El filósofo griego Crisipo de Solos susurraba una verdad antigua: “solo lo bello es bueno”. Para él, la virtud era una armonía estética y moral.
En las 93 páginas de La crisis de la narración, Byung-Chul Han no ofrece belleza ni bondad; ofrece un espejismo.
No es casualidad que el sistema lo colme de elogios. Han escribe para los náufragos del capitalismo digital, esos seres que vagan en la penumbra de sus pantallas, aislados y conservados en una salmuera de datos y soledad. A ellos les da de beber una pócima diluida: un brebaje cultural tibio sazonado con citas de Walter Benjamin. Quítale a Benjamin y el libro se desvanece en el blanco absoluto.
La Trampa del Vacío
Su tesis suena fascinante, casi hipnótica: vivimos en una "crisis de la narración" provocada por el storytelling comercial y los algoritmos. Pero cuidado: esta tesis es el arma perfecta por lo que calla.
Mientras Han te distrae diciéndote que el mundo ha perdido sus relatos, el poder sonríe. Porque el mundo no está vacío. Al contrario, está siendo devorado por una narrativa tan eficaz como invisible: la Gran Narración de la Reacción.
El Guion del Saqueo
No te equivoques. No hay vacío; hay un diseño. Trump, Silicon Valley y las élites globales del este y el oeste han urdido un mito de resentimiento para justificar el despojo. Mientras Han te desarman intelectualmente, ellos operan con una estructura clásica:
El Paraíso Perdido: Te venden una nostalgia manufacturada de un capitalismo que nunca existió.
-
El Villano Necesario: Señalan al Estado de Bienestar y al liberalismo social como los demonios que corrompieron tu Edén.
-
La Promesa del Reencanto y la Restauración: Ofrecen un futuro de identidades cerradas y capitalismo "puro" diseñado para atrapar al alienado en un mundo simulado.
La estrategia es brillante: Si logran que creas que no hay relato, dejarás de buscar el que ya te está gobernando.
La Rendición Silenciosa
Byung-Chul Han no es una víctima del error; es un instrumento funcional. Al declarar la muerte de la narración, invisibiliza la guerra simbólica que estamos perdiendo por abandono. Somos un pueblo dormido, arrullado por filósofos que nos dicen que el arma del enemigo no existe.
La crisis no es de la palabra, es de la voluntad. No falta capacidad mítica; falta el coraje para crear una contranarrativa que dispute el futuro con la misma fuerza brutal de la reacción.
Sin resistencia, el silencio de Han es nuestro epitafio. En ausencia de una imaginación política que nos devuelva el fuego, moriremos exactamente como ellos quieren: en la más absoluta y perfecta soledad.
Crisipo murió de risa
—Crisipo es un arrogante, se decía.
Crisipo sabía que el problema de ser inteligente es que los tontos te consideran altanero.
Crisipo murió de un ataque de risa a los 73 años.
Ocurrió así:
Al ver a un asno lamer sus higos, bromeó con su mujer:
—Querida, ahora dale vino para que acompañe a los higos.

El doble sentido —el higo como vulva— lo hizo reír hasta caer muerto, según relata Diógenes Laercio en Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres.
Esto sí es un storytelling. Y todavía se puede usar para vender ropa interior menstrual.



Libros de Byung-Chul Han en pdf
http://www.letras.mysite.com/scorre311224.html