La Copia Feliz del Edén, obra de Rodolfo De los Reyes Recabarren, escritor, periodista y Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile (Curicó) constituye una travesía por la memoria cultural y literaria de Chile; y más que una simple crestomatía de autores, ensayos y semblanzas, el libro se presenta como un extenso mapa afectivo donde confluyen la historia, la poesía, la crítica y la reminiscencia. El título, tomado de la conocida expresión que durante siglos identificó idealmente al territorio chileno como una “Copia feliz del Edén”, funciona como una metáfora central: la literatura aparece aquí como el espacio donde sobreviven los sueños, las heridas y las voces de un país que busca reconocerse a través de sus vates y escritores. Cada autor estudiado vuelve a respirar a través de la palabra crítica; cada obra comentada adquiere una nueva existencia en el presente.

Desde sus primeras páginas, De los Reyes demuestra una profunda sensibilidad y vocación por el rescate cultural. Su mirada no se limita a examinar las figuras consagradas del canon literario chileno, sino que también se detiene en aquellos nombres que el discurso hegemónico ha dejado en los olvidados arenales. De esta forma, el libro adquiere una dimensión ética: recordar a quienes fueron olvidados, devolverles un lugar en la conversación literaria y reconocer la riqueza de una tradición mucho más vasta y profunda de lo que habitualmente muestran las antologías. Además, el autor realiza un estudio de los últimos cien años de los principales escritores de Chile, pero desde la región del Maule, de su tierra mater, Curicó, donde muchos de estos escritores desarrollaron algún vínculo afectivo o literario con su ciudad.
Rodolfo De los Reyes Recabarren, a quien tuve el privilegio de conocer en la Universidad Arcis en la carrera de periodismo, a principios de la década del noventa, sobresalía sobre los demás vates por su estilo literario sentimental, con elementos oníricos, con alguna influencia de Braulio Arenas y el surrealismo en general, y, en medio de la soledad del poeta y su inmensa vocación poética despliega en esos tiempos la destreza de su pluma con un virtuosismo y talento encomiable, como en el siguente fragmento lírico de su estrofa:
Sueños
Aquí en este pedazo de papel cuál barca huérfana/ en el inmenso océano de soledad
las huellas de la poesía lamen mis fronteras (…)
Mosaico de voces y generaciones
Uno de los mayores méritos de la obra radica en su estructura plural. En sus páginas desfilan poetas, narradores, cronistas, historiadores y ensayistas pertenecientes a distintas épocas y sensibilidades estéticas. Figuras fundamentales, desde un comienzo, como Braulio Arenas, discípulo de Huidobro, quien da trascendencia mundial al surrealismo chileno, que el poeta Rodolfo De los Reyes da cuenta de una sensibilidad especial para captar la esencia del estilo literario de Arenas:
Como poeta, Braulio Arenas construye un universo de suave textura y sutil delicadeza, envolviendo la magia de la realidad y una visión mística y mitológica de la existencia. Sus poemas atrapan al lector en el poder de la palabra y sus atmósferas de relieves fantásticos y oníricos, sumido en la vastedad de la imaginación desenfrenada y sin límites. Destaco esta estrofa, del poema «Discurso del gran poder»:
«Lalámparatienesushorascontadas./Suluzhallegadohas-ta su hueso puro / hasta su espectro solar, ávido del lujo que rezonga en la noche / la lámpara se ha cortado las venas por amor/ para saber por fin que cosa es la tiniebla».
Este heterogéneo acopio de datos produce un efecto particularmente valioso: el lector percibe que la cultura literaria no es solo una línea recta ni una sucesión de nombres ilustres, como Pablo de Rokha, José Donoso, Nicanor Parra, entre otros, que aborda de manera interesante el autor, sino que también conforma un tejido vivo compuesto por encuentros, desencuentros, incomprensiones, rupturas, polémicas y afinidades de poetas poco conocidos del ambiente literario de la época. Cada semblanza se convierte en una ventana que permite asomarse a una época, a una sensibilidad y a un modo distinto de entender la escritura. Esta incomprensión y conflicto con el discurso paternal derivado de la vocación poética del escritor maulino lo describe de manera interesante De los Reyes en los siguiente términos:
Si hay un poeta curicano maldito este es Alejandro Gutiérrez Martínez (1908-1934), de efímera vida y obra, pero de versos potentes, que se codeó con lo mejor de la lírica chilena de fines los años 20, entre ellos el mismísimo Pablo Neruda y su amigo Romeo Murga, con quien comparte el honor de pertenecer a la galería de los jóvenes poetas malditos chilenos.
La muerte de Gutiérrez es un enigma, algunos sostienen que pudo haber sido ejecutado por latifundistas, debido a su participación en la revuelta campesina o que su amor no correspondido con una aristocrática mujer casada lo llevó al suicidio ( De los Reyes, 2024, p.117).
Otro dato que habla de la acuciosidad del trabajo que nos aporta Rodolfo a propósito del poeta Alejandro Gutiérrez se refiere a la información inédita del diseño ilustrativo por parte de la hermana de Borges de uno de los libros del poeta maulino:
En el Valparaíso bohemio presenta su primer libro de poesía, en conjunto con Luis Enrique Deláno, titulado El pescador de estrellas (1926), editado en Quillota, con las especiales ilustraciones de Norah Borges, hermana del escritor trasandino Jorge Luis Borges, edición casi imposible de encontrar. Sabemos que el escritor Samuel Maldonado De la Fuente guarda una edición facsimilar ( De los Reyes, 2024, p.115).
La voz crítica de Rodolfo De los Reyes Recabarren se caracteriza por la cercanía y la empatía. No juzga desde la distancia académica ni desde la fría erudición; dialoga con sus autores, reconstruye sus contextos y busca las claves humanas que dieron origen a sus obras. Por ello, cada ensayo posee una dimensión narrativa que transforma la crítica literaria en una forma de relato.
La poética de la memoria
Mención aparte es la entrevista que realiza el periodista De Los Reyes a Volodia Teitelboim, quien luego de una larga ausencia de la ciudad de su infancia, Curicó, Volodia Teitelboim regresa por estos lares luego de un extenso periplo por el mundo, siendo todavía un «muchacho del siglo XX», con 87 años de experiencia y una lucidez a toda prueba; así, comprobamos en sus exitosas charlas y ciclos de conferencias que ha realizado en la región del Maule, la lucidez con que ha dilucidado una serie de aspectos culturales, políticos y literarios sobre la historia chilena en los últimos 60 años, subraya De los Reyes.
Enseguida, se transcribe parte de la entrevista de De los Reyes Recabarren a Teitelboim.
—¿Qué significa para usted volver a Curicó, después de largos años de ausencia?
—Significa completar el ciclo de nacer en un lugar determinado, dar una vuelta por el mundo y luego volver al punto de partida, con buena suerte; por lo tanto, para mí, volver a Curicó no es un detalle, es un hecho fundamental, es escribir la curva de la existencia de manera más o menos completa, y, además, hay que considerar que esta circunferencia a través de toda la existencia, ha sido larga y accidentada.
Así pues, siguiendo la línea de análisis anterior el entrevistado pone énfasis en el punto de eterno retorno, donde los residuos de la memoria permanecen, y donde la provincia se convierte en símbolo de pertenencia, lo que en el compendio de De los Reyes es un motivo recurrente como una elegía dedicada a los lugares que la modernidad ha intentado confinar al olvido. El autor parece sugerir que toda gran literatura nace de un lugar concreto y de una memoria particular, aunque luego pretenda la universalidad.
Existe asimismo una sensibilidad nostálgica que recorre el conjunto de la obra. Sin embargo, no se trata de una nostalgia inmóvil o derrotista. La evocación del pasado funciona como un acto de resistencia frente al olvido. Recordar es, en cierto modo, reconstruir la dignidad de quienes contribuyeron al patrimonio cultural del país. Por ello, la memoria adquiere un carácter casi sagrado. Cada autor recuperado, cada obra comentada y cada anécdota rescatada representan un pequeño triunfo contra la desaparición. La literatura es presentada como una forma de permanencia que desafía el paso del tiempo.
Entre la historia y la poesía
Otro aspecto notable del libro es la estrecha relación que establece entre historia y poesía. Las biografías de numerosos escritores aparecen marcadas por el sufrimiento, la marginalidad, el exilio o la incomprensión. En muchos casos, sus destinos personales reflejan conflictos que también pertenecen a la historia colectiva del país.
La obra sugiere que la literatura no surge al margen de la realidad, sino precisamente desde su interior. Las experiencias históricas modelan la sensibilidad de los autores y se transforman después en imágenes, metáforas y narraciones. Así, la escritura aparece como una respuesta estética frente a las tensiones de su tiempo.
Resulta especialmente interesante la atención concedida a las llamadas figuras malditas o incomprendidas. Lejos de idealizarlas, el autor las presenta como expresiones legítimas de una tradición literaria relevante concreta que frecuentemente ha vivido en conflicto con el poder, las instituciones las modas culturales. y/o el discurso hegemónico en general. Gracias a esta perspectiva, la literatura chilena aparece como una experiencia plural, contradictoria y profundamente humana o existencial. A modo de botón de muestra encontramos la relevancia de uno de los precursores del modernismo en Chile y vida licenciosa del poeta nacido en Coipué, Pedro Antonio González:
Pedro Antonio González, junto a Carlos Pezoa Véliz, es uno de los fundadores del modernismo en la literatura chilena, convertido en un símbolo generacional y paradigmático para las nuevas y tumultuosas generaciones de hombres y mujeres de letra. Así, su nombre se inscribe como el poeta que transportó la transición estilística de una época a otra (De los Reyes, 2024, p.109) (…). La vida licenciosa y el descuido de su salud lo llevan a caer gravemente enfermo en 1903, internándose en una sala común del hospital de San Vicente de Paul, donde quedó postrado hasta su muerte, acaecida el día 3 de octubre, del mismo año, siendo enterrado en el Cementerio General de Santiago. Antes de morir alcanzó a escribir «Voces de otra esfera», poema donde el poeta hace una cruda y triste despedida del mundo, expresando su amargura y el deseo de partir pronto. Un final penoso(…). Sin embargo, la obra poética de Pedro Antonio González es considerada como la puerta al modernismo literario en Chile y, a la vez, el faro que iluminó la creación de muchos nuevos poetas. Con cuatro obras editadas, alcanzó el pináculo de una época. Esas obras son Ritmos (1895), Poesías (1905), Poesías (1917), segunda edición realizada por Armando Donoso, y El monje (1919). Sobre este punto, encontramos una rotunda valoración de su obra por parte de una antología de poesía chilena que es, sin duda una de las más frondosas y ambiciosas, me refiero a Selva lírica, editada en 1916 por Julio Molina Núñez y O. Segura Castro, quienes abren el libro con una voluminosa exposición de la poesía de Pedro Antonio González, a quien consideran el más grande poeta de la época (De los Reyes, 2024, p.111) .
La dimensión lírica de la crítica
Aunque estamos ante un libro de ensayos, crónicas y semblanzas, la obra de Rodolfo De los Reyes Recabarren posee una clara dimensión lírica. Sus reflexiones suelen ir acompañadas de imágenes evocadoras y de una sensibilidad que trasciende el mero análisis. El lector no encuentra únicamente información; encuentra también emoción, contemplación y asombro.
La prosa avanza de manera amena con un ritmo pausado y reflexivo. En muchos momentos parece buscar la cadencia propia del verso, como si la crítica literaria pudiera transformarse en una forma de creación artística. Este rasgo distingue al libro de otros trabajos académicos o historiográficos y explica gran parte de su atractivo.
Por otra parte, la obra transmite un profundo amor por la lectura con datos e interesantes anécdotas. Cada escritor comentado es presentado como un descubrimiento capaz de enriquecer la experiencia humana. La literatura deja de ser un objeto de estudio para convertirse en una compañía, una conversación permanente entre generaciones.
Apreciación final
La Copia Feliz del Edén constituye una valiosa contribución al conocimiento de la literatura chilena. Su principal virtud consiste en combinar rigor documental, sensibilidad poética y vocación de rescate cultural. A través de una amplia galería de autores de provincia Rodolfo De los Reyes Recabarren construye una historia alternativa de las letras nacionales, donde conviven las grandes figuras del canon y las voces menos conocidas que también forman parte de la identidad cultural del país, algo más que un homenaje póstumo, además del reconocimiento del pueblo natal de cada escritor, con la pretensión de que su poesía se difunda en todo el país, constituyendo , en definitiva, algo más que un simple registro de anécdotas, vivencia y/o semblanzas de cada vate o escritor. Su lectura invita o persuade a regresar —incluso reivindica— a los textos literarios que el vagón amnésico del olvido ha dejado en el rincón de una lejana estación ferroviaria.
Semióticamente la obra de Rodolfo De los Reyes puede entenderse como la búsqueda de un paraíso perdido. No se trata solo del paisaje físico, sino también de una forma de habitar el mundo: la aldea, la provincia, la entrevista en profundidad o la conversación pausada, el vínculo con la naturaleza y la proximidad humana. En las páginas del libro subyace la sensación de que ese universo ha sido erosionado por el centralismo, el carácter vertiginoso de la vida moderna y la homogenización cultural de una sociedad implacable que tensiona la vida lárica o, en otras palabras, la vida simple y provinciana.
Así pues, la literatura se convierte de esta manera, en el último refugio del Edén. Cuando los lugares desaparecen, permanecen los relatos; cuando se extinguen las generaciones, sobreviven las palabras. El libro entero parece sostener que la verdadera patria de una comunidad no es su geografía, sino su memoria cultural y literaria.
La lectura del libro deja una impresión que trasciende la crítica literaria: la sensación de que la escritura constituye una forma de abrigo frente al olvido. Allí donde el tiempo destruye, la literatura reconstruye. Allí donde la historia calla, la poesía vuelve a nombrar. Y en esa persistencia de la palabra reside la verdadera "copia feliz del Edén": no un lugar geográfico, sino un territorio espiritual donde la memoria continúa floreciendo, donde el paisaje literario y la identidad se convierten en territorios emocionales dentro de las páginas que nos presenta De los Reyes Recabarren.
Por último, desde una perspectiva académica, puede afirmarse que la propuesta estética de Rodolfo De los Reyes se sitúa en la correlación entre la crítica cultural, la crónica, la anécdota, el diálogo, la literatura memorialística y una poética de la provincia, erigiendo una auténtica arqueología afectiva de las letras chilenas.