado, que había hecho bien en esperar a que aquella verdad se impusiera por su propio peso. (77)

De esta manera se construye dentro de la narración la dominación del Yo sobre el Otro del Otro, exponiendo el actuar premeditado de Marcio a lo largo de diez años para concretar la construcción de su identidad, algo que logra mediante el sometimiento del inconsciente. El último elemento crucial que se nos postula para la construcción de esta identidad es la importancia de Misha, el hermano de Reina que compartía rostro con Julián y Marcio, al cual Marcio asesinó posterior a su llegada al circo. Esto fue “por un motivo simple: Julián no había captado en su verdadera dimensión la simetría de los tres parecidos, el confuso ambiente que producían, tanto por su semejanza como por su diversidad” (102), Marcio comprendió que uno de los tres tendría que quedarse con todo, explicando que su vida dependía de la diferenciación con sus clones, planeando metódicamente la desaparición de ambos y la manera en que se adueñaría de sus características; primero, robando el rol familiar que Misha tenía en la vida de Reina y luego el que Julián poseía como amante, pudiendo completarse mediante la apropiación de estas cualidades.

Como principal receptor se ve a Reina: “¿Semblante para quién? ¿para quién era el semblante, Julián? ¿quién estuvo en el origen, quien lo reemplazó, quién lo heredará en el futuro? Es más, ¿quién los reúne a todos y los potencia? Ella, Julián, Reina” (104), llegando a la expresión más pura del Otro, elemento que el Yo amerita para la construcción de una identidad completa. Es de esta manera que la obra finaliza, dando un cierre a esta alegoría circense sobre la compleja construcción de la identidad, teniendo como ganador a Marcio, quien consigue formar una vida común con Reina, teniendo hijos que recreaban el rostro previamente fragmentado de su padre y siendo el dueño del circo, perteneciendo a la sociedad con esta nueva identidad completa, ajena al pecado y las dudas que podía propiciar el objeto “a minúscula”, el Otro del Otro o las relaciones de Orden Imaginario.

De esta manera, tenemos como resultado que la fusión de estos tres personajes es la que enmarca la complejidad existente para una persona Queer en la formación de su identidad, buscando la aceptación e inclusión dentro de una sociedad con normas ajenas a la naturalidad disidente. Se proyectan distintos lazos, habiendo conexiones entre el Yo y el Otro, entre el Yo y el Otro del Otro y entre el Otro y el Otro del Otro, pero de forma fundamental se plantea la existencia de las tres áreas coexistiendo en un mismo espacio, teniendo resultados nefastos y creando una lucha de dominación entre los coprotagonistas para la formación de una identidad dominante entre el Yo y el Otro del Otro, los elementos de la psique humana que priman para la construcción de una identidad funcional dentro de una comunidad. Sumado a esto, se ven las relaciones con el lector de orden Real, Imaginario y Simbólico, teniendo una diversidad de contactos y maneras en que los personajes pueden expresar sus pensamientos, acciones y sentires hacia el lector, dejando a Julián con una relación de orden imaginario, Reina con una relación de orden simbólico y Marcio con una relación de orden real.


CONCLUSIONES

En síntesis, la obra de Mauricio Wacquez se proyecta como una performance literaria Queer compleja, en donde se postulan relaciones fuera de la heteronorma y se expone la construcción de identidad Queer renegada, pero socialmente aceptada, esto siendo exclusivamente alcanzable mediante la unión de Reina (Otro) y Marcio (Yo), dejando a Julián (Otro del Otro) como el factor dañino que la sociedad rechazaba. Esto se consiguió mediante el estudio de la construcción de la psique de cada personaje, utilizando el psicoanálisis y las psicodinámicas para ello, abordando además la retórica que el autor decidió emplear con cada arquetipo y la relación establecida con el lector, habiendo de Orden Real, Simbólico e Imaginario según las necesidades de cada personaje de buscar empatía, plantear subjetividad, aferrarse a lo fidedigno o romper los parámetros de la narración formal.

A su vez, se le considera dentro del repertorio de la memoria Queer no tan solo por sus temáticas homosexuales, sino por el constante contraste con la heteronorma, la religión, y la sexualidad que estaban establecidos durante los años en que el autor se forjó como escritor, siendo estos los años sesenta, setenta y ochenta, en donde finalmente publica esta fotografía de una realidad aislada de la aceptación social, pero que años más tarde nos puede servir para re-significar el pasado de la comunidad LGBTIQ+, ayudando a comprender los avances que ha habido y las diferencias y similitudes entre la realidad actual y la presente.

 

 



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

-Barker, M.-J., & Scheele, J. (2017). Queer: Una historia gráfica. Editorial Melusina.
-Freeman, E. (2010). Time binds: Queer temporalities, queer histories. Duke University Press.
-Lacan, J. (1987). El seminario, libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964) (J. Delmont-Mauri & J. Sucre, Trads.; J. Granica, Ed.). Editorial Paidós.
-Lacan, J. (1999). El seminario, libro 5: Las formaciones del inconsciente (1957–1958) (E. Berenguer, Trad.; J. Granica, Ed.). Editorial Paidós.
-Lacan, J. (2001). El sinthome: Seminario 23 (1975–1976) (R. E. Rodríguez Ponte, Trad.). Escuela Freudiana de Buenos Aires.
-Laplanche, J., & Pontalis, J.-B. (1996). Diccionario de psicoanálisis. Editorial Paidós.
-Sutherland, J. (2009), Nación Marica. Prácticas culturales y crítica activista.
-Taylor, D. (2003). The archive and the repertoire: Performing cultural memory in the Americas. Duke University Press.
-Wacquez, M. (1983). Ella o el sueño de nadie. La Sonrisa Vertical.


 

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Psicodinámicas y Alegorías en la obra "Ella o el Sueño de Nadie" (1983) de Mauricio Wacquez:
una reconstrucción de la Identidad Queer.
Por Pía Estefanía Ramírez Donoso.
Publicado en Ciencia y Reflexión - Revista Científica Multidisciplinaria.
Mayo-Julio, 2015, Volumen 4, Número 2