En 1935, Charles Bukowski era un pobre desgraciado de 15 años. El acné y los furúnculos le destrozaban la cara y su cuerpo estaba abrazado de pústulas.
— Ninguna mujer me querrá, pensaba el adolescente.
Para encontrarle sentido a un día domingo, con Baldy y Jimmy, sus compañeros de clase, cogieron el tranvía hasta la Main Street en el centro de Los Ángeles. Fueron a dos emblemáticos vodeviles: el Follies y el Burbank. Era la forma más indómita que se inventaron para pasar el domingo. Allí cada uno soñaba con su stripper favorita. Baldy, con una francesa delgada y asmática con ojeras oscuras. A Jimmy le gustaba La Tigresa, que tenía una teta más grande que la otra. La de Bukowski se llamaba Rosalie.
Pudo haber sido un momento de voyerismo efímero. Pero, lo pasajero no existe cuando hay deseos intensos. Esos instantes permanecen inmortales.
Muchos años después, ya viejo, frente a la añoranza nocturna de viejo, frente a su adorada soledad que le recorre la sangre, el escritor Charles Bukowski había de recordar aquella tarde remota en que vio a la sexi Rosalie. Y, necesitado de profundidad y de sentido en su senectud, le escribió un poema, quizá su mejor poema, (o quizá el poema que más me gusta a mí). Se publicó en 1985 en la revista Prism International de la Universidad de Columbia Británica.
La foto de la mujer que nos acompaña es del fotógrafo chileno, Sergio Larraín (1931-2012) en “Los siete espejos”, un burdel en el barrio rojo de Valparaíso. El salón tenía siete espejos de marco dorado. En 1963, Larraín inmortalizó a una de las mozas que trabajaban allí. Una foto-arte que permanece tan encantadora, tan melancólica como para que yo la recuerde ahora con un verso de Jorge Manrique. ¿Qué se ficieron las damas, sus tocados, sus vestidos, sus olores?
Esta es mi versión del “Poema de amor a una stripper” de Charles Bukowsky, Love poem to a stripper:
Hace 50 años íbamos a ver
a las strippers del Burbank y del Follies
Todo era muy dramático y muy triste.
La luz mudaba del verde, al púrpura, al rosa,
y la música era vibrante y luminosa.
Es noche aquí hoy,
fumo y escucho música clásica.
Todavía recuerdo sus nombres:
Darlene, Candy, Jeanette y Rosalie.
Eras la mejor, esplendorosa, Rosalie,
En los asientos nos movíamos,
rugíamos con tu encanto, Rosalie,
tu hechizo a los solitarios, Rosalie,
hace ya tanto tiempo.
Ahora, Rosalie,
o estarás muy vieja
o muy quieta bajo tierra.
Yo soy aquel muchacho con acné,
que mentía sobre mi edad,
Sólo para verte.
Eras exquisita, Rosalie,
en 1935,
tan exquisita que aún regresas
cuando la luz se vuelve amarilla
Y mis noches son tan, tan lentas.
www.letras.mysite.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza. e-mail: letras.s5.com@gmail.com Eras exquisita, Rosalie, tan exquisita que aún regresas cuando la luz se vuelve amarilla.
Por Omar Pérez Santiago.
Revista Off The Record, 1 de junio de 2026