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PRESENTACIÓN DE "PÁJARO ANGUSTIA
"
Novela de Osvaldo Godoi (Gata Sardina, 2025)


Por Cristián Montes Capó


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Lo primero que me gustaría afirmar es que Pájaro angustia de Osvaldo Godoi se erige como un texto de goce más que un texto de placer, de acuerdo a la clasificación que realiza Roland Barthes en su libro El placer del texto. Así como el texto de placer se ofrece como una experiencia de satisfacción, donde el lector experimenta la consistencia de su yo y de la cultura establecida, el texto de goce, en cambio, estimula una experiencia de pérdida y desacuerdo con los fundamentos de dicha cultura. Representa por ello una forma de ruptura con la ideología dominante y, en vez de obedecer a las diversas modalidades en que se manifiesta la ley, la decepciona y la subvierte desde diversos frentes.

Pájaro angustia es, por lo mismo, una forma de textualidad que transgrede las definiciones genéricas clásicas sobre la novela: se exhibe más bien como una novela híbrida. Es a veces novela, otras veces  un conjunto de cuentos, o una novela que enmarca otra novela, por momentos es un extenso ensayo literario, o una aguda reflexión filosófica, etc. Por otro lado, es una novela metaliteraria que reflexiona sobre sí misma, que versa principalmente sobre la literatura, el acto de escribir y leer y sobre el proceso de construir una ficción. 

Ya desde las primeras páginas de Pájaro angustia el lector puede atisbar que el proyecto narrativo al que comienza a acceder, encarnado en la figura del escritor Gregorio, está lejos de ser un gesto meramente autobiográfico. Lo que hay, más bien, es un propósito —a través del ejercicio literario— de complejizar la representación de mundo, descosificar lo real, desmantelar el carácter totalizador de la realidad, y liberar las fuerzas contenidas y reprimidas por todo aquello que se pretende asible y definitivo. En Pájaro angustia se pone en duda la posibilidad del sujeto de alcanzar certezas definitivas sobre algo. Ello compromete a todas las esferas de una subjetividad que se experimenta no como una unidad autocontrolada, sino como la suma de muchos discursos. El territorio de lo íntimo pertenece al registro de lo inefable, a aquello que escapa a la articulación de las palabras. En la representación de mundo de Pájaro angustia se advierte que cualquier intento de categorización de un sujeto implica una simplificación de su inmanente complejidad. 

Pájaro angustia consta de 11 capítulos, más una postdata y unas Notas finales. En el primer de estos, titulado “Nido”, se activa una  conexión entre  la escritura y la dinámica del sueño, al punto de que por momentos no se logra diferenciar lo que es “real” de lo que es la elaboración de un sueño. En el plano de la enunciación, se configura un narrador personaje hiperlúcido (Gregorio), reflexivo, amante de la poesía y admirador apasionado por la literatura de José Donoso, especialmente por su novela El obsceno pájaro de la noche. Gregorio reconoce que gracias a Donoso se va produciendo en él “una lenta pero definitiva transmutación como escritor” (p. 42). Gregorio reflexiona sobre diversos escritores, sus estilos, sus obras, sobre las relaciones entre cine y literatura, sobre las palabras que moldean su futura concepción de la realidad, etc. Junto a los más importantes hechos biográficos del personaje —que me salto por razones de tiempo— se esbozan aspectos relevantes en lo relativo a la constitución de un sujeto y su relación con la literatura. Sabemos, por ejemplo, que para Gregorio leer y escribir son los soportes existenciales que lo animan: “Nada le importaba, sólo escribir, leer, vivir, comprender” (pp. 45-46). Con una nítida conciencia de que el ser humano habita siempre a la intemperie de algo y que se debate entre los límites de lo aparente y la realidad, Gregorio procede a realizar una particular interpretación del Obsceno pájaro de la noche. Ello conduce a la conciencia de que ya ha empezado a mutar, y de que está ya en condiciones de escribir una novela y transformarse en su principal personaje. 

La novela, escrita por el autor Gregorio Guerra —que se sitúa en la p. 61— y que está conformada por 9 capítulos, lleva por título El tordo y está antecedida por tres epígrafes, extraídos de textos de José Donoso, Álvaro Yáñez y Manuel Rojas. Tales epígrafes introducen un nivel de significación donde el mundo animal, los animales, especialmente los pájaros y las aves, tendrán un protagonismo fundamental en el nivel ficcional. Dichos capítulos son:

“Gina y el jote”: El narrador personaje confiesa lo difícil que le está siendo el recordar su vida pasada. Está consciente de que todo relato posee una perspectiva que incide en lo que se narra y que es prácticamente imposible entregar una información precisa. Por tal razón la indeterminación y la conjetura  se superpone a cualquier forma de certeza y lo narrado queda suspendido entre lo misterioso y lo insondable.

“El loro”: (Intertexto potente: El pájaro verde de Juan Emar). Cuento que entra de lleno en una atmósfera surrealista donde el loro y la escritura de Gregorio conviven en medio de una tensión irreconciliable. La obsesión por el pájaro altera el diario acontecer del personaje y disloca cualquier intento de leer el relato desde una clave realista. 

“La Tengmalm”: Se produce una acentuación de lo extraño en la mente del narrador personaje. Al mirarse con profundidad hacia adentro advierte que la presencia de seres anómalos es lo adecuado para representar el tiempo actual. En un ámbito donde todo convive con diversas formas de locura, la fusión entre Gregorio y la lechuza acentúa el volumen de indeterminación del relato: “He reflexionado bastante al respecto. Me he dicho que quizás todo sea una invención mía, una forma inédita de autodefensa para soportar las situaciones que me sobrepasan” (p.100). 

“Josué el huraño”: El personaje central es ahora una fusión entre un ser humano y una  rata. La atmósfera kafkiana —al interior de una cueva-ciudad— se nutre de un contexto postapolcalíptico en que los hombres ratas sufren la “angustia de ser sin saber” (p.105) nada acerca de las razones por las que están ahí. La búsqueda de un sentido de existencia se liga al imperativo de tratar de salir de la cueva. Por lo menos, se ha adquirido una sólida convicción, esto es, que todo lo existente está sometido a la mutación: “Lo único verdadero, para siempre, es la imposibilidad de seguir siendo uno mismo” (p.112). 

“Pelícanos”: Se refuerza ahora la existencia de un mecanismo de oscilación constante del sujeto y de un habitar en el entre de las cosas y de los seres. Al mismo tiempo asistimos como lectores al momento de creación del texto que Gregorio escribe, aunque esté ecribiendo lo que otro ya ha escrito. Escribir es entonces siempre una reescritura (Borges) y lo propio de la ficción es el mecanismo de la repetición. En este capítulo se refuerza la idea de que la literatura habla siempre de  la literatura y que el sujeto que escribe encuentra en ésta el único lugar de cobijo: “Porque la literatura es un sitio seguro para hablar de inseguridades” (p.153). 

“Gaviota”:  En este capítulo, a partir de la presencia y articulación del texto dentro del texto, una puesta en abismo posibilita que entre en escena por fin el Pájaro angustia: “ave mítica que en sus planeos disfruta el aire del ala de la locura” (p.157).

“El tordo”: El narrador personaje realiza aquí la valoración de una modalidad de escritura que logre liberarse de las restricciones de la lógica convencional y pueda iluminar así profundas dimensiones de la existencia. Postula igualmente que la potencia de la literatura puede medirse por las consecuencias que esta tenga sobre la realidad y sobre el tejido humano. Leer, señala Gregorio, implica indagar en la experiencia hasta alcanzar lo que Donoso definía como la realidad “más verdadera” (p.173). Leer implica igualmente tomar consciencia de que una gran novela como El obsceno pájaro de la noche será siempre insondable.

“El huevo”: Aparece ahora otro narrador, amigo de Gregoria y a la vez proyección de éste. Es la vida misma la que  se propone ahora como un mecanismo de aprendizaje literario. Lo que subyace a los enunciados es que en todo lo que se ha señalado hasta este momento de la novela tiene que ver con la constitución de  un proyecto literario. Y en dicho proyecto la existencia humana se entiende como la raíz de la literatura y la literatura como la expresión de una doble vida. Para reforzar esta hipótesis, la narración acude nuevamente a intertextos kafkianos, borgeanos y donoseanos, principalmente. A partir de otra puesta en abismo generada por la escritura, accedemos a la génesis de la novela que estamos leyendo, es decir: El tordo, de Gregorio Guerra. Es el momento de conocer algunas características fundamentales de la personalidad de Gregorio: “ Gregorio es un escritor vitalista, no un ratón de biblioteca, lo que ocurre es que le pesa no haber estudiado literatura, y absurdamente hipertrofia el alcance de esa carencia y a la vez el valor de sus descubrimientos” (p.228).

“La jaula”: Gregorio retoma su condición de narrador personaje, nos informa acerca de la muerte de Donoso y afirma que ha escrito un cuento donde narra su relación con la lectura de El Obsceno pájaro de la noche. Las cavilaciones siguientes le transmiten al lector la idea de que El tordo es finalmente una novela de formación, una expresión artística que remite al proceso de convertirse en escritor. Estamos ante un programa de existencia imaginario donde Gregorio intenta llegar a ese que desea ser, o más bien, en términos existencialista, a ese que ha decidido ser: “La escritura es una de las pocas cosas, quizá la única, que me ha ensañado quien soy” (p.233).

“Postdata”: En los momentos finales de Pájaro angustia la autoría implícita  ofrece a la figura del eventual destinatario una ciertas consideraciones acerca de la importancia del fenómeno de la intertexualidad en el origen y desarrollo de la novela que se está terminando de leer. Todo ese material narrativo en latencia le ha permitido asimilar que el ser humano es el discurso que se comienza al nacer y que nadie ni nada está nunca totalmente finalizado: “Desde ese momento supe que, aunque todo tenga un final, nada es definitivo” (p.238). 

Gregorio sabe que su identidad como escritor se debate y construye en el territorio movedizo de la escritura. Sabe también que la  escritura es la única realidad que puede neutralizar la deriva constante que es la vida. Escribir es entonces, ya no en palabras de Gregorio, sino de Margarite Duras, “Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total, y advertir que solo la escritura te salvará”. 

 

 

_______________________
Dr. Cristián Montes Capó
Prof. Titular Departamento de Literatura
Facultad de Filosofía y Humanidades U. de Chile




 

 

Durante la presentación del libro:
Dr. Cristián Montes Capó, el autor Osvaldo Godoi y Catalina Zamora Labarca, Editora
del sello Gata Sardina.
Bar Liguria, Santiago, 25 de noviembre 2025


 

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