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Aproximación fragmentaria a una lírica liraica/reseña a un

Proyecto de obras completas



Camilo N. Brodsky B.

¿Por dónde se debe comenzar una reseña sobre Rodrigo Lira, por su producción textual o por la construcción cuasi mítica que sobre -y de- su figura han hecho las redes de lectores subterráneos que hasta ahora habían tenido acceso a su obra? La tentación de tomar el segundo camino es grande, ya que siempre resulta atractivo ir al asalto de los mitos -urbanos o no- y develar, una y otra vez, la maldición que parece pender sobre el oficio poético. Sin embargo, en este caso se podría caer en más de un error, pues la misma obra del poeta induce a ello al no ser, strictu sensu, el verdadero origen del mito creado en torno a los distintos sujetos que ha terminado siendo Rodrigo Lira para sus acólitos: el loco suicida, el loco esquizofrénico o, en el mejor de los casos, el loco incomprendido. Siempre el loco Lira, en todo caso. Lo lamentable de todo esto es que se ha convertido a Rodrigo, a su circunstancia, en la excusa que muchos han encontrado para no referirse ni acercarse a lo verdaderamente inquietante: su obra. Como señala Roberto Merino en la reedición del Proyecto de obras completas (2003) realizada por Universitaria y el Centro de Investigaciones Barros Arana, "la idea es enfocarse a la obra, más que al personaje, para contrarrestar esa mitologización de poeta maldito (...). Lira no era el desesperado canónico, ni el poeta destruido por sus vicios que se enfrentaba a la sociedad que no lo comprende. Era otra cosa." Y es en esa "otra cosa" donde uno se encuentra con una obra que, aún siendo fragmentaria, se constituye en pieza fundamental del devenir de la poesía chilena de la segunda mitad del XX. Lira, que dudaba en calificar de poemas sus escritos y que se veía a sí mismo más como experimentador del lenguaje que como poeta, desarrolla en Proyecto de obras... un trabajo que se convierte en la más radical de las continuaciones tanto de la antipoesía parriana como de la obra metapoética e intertextual de Lihn. La desarticuladora obra de Lira funde, llevándolos al extremo, algunos de los más lúcidos aportes de estos dos poetas: el rescate e introducción del habla concreta y lo coloquial en el discurso poético, la utilización de un humor punzante, negro y en ocasiones autodestructivo al interior de la obra, y la constante del factor intertextual, por mencionar sólo algunos de los puntales sobre los que se sostiene la obra de Rodrigo Lira, componen una creación que -en su momento- vino a quebrar la continuidad de una determinada tradición poética, enmarcada en la opresión objetiva y subjetiva bajo la que subsistía nuestro país en los '70. Pero al mismo tiempo, Lira marca un momento de inflexión en esta tradición que le permite a ésta seguir generándose a partir de esa inflexión, sea para recorrer los caminos aledaños al territorio abierto por el poeta o bien para negar tres veces y dar la espalda a estos textos, considerados por no pocos "estudiosos" y críticos más una burla que una verdadera obra poética. Sin embargo, el recorrido a través del libro, el "atravesar" Proyecto de obras... y lograr salir relativamente indemne, es una experiencia que en sí misma basta para despejar las dudas que pueda haber aun en torno al aporte de Rodrigo Lira a la poesía chilena. Aporte que tiene relación con la cualidad desestructurante de la obra de Lira, pero no exclusivamente con ella.

Proyecto de obras... es entonces un recorrido por las agitadas aguas de una poesía de quiebre, de cuestionamiento, e inclusive de abierta burla hacia los círculos "consagrados" -en la marginalidad de esos años- de la poesía chilena, principalmente de la que eran portadores algunos contemporáneos de Lira:

el superpoeta zurita se pasea
como un cristo bizantino por las calles de santiago
con el habla (mordiéndose la lengua)
casi perdida
         erguido
el superpoeta es objeto, o tal vez víctima,
          por dos veces
de sendos artículos en la dominical columna
        del padre valente, crítico literario
del diario el mercurio, periódico serio [observe las aliteraciones que giran en torno a la r]
no sólo es poeta, el superpoeta zurita
        además lo parece

("El superpoeta Zurita")

La poesía de Rodrigo Lira toma la misma poesía como referente, pero no sólo en tanto parámetro estilísitico, sino que como materia prima de su propia obra, repleta de citas, epígrafes y guiños sustentados en el enorme conocimiento que Lira tenía de la poesía chilena, a partir de lo cual fue articulando parte de su discurso intertextual:

Y llegó
desde Chillán o
desde San Fabián de Alico
        don Nicanor
y se instaló con su
montaña rusa; pero
hasta donde llegan
los datos del autor,
nadie ha sido atendido aún
por hemorragias nasales y/o
bucales en las postas o
policlínicos fiscales o
particulares por
haberse encaramado o
haberla intentado escalar.

("78 panorama poético santiaguino")

Pero Proyecto de obras... es a la vez el recorrido por una obra inquietante en sí -más allá de su rol dentro del esquema de quiebre/continuidad en la poesía chilena-, que despliega ante el lector/oyente una batería de imágenes, estados y conocimientos frente a los cuales es muy difícil permanecer indiferente. La poesía de Rodrigo Lira se mueve permanente y exitosamente, y ahí radica buena parte de su valor, entre los ejes articuladores de la forma, el contenido y la intertextualidad, elementos que el poeta -o experimentador-maneja no sólo con oficio, sino que en algunas ocasiones con un talento que le permite integrar y desintegrar esta trinidad a lo largo del discurso sin que se pierda en ningún momento la sensación de estar "cayendo" por el poema. Es el caso de textos como "4 tres cientos sesenta y cincos y un 366 de onces", "Ela, elle, ella, she, lei, sie", "Es Ti Pi" y la primera parte de "Topología del pobre topo", todos textos en los cuales la sensación abisal del contenido se ve acentuada hasta la desesperación por el despliegue formal en intertextual que se realiza. La poesía como ejercicio lingüístico, en este sentido, alcanza en las aliteraciones de "Topología del pobre topo" y en las iniciales forzadas de "Es Ti Pi" una nueva dimensión -quizás muy en la línea, en ciertos aspectos, a las propuestas de la Oulipo de Queneau, Perec y compañía-, que excede ampliamente los márgenes del juego literario o la simple "tomadura de pelo" que algunos críticos quisieron ver en la poesía de Lira, para convertirse en un espiral cuya fuerza centrípeta impide abandonar la lectura:

        Tormentoso, el Topo tiembla: tiene tristeza: atrona un poco.
        El Topo no tiene comida: dinero tiene tampoco. Pero tiene taller
Tiene Taller: en las tardes talla tornea tañe tararea -atrona un poco-
        El Topo se empecina se desmide se tropieza: se tropieza el Topo, repta
-tiene anatomía-, atrona un poco.

        Siente el Topo la latitud del monte Tupungato, su tosca fosca topo grafía:
su altitud. Trepa entonces este monte tan campante (todo esto
entre sus mientes -o magines-, evidente; así, monta hasta elefantes).
Entremedio entabla con sus sombras tristes teatros decadentes:
¿tendrá el Topo en sus sitios los tornillos o en su testa trae
tejas sueltas, y en sus patas rotos los tobillos?
Entretanto, se interroga, se entretiene, estudiando harto su Antropo Logía
-triste tópico es el hábitat del Topo, su típico tópico- tapizando
su entramado de tratados, combatiendo con un cúmulo de dudas, tragán
dose enteritas gordas ruedas de carreta.
                Toma notas el Topo, las anota en su libreta.

("Topología del pobre topo")

                En Lira todo es poesía, pero poesía lingüística, que deconstruye y pone en duda la viabilidad del proyecto lírico, la seriedad y trascendencia de la apuesta estética. Los constantes vericuetos gráficos y fónicos de la poesía de Rodrigo Lira hacen entrar en crisis el oficio mismo de la escritura, convirtiendo muchas veces el texto en un cuerpo hermético, árido, que parece divertirse poniendo obstáculos que desanimen al lector, como sucede en "Poema -u oratorio- fluvial y reaccionario", el cual exige una lectura tras otra, en busca de algún sentido quebrado y fragmentado por la escritura cifrada en que nos es entregado el poema, cuya principal característica es, precisamente, que no fluye sino que se estanca, toma desvíos y es capaz de dejar knock out al más voluntarista de los lectores con los malabares lingüísticos que despliega. Como señala Enrique Lihn en su prólogo a Proyecto de obras..., "el texto de Lira es hiperliterario, una parodia de la literatura, apoético o poético a contrapelo. Es el balance de una quiebra, el inventario de una imposibilidad (...)".

 

 

Camilo N. Brodsky B. Chileno, Santiago, 1974, licenciado en Estética e Historia del Arte de la Universidad Católica, con estudios de literatura en la misma universidad y estudios de Magíster en Historia y Ciencias Sociales en la Universidad ARCIS. Fue Director y Subdirector de la revista Surda, además de ser editor, junto a Thomas Harris, del suplemento cultural "Párrafo Izquierdo" de dicha publicación.

Investigador del sitio www.memoriachilena.cl, dependiente de la DIBAM. Ha publicado artículos y textos en diversos medios, como Patrimonio Cultural, Mapocho y el diario La Nación, entre otros.

Obtuvo la Beca de Creación Literaria, Género Poesía, del Fondo Nacional del Libro y la Lectura 2005. La Editorial Cuarto Propio acaba de publicar su poemario "Las puntas de las cosas".

http://revistakronstadt.blogspot.com
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