Proyecto Patrimonio - 2026 | index |
Rodrigo Verdugo Pizarro | Antonio Silva | Autores |










Una Posible Desatadura
"Nudos Velados", de Rodrigo Verdugo. Ediciones Derrame, 2002.

Por Antonio Silva
Publicado en Revista DERRAME, N°5, 10 de enero 2004



Tweet ... . . . . . . . . . . . . ::.:...:.:

Como aquella videncia contenida en la frase de Bretón según la cual "La historia de la poesía moderna es la historia de las libertades que se han tomado los poetas respecto del yo"[1], podríamos argumentar que tal sentencia se rearticula en el sujeto-yo que transita en "Nudos Velados", donde Verdugo hace su apuesta poética tratando de encontrar eficacia en la figura —de catarsis o ablución— de la carga que implicaría el deseo de cumplir con aquel mandato Rimbaudiano: Yo Soy Otro. Un Yo claro que hace eco de contagios y que intentaremos (de)velar en una escritura atravesada y cruzada claramente por algunas concepciones de forma a saber: el surrealismo, el paroxismo Rokhiano, como del hermetismo metafísico que va desde Rosamel Del Valle a Díaz Casanueva, y como también del negro rechinar de muelas de Mahfud Massís. En el (des)nudo de la poesía Chilena.

Antes también creo necesario situar el cómo y el dónde de la aparición de este libro, de su inscripción finalmente en el panorama de la "nueva poesía joven chilena”, panorama que sólo el tiempo fragua y resuelve. Así Verdugo se suma a este nuevo y diverso mapa de la producción literaria, caracterizada por una mirada académica —en su mayoría— y reflexiva que comparece con la tradición y que reelabora una mirada otra y pareciera trazar un endeble paréntesis con la producción cultural fuertemente política que caracterizó el Chile del aparataje represivo. Aquel que pierde su memoria está muerto. Llama la atención que Verdugo no se sume a la indumentaria citadina-sujeto-contexto-, así el sujeto parece realizar un gran ejercicio de elipsis, de omisión —tal vez en este cuestionamiento hemos hallado una hebra para la desatadura final, veamos—. El poeta que habita el domicilio no es el mismo que se instala en la zona exterior del dominio —Deleuze—. El domicilio es aquí la habitación, la buhardilla del poeta ajeno, solitario y extraviado. Insisto en cómo situar esta producción, desde dónde hablo, de una posible politización en definitiva. Bueno, entonces será necesario aguardar en un futuro mediato algún trabajo crítico para sopesar cómo habita y por que no la eficacia de este incipiente panorama, hazaña que ya ha vestido su traje operático en diversas Antologías Críticas —con otros horizontes claro— instalando referentes hegemonizantes y que en su omisión devuelve su defectuosidad, su parcialidad.

Luego de esta cartografía preliminar me adentraré, en un acercamiento posible, en el (de)velamiento de estos nudos ciegos, atados a la lengua verduga de Rodrigo. Adentrarse al discurso de Verdugo —demasiado seguro para sus cortos años— es adentrarse a ratos hacia una zona núminica que desliza en su musiqueo en su pincelaje un territorio perdido e invertido en su malditud, correlato gótico, desde donde se desplaza un líbido mortuorio en su constante dualidad Eros/Tanátos. La construcción pictórica a modo de mosaico delirante donde todas las materias y medios ficcionalizados del texto cortan, hieren, escinden —flechas, dagas, montañas, volcanes, láser del alba, clavos, filos, cuernos, agujas, rayos, etc.— o como señala Mircea Eliade en la constitución de una Hierogamia, donde la tierra, la materia es atravesada, separada por el rayo, quizá en la operación de una desatadura de este velo que se quiere visibilizar —Naufragio en lo Invisible—, que no puede ser definido —Indefectible—, que daña ata y revela a la vez —Eslabones—. Como si el sujeto otro que transita por esta textualidad nos quisiera revelar en cualquier momento algo ¿Pero qué? Como alquimista loco y anacrónico sentencia: "nada vuelve a la piedra con el mismo latido... / yo te interrogo serpiente que das y quitas la oscuridad”. Verdugo modela a tientas un nocturno escritural metafísico, la experiencia de la muerte y la sangre, en su infección romántica —secuencia de piel, sangre y hueso—. Una iconografía salvaje y paloreligiosa, quizá en aquel religare blasfemo. Verdugo atrapa aquel destello que surge de la materialidad del mundo, la imagen. Sí, en su devenir, en líneas de fuga, es decir, desterritorializaciones que desean reterritorializarse en una nueva cartografía —Deleuze.

Otro hecho que cruza el libro y me atrevo a vislumbrar —por lo menos en las dos primeras partes— es la posibilidad que otorga Verdugo es de esgrimir el cuerpo como territorio de flagelación y autoflagelación —Masocht-Sade— metamorfoseado claro bajo el denominativo de distintas figuras; la novia muerta, la compañera,etc. Cito: "Tus pechos cercenados están atados a mi... quiero que dios nos cosa juntos... la radiante tras la aguja poseída que el mar refleja contra los padres... tu andas descalza por paisajes desaparecidos".

Para concluir y como lo señala Roberto Yañez —poeta— en su esbozo de presentación del texto "un cierto existencialismo grave nos pone alerta y nos hace erizarnos de punta a punta".

Finalmente he querido en el atisbo de las hebras de estos Nudos Velados vislumbrar posibles puertas de entrada en el recorrido propuesto por Verdurgo, un posible ejercicio polisémico, en la línea negra y loca de la sangre.



__________________
Nota

[1] La cita la tomo de la conversación entre Felix Guattari y Juan L. Martínez, aparecida en Matadero, año I, n° 2. 2000, Santiago de Chile.
http://www.letras.mysite.com/jlmartinez230801.htm


 

. .








Proyecto Patrimonio Año 2026
A Página Principal
 |  A Archivo Rodrigo Verdugo Pizarro  | A Archivo Antonio Silva  | A Archivo de Autores |

www.letras.mysite.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza.
e-mail: letras.s5.com@gmail.com
Una Posible Desatadura.
"Nudos Velados", de Rodrigo Verdugo.
Ediciones Derrame, 2002.
Por Antonio Silva.
Publicado en Revista DERRAME, N°5, 10 de enero 2004.