Carolina Rivas

 
 




A tres pasos
Cuento

pues nos dais vestido nuevo,
Rey celestial,
librad de la mala gente
este sayal.

Teresa de Ávila

..... ..... Cónclave en el salón a las seis de la tarde. La familia se desgrana desde los rincones de la casa y redondamente va tomando su lugar entre los muebles de madera negra. Mamamú en el sillón de respaldo recto que era del abuelo, los tíos Germán y Gastón apoyados cerca del samovar, mis tías las gemelas se sientan en el Tú y yo tapizado de seda verde de la China. Un poco lejos quizá, pero de manera estratégica me siento sobre el taburete de palo de rosa. Mi tío el tonto asoma desde atrás de la cortina y me hace muecas con el bigote angosto que se ha dejado crecer a lo Chaplin. Alguien dice que cerremos las ventanas porque está refrescando, pero Mamamú hace un gesto con la mano izquierda, la del anillo de brillantes grandes y dice que por ningún motivo porque nos vamos a asfixiar igual. Mi tío Germán confirma que ha descolgado el teléfono como ella pidió y que las puertas que separan las dependencias de servicio con el resto de la casa están cerradas. Mamamú lo mira con agradecimiento y cuenta por el aire para confirmar que no falte nadie. En ese momento mi madre entra rápido arreglándose el pelo suelto y con un movimiento que casi es una venia ocupa el sillón, justo detrás mío.
.......... Mi abuela no la mira. Yo estiro la mano y toco el pie de mi mamá haciéndole cosquillas y ella me da una patadita y me susurra al oído que la corte, que no llame la atención. Mamamú está a punto de hablar.
.......... "Queridos míos", dice y parece que la palabra queridos está subrayada porque la pronuncia despacio y muy seria, "como ustedes se habrán dado cuenta, esto está pasando de castaño oscuro", y agrega: "tenemos que tomar una decisión sobre el asunto".
.......... Silencio. Veo como mi familia se mira entre sí y luego bajan la vista. Como nadie dice nada, decido pregntar por qué están todos tan preocupados, pero mi mamá me agarra del cuello y me acerca a sus piernas. Nadie se da cuenta porque es justo cuando mis tías las gemelas se ponen pálidas al mismo tiempo y se persignan, se abrazan, gimotean, se separan y se vuelven a persignar. Mi tío Gastón va a intervenir, pero mi tío el tonto está tirando de la cortina y cruza las piernas muy rápido como cuando quiere ir al baño. Mi tío Gastón lo mira furioso y le grita: "Sosiégate idiota, que estamos por resolver de una vez por todas esta historia. Disculpe usted, madre", añade y mientras se apreta más todavía el nudo de la corbata le informa: "La Mercedes ya está de nuevo ahí".
.......... Yo quiero opinar que no entiendo tanta preocupación. Que la Menche está rezando tanto estos últimos días a nadie le había interesado antes. Será tal vez el asunto del palto, pero cualquiera puede ver lo que quiera en sus ratos libres. Yo le pregunté una vez qué era lo que veía y ella me dijo que conversaba con los ángeles y que ellos eran iguales a mí y que mandaban saludos a todos los que se portaban bien sobre esta tierra. Pero no puedo opinar porque mamá me vuelve a agarrar del cuello como presintiendo todo lo que pienso y me arrincona más todavía entre sus rodillas. "Hemos considerado llamar a las fuerzas policiales pero queremos consultarlo antes con usted", continúa mi tío Gastón. "La situación, tal como usted dice, ya ha pasado a mayores y el rumor ha llegado casi hasta la capital. ¡Imagínense por un momento lo que esto puede provocar, mi Dios!". El tío dice esta última frase como si estuviera en un escenario, mueve los brazos y la corbata se le tuerce para siempre. "¡Ustedes son las responsables de todo esto!", dice mirando fijamente a mis tías las gemelas, "¡beatas y lengüilargas!". Leonor y Luisita se abrazan en el Tú y yo y ahora lloran desconsoladas cabeza contra cabeza. Desde afuera llega la brisa de la tarde cargada de jazmines y avemarías lejanos. Alguien toca en una armónica Con flores a María y casi se podría decir que la melodía es tarareada por la familia toda en un susurro. Interrumpe el momento mi tío Gaspar -que es muy tímido- y que después de toser dos veces dice: "Madre, si usted me permite dar mi opinión, el problema es que es verdad. Yo la he visto elevarse casi una cuarta del suelo. Ayer no más, cuando con Luisita la mirábamos rezar en el jardín, ella..."
.......... "Cállate imbécil", le dice mi abuela y golpea con el bastón contra el suelo. "El que seas ingeniero de Lovaina no te autoriza a repetir por ningún motivo semejante herejía. Ninguno de ustedes ha visto nada anormal en esta casa jamás. Acá nadie ha volado salvo cuando yo necesito algo. Somos una familia como cualquiera y el caso de la Mercedes es cosa de alucinaciones de ustedes, pobres de espíritu, pobres hijos míos. ¡Saquen esa criatura por favor!" dice, como dándose recién cuenta de que estoy aquí, y mira a mi mamá que está dándole vueltas y vueltas a su pañuelo de encaje mientras me apreta con las rodillas. "¡ Lo que pensará esta inocente de las miserias de sus parientes! ¡Qué salga inmediatamente del salón!", continúa ahora mirando fijo a mi mamá que se ha levantado y me tira del brazo, pero sin que duela.
.......... "María Jesús, ¡cómo puedes permitir que la niña escuche estas cosas!", reprocha mi abuela indignada y no alcanzo a escuchar más porque salimos por el pasillo a perdernos de los gritos, mi mamá vestida de celeste y yo de blanco, corriendo hasta llegar al jardín donde están los otros.
.......... "Recemos nosotras también", propone mi mamá y nos acercamos hasta la glorieta donde está la Merceditas arrodillada, con los ojos fijos en el palto desde hace una hora. Yo no sé cómo hace para no cansarse de tanto estar quieta, pero mi mamá me dice que es porque ha trabajado tanto la pobre durante su vida que ya no siente y le creo. "Rece mejor, y no pregunte más mijita", me pide y se hunde en un "avemaría purísima sin pecado concebida" del que me cuelgo obediente. Pero me aburro. Al poco rato me deslizo entre los jazmines hasta quedar justo debajo de la ventana abierta donde se escucha clarísimo de lo que siguen hablando. Veo como la mitad izquierda de mi tío el tonto está del lado de adentro de la cortina, es decir, para el lado en que yo lo veo, y se mueve mucho. Yo creo que está por hacerse encima y nadie se da cuenta ni lo ayuda. Mi tío Gaspar dice que en el pueblo están organizado una romería para el domingo y que el párroco no recibe a nadie desde hace una semana. Habln dee scribir una carta al arzobispado, mi tío Gastón nombra al cardenal, pero me pirdo la frase porque mi abuela los hace callar a todos con otro grito que me aturde y corro a sumarme al tercer misterio gozoso que ya ha empezado. Mientras hago como que rezo, pienso que mis tías deben estar acongojadísimas de no participar de ste rosario frente al palto donde los ángeles se le aparecen a la Merceditas todas las tardes. Pienso también que todo esto es muy complicado porque antes porque antes hasta la virgen también se le aparecía y no pasaba nada. Yo la vi muchas veces arrodillada rezando con el rosario de pétalos de rosa que le trajo Mamamú esa vez que fue a Roma, siempre en el mismo lugar, el peldaño de mármol donde empieza la glorieta. Pero ella después se lo guardaba en el bolsillo y seguía haciendo sus cosas y no se hablaba más. Yo sé que fue mi tío el tonto el que se puso nervioso cuando una tarde la estaba buscando para que lo ayudara con el cierre del pantalón que siempre se le atasca y entró a la pieza de mi tía Leonor donde la Merceditas estaba hacindo la cama. Parece que ella volaba un poco porque las sábanas son muy anchas y daba unos saltos extraños mientras cantaba con esa voz de pianola vieja que tiene. En un instante la cama estaba tendida y mi tío se quedó mirándola tan asustado que se subió solo el cierre y salió corriendo. Cuando le conté a mi mamá lo que me había contado mi tío, ella se rió mucho y me dijo que era cierto que la Merceditas volaba y que ella la había visto muchas veces cuando era chica como yo. Me explicó que ella nos quería tanto que a veces, de puro amor y por apurarse con tanto trabajo que tenía, Dios le daba una ayudita.
.......... Pero mi mamá no debe acordarse de esas cosas porque está rezando con los ojos muy cerrados y ni siquiera ha ordenado el vestido que se le está poniendo verde con el pasto. Me pongo cerca de ella y trato también de rezar para no escuchar los gritos de Mamamú que ya me están asustando, pero no me puedo concentrar y me acerco despacio a la Menche, como le digo yo, que está tiesa con el rosario entre los dedos, los ojos abiertos y tan ida que no se da cuenta de que estoy al lado de ella. Al otro lado de la reja, hay varias personas rezando también. Hay una señora que he visto en misa muchas veces y están las Salazar, todas juntas ordenadas de mayor a menor las tres con esos sombreros horribles. Yo no tengo permiso para jugar con ellas porque Mamamú dice que son el producto de una relación perniciosa, pero las miro porque son todas como iguales y rezan también con los ojos en blanco y seguro que no saben que son perniciosas o lo que sea que signifique esa palabra. En total alcanzo a contar dieciocho personas del otro lado de la reja, todas de rodillas mirando hacia el palto, todas esperando el momento en que la Menche se eleve una cuarta del suelo -afirman- y converse con la virgen -a solas-. Pero ella sigue, reza que te reza, como si nada y todos nos quedamos quietos, como esperando a que alguien vea algo y lo grite para avisar. Cuando llegamos al último misterio y empieza a refrescar, Amamú se asoma por la ventana y grita: "¡Mercedes!". Es como si hubiera aparecido Dios padre porque todo el mundo lanza un alarido tremendo y la Menche se mira el reloj pulsera. Es como si solo la viera a ella y no existiéramos ninguno de los presentes porque le contesta al tiro: "Perdone usté misiá Romelia, se me fue la hora acá en la oración. Al tiro le sirvo su té", y se levanta tan rápido que el delantal queda abandonado, solo sobre la piedra blanca, mientras corre torpemente para desaparecer por la puerta de servicio. Mamamú se queda en la ventana mirando con esos ojos que pone cuando está furiosa, a toda la gente que está todavía al otro lado de la reja. Creo que también los está contando como yo porque los mira a cada uno y después mira hacia el palto, mueve la cabeza de un lado para el otro y alcanzo a ver que se persigna.
.......... Poco a poco la gente se levanta y comienzan a caminar hacia el pueblo entre murmullos y salves cada vez más lejanos. Unos pocos quedan rezagados y miran el palto como despidiéndose hasta mañana. Mamamú ha cerrado la ventana y la cortina también. Me imagino que la Menche ya le ha llevado su bandeja con el té y los scones.
.......... Cuando estamos por entrar mi mamá y yo, la puerta principal se abre y salen en silencio mis tías las gemelas y mi tío el tonto. Un poco más atrás se asoma el tío Gaspar tosiendo lo más despacio que puede. En fila india se acercan a nosotras y nos arrastran de nuevo hasta el peldaño. Todos nos quedamos quietos haciéndole caso a mi tía Luisita que está con el dedo sobre la boca susurando "shhiitt, no digan nada". Mi mamá me abraza fuerte y después se arrodila de nuevo. Mi tío Gaspar toma de la mano a la tía Luisita, mi tia Leonor saca su rosario de ojos de tigre y empezamos de nuevo. Mi tío el tonto se ha quedado a un costado y mira fijo el delantal blanco de la Menche que sigue en el suelo. Sinque nadie pueda evitarlo, se lanza y lo toma entre las manos y lo besa muchas veces. El murmullo de nuestra oración crece y eleva un "salve reina y madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra...". Yo me acerco hasta mi tío que está a solo tres pasos, haciéndose pipí por fin, y trato de sujetarlo de la chaqueta porque está a punto de elevarse, pero no alcanzo. Ya ha puesto los ojos en blanco, se ríe igual que Chaplín, da un salto enorme y se eleva, mucho más alto que un cuarta, envuelto en el delantal a perderse por la gracia y fe de la Menche para siempre.


 

 

Carolina Rivas nació en Chile en 1961. Durante su adolescencia residio en Buenos Aires. Por varios años formó parte del taller de Pía Barros. Sus cuentos han sido incluidos en las siguientes antologías: Salidas de madre, Relatos y rescas, Voces de Eros, Antología del cuento chileno contemporáneo y Hielo y otros cuentos (Alfaguara, 1999). Además, algunos de sus textos han aparecido en revistas argentinas y holandesas. En 1990, publicó el libro de cuentos Para amarte mejor. En 1995 ganó el concurso José Donoso con el cuento Segundas partes. Desde 1989, dirige el taller literario La Maga y a partir de 1999 también imparte talleres en la penitenciaría de Santiago. Ha sido jurado en numerosos concursos literarios. Su segundo conjunto de cuentos se titula Dama en el jardin (Alfaguara, 2001)
Dr. Marco Antonio de la Parra nació en Chile en 1952. En 1976 se tituló como médico cirujano. Se especializó en psiquiatría de adultos en la Universidad de Chile. Ejerce como psicoterapeuta de adultos. Es profesor del ICHPA (Instituto Chileno de Psicoterapia Analítica) y miembro de número de la Academia Chilena de Bellas Artes del Instituto de Chile. Escritor y dramaturgo, ha actuado y dirigido algunas de sus piezas como amateur y como profesional. Además, fue crítico de televisión entre 1994 y 1998 y agregado cultural de la Embajada de Chile en España desde 1991 a 1993.

 

 

 

Histeria

..... La histeria es la enfermedad de la verdad y la mentira simultáneas, en ella toda enfermedad simulada, muestra y oculta, seduce. Separa lo inseparable, es capaz de expresar permanentemente el conflicto entre el deseo y la realidad. Paraliza el brazo que golpea, ciega los ojos que quieren ver, enmudece la garganta que diría la verdad. Escenográfica, simbólica, icónica, es la madre del psicoanálisis y la señora de todas las neurosis.
... Ya sea en su vertiente disociativa, desconociéndose a sí misma, o su vertiente conversiva, comprometiendo funciones corporales sin perturbaciones anatómicas o fisiológicas que le dan sustento, siempre está queriendo ser vista, ser leída y, al mismo tiempo, borrar su responsabilidad en tal queja.
... Suele, así distinguirse por los beneficios que tal queja obtiene o esa deliciosa actitud frente al propio relato de sus molestias, novelesca siempre, que los franceses llamaron la belle indiference. Ahora casi no se ve, solo en siuacione extremas, estratos más bajos o daos orgánicos cerebrales que hacen funcionar más regresivamente al paciente. No nos han abandonado como rasgos de carácter, erotizando hasta el aire, turbulentas, llenando de conflicto la vida misma, convirtiendo la angustia siempre en una escena.



en Historias de mentes
Editorial Alfaguara
agosto de 2001
Este libro buscó unir psiquiatría y literatura: dos disciplinas regidas por la mente y el lenguaje. La psiquiatría fue el dínamo que generó la energía creativa. La literatura, en tanto, tuvo como misión crear una historia en torno a una patología designada previamente. Así nacieron estas historias que se sumergen en lo más profundo del cerebro humano, ficciones que están unidas a nuestro ser como la razón y la locura.

 

 
 

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