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EL SURREALISMO ILUMINADO DE RODRIGO VERDUGO
— PRIMERA PARTE
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Ingleberto Robles Tello


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El poeta y Collagista, Rodrigo Verdugo Pizarro, nacido en Santiago, Chile, en 1977, desde mi perspectiva de poeta y estudioso de la literatura, ha inaugurado el Surrealismo Iluminado o Surrealismo Profundo. No creo estar cayendo en una generalización imperfecta, sólo porque este breve, más no superficial estudio lo hago en base a tres poemas inéditos de su proyecto “Anuncio, ” IV, V, VI : Sesentayseisavo Anuncio, Noventaydosavo Anuncio y Cientodiecinueveavo Anuncio, publicados en el blog Meridiano 75, por Jairo Guzmán, el 12 de marzo de 2017.

Sigue las reglas del surrealismo claramente establecidas por los estudiosos y especialistas, a partir de su creador, el genial poeta francés, Maestro Breton, pero rebasa estos cánones del surrealismo y, hablo, desde Breton hasta Cortázar (poeta y novelista) y Alejandra Pizarnik, pasando por García Lorca (Un Poeta en Nueva York). No menciono a los mal Llamados Poetas Malditos, porque son benditos (De mi parte objeto de análisis muy especial) y mucho menos aludo a la blasfemia hacia Alejandrita Pizarnik, llamándola “La última poeta maldita” (¿Quiénes serán los malditos?)

Los escenarios, desde Breton, son esencialmente los mismos, en apariencia, porque aquí, en América, no han terminado las guerras; la sangre, las lágrimas y los gritos no dejan de correr, de día y de noche. Y como saben los especialistas en ciencias psicosociales, y lo sentimos los creadores, las heridas están abiertas desde que nacemos hasta que morimos. ¡Hay tanto dolor en estas tierras! que hay que buscar rutas alternas o reconstruir las que ya están probadas para el caminar, para no morir del todo (aunque algunos creadores se han inmolado porque es demasiado el filo-colmillos-hielo-sierra-tormentas del dolor, la tristeza, la desolación, la desesperación, el desencuentro y tantas amalgamas en la misma herida que mejor ni hablar más…

Por eso y por sus más profundas y luminosas intimidades, Rodrigo Verdugo, es surrealista en una versión que me duele: Es desgarradora, llena de avispas, aunque él, experto en los oxímoron, nos haga ver abejas. Su surrealismo poético abre la ruta verdadera del surrealismo en este tiempo y para estas latitudes, para el mundo lleno de gritos, tempestades y con surrealidades asombrosamente proféticas e inmensamente catastróficas.

Sigue las reglas del surrealismo, pero nada más para superarlas e iluminarlas.

Es profundamente maravilloso el manejo dialéctico entre lo telúrico y lo humano. Es más, el ser busca lo telúrico y lo hace suyo para ser en la esencia de la dialéctica cósmica, lo que busca y es que, el Poeta Verdugo Pizarro, en este momento, como hace más de cien años decía Hessen en Damian, es tiempo de volver a preguntarse Hombre, ¿quién eres? Las razones eran obvias antes y ahora mucho más. Bergson, Casirer, Jasper, Ortega y Gasset, Marx, Vargas Llosa, Freinet y muchos más, filósofos y artistas, se preguntaron lo mismo y no pudieron responder con la profundidad de esa pregunta. Porque, rebasando “el ser y el no ser” y “soy el ser del Ser”, las ramas, las más bajas del Árbol de la Vida y de la Muerte, se llenó de respuestas: el homo faver, el homo sapiens, el homo erectus, el homo simbulus, el homo búsqueda, Etc. Etc., pero no llegaron las respuestas a colmar la pregunta esencial. El poeta Verdugo, con un enfoque dialéctico antropológico-epistemológico, expresa en su poesía surrealista la respuesta que lo lleva a uno a soñar sin alas, o a inventar las alas para soñar. O a volver a las raíces en bocados de luna sacada de la noche.

El surrealismo y, luminosamente, profundamente, el del Poeta Verdugo Pizarro, busca nuestro ser y el ser de las cosas, el ser del inicio y también el ser del final sin fin. Expresa y que lean bien las explicaciones los que gusten de hacerlo, su desesperación, su sangre que borbota de sus heridas –las heridas de la especie- y que quiere cicatrizar en su palabra, pero, a mi juicio, la palabra, con ser tan noble, sale herida y, por causa del Efecto Surrealismo, nos contagia a quienes aseguramos que la poesía ascendió al Cielo y al mismo tiempo descendió al Infierno, en medio de la noche o en el Cenit, para decirnos: Esta es la forma de expresar la verdadera naturaleza y el destino de la poesía que, además, no se puede definir; o como dijo nuestro insigne Luis Cardoza y Aragón, es la única prueba fundamental de la existencia del hombre.

“Anuncio”, por demás, título surrealista, nos avisa que hay un poeta vivo que se resiste a morir en estos tiempos de iniquidad, estigmas y aberraciones. Que hay que iluminar lavando otra vez nuestro espejo cerca del mar, ver el despojo de nuestra sangre y regresar a ser lo que nunca hemos sido o no nos han dejado ser, incluso a la naturaleza y a la dieta que hemos pisoteado grosera y con una estupidez de barbarie civilizada.

Desde la perspectiva de este modesto comentario, la Antropología Filosófica, debe apoyarse en el Surrealismo poético, éste del poeta Verdugo Pizarro, particularmente, para dar respuesta a las preguntas acerca del ser y la conciencia, pero, también, del ser y la Nada y, en forma muy mía, a los Umiguas, que son mitad vida, mitad muerte; mitad izquierda, mitad derecha; mitad luz, mitad oscuridad; mitad divino, mitad humano; mitad luz, mitad oscuridad; mitad hielo, mitad fuego. Sí, pero sin exagerar, sin exacerbarnos, sin ofuscarnos, sin dogmatizarnos, la explicación y demostración de lo que buscamos para ser: equilibrio para entrar en armonía con lo que miramos, con lo que no miramos pero que existe y con lo que aún no existe.

Para este viejo poeta, el surrealismo no se puede trabajar en cualquiera de sus manifestaciones artísticas: poesía, novela, cuento, teatro, música, pintura, escultura y, por qué no, porque nó, también ensayo, sin vivir de acuerdo a su esencia y finalidad. No estoy loco…aún, pero si queremos sorber con el espíritu la esencia del surrealismo, tenemos que botar las alas (Y es que no nacimos con alas), dejar de construir sueños, porque a lo mejor, sólo son bostezos aguardentosos o prosaicos, de beodos sin rumbo, ámbito y conciencia; a lo mejor sólo son onirismos producto de la piel que intenta suplantar al alma con la lisonja de un lirismo fraudulento.

El poeta chileno, don Rodrigo Verdugo Pizarro, nos da aviso de cómo lograrlo porque él ya lo logró. ¡Ya no hay necesidad de suicidarse! Ya no, Alejandrita, ya no hay necesidad de construir ni de meterse en oficiosos laberintos, ya no.

El poeta chileno, Maestro Rodrigo Verdugo Pizarro, a través de estos tres poemas, escrito para el mundo, pero, en particular, para quienes necesitamos resolver ecuaciones, incluyendo la ecuación fantástica del ser y del que debe hacer.

Al respecto, (les ruego disculpas por mi locura) el Poeta destruye (como tiene por finalidad el Surrealismo en su más pura versión) esquemas históricos de esta forma de manifestar la poesía, de la ciencia y de la filosofía, apoyándose, aun inconscientemente, en la aludida ciencia y en la filosofía. Por ejemplo: no concibe realidades yuxtapuestas, aunque diga “noche sobrepuesta”, porque , de acuerdo a la Física Quántica, tal cosa no existe. La Realidad es una y sólo una. Ni siquiera la noción de Universos Paralelos subsiste. La realidad es una y en expansión, parafraseando el famoso Bing Bang. La realidad, pues, no es una cebolla de capas, mucho menos un árbol de capas concéntricas. Es una y el poeta, según El Surrealismo, tiene la capacidad, la competencia de adentrarse, ahondar y leer con “el soplo del Sol” y los “cinco cuerpos”, de que él nos dice en el primero de sus tres poemas que trato de estudiar.

No se agota en ninguna de sus tres obras mencionadas, particularmente el poema “Sesentayseisavo Anuncio”. Esto es propio del Surrealismo puro e históricamente enriquecido, y en Verdugo, evidente y rico en todo sentido y dirección.

Finalmente, la metaforización pertinente, es una sabrosura como para elevar al Surrealismo poético hasta más allá de la cumbre donde se rompe la barrera del sonido y se encuentra el silencio o donde se rompe la barrera de la luz y se encuentra más luz y la verdadera Luz: el soplo del sol o donde desparece la verdad de la civilización bárbara y de la verdad que no es la verdad. Por ello, mismo, en la Segunda Parte, si el Poeta me lo permite, abordaré la aplicación metafórica al ser de su surrealismo poético, así como la interpretación temática que le corresponda y, si me es dado, mandar al no estado, a los demonios y fantasmas que han cortado o, en el mejor de los atropellos, obstaculizado muchos y buenos caminos.

 

FIN DE LA PRIMERA PARTE
Ingleberto Robles Tello;
Poeta Guatemalteco.
“Diario de las abejas y los caminos”;  Guatemala, 2017.

 


 

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El Surrealismo iluminado de Rodrigo Verdugo
-Primera parte-.
Por Ingleberto Robles Tello.