La novela de Gustavo Rojas Pavez es una obra que se despliega en doce
capítulos dentro ciento cuarenta y cuatro páginas. Es una narrativa que se inicia
en el desarrollo de la infancia de los mismos protagonistas, con su inocencias y
complicidades. A medida que se suscitan los acontecimientos van creciendo y
ampliándose sus perspectivas mientras va creándose la trama como si fuesen
iluminando los lugares de la acción y sus preocupaciones como si tratase de una
escena teatral.
Es una novela intrigante y entretenida como si fuese un texto autobiográfico, cuyos
nudos centrales son la infancia, la pubertad, la adolescencia y la adultez. Rojas
aprovecha cada página para entregar las claves de los capítulos siguientes y así
van asomando los gustos literarios del autor, ocurre con la cita directa a un poema
de Juan Luis Martínez o intertextual de Jorge Teillier.

Los ejes de la obra son el pasado, la memoria, los vínculos territoriales y la toma
de decisiones claves o equívocas para el desarrollo de Donde crecen las
promesas. Nos permite leer que desde la infancia se van tomando decisiones
acertadas o desacertadas que van forjando el destino de los personajes como los
de Jorge, Laura, Héctor, Felipe, Constanza y Jimena, quienes de manera paralela
van configurando su presente y los acontecimientos van forjando los futuros,
explorando las huellas del pasado, los monólogos cotidianos, las relaciones
interpersonales y la influencia social que tensionan o afectan la emoción de los
personajes como frente al duelo de uno de los personajes. Al mismo tiempo se
profundiza en los dilemas éticos convirtiéndose éstos en esquejes existenciales
que se valoran desde el presente. Un punto a sumar para esta relación es la teoría
literaria de la estética de la recepción (Jauss, Iser y Weinrich, 1960-1980) en la
que declara que somos capaces de valorar o desmerecer, desconociendo el valor
del mismo fenómeno; siempre los elementos o símbolos culturales van siendo
objeto de otras valoraciones de acuerdo a los contextos o épocas. Es lo que me
propicia la lectura de esta novela.
Es interesante explorar la genealogía de los poetas que se han dedicado posterior
o de manera paralela a la narrativa, en el sur nos encontramos con Luis Marín
Cruces y con César Cabello. Más al centro Roberto Bolaño, Alejandro Zambra y
Daniela Catrileo. De algún modo son disposiciones culturales estratégicas; esta
enumeración se puede complementar con poetas ensayistas y académicos/as que revelan sus creaciones en vastos campos discursivos que Chile no quiere asumir;
Chile se enfila de forma muy disciplinaria con miedo a la abierta transculturación
de los signos.
Para concluir, esta obra se me reveló dinámica y de fluida lectura. La obra de
Gustavo Rojas Pavez es refinada gracias al trabajo editorial de Patricio Morales
Lizana en AlaMIRA, sello editorial de la provincia de Colchagua, al sur de
Santiago.
