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Poemas y semblanza de la poeta Amelia Solar de Claro (1836-1913)

Poeta, dramaturga y ensayista chilena. Es una de las 19 escritoras con una calle
en el sector de Fundo El Carmen, Temuco.

Rescate de Ricardo Olave

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Semblanza por José Ducci K.

Nació en un hogar ilustre y respetado, rodeado de un ambiente de bondad y de poesía. Y allí se desarrolló su espíritu nutriéndose de vasta ilustración y se formó su carácter de la más austera virtud y de la más noble y caritativa misericordia. Así se la vio desenvolver sus facultades en las cuestiones más diversas con la lucidez de su inteligencia apta para todas las cosas y llena de todos los conocimientos. Pero donde más descollaron sus altas cualidades fue en la virtud que rodeó siempre todos sus actos, sus propósitos y sus pensamientos. Jamás murmuró de nada ni de nadie y su indulgencia fue infinita, en las ocasiones más solemnes y más trágicas. Tuvo el don de hacer de su voluntad la dueña de su destino, y en toda su vida parece que la reflexión llena de bondad y de sabiduría fue el sólo indicador de sus acciones. Y de esta comunión de cerebro y de alma nacieron sus poesías donde se trasluce la pureza cristalina de todo su ser; donde se trasluce su fe inquebrantable en un Ideal infinito; donde se ve que sólo la triste realidad de la materia fue para ella inexplicable; que sólo la artera audacia de la maldad fue para ella incomprensible. No tuvo sino conceptos poéticos, sanos y nobles y en los versos inspirados por el amor maternal especialmente, desarrolló toda la cariñosa dulzura de su alma virginal. Por eso se han recolectado todas estas poesías para el espíritu infantil insospechado. Los maestros encontrarán en ellas, alimento espiritual lleno de enseñanzas para la educación; a este refugio podrán venir los niños con sus corazones abiertos, seguros de que será saludable y fecundo.

El texto original estaba escrito bajo la “caligrafía de Bello”.

 

 

 

Poemas

 

A mi padre

En este día,
Papá querido,
Mi alma ha sentido
Grato placer!

La flor exhala
Perfumes suaves,
Por ti las aves
Cantan también;

El sol vertiendo
Su lumbre pura,
Días te augura
De dulce paz;

Y de tus hijos,
El tierno pecho
De amor deshecho,
Palpita ya,

Al cielo alzando
Plegaria ardiente,
Al Dios clemente,
Ruegan por ti,
Sostén amable
De la inocencia!
Que tu existencia
Sea feliz…

 


El sacrificio de un amigo

De improviso tres hombres se mostraron.
Parda ropa de lana los cubría
. . . . . Y su planta desnuda
Los ardores del suelo desafía;
Sorprendido igualmente el africano
. . . . . La partida suspende
Y, ávido, a ellos su mirada tiende,
. . . . . -«Y bien, y bien, les dice,
Sacerdotes franceses, ¿mucho oro
Sin duda me traéis?» -No el suficiente
A colmar nuestros votos, respondióle
Un religioso, y sin embargo, creo,
Con el que traigo rescatar algunos
De mis hermanos, que en prisiones veo …
. . . . . Suspended la partida,
. . . . . El contrato arreglemos.
Por los más infelices comencemos ..
¡Infelices! el bárbaro replica
Con sonrisa feroz; muy mal dijiste;
Bajo el dominio mío,
¡Ni el infortunio, ni el dolor existe !...
¿Quiénes los agraciados ser debían?
Los más desventurados habían dicho
Ay! en tan dura prueba, quién juzgara
Que otro dolor al suyo superará!
Si yo y mis compañeros de infortunio
Nuestras dolientes lágrimas mezclamos
¡Oh, cómo entonces de placer lloramos!
El gozo de los que eran rescatados
Fue sólo comparable al desconsuelo
De aquellos por la suerte desechados.
Dos amigos miré, jóvenes, bellos,
Iba libre a encontrarse el uno de ellos;
. . . . . Pero el que amaba tanto
Cautivo quedaba en luto y llanto.
Hacia los Religiosos se encamina;
«¡Padres, exclama, libertad me dísteis,
. . . . . Disponed del dinero
En favor de algún otro prisionero;
No debo abandonar al caro amigo
Que compartió mis penas, y su sangre
Y sus lágrimas ¡ay! mezcló conmigo.
. . . . . Nuestra alianza sagrada,
Por la desdicha, ha sido consagrada,
Nuestra eterna amistad, será más fuerte
Que estas cadenas, que la misma muerte!
Sea otro feliz, yo torno al lado
De mi hermano querido y desgraciado!
Y hablando así, el francés, volvió a sentarse
Sobre la humilde paja, en que yacía,
Su amigo enfermo y débil recostado.
Y ni un suspiro reveló el suplicio
De tan sublime, heroico sacrificio !...

 


Tentación

Salió el hermoso Luisito
A la escuela una mañana;
Iba risueño y llevaba
Medio pan y una manzana,
En el bolsillo su libro,
Y en su mano la pizarra.
En tanto por el camino
Una anciana se acercaba,
Y un ángel, dijo a Luisito
En lo íntimo del alma:
«Da a la pobre el desayuno
Que para ti reservabas!»
Si, dijo el niño inocente,
Quiero darle mi manzana,
Y que se apoye en mi brazo
Porque en la tierra no caiga.
En tanto pudo el demonio
Llegar donde el niño estaba
y le dijo «no harás eso
Porque la escuela te aguarda»
«Hijo mío, insiste el Ángel
Socorre a esa pobre inválida»
¡Qué haré pensaba Luisito
Con incertidumbre amarga:
Si falto a la Escuela habrán
De castigarme mañana;
Mas si abandono a esta triste ...
¡Siento que el valor me falta!
« Para evitar tu castigo
No habrá disculpa que valga»
Dijo, en un último esfuerzo,
Del tentador la palabra.
¡Miserable! exclama el Ángel,
Tú no conoces esa alma!»
«¡La guiaré dijo el niño,
Y Dios me asista mañana!»

 

 

 

 

Descarga los libros de Amelia Solar de Claro

https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-propertyvalue-1197606.html




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