El libro no ofrece, en apariencia, sorpresas a las expectativas que crea para el lector. Desde su título Ensayos parados pasando por el principio de los textos que van jalonando la marcha del libro la mayoría de ellos comienzan con la palabra "ensayo" y, sobre todo, por la índole de los textos mismos, el libro se plantea decididamente como un libro de ensayos, un horizonte que limita y a la vez difumina los contenidos, abriéndolo a un sinnúmero de temáticas que se despliegan clara y sinuosamente.

Ensayar, para Joannon, es escribir revoloteando sobre cualquier asunto, sublime o diminuto, que abra la curiosidad del ensayista, un sujeto múltiple en sus intereses, libre en sus deslizamientos, pero dificultoso a la hora de llevar a cabo el escrito y ceñirlo a alguna estructura y una forma. El ensayo puede quedar, de este modo, pendiente en una libreta, un archivo o simplemente en la memoria del ensayista. Son más los ensayos que se conciben y esbozan que los que se ejecutan. ¿Pero cuándo un ensayo se realiza y se halla definitivamente acabado? ¿Podemos saberlo? Parece que nunca.
Ensayos parados es una lista ¿lista maligna? de ensayos que pudieron ser y no fueron o que todavía podrían ser. Con ese material embrionario Cristóbal Joannon construye este libro. El libro se basa, por cierto, en la paradoja consistente en que el relato acerca del ensayo que pudo ser pero no fue en la manera a veces vaga en que fue imaginado es a su turno un ensayo: el ensayo sobre el ensayo que no fue es un ensayo potencial. Digamos que Joannon descubre una veta ensayística en la que un ensayo se toma de la cola de un ensayo posible, que todavía no es o que intentó serlo y no llegó a puerto. El esquema, que se desdibuja en pocas oportunidades, lo cual le da flexibilidad al libro, tiene mucho de ironía, juego, jovialidad y risa. En verdad, nos damos cuenta, a través del pliegue irónico, que el ensayo que no fue está siendo, toma a la vida de la única manera posible que se logra aquí en este libro.
Parece que el tono que el autor busca imprimir a estos ensayos es el de un "pensamiento jovial". La idea, tomada de La gaya ciencia, de Nietzsche (e interpretada por la tesista Camila González), propone una forma de concebir, articular y desarrollar el pensamiento en que "el saber conoce desviándose, perdiéndose, en este sentido, experimentando", es decir, ensayando. Esa propuesta se conecta, en cuanto al conocimiento de sí, a un resuelto arriesgarse, arrojarse y exponerse "al afuera del mundo".
Ensayos parados, jovialmente, siempre con una semisonrisa, contiene una reflexión fragmentaria acerca del placer, el dolor, el hedonismo y la moderación. El sustrato movedizo de este pensar apunta hacia la filosofía moral. Su pulso doctrinario es el epicureísmo y sus principales exponentes de la antigüedad greco-latina. El tema de la ausencia del dolor es recurrente incluso en relatos ligeros, breves y en los que este punto aparece velado por la claridad u opacidad de lo cotidiano.
A medida que Cristóbal Joannon va pergeñando sus textos ensayísticos, va contando de soslayo asuntos que usualmente forman parte de unas memorias, "memorias prematuras". Ensayos Parados es un libro personal, por la manera suya de expresarse (que ya aparece en sus libros anteriores) y porque se atreve a contar una biografía. Su vida escolar, sus amigos, sus primeros descubrimientos, la entusiasta y dolorosa adolescencia, sus hijos, sus gustos y preferencias. No cuenta todo, pero cuenta bastante y todo va dispuesto en un cierto orden cronológico que revela la madurez creciente y el aprendizaje vital.
El autor de este libro demuestra una capacidad expresiva sobresaliente para definir con concreción, llaneza y luminosidad las figuras, escenas y argumentaciones que plantea. Es reflexivo, preciso y evocador a la vez.
Es patente en este libro la búsqueda de una forma que le permita incluir una cierta totalidad. Joannon pesquisa varios modelos en este libro y obtiene lecciones que aplica aquí mismo. La cantidad de puntos, personas y referencias que incluye (mucho rock) es vastísima y en ningún momento sobra, sino que, por vía oblicua, logra contener en un estanque común a todas sus partes, contenedor del que hablamos más arriba.
Me parece, en fin, interesante destacar de este libro su parentesco no solo material con la poesía del propio autor. Los textos mismos poseen un ritmo y una cadencia concordante con la jovialidad y su amable sentido del humor. La repetición de la palabra "ensayo" al inicio de cada texto es una figura poética importante de la retórica; la paradoja y otros recursos dan lugar a un lenguaje cuidado, con una patente y siempre presente preocupación por acuñar enunciados claros, exentos de barroquismo, precisos y elegantes.
Ensayos parados es un libro inteligente, con una excepcional dilucidación de ideas, muy bien escrito y que hace gala de un sutil sentido del humor.