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LAS LÍNEAS BLANCAS ENTRE FRONTERAS:
UN ACERCAMIENTO A 'LA BIBLIOTECA HUNDIDA' DE RODRIGO RAMOS

Por Iván Gutiérrez

Cochabamba, Bolivia


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Pensar lo que moviliza la escritura de un libro lleva a una serie casi infinita de posibles detonantes de activación de un proyecto tan emocional y racional a la vez. ¿Cómo separar de ese momento explosivo del encuentro con un tema de libro la volatilidad de la excitación emocional por la expresión que como bestia salvaje busca la reacción volátil de su fiereza, que debe ser controlada con la urgencia de encausar el pensamiento, para que encuentre una forma adecuada de decir aquello que tiene como característica esencial narrarnos algo? Algo que requiere de paciencia para ser controlado.

Rodrigo Ramos Bañados se acerca a la bestia de un tema furioso y con una sutileza natural logra encausarla en una novela honesta y principalmente rebelde, esto último puede incomodar a ciertos lectores. El autor antofagastino le da forma a una historia que se erecta en forma de biblioteca sobre el desierto del norte de Chile. Desde la lejanía de la sequedad y blandura de la arena, conecta un puente a una dimensión central para la historia de la identidad boliviana, generada con fuerza y organicidad institucional en los golpes militares, principalmente de la década del 70, que tenía como cabezas, esos pequeños hombrecitos de uniforme, uno para cada lado; para el boliviano Hugo Banzer Suárez y para el otro Augusto Pinochet, caricaturas de la limitación del desarrollo corporal; pero grandes metáforas de las aspiraciones y las garras sádicas del poder. Ambos grandes creadores de las hazañas de terror, sangre y principalmente del negocio central de la región, el narcotráfico. Rubro del que recién hoy de a poco y tímidamente nos animamos recién a señalar sus orígenes de uniforme institucional.

 

Rodrigo Ramos Bañados


La biblioteca hundida, en líneas generales, es una novela sobre el barrio o población ubicado en la periferia de la ciudad, en la zona de Alto Hospicio, en el norte de Chile cerca de Iquique, al que llamaron El Esfuerzo. “La pobla crecía porque abajo la ciudad también crecía. Los nuevos proyectos inmobiliarios ocuparon el espacio que dejamos en la ciudad. Nos desalojaron con violencia. Nos subieron a los camiones de los milicos y nos lanzaron en este sitio cuando aún era un peladero. Crecimos con él. Nos extendimos hasta escalar los cerros. Nos dividieron en dos sectores: El Esfuerzo 1 y El Esfuerzo 2. Lo de “esfuerzo” nos daba risas pues nos hacía sentir como unos esforzados adolescentes”.

En líneas específicas es una novela sobre una biblioteca que surge por una conversación durante un asado de reencuentro de amistades, cuando el Culebra; heredero directo del negocio de narcotráfico de la zona y el manejo de una constructora, quiere ayudar para atender el deseo de qué podría hacer para su barrio, aclarando que su ambición se enfocaba en la búsqueda por transformarse en un filántropo de la cultura. Después de ese encuentro entre amigos, la idea que sale flotando en torno al festejo se materializa; en la Biblioteca Chicha, que se construye en una manzana contigua a la constructora que el Culebra manejaba para disimular los vínculos con el negocio de la droga. “Un sitio eriazo con un par de socavones debido a la salinidad del suelo. O sea, la biblioteca en un momento se iba a hundir, como cientos de casas del barrio”. “Quedó como Biblioteca Tamarugo. Para mi tranquilidad el barrio la bautizó como la Biblioteca Chicha. Lo de chicha hacía alusión a los afiches fluorescentes que promovían a las bandas de cumbia peruana”. “Vi una biblioteca con vidrios polarizados y con luces de colores titilando de noche como árbol de pascua. Le mostré imágenes de mi celular. Lo mismo tenía en su mente: los edificios de El Alto, en Bolivia. Los galácticos cholets parecían robots Transformers”.

En líneas profundas La biblioteca hundida es una novela sobre la lectura, sobre la acción inútil que nos lleva al borde de las acciones importantes. Sobre cómo atravesar nuestras vidas con los libros puede cambiarnos la rutina; cómo la tarea inútil en un mundo ofuscado por la funcionalidad puede darnos perspectiva de dimensiones más profundas, cómo existir también y principalmente consiste en disfrutar los accesos a la libertad.

El barrio, una población dura e invadida por el consumo de pasta, de repente se despierta a una práctica diferente, de otro salón, de otro palo, pero que al final también sirve para distraernos, para hacer de la vida algo más liviana. Una mata y la otra revive; de repente en las calles comienza a surgir un mercado negro de libros, el trueque retorna, libros por drogas, lo dealers se diversifican y por extraordinario que parece, la lectura toma presencia en un lugar al que se señala como antagónico a ella.

Por último, en líneas nucleares la novela nos enfrenta a los imaginarios que nos rodean desde esa separación fronteriza. Diagrama una segunda novela, la del relato sobre el extraterrestre que vive en el país vecino. Entre las líneas que dibuja nos conectamos por una transversal de color blanca sobre el espejo de la identidad del ser del continente. No tengo dudas que la belleza de esta novela aspira en cualquiera de los extremos en los que decides armar el jaleo del relato. Leerla desde Bolivia va despertar una sensación que se entremezcla a los imaginarios no explorados, pero si superficialmente rebanados en el cotilleo diario. El mejor impacto es que se anima a poner la cámara en el colmillo que se deshace en el baño y que desde afuera se prefiere evadir. Lo que hace relevante la profundidad narrativa no es solo el relato del narcotráfico y las relaciones del cartel que está financiando la biblioteca; la potencia del impacto está en la naturalidad en la que nos conectamos entre países y la soberanía imaginaria que la cocaína ha creado entre nuestro inconsciente de convivencia.  Los personajes se encuentran no en el consumo, sino en la conversación en torno al narcotráfico, de la misma manera el universo narrativo establece sus relaciones con la biblioteca símbolo central de la incubadora de la creación, desde el aprensivo sentido del imaginario con la droga.

La biblioteca hundida es la novela del escritor Rodrigo Ramos Bañados, sobre una construcción estilo cholet de El Alto en medio del desierto, destinada desde su creación a hundirse, todos lo saben y nosotros también lo sabemos, a pesar de ello nos entusiasma saber de su existencia, porque la literatura se trata de eso, de saber de la debacle de lo inútil en medio de la certeza útil. La novela nos emociona, porque nos permite soñar en la posibilidad de lo imposible, que la lectura pueda atravesar esos espacios huecos que el poder se dedica a marginarlos y ha enviciarlos. Además, nos recuerda que nuestra historia está hecha del simplismo militar, del adorno discursivo de orden y principalmente de la ambición de los jefes por el narcotráfico. A pesar de que en los días presentes se quiere atribuir el descubrimiento y relajeo de la “Blanca” a los enemigos políticos de hoy, siempre es bueno recordar que está doña que se consume en los baños de las oficinas de Estado la promovieron y la comercializaron los de uniforme, tanquetas y botas militares, teniendo como protagonistas a los pequeños ratones rabiosos del tío Sam (plan cóndor).

Editorial Electrodependiente nos permite este lujo de calidad literaria con su publicación, recuperando la rebeldía, la novedad y la extrañeza que el sello prometió en un principio. Logra del hacer tan venido a menos en el trabajo editorial del país no solo un ejercicio de ventas, sino principalmente la postulación de una ética de la producción. Leer La biblioteca Hundida es leer el compromiso con una escritura honesta pero principalmente dispuesta a gritarle al mundo sobre su supuesto orden.



 

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Las líneas blancas entre fronteras:
Un acercamiento a "La biblioteca hundida", de Rodrigo Ramos.
Por Iván Gutiérrez.
Cochabamba, Bolivia.