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La literatura en su hora de riesgo: Pájaro Angustia, de Osvaldo Godoi.

(Gata Sardina, 2025)

Por Carlos Henrickson

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Acaso en pocos años más, lo que conocemos como práctica literaria sea algún tipo de reliquia, cuyas características remitan a un mito romántico que cada vez se aleje más. El creador de mundos enteros, que debía pasar por una serie de iniciaciones y heroísmos, en plena experiencia de profundos riesgos del espíritu, resulta una inversión muy cara en una época en que la IA ha aprendido a narrar, y la vida independiente y autónoma del creador se va haciendo cada vez más impensable.
 
Es de estos riesgos del espíritu que Pájaro Angustia (Gata Sardina, 2025), de Osvaldo Godoi (Oficina Pedro de Valdivia, 1973) se encarga como tema central. Se enmarca conscientemente, de hecho, dentro de una tradición de escrituras que se refieren a la experiencia de creación y el entorno de la actividad literaria; Borges, Bolaño y particularmente José Donoso, cuya novela El obsceno pájaro de la noche, se ofrece como una suerte de narración conductora de esta: la proliferación de personajes dobles, el libre juego de sobreposiciones de sujetos, y una sombría tematización de los espacios marginales, tienen su eco en esta novela.

 



Pero más importante que todo en esta relación intertextual, es la retención de una atmósfera en que los procesos de metamorfosis se hacen presentes de modo permanente. De hecho, esto puede verse como el signo que hace posible una comprensión más profunda de sus personajes, todos ellos más o menos involucrados en el entorno literario de la provincia. La potencia de la imaginación funciona en ellos como un punto de fuga para una realidad que aparece siempre como limitante: y de algún modo las narraciones menores implicadas en la novela responden como en un juego de espejos a situaciones que ocurren en la superficie de la acción. Esto permite la postulación de personajes y situaciones dobles que, si bien no son tan extremas como en la novela citada de Donoso, sí envuelven la escritura en general de una atmósfera en que lo irreal, lo fantástico, parece a punto de irrumpir, incluso cuando la secuencia de acontecimientos se ciñe a procedimientos realistas y en unidad de tiempo. La inquietud de la actividad creativa tiende a contaminar el mundo exterior de los personajes, haciendo una suerte de permanente reserva de la posibilidad de una metamorfosis.

La figura del tordo -y del ave en general, siempre como presencia individual-, acá cumple una función esencial. Como animal que puede sufrir transfiguración, señala la posibilidad de metamorfosis, pero además adopta el lugar que como punto de fuga asume en El obsceno pájaro de la noche: un ser que mira “desde afuera”, que puede compartir sustancia con alguno de los personajes, o bien incluso compartirla con la conciencia del lector, que se asoma a ese mundo que puede ser al tiempo tan ajeno y tan propio. El ave, además, puede volar, escaparse, dejar el lugar, y con ello hacer que la distancia haga de esa realidad una memoria borrosa que solo se conserva como resto o testimonio, como literatura.

Esto último es fundamental en lo que se refiere al entorno de la provincia. La creación se ofrece no solo como vía de escape a la realidad, sino como una efectiva “vía de salida” hacia una existencia que asumiría un nuevo status de realidad; la provincia de Godoi está marcada por la imposible pertenencia a esa metrópoli central, que ofrece la vaga promesa de una experiencia trascendente y efectivamente cambiante, en que la metamorfosis ya no es privilegio de la creación; el creador exitoso podría salir de las ciudades de provincia con el viento de cola del éxito a vivir la experiencia prometida por el imaginario del “mundo de la cultura”. Y aun así, esa salida anhelada puede ser también una evasión: ya que irónicamente el trabajo literario parece acá, en los “pequeños mundos”, más expuesto a los “riesgos del espíritu”, al extravío, la neurosis, las adicciones, la inevitable soledad.

Estos riesgos, que condicionan la forma de la novela como unidad, exponiéndola al límite de una descomposición, saben llegar al lector como señal del fin del mundo que la narración plantea. Una cultura que se ha hecho conciencia de sí misma y, por lo mismo, está forzada a encarar que transita su ocaso: este testimonio de la crisis del creador en un mundo que lo va dejando atrás en pro de una elaboración post humana de los sueños y pesadillas de lo humano, este momento es la instantánea que nos presenta Pájaro Angustia.

 

 

 

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