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Del color a la locura
"Noche estrellada", de Pablo Torche. Editorial Campo de Batalla, 2025, 200 páginas.

Por Pedro Gandolfo
Publicado en EL MERCURIO, 16 de noviembre 2025



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"Noche estrellada" es un relato que cuenta la vida del pintor Vincent van Gogh, concentrándose en su llegada a Arlés, en la expectativa de la visita de Gauguin, en el encuentro entre ambos, en el episodio en el que Van Gogh se cercena la oreja y en el de la locura del pintor.

La historia es, pues, bastante conocida y ha sido materia de otros relatos por distintos medios. El desafío de Torche es, por lo tanto, generar un relato distinto a partir de una historia que no ofrece suspenso, porque se conoce su principio, su desarrollo y su desenlace. Existe, además, un documento excepcional para aproximarse a esa historia, se trata de las Cartas a Theo, una obra que no solo tiene valor documental, sino un enorme valor literario.

 

 

A pesar del desafío anterior, resulta valioso, en principio, que un autor chileno asuma una historia universal, que territorial y culturalmente aparezca tan lejana de nosotros. Torche toma aquí un riesgo importante, el de demostrar que el autor tiene derecho a elegir su historia y darle a esa historia una impronta tal que su temática sea atingente de manera relevante también para un lector chileno.

Parece que en este sentido este texto es un relato logrado. El autor introduce en la narración cuestiones de fondo relativas a la creatividad y la relación entre genialidad y locura. Noche estrellada no es en modo alguno una novela que se quede en lo anecdótico, sino que intenta mostrar el viaje espiritual del artista, en un momento central de su vida, el trayecto en que simultáneamente se alumbra su destino artístico y se destruye su estabilidad psíquica, un momento de cima y sima a la vez.

La novela aparece con un buen grado, además de verosimilitud, ya que es patente que Torche tiene un acabado conocimiento de la vida, la obra y las reflexiones que el propio Van Gogh realizó sobre su quehacer como pintor, el cualsiempre se realiza en una relación de amor y odio entre la representación y lo representado. Es una novela, pues, en que predomina la dimensión psicológica, ya que el autor permanentemente se sumerge en los vericuetos mentales del artista. Esta inmersión la hace a través de un narrador en tercera persona, una elección que lo obliga a la omnisciencia, ya que esa capacidad narrativa es la única que le permite a un narrador en tercera persona penetrar en la interioridad de un sujeto. Torche lo hace bien. El pensamiento fluye y sus pliegues, desplazamientos, contradicciones y desgarros se echan a la luz con propiedad y convicción. El autor, focalizando la mayoría del relato en la subjetividad atormentada del artista, logra transportar al lector a los intersticios de la psiquis de Van Gogh, lúcida y opaca a la vez. No es un mérito menor y forma parte, sin duda, de la respuesta al desafío de otorgar al relato esa diferenciación de otros relatos símiles.

Quizás en este despliegue lo que aparece como débil es el ritmo, la sucesión narrativamente, en la estructura y disposición de la novela, de períodos de mayor intensidad (con sus respectivos clímax) y períodos en que esa intensidad disminuye (con sus respectivos anticlímax y giros), períodos de aceleramiento y lentificación. Es interesante, con todo, hacia el final de la novela, cuando el desequilibrio mental del pintor ha estallado, observar cómo Torche logra, en paralelo, inventar un lenguaje que correspondería al de un pintor, como Van Gogh, alienado.

Esto es central, porque la novela entera está escrita con un lenguaje pictórico.

Si la "écfrasis" es una figura de la retórica clásica que consiste en expresar con palabras una obra de arte visual, este libro contiene numerosas écfrasis de pinturas de Vincent van Gogh. Pero lo relevante no es solo eso, sino que en todo el libro el autor trabaja con un lenguaje profundamente "ecfrástico", un lenguaje que estimula y apela al ojo mental del lector, a su capacidad de recrear mentalmente imágenes visuales a partir de la escritura. Este lenguaje busca crear la sensación de que el texto ha sido escrito desde la perspectiva de un pintor.

Me parece que literariamente este es el mayor mérito de esta obra extemporánea y contemporánea simultáneamente. Son numerosos, en efecto, los párrafos ejemplares de este uso del lenguaje pictórico, sobre todo hacia el último tercio de la novela. En la medida en que esa apelación visual se logra, con precisas referencias a las formas y los colores, la prosa adquiere un carácter reposado, sereno y luminoso.

Sin perjuicio de aquella monotonía rítmica, de esa falta de inflexión y crispación, Noche estrellada es un hermoso relato que, con un trabajo apropiado del lenguaje, ofrece una aproximación entrañable y perturbadora a un grande de la pintura.

 

 

 

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Del color a la locura.
"Noche estrellada", de Pablo Torche.
Editorial Campo de Batalla, 2025, 200 páginas.
Por Pedro Gandolfo.
Publicado en EL MERCURIO, 16 de noviembre 2025.