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Pausas en el horizonte: contemplación y resistencia entre fronteras[1]
Entre dos fronteras (Colmillo Blanco, 2025) de Carlos López Degregori (Lima, 1952)

Por Paolo de Lima



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Entre dos fronteras (Colmillo Blanco, 2025) de Carlos López Degregori (Lima, 1952) ofrece un terreno fértil para ser explorado a través del pensamiento del filósofo Byung-Chul Han. Este pensador surcoreano-alemán nos invita a reflexionar sobre la hipertransparencia (la exposición constante de información que dificulta la intimidad y el pensamiento crítico) y la superficialidad (la tendencia a priorizar lo efímero y las apariencias sobre la reflexión y el compromiso auténtico) que caracterizan nuestra era, conceptos que son especialmente pertinentes para entender las dimensiones de este libro. La poesía de López Degregori emerge como una respuesta a la saturación informativa y a la pérdida de lo sagrado, proponiendo una pausa contemplativa que desafía la voracidad de la productividad moderna.

El poemario se presenta como una obra rica en matices, donde los elementos paratextuales juegan un papel fundamental. La portada, diseñada como una cartografía desplegable, combina fragmentos de antiguos planos de los siglos XVI, XVII y XVIII, creando un paisaje imaginario que refuerza la noción de fronteras y un viaje a través de distintos espacios y tiempos. En el centro de esta estructura, las páginas del libro se sitúan entre las dos fronteras del diseño, simbolizando un cruce entre lo conocido y lo desconocido. Las “dos fronteras” del título evocan divisiones entre mundos familiares y posibilidades emergentes, subrayando un anhelo de cambio.

 

Carlos López Degregori


El poema sin título que abre Entre dos fronteras establece la dinámica del viaje, comenzando en el amanecer y cerrando en el crepúsculo. Este arco temporal inscribe los recorridos por lugares tan diversos como Roma, las Antípodas, Oriente y la Cólquide, un espacio mítico asociado al fin del mundo y el vellocino de oro. La pluralidad espacial y temporal presente en el texto revela un diálogo constante entre el pasado y el presente, permitiendo al lector navegar entre distintas realidades.

El poemario está estructurado en cinco secciones, cada una con su propia temática y matices, incluyendo tanto poemas en verso como en prosa. La primera sección, “Catulo sopla las cenizas”, incluye poemas que exploran la figura de Catulo y su contexto, utilizando elementos de la literatura clásica para abordar temas de amor, muerte y memoria. En este apartado, el poema “Lombriz” establece un puente entre el aquí y el allá a través de la imagen del gusano, mientras que “Porta catularia” presenta una visión cruda de sacrificios.

La segunda sección, “Antípodas”, se centra en la identidad y el sentido de pertenencia, explorando a través de sus poemas la desolación de lugares vacíos y la búsqueda de significado en un mundo fragmentado. En “Sal de tus pies”, la palabra “sal” evoca la idea de salir o desprenderse, jugando con la imagen de las medias que cubren los pies, como se sugiere en “a tus Pies / ofrécele Paisajes inconfesables / Alumbre” y “Las medias nos distancian de la Tierra”. Esta metáfora revela una lucha por conectar con nuestro planeta, un anclaje perdido que se desvanece bajo la barrera de las medias, dejando al hablante en una búsqueda íntima de raíces que se desdibujan. Por su parte, “Fenicias” teje una memoria personal (“nombres vacíos que memoricé en el colegio”), sumiendo al hablante con los “dientes atónitos, roídos”. Esta tensión entre desarraigo y memoria define la sección, invitando al lector a percibir la fragilidad de la identidad en un entorno en constante transformación, como un eco de los motivos perdidos que resuena en las citas escolares.

En la tercera sección, “La ruta de la seda”, se experimenta con la forma y el contenido mediante un soliloquio introspectivo que explora la identidad cultural y la experiencia humana. Aquí, el sujeto poético se interroga a sí mismo con preguntas como “¿Qué preservarías del mundo?”, “¿Qué es tu intimidad?” o “¿Tienen púas los alambres?”, abriendo un espacio de reflexión sobre los valores, los materiales y lo más esencial de su existencia. Esta estructura de autodiálogo no solo enriquece la exploración poética, sino que desafía al lector a sumergirse en los lazos invisibles de la memoria (“¿Qué harías con el hilo?”, “¿Quién teje?”, “¿Qué preservarías del mundo?”), tejiendo una conexión entre lo personal y lo general que resuena con las huellas de un pasado vivo y las interrogantes de un presente en busca de sentido.

La cuarta sección, “Nueve ventanas al oriente”, ofrece una serie de poemas que exploran la relación entre el Oriente y la cultura occidental, utilizando imágenes ricas y evocadoras. Poemas como “La gran ola de Kanagawa” y “Mi ceremonia del té” fusionan la estética oriental con la experiencia contemporánea. Finalmente, la quinta sección, “Vellocinos”, se compone de cinco poemas en prosa que giran en torno al acto cotidiano de cortar cebollas, convirtiendo lo trivial en una reflexión significativa sobre la vida y la muerte. Este enfoque revela la capacidad del poeta para encontrar significado en las acciones diarias muchas veces desvanecidas.

Asimismo, un aspecto notable de la obra es su componente narrativo, que se manifiesta en la construcción de pequeñas historias y escenas dramáticas a lo largo de los poemas. Estas cadencias de naturaleza narrativa, habitadas por seres marcados por la oscuridad y la incertidumbre, comparten un hilo común: la lucha por la resistencia y la búsqueda de una salida, a pesar de las adversidades. Esta dimensión descriptiva añade riqueza al verso, transformándolo en un vehículo para explorar la experiencia humana en sus diversas facetas.

Otro aspecto por destacar es la manera en que el hablante poético se fragmenta y se multiplica, asumiendo identidades diversas, desde Catulo y Petronio hasta Omar Khayyam y Marco Polo. Esta ubicuidad y el constante desdoblamiento del hablante potencian el poemario con múltiples intertextualidades que provienen de distintas disciplinas, como la literatura, el cine y las artes visuales. Resonancias de la película Satiricón de Fellini se entrelazan con ecos literarios de José María Eguren, Emily Dickinson, Henri Michaux, Franz Kafka y La montaña mágica de Thomas Mann, mientras que imágenes como el busto de Nefertiti, El grito de Munch y La gran ola de Kanagawa de Hokusai aportan una dimensión visual que amplifica la experiencia poética. Así, el poemario se convierte en un vasto fresco existencial y cultural. Además, el movimiento del libro se caracteriza por una serie de oposiciones: lo tangible frente a lo onírico, la luz contra la oscuridad, el presente en contraste con el pasado, y la tensión entre un hilo autobiográfico y la negación de la identidad. Esta dialéctica ofrece al lector una visión crítica sobre la vida social actual.

La poesía, a través de estas formas literarias, se erige como un medio poderoso para reflexionar sobre el mundo y la condición humana. Entre dos fronteras invita a los lectores a cuestionar su realidad y a explorar las complejidades de la existencia, emergiendo como un puente entre las luchas y las esperanzas. El poemario empieza advirtiendo que los poemas tratan sobre “viajes emprendidos entre 2018 y 2023”, y menciona reiteradamente fechas como “un 2 de febrero del 2023”, 1990 (dos veces), 1999 y 2000. Estas referencias temporales anclan la obra en un marco contemporáneo, enriqueciendo la experiencia poética con una conexión viva al presente. Así, este poemario de López Degregori no solo es un viaje literario, sino también un espacio para la comprensión y la empatía en un mundo en movimiento.

Desde la perspectiva de Byung-Chul Han, entonces, Entre dos fronteras se alza como un refugio contra la hipertransparencia y la superficialidad de nuestro tiempo, conceptos que él utiliza para describir una sociedad saturada de información que exige visibilidad y exposición constante. En este panorama, la sobrecarga de información y el olvido de lo ritual han desdibujado lo sagrado, una noción que López Degregori busca redibujar a través de sus mapas poéticos, entrelazando referencias culturales y artísticas que invitan a la contemplación. Las secciones del poemario, desde los ecos clásicos de “Catulo sopla las cenizas” hasta la quietud de “Vellocinos”, proponen una pausa que desafía la voracidad de la productividad. Imágenes como el gusano de “Lombriz” o el acto de cortar cebollas evocan una otredad esencial: un espacio donde lo fragmentario dialoga con lo eterno. Mientras que en “Nueve ventanas al oriente” la fusión de estéticas invita a detenerse en lo otro, resistiendo el ritmo del consumo. De este modo, Entre dos fronteras se convierte en un tejido literario que, frente a la transparencia que agota y deshumaniza, preserva la esencia del ser a través de la contemplación, resonando con la invitación de Byung-Chul Han a buscar un significado más genuino y auténtico en un mundo cada vez más acelerado y despersonalizado.

 

 

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Nota

[1] Publicado originalmente en la página web Círculo de Lectores (26 agosto 2025).

 

 

 

 

Carlos López Degregori y Jorge Eslava durante la presentación
en Librería El Virrey, Miraflores, Lima. 26 de marzo 2025

 




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