Proyecto Patrimonio - 2004 | index | Óscar Hahn | Autores |


Óscar Hahn, nominado al Premio Nacional 2004


El hombre sin atributos


por Javier García
La Nación, Domingo 25 de julio de 2004



Molesto por el “vendaval nerudiano”, Hahn reclama que próximamente Nicanor Parra cumpla 90 años, “y yo no he visto que se haga absolutamente nada con respecto a él”. Dice que los premios deben llegar como algo inevitable. Además, le manda a decir al jurado que “lean las obras de los postulantes y no las cartas de recomendación”.




Postulado por la editorial Andrés Bello para la versión 2004 del Premio Nacional de Literatura, Óscar Hahn se jacta de ser escasamente premiado. Los hechos lo confirman: entre su primer y segundo premio, los únicos recibidos en su vida, pasaron 43 años. El primero fue en 1960, cuando la Sociedad de Escritores le otorgó el premio Alerce de Poesía y el segundo sobrevino el 2003, ocasión en que obtuvo el Altazor por parte de sus propios colegas, los escritores.

También presume de haber dejado temblando a Enrique Lihn cuando le mostró uno de los libros de su biblioteca: era ni más ni menos que un ejemplar de la primera edición de Las flores del mal, el canónico volumen de Baudelaire.

Lejos del asombro, hoy el poeta de Imágenes nucleares imparte clases de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Iowa, en Estados Unidos, centro por el que han pasado -en calidad de alumnos o profesores- importantes autores como el dramaturgo Tennesse Williams, el cuentista Raymond Carver, el poeta Robert Lowell, el novelista John Irving y más de 30 premios Pulitzer, según relata Hahn con una mesura que a veces incomoda y que el mismo Enrique Lihn destacara en su momento.

Pero de su obra Lihn también habló y dijo que la poesía de Hahn era “un choque de los distintos actos del lenguaje, una convivencia democrática de lo culto, lo popular, lo banal, lo religioso”. De esa primera época sus poemarios más importantes son Esta rosa negra (1961), Arte de morir (1977) y Mal de amor (1981), el único libro de poesía que fuera prohibido por el gobierno militar después de haber sido impreso y distribuido. Luego vendrán Estrellas fijas en un cielo blanco (1989) y Versos robados (1995), que Lom reeditó y presentó esta semana con la presencia de su autor. El mismo sello publicó además Apariciones profanas (2002), último trabajo de Hahn reunido en libro, aparte de numerosas antologías personales publicadas tanto en Chile como en el extranjero. Celébre es también su Antología del cuento fantástico hispanoamericano del siglo XX, publicado por Universitaria, así como sus estudios sobre la obra de Carlos Pezoa Véliz y la poesía de Vicente Huidobro, conjunto que hace de Hahn uno de los aportes más significativos a la hora de poner las obras en la balanza del próximo Premio Nacional.

- ¿Hace algunos años usted afirmó que pronto dejaría la poesía, es cierto?
- Sí, es verdad; estuve considerando dejar de escribir. Yo creo, fundamentalmente, porque estaba demasiado abrumado por cosas que me impedían concentrarme en lo que yo quería, que era la literatura, pero la verdad es que uno no abandona la poesía, la poesía lo abandona a uno. Uno no puede proponerse dejar la poesía, porque después de que yo me había propuesto abandonarla, la poesía me dijo. ‘oiga caballero, venga para acá; esto no es decisión suya’, y ahí estaba de nuevo escribiendo poemas que terminaron siendo el libro Apariciones profanas.


EL VATE SIN SU OBRA

- El poeta Armando Roa Vial señaló hace algunas semanas en este mismo medio que en Chile existe ‘una profesionalización de la literatura; seres interesados en la búsqueda de becas, de premios, de manoseos al poderoso de turno’. ¿Qué opina al respecto?
- Vivo hace treinta años en Estados Unidos, así es que no estoy familiarizado con el medio literario chileno. Pero Roa Vial tiene razón. Muchas veces se confunde lo que es la verdadera literatura con lo que yo llamaría lo extraliterario: becas, premios, honores... Desde que empecé a escribir, la literatura para mí estuvo en las obras. Son las obras las que tienen que ser valoradas. Ahora, esas otras cosas también existen. El escritor no se debe dejar enceguecer en su búsqueda por este tipo de reconocimiento, hasta el punto de que tenga actitudes de envidia o de rechazo hacia sus colegas de oficio. Los elementos extraliterarios son un mal inevitable, pero no puede ser misión del escritor andar buscando becas o premios.

- Desde Estados Unidos, ¿se ve demasiada preocupación en los poetas y narradores chilenos por la profesionalización de la literatura, o es una cosa normal que también ocurre en otros países?
- La verdad es que en Estados Unidos yo no veo eso. Pero, por otra parte, también hay un factor muy importante de diferencia, y es que Estados Unidos es un país bastante rico y entonces los escritores tienen muchísimas oportunidades. Por ejemplo, hay más becas que postulantes a becas, y eso marca la diferencia. En cambio aquí lo que sucede es que es un medio pequeño y sin muchos recursos económicos, con pocas oportunidades para los escritores, entonces se producen estos enfrentamientos y resquemores entre unos y otros.

- En su poema “La sociedad de los poetas muertos” usted dice: ‘Los que votaron en contra de darle tal o cual premio / se lamentan de que jamás le dieran tal o cual premio’ ¿Qué juicio le merecen las omisiones del Premio Nacional, sobre todo en los casos emblemáticos como Jorge Teillier y Enrique Lihn?
- ¡Y Huidobro! Bueno, yo creo que mi crítica está dirigida a la hipocresía. A la gran hipocresía nacional de honrar a los escritores cuando están muertos, pero no cuando están vivos. Por ejemplo, todos los homenajes a Neruda por sus 100 años. Habría cumplido 100 años si estuviera vivo, pero está muerto, y sin embargo Nicanor Parra cumple 90 años este año, y yo no he visto que se haga absolutamente nada con respecto a él. Yo reclamo la carencia de esto. El vendaval nerudiano lo cubre todo. Además, deja la impresión de que no hubiera poesía chilena; hay Neruda y punto, el resto no existe.

- En unos versos posteriores del mismo poema citado, usted hace una crítica más explícita, y dice: ‘Los que evitaban saludarlo hasta en la puerta de su casa / proponen poner una placa junto a la puerta de su casa’.
- También me refería a la hipocresía como en el caso de Enrique Lihn y Jorge Teillier, porque existen personas que están vivas actualmente en Chile y que fueron parte de ese jurado. ¿Qué hicieron esas personas? ¿Dónde estaban? ¿Por qué no votaron por Lihn o Teillier? Sin embargo algunos de ellos, me imagino, ahora se lamentarán, pero no votaron y ellos (los poetas) están muertos.

- ¿Qué opinión tiene de las polémicas que se han dado en los últimos años, a partir de la entrega del premio a Raúl Zurita y de la postulación de Isabel Allende?
- Es curioso, porque las polémicas se han dado fundamentalmente entre los escritores y no entre el grueso del público. Siempre se trata de presentar esto como si fueran problemas del ciudadano común y corriente. El ciudadano común y corriente no anda preocupado de eso, anda preocupado de mandar a sus hijos a la escuela, de darles de comer todos los días, no si el candidato es la Isabel Allende o Juan Pérez. Son problemas inventados por puros escritores. Alguien me dijo: ‘¿no crees que el jurado ideal del Premio Nacional debería estar constituido sólo por escritores?’. Yo le dije: ‘no necesariamente, porque es bien posible que un jurado de no escritores sea más objetivo que un jurado compuesto por escritores’.

- ¿Qué validez le entrega usted al Premio Nacional de Literatura?
- El mismo que a todos los premios. Es decir, si no hay una obra detrás que respalde el premio, no hay reconocimiento que valga. Ningún premio nunca le ha dado categoría a nadie. Sólo le da los 15 minutos de fama a los que aludía Andy Warhol, y eso es todo. Por ejemplo, las obras de Huidobro, Lihn y Teillier, son mucho mejor cotizadas que un montón de los que están en la lista de los premios nacionales. El escritor tiene que honrar al premio y no el premio al escritor. Y quiero decirle al jurado que su tarea estará mejor hecha cuando lea las obras de los postulantes y no las cartas de recomendación. Las obras de los postulantes son la mejor carta de recomendación.

- Usted se ha jactado de no ganar muchos premios en su vida...
- Bueno, me sigo jactando (risas). Claro, porque después de todo tengo 66 años y en total habré ganado dos o tres premios. Pero lo que deseo demostrar, aunque ya parezca majadería, es que lo que vale es la calidad de las obras literarias, independientemente de los premios. En una encuesta el año 2000 se determinó que los más grandes novelistas del siglo XX eran James Joyce, Franz Kafka y Marcel Proust, y ninguno de los tres ganó el Premio Nobel.

- ¿Tiene algún proyecto literario actualmente en preparación?
- Es paradójico pero el proyecto aparece siempre al final. Tener un proyecto tiene elementos de voluntarismo, los proyectos son muy racionales. A mí los poemas me empiezan a salir y eso es todo, cada poema es una pieza suelta de un rompecabezas mayor.


“El desorden de chile es como la vida”

Oscar Hahn lleva el pelo cano y los ojos claros en un rostro salpicado por una barba muy fina, todo lo cual le otorga una apariencia pasiva, casi contemplativa. Extremadamente sobrio al hablar, su timidez le juega malas pasadas y lo delata, como cuando el fotógrafo lo apuntó con su cámara y él se apanicó. Prefirió detener la entrevista, para retomarla luego de realizada la sesión. Oriundo del norte (Iquique), hace muchos años que Hahn no vuelve a pisar su región. “Tampoco me han invitado”, aclara con un humor que pasa prácticamente desapercibido.

Eso sí, todos los años viene de visita por un mes a Chile, cuando el frío y la nieve abundan en las calles de Iowa, donde asegura que todo funciona con exactitud. “En cambio, el desorden de Chile es como la vida” dice el poeta. Alojado en un hotel santiaguino, confiesa que prefiere buscar conversación entre personas alejadas de los libros, “como las que hacen el aseo del hotel, los recepcionistas y toda esa gente que no sabe nada de discusiones sobre premios nacionales o de literatura”. Hombre de pocos pero buenos amigos, Hahn repite una misma sensación vinculada a la liturgia del regreso cada vez que aterriza en el país: “Al principio llego completamente perdido, pero después de unas semanas recupero mi pasado. Claro que esto siempre sucede cuando ya tengo que irme”.

Desde hace 27 años Hahn encabeza una cátedra de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Iowa, lo que le ha permitido inaugurar nuevos cursos como el de literatura fantástica y otro más llamado “Polémicas literarias en Hispanoamérica”, en donde el medio local tendría seguramente mucho paño que agregar. “Es muy interesante, porque los alumnos se motivan con esto y se arman tremendas discusiones con bandos y grupos dentro de las aulas”. Pero donde Hahn parece estar más a gusto es con la literatura fantástica, género que ha desarrollado en una antología fundamental sobre el tema y en sendos libros de ensayo, Fundadores del cuento fantástico hispanoamericano (1998) y Magias de la escritura (2001), ambos de Andrés Bello, editorial que está detrás de su postulación al Premio Nacional. De hecho, sus Obras selectas (editadas por este mismo sello) obtuvo el año pasado el Premio Latino de Poesía, concedido por el Instituto de Escritores Latinoamericanos de Nueva York al mejor libro publicado en lengua castellana en el 2003.

 

 


Proyecto Patrimonio— Año 2003 
A Página Principal
| A Archivo Óscar Hahn | A Archivo de Autores |

www.letras.s5.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez S.
e-mail: oso301@hotmail.com
Óscar Hahn: El hombre sin atributos,
por Javier García,
Fuente: La Nación,
Domingo 25 de julio de 2004.