David Auris Villegas es un conocido educador peruano que propone un cambio holístico en lo que es el conocimiento y la escuela habiendo estudiado en La Habana Cuba, España y otros países. Pero también es un cuentista dotado y que, a través de diversas técnicas literarias, nos envuelve en un viaje fantástico creando nuevos mundos o espacios para la reflexión filosófica, el amor infinito o los espectros de la noche.
La escritura es, ciertamente, un espacio para la libertad absoluta desde los griegos a Borges y desde Kafka a Roberto Arlt. Cada escritor intenta construir un mundo que habitar, un paraíso para las quimeras. Es ahí donde Auris Villegas nos propone su Haerlingtangwich como William Faulkner creó su Yoknapatawpha o García Márquez su Macondo.

El libro abre con Retorno donde un joven de diecisiete años desaparece para fundirse con la majestuosidad del cañón del Colca en Arequipa-Perú. Pero él no ha muerto solo se ha quedado tocando para siempre con su flauta de bambú y nostalgias.
En Nos habíamos amado tanto, el amor es tan fugaz y breve como la escritura. Quizás dura solo una noche arriba en una torre medieval y donde los aspirantes al amor eterno tendrán que escalar. Es así que el erotismo se desborda para dar paso a El misterioso tatuaje donde un extraño personaje bajo de estatura posee un extraño arte en su hombro izquierdo y que termina siendo una atracción fatal para nínfulas y vírgenes.
En El Sasquatch nos narra brevísimamente un avistamiento del Pie Grande, parte de la memoria y el folclore norteamericano, un ser mitológico lleno de pelos cuya glotonería es característica, pero del cual no hay mayores señas: “abrió la esférica portezuela del furgón científico de la National Geographic y acabó lujuriosamente con las hamburguesas hecho de chuletas de búfalo y crema de cerebro de reptiles prehistóricos”.
Así Los soñadores son también los amantes malditos o embrujados, condenados a amarse en una tierra media donde “Gozan un mágico e indescriptible amor, disfrutando una extravagante y vitalicia felicidad sin prejuicios, degustando cierta perfumada belleza”.
Al despertar es quizás una historia de un (en)sueño aunque planteado como un retorno a la infancia. El susurro oculto guarda el secreto de la eterna juventud. Es la pregunta del sujeto narrador o quizás sea solo una viñeta que aparece en Google.
Mi Estrellita es el joven que con su guitarra le canta al amor perdido y donde solo se busca olvidar, llorar las penas: “Agitando aquellas enmarañadas palabras dentro de su desgastada ropa, desde la partida de su capulí, sollozaba deslizar sus días enturbiado y sus noches de espantosas claridades; y a simple vista, alcanzábamos a observar en sus empapados ojos sin párpados, una dosis de impotencia y resignación infinita del porvenir”.
De esta manera, estos veinticuatro Minicuentos para soñar sorprenden por sus ideas enmarañadas, filosóficas, muy humanas y fantásticas a la vez y siempre buscando dejar un aguijón en el lector, un espacio para la reflexión o la relectura. Cada cuento es un mundo en miniatura, un mundo que se desgarra o se rehace mientras lo asimilamos o lo entendemos. Eso es lo más resaltante en este libro bilingüe que nos entrega David Auris Villegas. Y por eso, son cuentos perfectos para un plan lector o para tenerlo encima de la mesa de noche. Su imaginación lo agradecerá.