Proyecto Patrimonio - 2026 | index |
Rodrigo Ramos Bañados | Autores |









Lavarse la sangre: la memoria como herida abierta

Por Rodrigo Ramos Bañados

 

Lavarse la sangre (2026), del escritor chileno-boliviano Gabriel Entwistle, se inscribe en la narrativa latinoamericana que mira de frente los episodios más oscuros de su historia reciente. Publicada por Electrodependiente, la novela se sumerge en la dictadura de García Meza y Arce Gómez (1980-1981) en Bolivia, marcada por el terrorismo de Estado, el narcotráfico y la presencia de paramilitares neofascistas europeos.

La obra se estructura en dos partes que abarcan desde fines de los setenta hasta comienzos de los noventa. La primera se centra en el ascenso y la caída de la dictadura, con un elenco de personajes que operan en los márgenes del poder: paramilitares, policías corruptos, narcotraficantes y víctimas. La acción transcurre en Santa Cruz, Cochabamba y el Chapare, y muestra la complicidad entre el Estado y el crimen organizado. La narrativa se mueve entre distintos momentos y perspectivas, armando un mosaico que retrata una sociedad en descomposición.

 

 

Entwistle construye personajes que son a la vez agentes y productos de la violencia. Qasim "el Turco" Hadid es un antihéroe trágico, empujado por su padre a un mundo de asesinatos y torturas, cuya dureza esconde un trauma profundo y una inesperada capacidad de resistencia. Pierluigi Pagliai, el neofascista italiano vinculado al atentado de Bolonia, encarna un mal frío y calculador al que la novela dota de complejidad psicológica. La Japonesa (Carolina) y su padre César Rojas representan a las víctimas anónimas del sistema: ella, una joven que se prostituye para sobrevivir y busca redención en la selva colombiana; él, un jardinero que encarna la lucha silenciosa de la clase trabajadora.

El estilo de Entwistle es crudo, directo y a menudo poético en su descripción de la violencia. El autor no rehúye las escenas más grotescas —violaciones, torturas, mutilaciones, ejecuciones— narradas con precisión clínica, buscando transmitir la deshumanización del mundo que retrata. La novela recurre a la digresión: se detiene en historias secundarias, paisajes y pensamientos íntimos, lo que enriquece el relato. Una sección final de "Referencias" difumina la línea entre realidad y ficción.

El título condensa el tema central: la sangre derramada en las masacres, la que mancha las manos de los asesinos, y la sangre como símbolo de herencia, identidad y culpa. Cada personaje intenta lavarla a su modo —Qasim mediante la violencia y un acto de compasión; Pagliai mediante el engaño; Carolina huyendo hacia una nueva vida—, pero la novela sugiere que deja una mancha imborrable. Otros ejes son la memoria histórica, el poder y la corrupción, la supervivencia, y la identidad fracturada de Qasim y Pagliai.

Lavarse la sangre no es una lectura fácil: incomoda y exige una mirada atenta a una de las épocas más oscuras de Bolivia. Es también una obra de gran fuerza literaria, que convierte el horror en experiencia estética sin caer en el sensacionalismo. Entwistle recuerda que la historia no es un pasado muerto, sino una herida abierta, y que nombrar el horror puede ser un acto de resistencia y memoria.








Proyecto Patrimonio Año 2026
A Página Principal
 |  A Archivo Rodrigo Ramos Bañados  | A Archivo de Autores |

www.letras.mysite.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza.
e-mail: letras.s5.com@gmail.com
"Lavarse la sangre", de Gabriel Entwistle: la memoria como herida abierta.
Por Rodrigo Ramos Bañados.