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Las terribles minorías que piensan
Gonzalo León brillante sobre Shakespeare

Por Omar Pérez-Santiago
Publicado en Revista Off The Record, enero 2026

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Gonzalo León usa unos anteojos de gruesos marcos blancos, como dicta la moda. Presenta su libro El mal Inglés - Shakespeare & el Romanticismo en la librería Ulises del barrio Lastarria.

Lo primero que afirma es que él no va al teatro a ver las obras de Shakespeare: “he visto una sola representación, la de Hamlet.” 

Parece su forma de asombrar. 

 

Gonzalo León


Unos días después, mi amigo Octavio Bernabé, en la Casa de la Cultura de Ñuñoa, me dijo alegre y efusivo:

—Adquirí el libro de Gonzalo León, El Mal Inglés. 

De su mochila sacó orgulloso su ejemplar y con el placer de la amistad agregó: 

—Gonzalo ha entrado a las terribles minorías que piensan la literatura. 

Qué cierto.

Gonzalo León ha ingresado a esas terribles minorías que buscan un nuevo punto de vista literario. Como si la patria les pide derramar su sangre por ella, —como héroes o monstruos, qué más da—.

Un viejo periodista me dijo una vez:

—No todos tenemos un punto de vista sobre las cosas. Y eso se nota desde niños. En la sala de clases siempre había uno o dos compañeros heroicos que eran capaces de expresar una opinión propia. Los héroes o monstruos que uno admira. Los que piensan.

Shakespeare era popular en el renacimiento isabelino. No había becas del Fondo del Libro. El autor estaba obligado, para vivir, seducir a la audiencia que pagaba la entrada con tramas que incluía varios muertos. En Hamlet mueren casi todos los protagonistas. Nueve, entre asesinatos y suicidios: el Rey Hamlet, Polonio, Ofelia, Gertrudis, Claudio, Laertes,  Rosencrantz, Guildenstein  y el príncipe Hamlet. Purga y expiación.

PRIMERO. Gonzalo León toma el título El Mal Inglés de un párrafo de la novela Orlando de Virginia Woolf de 1928.

”The English disease, a love of Nature, was inborn in her, and here, where Nature was so much larger and more powerful than in England, she fell into its hands as she had never done before.”

En la traducción de Jorge Luis Borges de 1937:

“El mal inglés, el amor de la Naturaleza, era innato en ella, y aquí donde la naturaleza era más vasta y poderosa que en Inglaterra, la dominó con más fuerza que antes.”

Disease lo traduce Borges como “mal”. Pero, más precisamente, creo que Disease significaría aquí vicio, enfermedad. Es decir, el vicio inglés, o la enfermad inglesa por la mística y húmeda naturaleza que se mete en su vida y su espíritu. Como la inglesidad profunda del arte de paisajes de Eric Ravilius. Una enfermedad inherente a los ingleses, según la mordaz Woolf.

SEGUNDO: La importancia del título. Según León, el amor a la Naturaleza sería lo esencial de Shakespeare. Y el amor a la naturaleza sería lo romántico.

Por lo tanto, Shakespeare sería un romántico. 

O, al menos, según entiendo, un precursor. Una autoconciencia, según Harold Bloom, “engendrada por Hamlet”.

Los 154 sonetos de Shakespeare y sus 39 obras de teatro están llenas de amor y pasión. Sin duda. Como Romeo, amante confundido que se suicida por su Julieta, (aunque yo nunca entendí el espanto de matarse por amor, la romantización del sacrificio). Eso llevó a los poetas románticos posteriores —Coleridge, Hazlitt y Goethe— a venerarlo como un genio precursor de la sensibilidad romántica. 

Aunque Shakespeare no fue un romántico. Sus temas son más amplios y complejos que el amor idealizado. 

Todo este impulso e inspiración romántica es explicado por Gonzalo León.

TERCERO. Otra cosa irrefutable es la conclusión que sostiene Gonzalo León: Shakespeare apela a las reglas del arte. La libertad en el arte. El poder de la imaginación en el lenguaje.

La mayoría de las obras de Shakespeare eran tramas existentes y recicladas. Se basan en personajes preexistentes —tal vez fantasmas nostálgicos—  o eventos históricos que él recuperó con profundidad y lenguaje poético. Como Hamlet, cuyo antecedente es el anarco Amleth que no duda en matar a su tío traidor, según una historia narrada por el cronista danés Saxo Grammaticus del siglo XIII.

Lejos de ser un mero plagiador, Shakespeare era un innovador cultural. Rompe el molde. Fiel a su naturaleza libre, adopta, recolecta, integra.

CUARTO. La escena cultural de Chile, según León, ha rescatado poco a Shakespeare y nombra las traducciones de Nicanor Parra y de Germán Carrasco del Rey Lear y el Mercader de Venecia, respectivamente.

Podría agregar Sueño de una noche de verano: Adaptación a la poesía popular chilena de Manuel Sánchez y Luis Villalobos

Lo otro sería el ethos romántico en la poesía lárica del poeta Jorge Teillier, el autor de Para ángeles y gorriones. Aunque, sostiene León, “la poesía lárica se sentía más hermanada con los surrealistas chilenos que con el romanticismo.”

Compré el libro. Gonzalo León con sus anteojos de grandes marcos blancos, audaz moda, lo firma. 

En mi ejemplar, Gonzalo León escribe algo honesto, tal vez algo melancólico: “este libro que quiero mucho.”

 



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