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Con la música a cuestas: “Bailables” de Miguel Farías

Por Rodrigo Ramos Bañados

 

 

Una banda de chicos chilenos haciendo rock. Chicos de dieciséis años tocando grunge. Parece raro. Me lo cuestioné cuando los escuché, con mis cincuenta años a cuestas, ensayar detrás de un portón. ¿Por qué no hacen música urbana, la de moda? Entonces recordé mis años de juventud, en el Chile de principios de los noventa: no había más que rock, no había de dónde sacar otra cosa, ninguna alternativa. Mejor así. Nunca fui bueno para el baile.

A mitad de ese mismo sábado me puse a leer Bailables, de Miguel Farías (Venezuela, 1983), compositor, investigador y escritor venezolano-chileno, cuyo trabajo conecta la música con la literatura. Es un volumen de cuentos recién publicado por Ventana Abierta Editorial, de coqueta tapa amarilla con una palmera al centro. La palmera avisa de entrada que en esas páginas no hay rock, sino sones, boleros, cumbias y salsa: música latinoamericana por esencia, la del Caribe, donde el sudor no es problema.

 

 

Es un libro que se lee con agilidad, y con él ocurre lo que suele ocurrir con los cuentos, y también con los álbumes de las bandas: se quedan rondando un par de relatos, igual que un par de canciones. Uno termina con esa música sonando en la cabeza. Por puro gusto personal, a mí me enganchó “Los aretes que le faltan a la luna”, que toma su nombre del bolero y retrata la emotiva relación entre un padre buzo mariscador y su hija. Y también “Deja que Roberto te toque”, un tema de timba, esa salsa cubana, que nos mete en el revoltijo del galpón Víctor Manuel de Santiago de la mano de un supuesto curandero.

Podrían haber sido otros: todos los cuentos llevan nombres de canciones, y hay más para elegir. Esa es, justamente, la diversidad del libro, que recorre rincones de Santiago con personajes entrañables, como Isaac, un tipo de barrio, cesante, que se inventa una personalidad de cubano para andar por la vida. Son personas simples, trabajadores de doce horas arriba de camiones y maquinarias, en fábricas, en galerías comerciales o en el mismo metro, a quienes la música une, de manera directa, con algo más grande que su rutina.

Como la mujer que corta boletos en una caseta de vidrio y guarda, sin embargo, el don del baile. Alguna vez estuvo en Cuba (el cuento hace bien en no explicar por qué; pudo haber sido una guerrillera) y la isla le dejó el cuerpo marcado: las caderas se lo recuerdan apenas suena la música. La caseta es pequeña; el cuerpo, no.

Bailables es un libro de personajes familiares, algunos mínimos y fugaces, otros migrantes que están aquí y allá, pero que, a pesar de la aplanadora cotidiana, logran reencontrarse con un recuerdo o con una canción. Hay obsesiones, conflictos y amor, como en todas las canciones. Como dijo Nietzsche: “Sin música, la vida sería un error, un trabajo penoso, un exilio”.








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Con la música a cuestas: “Bailables” de Miguel Farías.
Editorial Ventana Abierta, 2026, 90 pags.
Por Rodrigo Ramos Bañados