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Reseña del libro Tralkán. Susurros de la Ñuke Mapu, de Javier Millapán Obando,
Víctor Moraga Muñoz y David Muñoz Guzmán.

Por Persus Nibaes

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El libro Tralkán. Susurros de la Ñuke Mapu (Fondart, 2024) es un cuento mapuche ilustrado sobre la historia del niño Nawel y su proceso de formación en la cultura mapuche, a través de historias de entidades espirituales que sus abuelos y padres le van contando a medida que el niño, en su curiosidad, va preguntando y aprendiendo, mientras crece. En el prólogo se cuenta, que el proceso formativo de Nawel está ambientado en el siglo XVIII, un siglo antes de la ocupación militar que sufrió el pueblo mapuche por los Estados chileno y argentino en el siglo XIX. Procesos mal llamados Pacificación de la Araucanía y Guerra del Desierto (1851-1884) respectivamente y que significó el expolio (Goicovic; 2005, p. 129) del territorio mapuche, cuyos límites pactados en numerosos Parlamentos de Paz con la Corona Española y que los nuevos países llamados Chile y Argentina, construidos en el siglo XIX, desconocieron y anexaron.

 



Sus autores, en los agradecimientos, proponen que este libro está pensado como material educativo para las escuelas chilenas, para acercar a los niños a la cosmovisión mapuche. Las historias condensadas en microcuentos, que a su vez componen un cuento mayor son recogidas de la tradición oral, del cual el investigador y amigo Javier Millapán Obando es responsable, mientras las ilustraciones están a cargo de Víctor Moraga Muñoz y David Muñoz Guzmán.

Las historias que lo componen han sido tituladas como: Tümpülkawe, Wekufe, Witranalwe, La Machi de Llankawe, Cherrufe, Nawel, Llalín Kushé y el origen de la Toki Kura, además de un glosario y las referencias bibliográficas. Respecto a la época en que están ambientados los relatos, son datados antes de la Pacificación de la Araucanía o del periodo reduccional de 1884, que cambió completamente las dinámicas del pueblo mapuche en aspectos como el acceso y propiedad de la tierra, el poder local de los loncos y machis y la consiguiente aculturación y transformación en mitos de las anteriores narrativas espirituales mapuche. La introducción del sistema republicano también cambió la adscripción identitaria de los sujetos que irían construyendo una cultura sincrética que sumaría elementos chilenos y germanos, por lo menos en el lado chileno en particular y la religión cristiana en general. Con esto, los entes y agentes de la espiritualidad mapuche se transformaron en seres mitológicos y dejaron de tener valor religioso para poseer un nuevo valor supersticioso. En la transformación de una sociedad colectivista a una sociedad mercantil de propiedad privada, las lógicas de las narraciones fundacionales se transformaron en mitos para los cristianos.

Desde el punto de vista de la teoría parece un cambio conceptual superficial, pero al estudiarlo en profundidad en su historicidad es un despojo ontológico y epistémico de consecuencias catastróficas para la identidad del pueblo mapuche, especialmente para sus autoridades ancestrales políticas y espirituales como loncos y machis. Aun así, después de la reubicación forzosa, el pueblo mapuche supo mantener sus tradiciones espirituales. Este libro Tralkán, que significa trueno o tronar, es poderoso en contenido y kimún, en el sentido que muchas de estas tradiciones eran desconocidas para mí y se abre como una ventana para ver por dentro del mundo mapuche y su inacabable imaginario sagrado.

Las tümpülkawe, que es el cuento con que se abre el relato, en que un joven Nawel presencia la llegada de un werkén a su lof anunciando la muerte de un lonco lafquenche: “-Son cuatro ancianas machis, poseedoras de un poder ancestral que actúa como un vínculo entre el mundo de los vivos y el de los espíritus. Al caer la noche, se transforman en ballenas. (…) guían las almas de los mapuches hasta la Isla Mocha. El lugar donde los muertos encuentran su morada eterna”, (p. 12). Así, Nawel va aprehendiendo de la boca de su abuelo la cultura de sus ancestros, la necesidad de realizar este tipo de ceremonias con los muertos para evitar al Wekufe.

Aquí encontramos una marca textual que nos permite comprender sobre la religiosidad mapuche ligada a la muerte y la forma de realizarla a la usanza propia y sin el contexto cristiano de velorio y funeral con sacerdote.

En el siguiente capítulo, el abuelo le enseña más sobre el Wekufe: “Es un ser que espera que seamos débiles para provocar sus fechorías. También nos recuerda la importancia de ser humildes y firmes en nuestras creencias”, (p. 20). Para ejemplificar mejor el poder del Wekufe, el abuelo le cuenta la historia de cuando en el lof Maripangui se perdió la machi. Esto provocó que comiencen a observar ciertas manifestaciones del Wekufe. Hubo mortandad de peces en los ríos, aves cayendo de los cielos, frutas hermosas por fuera y podridas por dentro.

Una noche en el lof se presentó un remolino y a sus pies un animal muy raro, que miró a la gente antes de desaparecer en la oscuridad. Luego el machi Antülawen, hizo un guillatún para restablecer el equilibrio del lof. Al final de sus días, el machi le contó al lonco Maripangui que en el bosque encontró un animal muy extraño y de él expulsó al Wekufe. Su deber es ahora acompañar a su alma hacia sus ancestros para evitar que se convirtiera en Witranalhue. Cuenta el abuelo Kalfuqueo a su nieto Nawel, que el Witranalhue “es un alma que ha vuelto a la vida, capturada por un kalkú, quien necesita de un recién fallecido para poder crearlo”, (p. 31).

Aquí, el surgimiento de entes y agentes casi desconocidos para los chilenos ajenos a la cultura mapuche hace que el libro Tralkán se vuelva una revelación para investigadores de los seres, ahora mitológicos. Sobre el Witranalhue vengo escribiendo hace un par de años y se publicará estos días en España un estudio en coautoría sobre las distintas variaciones del mito del Witranalhue en 6 relatos en la Revista Pasavento. Sobre el kalkú y el Wekufe publiqué en Alemania un artículo en la Revista Hispanorama sobre el proceso de demonización por parte de los cronistas españoles, al narrar las costumbres que observaban de los mapuches y asociar kalkú y Wekufe por metonimia a la demonología occidental cristiana. De esta forma, se relacionó erróneamente al kalkú con las y los brujos europeos y al Wekufe con el diablo. Ocurrió que, por una extraña coincidencia, durante un vuelo en avión, un señor evangélico me mostró la página exacta del libro de la Biblia en que se demonizan las entidades espirituales de los pueblos conquistados por los cristianos, en el caso bíblico, pueblos orientales como los persas, justo cuando volvía de Alemania a Chile y me habían solicitado escribir este artículo.

Quizás los kalkú y los Wekufe se confabulan para que podamos escribir sobre ellos y vuelvan a vivir en la imaginación de los que creemos en ellos. El Witranalhue con el proceso de sincretismo pasó de ser un guardián de los espacios agrícolas colectivos a ser un vampiro mapuche en el proceso de transculturación por metonimia y arquetípico. Lo cierto es que se mantuvo su base cultural y es que, en la mayoría de los relatos, es creado a partir de un kalkú con el hueso de un difunto. Esta relación de kalkú-difunto-ser/objeto creado, se mantiene en la tradición chilota de sustrato mapuche veliche, tanto para crear un Witranalhue, como para crear un macuñ. En ambos casos el hueso o la piel del difunto se transforma en el objeto numinoso de las narrativas ancestrales. Incluso en Chiloé se habla de la costumbre de cuidar a los difuntos en su tumba en el cementerio al menos tres días y tres noches, para evitar el saqueo de los Pelapechos, ya que el macuñ confeccionado con piel de muerto les permite volar y ver en la noche.

Luego le cuentan a Nawel la historia de la machi de Llankawe y de cómo los españoles por venganza le cortaron las manos para que no haga más curaciones, pues su fama se extendía por todo el Wallmapu. Pero ella siguió guiando a su pueblo, (p. 42). Es conocida la tradición que mapuches del lado argentino Puelmapu venían al lado chileno Gulumapu a visitar poderosas machi.

Luego le cuentan a Nawel la historia de un ser maligno llamado Cherrufe, que llegó: “en una enorme roca proveniente del infinito, de la gran bóveda celeste cayó a la tierra en una noche oscura”, (p. 52). El Cherrufe se manifiesta en erupciones de volcanes y vive entre la lava, exigiendo carne humana, por lo que jóvenes mapuches se ofrecen en sacrificio para calmar su voluntad. Además, se cuenta la historia de la joven hija de un gran Toqui, que le enseñó a invocar el nombre de Nawel para enfrentar cualquier peligro, así como también la historias de las Llallín Kushé, la araña anciana que le enseñó a una joven mapuche a hilar lana y hacer telares (p. 72). La cosmovisión del sacrifico ritual mapuche me ha servido mucho en clases para evidenciar las diferentes posturas éticas y morales frente a un tema histórico y mostrar a los alumnos los debates que se generan y las posturas irreconciliables, además de ser herramientas pedagógicas interesantes.

También, se narra la historia de la Piedra Retxikura de Mallolafquén: “que alberga el espíritu de una machi que quedó atrapada durante el gran diluvio. Esta roca es sagrada y sanadora, pues se cree que los espíritus de los antepasados, quienes perecieron en la gran batalla entre Treng Treng Vilu y Kay Kay Vilu, quedaron atrapados en grandes rocas. Se dice que ofrecen protección y sanación a aquellos que las respetan”, (p. 82). Por último, en El Origen de la Toki Kura, Nawel sueña con una piedra que días después encuentra entre las raíces en lo profundo del bosque. Al mostrarle a su abueno, este le cuenta: “Esta roca, mi niño, alguna vez fue parte de un rayo que cayó del cielo. Golpeó la tierra con tal fuerza que rompió rocas, partió árboles, e incluso el hualle más anciano se inclinó ante su poder. Pero con el paso del tiempo, la tierra la acogió y, esta piedra adquiere una fuerza otorgada por la ñuke mapu, Ese mismo newén la hizo emerger de nuevo, esperando ser encontrada por alguien digno de portarla. (…) muchos grandes tokis llevaron una piedra como esta mi pequeño: Lautaro, Caupolicán…”.

Para finalizar, queda decir que Tralkán es un libro complejo que además cada uno de los relatos del cuento está hermosamente ilustrado. En mi caso la clave de lectura que utilicé fue la de tomarlo como un repositorio de relatos ancestrales de seres mapuche que desconocía y que es interesante analizar en el futuro con trabajos de investigación como por ejemplo la figura del Cherrufe. Me he dedicado en ir estudiando la espiritualidad mapuche a través de aquellos seres que componían su antiguo imaginario religioso. Quizás en esa deuda que siento tienen conmigo aquellas personas que me formaron y no tenían la culpa de que les hayan extirpado estas historias tan significativas de sentido y que son las que me motivan a conocer parte de mi propia cultura y que siento he perdido. Quizás no tenemos la culpa que nos hayan robado el kimún, aunque a veces llega en la boca de un señor evangélico arriba de un avión sobre el océano Atlántico. Lo que si no creo es que estos seres mapuches sean expresiones del demonio cristiano. De eso es algo que ya he logrado liberarme con los años y más ahora, al oír los Susurros de la Ñuke Mapu.

Talca, 27 de diciembre del 2025.

 


 

 



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Reseña del libro "Tralkán. Susurros de la Ñuke Mapu", de Javier Millapán Obando, Víctor Moraga Muñoz y David Muñoz Guzmán.
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