Risa verdadera
El lenguaje de los pájaros me enternece, Destellos inertes me convocan a imaginar un cuento heroico infinito y oloroso.
En horas en que los busco, nadie los ve, siempre ha sido así.
Cada uno llega a ser cuando la mirada eterna se resiste a perder.
Galopando distingo espantos que nunca entenderé. Esa mirada sacude
Y al mismo tiempo descubre quiénes nos ocultan la risa, pero no la verdad.
Podría estar horas mirando exactamente cuál es el siguiente paso que darán,
a veces pienso que ellos me buscan o yo los encuentro.
Los pienso como si estuvieran dando una batalla parecida a la de cualquiera en este mundo.
El mundo en el que quiero estar, el mundo del que quiero ser.
Sonidos silvestres me distraen en ese paraíso llamado cielo y los delirios se deshojan en cada nube misteriosa.
El viento se desliza en mi nuevo mundo, cual ánfora distante de mí.
Ahora que siempre es otoño, ciertos fantasmas rodean los faroles, encuentro en ellos lo lumínico e incandescente del verano.
Caminando un poco más allá, siempre detrás de las sombras, encuentro lo seductor de un desembarco.
En voces ruidosas, por encima del silencio, vigilo aquel velo color perla, donde los otros duermen en un tibio regazo.
Solo me miro distante de aquellos lenguajes y este terrible tormento se aferra al bostezo de una mísera vinchuca.
Aun cuando la mayor parte de las veces se torna esquiva hasta volver a tocar el cielo, embellecida al centro del comedor de diario.
Siempre visto el hábito incorpóreo
Los únicos silencios que rodean el vértigo, están debajo del silencio de los ríos.
Heme aquí brillante y pedestre como el ladrido cósmico de un tronco en completa absorción.
Nadie
Con ese tufo a caña, al día siguiente, atravesando la cálida mañana, vendrá un charlatán a decir lo que no existe.
Sin darme cuenta, vivo para escudriñar en el abismo, es allí donde me encuentro con marionetas y relojes en horas difusas, sin atardecer.
Casi siempre en una calle sin número, enfermos desfilan, desparramando ofrendas despiadadas con un gusto extraño, mezclado con sangre agria de asco y espasmos.
La verdad de las cosas, está en la verdad de cada arbusto silvestre que
crece con fulgor y absoluta resistencia. Todo es Azul como lo que se espera de un sueño real.
Todos los días te busco
Me he quedado con tu esencia, más no con tu nombre, porque la única Estela eres tú.
Sin haberte soñado ni una sola vez, intuyo tus sufrimientos, percibo tus quehaceres de niña, de
mujer valiente, todo aquello me ha sido dado y es posible divisarlo en un solo soplo de viento. Cada veinte días cuento los pasos que me permiten descubrir otra ciudad, una embalsamada de gruesos océanos.
He visto algunos muertos pasear insomnes, ávidos de sacudir a quietas almas que respiran ausentes por esta aldea casi siempre lejana e inútil.
Una risa que grita y deja huella
La manía por descifrarlo todo, me anima a conocerte, remece la estática y sacude la melena que nace de tus ojos .
Como un vestigio dulce, el sol me llama con tus latidos. Desde aquella existencia diáspora, tu nombre se devuelve caminando, sin embargo otro surco se esconde detrás de la almohada, siempre lista.
A diario admiro tu belleza concebida y provista de una ternura de cantos silvestres y cotidianos.
En esta vida sin ti.
Me conecto contigo en el altar de todos mis muertos. La única fotografía que me lleva a ti,
persigue la luz en la que te busco, desempolvando el visillo gris de la
ventana, aquella que da con los cisnes blancos y negros durante un pequeño silencio.
Te honro, abuela. Comprendo tus dolores y silencios
Todo es Azul como lo que se espera de un sueño real
Azul
A veces siento la muralla,
de mis ingenuos átomos, llenos de una inmensurable lejanía.
Un gato abandonado se ríe de mi existencia.
Me gusta el sonido de las cucharas, tocando las tazas.
Me da una paz indescriptible. Cómo si viera con mis propios ojos como cae el té dulce que jamás tomaré.
Sobre la punta de la cama de una tarde amarilla y feliz , hay vidas olvidadas , al otro lado del paño, tal como si fueran ofrendas desperdigadas en una calle sin número, ni ubicación.
La verdad de las cosas está en la verdad de cada arbusto silvestre que crece con fulgor y absoluta resistencia.
Este otoño tiene la misma forma de todas las formas, teñido de amaranto y sutiles brisas boreales, insurrecto, tejedor de silencios rotos y vacilantes. Atento a cualquier atisbo de
lágrimas, imaginando el olvido sin tener en cuenta que a veces los pájaros se confunden entre sí.
El viento de roca
Detrás de la puerta, hay una silla de mimbre que camina con prisa.
Es la que sobre los huesos resiste, dejando una exigua botella color verdeoscuro.
Los cisnes se han ido,
junto a la sombra de la muerte, como la guía de un apacible río.
La sombra comienza a danzar y hay un niño que lleva espejos de luna en sus manos.
Un pájaro taciturno llora
y su voz enhebra el zumbido en los manantiales.
Se aproxima despacio,
divaga en lo insólito de tu boca.
En un círculo que navega con las estrellas la poesía se irá al compás de las hojas.
Mientras el río se envuelve en sí mismo con los que clavan sus espadas en las piernas.
Cuando el alba mece su aliento
aparece el lejano perfil de piedras intermitentes.
¿ Dónde está el pájaro que llora con tanto dolor ?
Aquellos que emergen de sus propias memorias, pasan de largo.
negros y blancos.
Y Vuelve el río a recoger sus imágenes.
Estamos con un cuerpo prestado que se esfuma, donde otros clavan sus espadas para socorrer su vigilia.
Es el sudor que se empeña en dar vida a los dioses y el alba mece su vaivén en aquellos hombros
de hastío.
Sin pensarlo digo dos veces
Entra el agua por calles oscuras
Así de dispersa me siento en estos días donde hay bondad por doquier.
Tan solo estás que descubres lo que piensas sin decirlo porque aquello te lleva por el túnel del ombligo.
Dos veces toqué la puerta, como es nuestra costumbre, es algo que se debió callar desde muy dentro.
Tú sólo estás dormido,
bañado por la luz que te persigue y acompaña ahora que estamos descalzos.
Me despido de ti en este negro color colorido
desde donde se insinúan los harapientos en verano. Veo carretas que emergen de las calles vacías,
Me recuerdan la época de las aldeas donde lo visible se hace invisible.
Y la vida siempre es un sueño pasado.
Sin embargo las casas permiten transitar por otros espacios debajo de los besos que siempre extinguen el silencio.
Siento la necesidad de agua y no alcanzo a tomar por falta de paciencia.
Mil arpegios circundan la plaza, ahora que es verano
Hay que saludar a los olvidados
y a las estrellas que recuerdan las veces en que la noche sostiene la vida en segundos.
No pude ser feliz,
pero siempre fue mañana.
El agua llega de todas maneras
Y así me despojo de los brillos insignificantes para bailar con los ojos en este invierno horroroso.
Si miras al frente, al centro del vórtice están los espíritus de manos delgadas, puntiagudas estrechas de sol.
Sin dar con el asombro encaraman sus narices por dentro de mis llagas, encendidas de misterio.