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Soledad Bianchi | Autores |









UN MAPA POR COMPLETAR: LA JOVEN POESÍA CHILENA

Fragmento de "Poesía Chilena" (Miradas - Enfoques - Apuntes). Soledad Bianchi.
Ediciones Documentas / CESOC. 1990

 


Por un Gonzalo hay otro, por el que sale
hay otro que entra, por el que se pierde en lo áspero
del páramo hay otro que resplandece, nombre por nombre, otro
hijo del rayo, con toda la hermosura
y el estrépito de la guerra, por un Gonzalo veloz
hay otro que salta encima del caballo, otro que vuela
más allá del 2000, otro que le arrebata
el fuego al origen, otro que se quema en el aire
de lo oscuro: entonces aparece otro y otro.

(Gonzalo Rojas)


¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía ... ¡eres tú!

(Gustavo Adolfo Bécquer)


Poema es la soledad de la alborada,
un trovador en serenata
queriendo la luna enamorar.
Poema es la tristeza, es la alegría,
es el nacer de un nuevo día,
el dolor cruel de una pasión.
Poema es un poeta apasionado,
es escribir desesperado
lo que está aquí en el corazón.

(Fragmento del bolero "Poema", de Fernán Díaz, cantado por Los Hermanos Arriagada)


El hombre de ojos iracundos preguntó: ¿Qué es la poesía?
El hombre de los ojos limpios
miróle profundamente, sin proferir palabra

En su mirada había poesía.

(Roque Dalton)


Concentración de imágenes, diana de lo real;
las palabras restituyen el poder a los hechos; y
el ardiente fantasma de la nueva poesía
es un viejo que cierra su negocio por última vez

(Enrique Lihn)


La poesía puede ser transmitida antes de ser comprendida.

(T.S. Eliot)


La poesía por ejemplo la poesía
puede llevar a la ruina a un país
si no se tiene cuidado con ella.

(Nicanor Parra)


Una nueva promoción

Suele hablarse de "joven poesía" o "poesía joven" o de "nueva poesía", estas calificaciones tan vagas generalmente se aplican a escritores que comienzan a producir, lo que no es sinónimo que hagan una poesía nueva, es decir, diferente[1].

Otras indicaciones que también se han usado para aludir a esta misma realidad son "la otra poesía" y "la última poesía", ambas tan imprecisas como las anteriores. Quizá el nombre más gráfico que se haya utilizado para referirse a los chilenos es "poesía otra horneada"[2] ya que la última palabra tiene una connotación de frescura que debe encontrarse en los poetas, sea por su obra, sea —en el caso menos logrado— por su juventud.

Como de algún modo hay que ordenar el amplio panorama de la historia literaria, quizá el problema de la vaguedad e imprecisión se vería resuelto si nos decidiéramos a utilizar el concepto de generación sin mecanicismo, y con un criterio dúctil y flexible que no obligara a incorporar o excluir automáticamente a un escritor por haber nacido algunos meses antes o algunos meses después de una determinada y rígida fecha fronteriza decidida, también, por una convención.

Simplificando, se ha dado en agrupar a los escritores por décadas y si aceptamos hablar de "generación del 50"[3] donde, entre los poetas, destacan Miguel Arteche (1926), David Rosenmann Taub (1927), Alberto Rubio (1928), Enrique Lihn (1929), Efraín Barquero (1931), Pedro Lastra (1931), Armando Uribe (1933), Hernán Valdés (1934), Jorge Teillier (1935), diría que la generación que comienza a expresarse hacia los años 60 está formada, en poesía, por aquéllos que hoy publican sus antologías, sus summas poéticas, como Oscar Hahn (1938), Omar Lara (1942), Jaime Quezada (1942), Waldo Rojas (1944) o Gonzalo Millán (1947), pero donde también se encuentran: Hernán Castellano Girón (1937), Floridor Pérez (1937), Hernán Lavín Cerda (1939), Federico Schopf (1940), Enrique Valdés (1942), Manuel Silva Acevedo (1942). Entre los prosistas estarían: Poli Délano (1936), Mauricio Wácquez (1939), Antonio Skármeta (1940), Ariel Dorfman (1943), por nombrar sólo a algunos. Siguiendo con las décadas, tendríamos que hablar de la "generación del 70" a la que pertenecerían, entonces, los poetas más recientes, y entre los que se pueden señalar: Claudio Bertoni (1946), Javier Campos (1947), Gustavo Mujica (1948), Miguel Vicuña (1948), Cecilia Vicuña (1948), Rodrigo Lira (1949-1981), Carlos Cociña (1950), Carlos Alberto Trujillo (1950), Raúl Zurita (1951), Leonora Vicuña (1952), Mauricio Redolés (1953), Roberto Bolaño (1953), Antonio Gil (1954), Erick Polhammer (1954), Jorge Montealegre (1954), Armando Rubio (1955-1980), Bruno Montané (1957), José María Memet (1957), Antonio Arévalo (1958), Mauricio Electorat (1960), Cristián Warnken (1961), Bárbara Délano (1961).

Una generación, pues, está formada por un grupo de hombres y mujeres nacidos entre un lapso no demasiado extendido —que Ortega y Gasset fija en quince años— y que, por lo mismo, tiene vivencias semejantes porque sus integrantes viven contextos similares: el punto de partida para las generaciones varía, por ejemplo, de un continente a otro. El período de formación es, entonces, relativamente afín porque los hechos que les toca vivir se asemejan, variando sólo en lo más "individual": educación, carácter, .... y origen de clase.

Posiblemente, más decidor que nominar a una generación por un año, es hacerlo con una característica definitoria y, creo, que para el grupo de poetas que comenzó a producir recientemente no es infundado ni resulta una exageración hablar de una "generación dispersa" que, sin duda, tiene como año de referencia 1973, fecha que significa un quiebre en la historia de Chile porque marca el fin de un período y el comienzo de una etapa que, entre muchos otros factores, afecta a los nuevos porque los disgrega y porque los limita en su expresión al imponerse la censura.

Entonces, estos poetas que no siempre son tan jóvenes y que no siempre hacen una poesía joven, pero que, a pesar de todo, llamaremos "poetas jóvenes" también podrían ser agrupados como "generación del 70" o "generación del 73", que yo prefiero llamar "generación dispersa"[4].


1973: término e inicio

No quiero repetir aquí lo que ya tanto se ha dicho sobre las consecuencias del golpe militar del 11 de septiembre en todos los planos de la vida nacional. Me limitaré sólo a indicar algunos impactos que sufre la vida cultural y la poesía, en particular: los poetas no se salvan de la prisión, de la cesantía ni del exilio: Omar Lara, Floridor Pérez, Hernán Valdés, Oscar Hahn, son encarcelados; muchos de los escritores que trabajaban en la universidad, en labores de extensión o docencia, pierden su medio de vida cuando estos centros carecen de autonomía y pasan a depender del poder militar: Ariel Dorfman, Waldo Rojas, Antonio Skármeta, Federico Schopf. Otros prefieren dejar el país y desterrarse. Sin duda, las voces poéticas más importantes que permanecen en Chile son: Nicanor Parra, Enrique Lihn, y por la promoción del sesenta: Jaime Quezada, Floridor Pérez y Manuel Silva Acevedo.

Es así como se inicia un momento diferente en la vida de Chile porque, desde esa fecha, el país aparece dislocado no sólo por los múltiples peligros y censuras sino, también, porque entre las numerosas represiones, una de las más importantes es la separación del país que no sólo divide entre el Chile de dentro y el del exterior pues como estas dos realidades no son homogéneas, cada una, a su vez, está escindida: así, el exilio no es compacto a causa de los numerosos países en que se extiende el Chile distante y emigrado.

Es en este medio social y político que comienzan a producir muchos de los nuevos poetas, calificativo no tan aventurado si se piensa que habitan un contexto político, social, económico y cultural nuevo porque residen en un espacio otro que difiere del que ocuparon todos los anteriores productores culturales chilenos: los jóvenes artistas no pasan juntos su período de formación porque se enfrentan a situaciones muy diferentes que dependen, en gran medida, de los países en que viven. Y, por último, carecen de un pasado común por la ausencia de figuras de referencia que estén "al alcance de la mano". Todo lo anterior determina e influye tanto en la producción de los más jóvenes como en su actitud frente a los antecesores y a sus iguales en edad, a quienes la mayoría de las veces desconocen.

"El entusiasmo y la buena voluntad no bastan por sí solos".[5]

A este desfase se agregan, por lo menos, dos elementos que contribuyen a una suerte de engaño: cuando en los primeros tiempos después del golpe militar, las prisiones se extienden a lo largo del país, la necesidad de comunicación y de guardar una cierta privacidad influyen en el surgimiento de muchos escritores que se improvisan en las cárceles: siempre sus textos valen como testimonio, sólo a veces importan por sus propiedades literarias. Después, cuando la represión sigue existiendo, pero en forma más discriminada, la crítica se hace difícil por la valentía y el riesgo que toman los artistas. En 1979, Francisco Brugnoli señalaba: "...Su carencia [de la crítica] o debilidad puede conducir a graves peligros culturales, como serían el debilitamiento de la autocrítica por parte del artista y contribuiría a la pérdida de la visión cultural genérica de la sociedad, lo que a su vez provoca el chauvinismo, el mito-arte (sólo el arte hecho de tal manera tiene validez y vigencia), el mito-artista (artista-estrella, el "único"), etc.[6]. Más recientemente, Enrique Lihn decía al semanario Hoy: "...Advierto que la revista en el campo cultural es benévola con todo lo que disiente como si la cultura fuera un valor añadido a las buenas intenciones y no a la inversa"[7]. Quiero decir con esto que hoy, tanto en Chile como en el exilio, no siempre prima la calidad para que la obra de un autor sea difundida. Es cierto que son muchos los factores extraliterarios que siempre han contribuido a la difusión de un artista, pero ahora, en estos momentos, las razones parecen tan atendibles que llevan a confusión y, a veces, parecería que el fin justifica los medios.

En el exilio, como decía, sucede algo similar, esta vez —casi siempre— por obra y gracia de los partidos políticos porque con la restringida concepción de la cultura que manejan que, generalmente, limitan a la canción, cuando la vaguedad se amplía, por extensión, a un parcelado Neruda que sirve para todo, se le otorga la palabra a cualquiera que desee colaborar con, por y para la solidaridad. Lo anterior es más grave si se piensa que jamás los chilenos han contado con tantas ediciones, por modestas que sean, como en el exilio. Sin embargo, y hay que decirlo, no todos pueden ser poetas aunque tengan muy buenas intenciones, homenajes importantes que rendir e injusticias inmensas que denunciar.

Refiriéndose al cuento, Julio Cortázar señala que no hay malos temas para construir un relato, pero que la dificultad reside en elaborar, en organizar, en saber decir y comunicar y darle sentido a esa buena anécdota. Lo mismo sucede en poesía porque ya pasó el tiempo en que se pensaba que el fondo primaba sobre la forma o viceversa porque, sabemos, que ambos se sitúan al mismo nivel y se complementan. Para decirlo en palabra que no son mías: "los versos no son, como creen algunos, sentimientos (se tienen siempre demasiado pronto), son experiencias"[8].

Me atrevo a hacer esta crítica porque ya en Chile se han hecho algunos reparos, pero —también— porque las carencias hay que suplirlas y si los artistas que hoy toman la palabra viven una situación desmedrada porque no pueden "respirar" el pasado, la libertad, la compañía ni la ayuda que recibieron los anteriores, algunas de estas debilidades pueden remediarse, por lo menos en parte, con el interés, la modestia, el gusto del conocimiento, la lectura, la reflexión sobre el quehacer poético... En este sentido, creo que una de las características del exilio reside en que si bien los exiliados llevan el vacío de la patria, gozan, por otro lado, del privilegio del contacto con otras culturas y, muchas veces, con otros idiomas que deberían permitir conocer otras realidades, otras artes, otras literaturas.

Las voces comienzan a hacer camino

Decía que 1973 es el momento que debe ser tomado como referencia para ordenar el trabajo de los más nuevos, esto no significa que a todos quienes considero integrantes de la "generación dispersa" hayan comenzado a escribir en esta fecha. No, algunos de ellos, casi siempre los menos jóvenes, aquéllos poetas de transición entre los "emergentes"[9] que ya habían emergido y los más recientes, ya se habían expresado. Los menos habían pertenecido a los grupos que caracterizan a la promoción anterior a la que pertenece, como ya dije, Gonzalo Millán, a quien veo como unión con los posteriores, poeta-puente, puente de poetas que, a veces, lo aventajan o coinciden en edad, pero cuyas actitudes o cuyas obras, generalmente más tardías, no permiten considerarlos entre los predecesores. Entre ellos, Javier Campos y Juan Armando Epple; otros se habían unido esporádicamente (Juan Luis Martínez: 1942, Eduardo Parra: 1943, Thito Valenzuela: 1945, Gustavo Mujica) o con mayor permanencia (la "Escuela de Santiago" a la que pertenecen Jorge Etcheverry: 1945, Naín Nómez: 1944, Erik Martínez: 1944). Pero si algunos habían publicado poco y con dificultad, más difícilmente su obra había circulado: todos ellos constituyen, entonces, un nexo entre estos dos momentos de condiciones tan diferentes de la elaboración poética porque conocieron, en su mayoría, los anteriores modos de compartir tanto la poesía como la convivencia social: "Pertenezco a una generación, que a pesar de la diáspora de hoy, emergió en la época de los años setenta con una actitud claramente pluralista, crítica, y de conciencia, digamos colectiva...."[10]). Por ser, generalmente, los mayores, su obra es más definitoria que la de los que comienzan que, naturalmente y con razón, están todavía en un proceso de búsqueda.

Los más nuevos vivieron otra realidad y a los trabajos dispersos y solitarios de algunos jóvenes, que no sólo residían en Santiago, sigue después del período de mayor desconcierto y repliegue, la formación de múltiples grupos y talleres. Muchos de ellos fomentan la aparición de hojas, folletos, revistas y hasta libros. Estas asociaciones surgen por la iniciativa de uno o varios interesados y, por lo general, no cuentan con la ayuda de organizaciones oficiales. Antes, en los años sesenta, "Trilce" de Valdivia, "Arúspice" de Concepción, "Tebaida" de Arica, se reunían, realizaban encuentros nacionales e intergeneracionales de poetas y publicaban, con el respaldo de las respectivas universidades.

 

 

En 1976 se forma la Unión de Escritores Jóvenes que, al año siguiente, publica la antología Poesía para el camino (pdf). Es probable que esta entidad haya sido la que alcanzó más realce y mayor extensión en el país ya que contaba con filiales en algunas provincias, además de juntar a colectivos como los "Talleres Gráficos y Literarios del Mar", "La Botica", la "Agrupación Santa Marta". El trabajo en común, los recitales, la publicación de la antología, ciertas labores gremiales, el llamado a concursos y la aparición de un boletín y del primer número de una revista, Pazquín, caracterizó el quehacer de este grupo, en su mayoría estudiantil, que poco a poco se fue acallando hasta silenciarse definitivamente en 1980, a pesar de haber ido ganando distintos apoyos, entre otros el de la Sociedad de Escritores de Chile. Es cierto que en múltiples ocasiones fue duramente atacada e, individualmente, varios de sus miembros fueron perseguidos y hasta encarcelados. Sin embargo, la desaparición de la U.E.J. debe hacer reflexionar y habría que preguntarse por las causas de su fracaso y de los errores cometidos, entre los que el personalismo y cierta intransigencia política parecen no haber estado ausentes. Su desintegración aparece, en todo caso, como un triunfo del poder autoritario que promueve y se afirma en una privatización que no es exclusiva del sistema económico ya que se extiende a las relaciones sociales[11].

La U.E.J. que fue dirigida por varios años por Ricardo Willson (1953) y, posteriormente, por un colectivo, contaba entre sus adherentes a: Armando Rubio, Erick Polhammer, Gregory Cohen (1953), ahora un premiado autor teatral, Antonio Gil, Bárbara Délano.

 

 

Pero la Unión de Escritores Jóvenes no era el único cuerpo de poetas y, así, en Castro (Chiloé) todavía destaca la actividad de "Aumen" que ha funcionado desde 1975, muchas veces con el apoyo del arzobispado local, y que no se limita a reunir a sus miembros, muchos de ellos liceanos. Su ocupación se extiende a recitales, variados actos culturales como "Las islas, los peces, los hombres" o la defensa de los palafitos; a, por lo menos, un encuentro de escritores en agosto de 1978, y la publicación de Aumen, una revista de poesía, y un sello editorial. También en esa región sureña se distinguen la aparición de Andrómeda y de la nueva Archipiélago. En Temuco, el taller que funcionaba en la Municipalidad local fomenta el contacto de poetas como José María Memet, Gustavo Adolfo Becerra (1950), Farid Hidd (1952), que participan junto a otros en el "Encuentro de Poesía Joven del Sur de Chile", llamado en 1977, por el Instituto de Literatura de la Universidad Austral de Valdivia, intentando continuar la tradición de "Trilce", y que contó con la publicación de Poesía Joven del Sur de Chile, ese mismo año.

Después, en julio de 1980, La Cambucha hacía oir en Temuco la voz de la "Agrupación Cultural Puliwen Antu", de la que forman parte: Guido Eytel (1945), Hugo Alister y Bernardo Reyes (1951).

En Concepción surge Envés y Posdata, cuyos participantes realizan un trabajo poético algo diferente al más habitual.

Generalmente, en las ciudades que cuentan con universidades o sedes de educación superior no es difícil encontrar escritores que se reúnen y que, a veces, divulgan sus trabajos en impresos de diferentes grosores y alcances. Además de Valdivia, Temuco, Concepción, pueden mencionarse Osorno con el grupo "Pala", Puerto Montt con "Polígono", Chillán y Talca en el sur, y Arica y Antofagasta, en el norte. Aunque no es frecuente que la institución universitaria favorezca ni patrocine directamente el trabajo artístico, el congregarse de alumnos y, más de una vez, la presencia de algún docente interesado colaboran a la formación de agrupaciones. También en las ciudades más pequeñas donde no hay centros universitarios, muchas veces los profesores de liceo han ejercido una labor que ha ayudado a la existencia de comunidades literarias.

En Santiago, desde que surge la Agrupación Cultural Universitaria, hacia 1977, se intenta, aunque con bastante más dificultad, crear lazos entre los diferentes grupos que funcionan aisladamente en las escuelas y facultades. Sin embargo, la ACU ha logrado hacer concursos, recitales, y publicar, y aunque la universidad funcione como punto de referencia, nunca sus actividades se circunscriben a los universitarios.

Pero no siempre se trabaja unido y no siempre en proximidad de los centros de estudio. En Santiago, por ejemplo, aparecen los siete "Talleres Andamio", que funcionan en poblaciones. También en la capital existen los ya mencionados "Talleres Gráficos y Literarios del Mar" que aunque formados casi exclusivamente por narradores, se manifiestan en los Cuadernos Marginales que unen la prosa a la poesía. Si bien algo diferente, el Colectivo de Acciones de Arte (C.A.D.A.) reúne artistas plásticos y visuales, y algunos escritores como Raúl Zurita, una de las voces más singulares de la nueva poesía chilena. Entre los poetas que han cooperado, a veces, en sus actividades, se cuenta Cecilia Vicuña quien, en Bogotá o Nueva York, ciudades en las que ha residido, ha realizado intervenciones que ella llama "metáforas espaciales".

 

 

Importante labor de difusión cumplen, también, revistas como La Bicicleta, La Gota Pura, Orígenes y Hojas de Literatura del Pedagógico, el grupo "Nuestro Canto" con su programa radiofónico, las recientes La Castaña, Caballo de Proa de Valdivia, Alta Marea, y hasta el desaparecido suplemento Andrés Bello del diario El Mercurio que, en su momento, publicó a diversos poetas que se iniciaban.

 

 

En el exilio, sin embargo, la situación es muy distinta debido al desperdigamiento. En algunos lugares existen, con todo, grupos más o menos homogéneos que se han organizado o se han reencontrado, como en Canadá donde, además de Gonzalo Millán, hay por lo menos tres integrantes de la "Escuela de Santiago" que junto a otros escritores y docentes chilenos han creado en Ottawa, las Ediciones Cordillera que después de Las malas juntas, primer libro de cuentos del excelente narrador Leandro Urbina (1948), ha editado tres poemarios: Teoría del circo pobre de Hernán Castellano Girón, El evasionista, en edición bilingüe inglés-español de Jorge Etcheverry, y País rigurosamente vigilado de Naín Nómez. Además de promover una serie de "Cuadernos" donde ya han aparecido uno de Ensayo y otro de Poesía. Siempre en Canadá, donde hay un fuerte conglomerado de chilenos, la Ediciones Agüita Fresca dieron a luz Historia Natural, conjunto de poemas de Manuel Jofré (1947). Una editorial de Québec publicó La ciudad, el vasto poema de Gonzalo Millán que también ha realizado numerosas muestras y algunas publicaciones de su "poesía plástica".

En Italia permaneció activo el "Taller Maruri" que publicó El Luchexilio de Antonio Arévalo.

 

 

Siempre en contacto han permanecido Roberto Bolaño y Bruno Montané, primero en México y ahora en España. Paralelamente a sus trabajos individuales, ambos han participado en la elaboración de poemas comunes y de numerosas hojas, folletos y actividades que no sólo integran a chilenos, así el grupo "Infrarrealista" con Correspondencia Infra donde participaban jóvenes poetas mexicanos, o Rimbaud vuelve a casa o Blanco de Gaz , impresos en los que, además, se unen a escritores catalanes. Y ésta es, a veces, una de las características de la conducta de los escritores chilenos del exterior que articulan su trabajo con el de nacionales del país que acoge y/o con latinoamericanos, como en el taller literario de Londres, el cuaderno Hoy y aquí de Suecia o América Joven de Holanda.

 

 

El vínculo literario que es difícil alcanzar entre la emigración chilena lo establecen, con frecuencia, las revistas: Literatura Chilena que existe desde 1977 en California, Araucaria que apareció en 1978 en Madrid, a veces Chile-América que se edita en Roma y, ahora, Trilce, cuyo segundo número, el 17 de la segunda época, acaba de salir en Madrid, y en torno a la cual funciona un taller literario en París. Pero no pueden dejar de mencionarse: Canto Libre que durante doce ediciones parisinas reunió diversas voces de la poesía chilena elegidas, casi siempre, con un criterio de semejanza relativa, agrupando a los "diaspóricos" con la "generación del roneo", ni la reciente Palimsesto de Roma. Sin pretender la exhaustividad, no menciono las múltiples publicaciones chilenas de diferentes lugares que muchas veces cuentan con una sección literaria. No obstante, no debe dejar de indicarse la especial labor que cumplen las ediciones LAR de Madrid y "El Maitén" de Nueva York, esta última dedicada exclusivamente a la poesía.

 

 

Papel importante en el re-encuentro desempeñan, también, las antologías: desgraciadamente. las de Chile, salvo la excepción de la excelente Ganymedes 6, rara vez acompañan a los escritores del país con los de fuera. Sin considerar aquéllas ordenadas con criterios regionales, pueden mencionarse: Poesía para el camino, Uno por uno, el Cuaderno de Poesía del Encuentro de Arte Joven de 1979 y "Poesía Joven. La generación del 70" de José Luis Rosasco, aparecida en la revista Atenea. Son varias las que en el exilio se han dado a conocer, todas generales, sólo en revistas hay conjuntos dedicados a la poesía más nueva: la de Antonio Skármeta en Review 27, de Miguel Vicuña en Trilce 1\19 17 y una colectiva en Cuadernos de Poesía de Ediciones Cordillera[12].

Y sería muy difícil poder entregar un panorama completo de los escritores, grupos y ediciones chilenas por la extensión del Chile disperso. Para probarlo, basta recordar los diferentes idiomas y países en que han aparecido libros, folletos, cuadernos, diarios y hojas con escritos de chilenos: desde Rumania hasta Canadá pasando por Estados Unidos, Perú, México o España y recorriendo Inglaterra, Alemania, Francia o Italia, hasta llegar a Chipre donde, en edición griego-española, apareció Estatuto del Amor de Pedro Vicuña (1956) en 1980. En todas estas lenguas se ha evidenciado una poesía diferente a la que se hace en Chile porque nace en otro contexto, pero que es una de las ramas de la poesía chilena de hoy, escindida como el país y su cultura.


El peso de una tradición

Resulta un lugar común decir que "Chile-es-un-país-de-poetas", frase que desmiente al español Marcelino Menéndez Pelayo que negó valor a la poesía chilena, error rebatido, entre otros, por los dos Premios Nóbel, Gabriela Mistral y Pablo Neruda.

Con curiosa humorada, con buena fe o sin ella, más de alguna vez se ha reclamado que ante la escasez de productos de exportación se promueva la difusión de la lírica en el extranjero por considerarse un envío rentable. Si, irónicamente, unos se pronunciaban contra las dificultades que encuentra el poeta para hacerse oir, todos parecían olvidar que consideraban a la poesía como una mercadería más sujeta, por lo tanto, a las leyes de la oferta y la demanda y a los vaivenes del mercado. Sin embargo, tal propuesta no hubiera podido hacerse en el siglo pasado, marcado por la presencia narrativa de Alberto Blest Gana (1830-1920).

Algunos han dicho que Chile fue inventado por un poema "porque la tierra es tan remota y apartada y la postrera que los españoles han pisado por la parte del Perú, que no se puede tener de ella casi noticia..."[13], según el soldado-poeta español, don Alonso de Ercilla y Zúñiga (1533-1594), que intentó alzarse contra esta lejanía, sinónimo de desconocimiento y olvido, nombrando a los habitantes y sus costumbres, y el paisaje y la realidad de la "fértil provincia y señalada" de esa época, en La Araucana, que apareció entre 1569 y 1589. Este principio (poético) llenó de gozo a más de un europeizante por considerar que, al igual que en algunas naciones del Viejo Mundo, Chile también poseía un poema épico inaugural. Pero, yendo a lo más serio, quizá podría decirse que ese nacimiento (poético) ayudó a crear una tradición que adquiere sus rasgos más notables en el presente siglo "en que se despoja de su carácter segundón para transformarse verdaderamente en una segunda naturaleza nacional"[14] porque la poesía ha recogido y dejado la huella de todo lo que ha sucedido en el país y, sin duda, está más afincada en lo nacional que una prosa contemporánea, casi siempre menos profunda. Los chilenos han continuado usando la lírica para testimoniar de sus vidas y de su tierra, para describirse y describir su medio, les ha ayudado a inventar y fijar realidades, ha sido un medio de comunicación y de producir arte.

Desde Carlos Pezoa Véliz (1879-1908) se prolonga en este siglo un ininterrumpido sucederse de poetas que elaboran una poesía que se renueva constantemente. Resulta de rigor nombrar a los mayores o a los cuatro grandes que, a estas alturas, son cerca de seis: Gabriela Mistral (1889-1957), Vicente Huidobro (1893-1948), Pablo de Rokha (1894-1968) y Pablo Neruda (1904-1973). Cada uno proviene de distintos espacios geográficos y sociales: el Norte Chico, la capital, la costa central y el sur, respectivamente[15], que influyen en que sus modos de poetizar fueran distintos y que sus modos de acercarse a la realidad y sus lenguajes defirieran. Pero, a pesar de la diversidad, todavía quedaba espacio literario para otros: Pedro Prado (1886-1952), Ángel Cruchaga Santa María (1883-1964), Rosamel del Valle (1900-1965), Juvencio Valle (1900), Humberto Díaz Casanueva (1908), Oscar Castro (1910-1947). Y, con posterioridad: Nicanor Parra (1914), Eduardo Anguita (1914), Gonzalo Rojas (1917); Alfonso Alcalde (1923), Enrique Lihn, Jorge Teiller, Omar Lara, Jaime Quezada, Waldo Rojas, Oscar Hahn, Gonzalo Millán; y, por los nuevos, Raúl Zurita y José María Memet, quienes me parecen representar las dos direcciones, las dos vertientes complementarias que se han dado en la poesía chilena a lo largo de la centuria en un mismo momento y que, en pocas palabras, pueden caracterizarse como un hacer poético aparentemente sencillo, íntimo, que se expresa con frecuencia en poemas breves que utilizan un lenguaje casi cotidiano que refiere a situaciones más habituales en una sintaxis trabajadamente simple que parece de más fácil acceso, por un lado, y, por otro, un quehacer más quebrado, de una gran reflexión, de mayor dificultad para el lector medio por su gran movilidad lingüística y gramatical y por su amplia libertad imaginativa.

Estos dos modos de dialogar con la realidad, y de expresarla, se superponen y no son excluyentes de otras formas que les conviven y que, sumadas, dan esa riqueza que caracteriza a la poesía chilena porque al situarse de distintas maneras frente al hombre y al mundo, obligadamente el quehacer literario se patentiza en diferentes voces que lo fecundan en diversidad y polifonía.


¿Por qué tanta y tan variada poesía?

Las razones para explicarse la tan extendida práctica poética en Chile llevarían, obligadamente, al campo de la psicología y de la sociología, pero también pueden encontrarse algunas causas literarias...

Como señala Octavio Paz en El arco y la lira,(pdf) no hay pueblos sin poesía porque ella es la forma de expresión natural de los hombres. Sin embargo, los habría sin prosa que es un género tardío. No obstante, si comparamos la literatura chilena con la de otros países latinoamericanos, con un pasado relativamente similar en extensión, no todos viven el mismo fenómeno de marcada diferencia de nivel entre la narrativa y la lírica. En México o Argentina, por ejemplo, hay muy buenos poetas, pero posiblemente priman los excelentes narradores. Pareciera que en Centroamérica existe un parangón al Chile-país-de-poetas, se trata de Nicaragua que desde Rubén Darío ha producido un pléyade de grandes líricos: Pablo Antonio Cuadra, José Coronel Urtecho, Ernesto Cardenal —primo de los dos anteriores—, Ernesto Mejía Sánchez, Joaquín Pasos, Leonel Rugama.

Otro motivo que podría explicar la primacía de la lírica sería la facilidad de circulación del verso frente a la prosa si se piensa, fundamentalmente, en países con alto analfabetismo, pero, así y todo, Chile era una de las naciones latinoamericanas con una de las tasas más bajas de analfabetos: 11,86% en 1970[16]. Sin embargo, es probable que una tradición de poesía popular de los payadores haya creado una costumbre que redundará en una mayor facilidad para poetizar, pero tampoco esta usanza es exclusiva de nuestro país....

Quizá podría buscarse un intento de elucidación en la geografía de ese país extraño por su largura y delgadez y por su condición insular. Separado de los países vecinos por la Cordillera de los Andes y aislado por el océano, aunque, si hablamos con propiedad, Chile no es una isla, su apartamiento puede haber producido una necesidad más imperiosa de contemplarnos y contemplar lo que nos rodea con la intención de comprendernos mejor, mediante imágenes más que con conceptos, quizá por la prisa de conocernos para poder enfrentar, con más riqueza y menos inseguridad, lo diferente ya más cercano gracias a la palabra poética que, con frecuencia, representa una explosión de significado. Por esta razón, Humberto Díaz-Casanueva parecía acercarse a una explicación cuando, al recibir el Premio Nacional de Literatura en 1971, señalaba: "...somos un pueblo del que han brotado grandes poetas de gloria universal con el poder de sus visiones y la riqueza y la magia de su verbo, pero nosotros mismos somos parcos, con uno de los léxicos más restringidos del continente, tímidos y pudorosos de que nuestras palabras sean excesivas o broten de nuestros labios demasiado inflamadas por nuestra imaginación o por nuestros sentimientos"[17].

Todos estos intentos esclarecedores no hacen más que evidenciarnos que la poesía chilena ha sido una de las formas en que se ha plasmado el modo en que los chilenos se miran a sí mismos, observan el país y sus rincones, perciben América y el mundo, y ven uno o variados modos de relacionarse con el hombre y su contorno, porque el arte es un modo de conocimiento de la realidad, pero también es una de las modalidades de re-elaborarla. Y la importancia de la poesía chilena hace que los poetas se reconozcan miembros y continuadores de una tradición que casi siempre rompe las fronteras geográficas hasta hacerse continental y universal. Cada uno de los poetas chilenos constituye, además, uno de los eslabones de la poesía contemporánea.


Hacia un intento de caracterización

Como "poesía en movimiento" que busca y que se busca, toda proposición sobre el trabajo que hacen hoy los autores chilenos que comienzan será aproximativa, y doblemente provisoria, porque hablará de un poetizar que se está haciendo y que está en pleno período de formación y porque, además, estará limitada por la lejanía de Chile y por las separaciones entre los diferentes puertos del exilio.

En un primer momento se sugerirá un panorama muy general para entrar, con posterioridad, en ejemplificaciones más precisas, aunque desgraciadamente parciales debido a la imposibilidad de transcribir todos los textos en su completa extensión.

En la poesía de Gonzalo Millán se encuentran muchas de las características de la poesía producida por los más jóvenes. Tanto la objetividad como el distanciamiento, que no significa indiferencia, pueden encontrarse en algunos poemas de Miguel Vicuña, Gustavo Mujica, Javier Campos o Bruno Montané. En ellos desaparece el "yo" para dejar su lugar a una simple mirada, a un punto de vista o perspectiva que cambia rápidamente de enfoque logrando entregar una visión general que, con frecuencia, delata —por su mismo mecanismo, por su solo funcionamiento— la mecanización, la deshumanización y la soledad del mundo que revelan. Este es uno de los grandes temas que es posible reconocer en los trabajos de los jóvenes, cada uno con diferentes procedimientos, cada uno desde diferentes aproximaciones.

 

 

La violencia aparentemente oculta, de un mundo quebrado, es descubierta por las "fotografías" de Javier Campos[18] cuyos daguerrotipos tienen la capacidad de penetrar en el interior de este universo mostrando, así, un "ambiente de pesadilla e irrealidad", y el quiebre y la falsedad de sectores que la foto inmoviliza, obligadamente, develando su vetustez y las limitaciones de las relaciones humanas. Bárbara Délano utiliza, también, esta misma imagen, pero con una función más tradicional: fijar un pasado desaparecido, un ayer donde el amor, la solidaridad y el cariño priman sobre la violencia y la muerte actuales[19]. Las "postales" de Antonio Gil muestran, más bien, un álbum de espacios —paisajes o lugares— que, en su sucesión o en su simultaneidad, parecen adquirir movimiento[20]. Probablemente, es en Gustavo Mujica y en Mauricio Redolés donde la preocupación por "lo chileno" se da de modo más evidente. Mientras éste incorpora no sólo léxico y modismos del español de Chile sino también una escritura fonética, Mujica, que acoge lo primero, se propone además integrar irónicamente "mitos nacionales", dejando constancia de las costumbres y modo de decir. Al mismo tiempo, trabaja con el "collage" que homogeniza citas con textos propios y, otras veces, su "poesía permutativa[21] impulsa al lector a completar y a re-hacer su propio poema.

La "dialéctica de la mirada del 'autor' y del lector[22] en que éste es obligado a participar, impidiéndosele que enfrente una obra acabada, es la exigencia que aparece en mucho de estos poemas, sea porque debe resolver y captar la ambigüedad del lenguaje de Jorge Montealegre, que juega con las semejanzas de las palabras; sea en la percepción del corrosivo humor de Erick Polhammer o de Rodrigo Lira; sea en la comprensión de los poemas de Raúl Zurita como formas artísticas que no suplantan a la realidad, sino como experiencias de vida que en su trayectoria deberán desembocar en una utopía, en un posible que ella misma irá construyendo y que, entonces, podrá entenderse como un producto de arte a compartir[23]; sea incorporándose al juego de los sonidos en los textos de Miguel Vicuña o de Roberto Bolaño.

Mientras casi todos estos autores son citadinos y habitantes urbanos, Carlos Alberto Trujillo es excepción. Habiendo pasado casi toda su vida en la lejana isla de Chiloé, su poesía —más íntima— muestra interés por lo pequeño y lo valoriza, y su cercanía de la naturaleza lo hace expresarse con sencillez en una poesía breve donde la lluvia, el mar, la noche o el silencio se transforman en imágenes que contrastan con el bullicio y la lejanía del hombre con el hombre, propios de la urbe.

Si hace algunos años la primacía de un poema conciso, de verso corto y de lenguaje y situaciones frecuentes parecía netamente imperante, en especial en la voz de José María Memet; hoy, sin embargo, ya se percibe la influencia del nóvel Raúl Zurita que, a su vez, podría acercarse a Juan Luis Martínez no tanto en su poetizar mismo como, más bien, en la concepción y el modo de comprender la escritura y la poesía.

No es difícil reconocer en la obra de los nuevos las lecturas más frecuentes y la fuerza y atracción de ciertos antecesores. La escritura de Jorge Etcheverry y de Naín Nómez, de largos versículos cargados de imágenes y ritmo en poemas de estructura fragmentada, reconoce la poesía de De Rokha, injustamente olvidada incluso en la actualidad. Similares características formales pueden encontrarse en textos de Roberto Bolaño y Bruno Montané, pero su diferencia reside en el mundo expresado y sus preferencias.

Desde Huidobro, los nombres se van acercando hasta hoy y no se evita la simplicidad y el compromiso de Cardenal, la profunda reflexión de Lihn, la añoranza de Teillier ni la ironía de Parra. Figura ineludible, la presencia de Neruda se evidencia en el respeto hacia su actitud humana por concebir y hacer una poesía ligada a la lucha cotidiana de la justicia y la igualdad: los poemas dedicados a su memoria afloran en cantidad. Sin embargo, el rastro nerudiano no se hace tan visible en la obra de los actuales.

Para los jóvenes chilenos que nos dedicamos a esto de la poesía
mistral, huidobro, neruda, de rokha, pezoa véliz, parra,
por mencionar sólo algunas estrellas locales
son la cordillera de los andes
y nosotros
los de hoy en la mañana
no alcanzamos ni a esos montoncitos de arena
que hacen los enamorados en las playas
(furia, pasión, impaciencia, ansiedad, jadeos)

y el mar brama y brama a nuestros pies

("Composición escolar", Mauricio Redolés)[24]

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La complejidad de la existencia, la incapacidad para comprenderla, la rapidez de los sucesos de cada día, la fugacidad de la vida y la presencia inevitable y constante de la muerte, la deshumanización que acompaña al explosivo desarrollo industrial, la influencia de los medios masivos de comunicación, la falta de libertad del hombre que se crea una dependencia de los objetos en la sociedad de consumo, enfrentan al poeta que produce una obra de formas múltiples que varían, incluso, dentro de un mismo texto. Hombre de hoy, el autor se siente incapaz de penetrar, abarcar y explicar esta realidad en su complicación, y de resolver su sin sentido:

Hace años que estamos recorriendo las calles
En ataúdes herméticos

("Santiago, 75", Javier Campos)

El hablante se sabe y reconoce limitado en su capacidad de conocimiento, sus ansias de comprensión se muestran en la rápida movilidad de su mirada que va captando sólo lo que ve, sin poder entrar en profundidad:

Qué perdición estos rebaños
las dehesas heladas con sus cabras
un hombre que es otro que es otro
que es otros hombres.

("Sintonías", Antonio Gil)[25]

La disgregación del mundo también se transmite a la voz que se expresa, sin rigidizarse en una sola actitud, variando del "yo" personal al colectivo, constriñéndose a ser simplemente un punto de referencia o asumiendo, casi simultáneamente, diversos orígenes:

En la vereda poniente al abordaje de un cuerpo
es tarde,
Hay reminiscencias que dan vida al tacto
Por las fosas nasales el aire de la tarde
en la retoma del día
He soñado toda la noche con los bordes
adheridos a la casa
asistí a la coronación del jardín
Hemos girado dando un vuelco monótono
a nuestros saltos
anidando en los huecos de nuestra soberanía
agráfico, en bruto, despertar en almohadas
envuelto en rugidos

(Fragmento de "Acecho"' Marcelo Mellado, 1955)[26]


Los diferentes modos de decir acercan el habla del charlatán del consultorio sentimental o igualan al noticiario, los fragmentos de canciones o las publicidades con los trozos de poemas ajenos y muestran —mediante el collage y el montaje— la heterogeneidad, dificultad y superposición de niveles que la poesía no debe, no puede ni quiere dejar de acoger:

. . Apurad la muerte ancianos
. . Tomad la vida como un regalo
. . . . . . . . . . señoras y señoras
. . como un regalo quitado.

Y ahora todos con las palmas a ver: Rosa María se fue a la playa
se fue a la playa se fue a bañar
y cuando estaba sentadita en la arena pasó una vaca
y no la dejó ver el sol
o la mató no se sabe pero lo cierto es que desapareció. Ayer
justamente leí que estaba en Buenos Aires che. Pero ayer
leí justamente que no estaba en Buenos Aires che.

. . La abeja se queja
. . La masca la mosca
. . Huye el cuye
. . Se ebulle la cosa.

(Fragmento de "Algo que no tiene nombre le ha ocurrido al gallo", Erick Polhammer)[27]

La tendencia general hacia una búsqueda de la simplicidad —característica de ciertos representantes de generaciones anteriores—, más de una vez ha sido tomada erradamente porque se ha confundido con rapidez en el hacer y simpleza y evidencia en el decir. Pocos eluden la sencillez de una poesía hecha, a veces, para ser recitada que se propone acceder rápidamente al oyente:

Ahora me duermo con cuidado;
no quiero que a alguien le moleste
que me disponga a soñar con ciertas cosas
de mal gusto en esta época,
como despertar sin calles sucias
y la primavera detrás de la puerta.

("Ahora me duermo", Esteban Navarro, 1955).

Sencillez de la sintaxis y de un lenguaje donde es frecuente el uso de chilenismos y hasta de una escritura fonética que pretende transcribir la forma exacta en que se habla el español de Chile o que incorpora términos extranjeros con los que el exiliado quiere mostrar el choque de idiomas y la necesaria y difícil incorporación al país ajeno:

¿May I say something?
. . . te quiero
. . . con
. . . mis ganas
. . . ésas
. . . de hambre desértica
. . . y fome
. . . without any charm
. . . I love you
. . . con toda la estupidez de
hablar mal and in two lenguages
. . . I love you
. . . seriously
. . . honestly
. . . sin hueveo
. . . corazón.

("Solicitud", Mauricio Redolés)[28]

Otras veces, el lenguaje —aparentemente simple— juega con la ambigüedad que exige una mayor integración del lector al movimiento que va de la semejanza o exactitud fonética a la diferencia de significado:

¿Por qué Yumbel significa arco iris?

La marmita estaba llena de moho,
húmedo humus solamente y huesos.

Terminó la búsqueda y el término.[29]

("Términos", Jorge Montealegre)

 

La simplicidad se da, también, en las situaciones aludidas ya que no existen ni realidades ni objetos más poéticos que otros o que merezcan privilegiadamente ser cantados:

Shampoo
Linic
remueve
la caspa.

La
pasa
de
un
lado
de
la
partidura
para
el
otro.

("Shampoo Linic", Claudio Bertoni)[30]

El poeta nivela o iguala los asuntos poetizados y no, existen zonas, lugares, cosas, materias ni personas que merezcan su rechazo, y puede referirse con una actitud similar a un ser o a un acontecimiento imaginario o real, a un objeto hermoso o feo, a una realidad negativa o a un hecho heroico, al amor triunfante o al fracasado:

Porque ya no nos aman con el furor de antaño
no nos abren el alma . . . . están abandonadas
por toda la república se les hielan las piernas
las malignas las náufragas . . . . las palurdas las ciegas
Porque ya no nos aman con el furor de antaño
ensuciamos la ropa militando en el vino
nos vamos arrugando como gato al acecho
de una Alicia cualquiera
Porque ya no nos aman porque ya no nos aman
el mundo se despuebla . . . .se descapitaliza
las muchachas se duermen marchitando la noche
sin saber que el sol nuestro es más largo en invierno
Porque ya no nos aman el mundo se despuebla
Porque ya no nos aman con el furor de antaño.

("Los despechados", Juan Camcron, 1947)[31]

La libertad se extiende a la utilización de los más diversos metros, versos, estrofas. La sintaxis no es rigurosa y —a veces— la ausencia de nexos gramaticales entre palabras o frases ayuda a expresar la incoherencia o dificultad del mundo actual:

la unión
para el caso
digo sublime

connivencia bar
el ocaso

no fue
más que una
total
cero a cero
soberana

con patas
digo
peluda

("Abschied", Miguel Vicuña)

Tampoco la puntuación se somete a reglas ni existe ninguna imposición en la rima (que se da muy rara vez):

Espumas de los polos que en las rocas,
hacen anillos de sal, hacendosas,
son las sirenas que esperan ansiosas, c
lavar sus blancos encajes y tocas.

¿Qué bergantín no esperan estas locas,
espumas de los polos, blancas rosas,
romper en mil astillas venenosas,
besándole a los náufragos la boca?

Como novias desnudas en las aguas
a todos los viajeros enamoran
luciendo sus estelas como enaguas.

Y brillan bajo el ruedo las espadas
que clavan tan sonrientes aunque lloran,
dueñas del tiempo, damas de la nada.

("Espumas de los polos", Leonora Vicuña)[32]


Aunque no existen medidas predilectas, puede notarse una inclinación a la brevedad: la fuerza de concentrar en pocas palabras provoca un estallido de significado poético en textos que, más de una vez, recuerdan el epigrama:

Acaso el juego consista
En mostrar todas la cartas
Y ocultar sólo el dolor
Bajo la manga

("Ardid", Teresa Calderón, 1955)[33]

Otros poemas —que pueden no ser largos— intentan el relato de una historia que se desarrolla con personajes en acción y con diálogos:

Y nos acostamos desnudos
como si fuéramos a hacer algo
y no hacíamos nada más que rozarnos
pecho con pecho
mis pezones
y los tuyos
los míos blandos
y los tuyos duros
Yo te los ponía en la boca
y tú te arrancabas
y me decías:
. . . . "Cecilia yo no respondo
. . . . si tú ..."
y yo te dije:
. . . . "No me importa que no respondas
. . . . porque yo no te voy a
. . . . preguntar nada."

("Un poco de calma", Cecilia Vicurla)[34]

El poema descriptivo en que una mirada o un punto de vista se limita a constatar lo que ve, extrema al máximo la objetividad:


El asombro en el ojo del pintor es:
- Un largo pasillo que se incendia
- Unos pies que son lavados en un lavatorio
- Labios rojos de mujer joven
- Primer plano de nucas oscuras cuando los músicos acompañan
los saltitos de la bailarina que alucinada baila alumbrada
desde abajo por los focos

("Homenaje sin descubrimientos/ A la memoria de Degas", fragmento, Bruno Montané)

En la prosa poética, las imágenes -especialmente visuales- adquieren gran importancia:

Los poderes los movimientos bancarios los tecnócratas
incrustados
En un atardecer que se mueve lentamente a través del
cristal de
Las oficinas los sillones reclinables el humo las piernas
sobre la
Alfombra los penes las falanges de lápices labiales la
cinta del
Teletipo las miradas las blusas verdes las raíces
cromáticas en
Las retinas los sillones de cuero las aristas los reflejos
la ropa
Interior blanca los números los paneles rojos los
teléfonos

(Fragmento de "Los poderes", Roberto Bolaño)

Hay autores que producen, también, una poesía visiva, donde la palabra se une a la fotografía, al dibujo, al material plástico o al graffiti. Entre ellos: Eduardo Parra, Gustavo Mujica, Gonzalo Millán o Cecilia Vicuña.

El tratamiento temporal o la relación del poeta con el tiempo se hace compleja porque éste pierde su carácter lineal debido al constante cambio en las formas verbales o por la cercanía del hoy, del mañana y del ayer que pueden llegar a confundirse:

Cuando llueve en Julio
me preocupo por los bosques de mi infancia.
Ese bosque del que no recogí
ni moras, ni murtas,
del que no traje
ni el olor de los eucaliptus
los sorpresivos hongos.
Ese bosque de dudosa fisonomía
en el que tal vez nunca estuve
y del que trato ahora de salir
buscando algunas marcas en los árboles
las piedras que guiaron mi posible entrada
temeroso de sus aviesas sombras,
empapado de lluvia
enterrado en el lodo
soy un árbol más.

("Cuando llueve en Julio", Jorge Torres Ulloa)[35]

La obsesión del paso del tiempo aparece, en ciertas ocasiones, en un intento de detenerlo para fijar y conservar las situaciones. En esta escritura del exilio o del país cambiado y perdido, se hace frecuente el reflejo y la expresión de añoranza:

De curso cambió -
. . . . . . . . . . . . . Aquel río
La tormenta
. . . . . . . . . . . . . Derrotó al árbol
Que perdió al pájaro
. . . . . . . . . . . . . Con fe en las raíces

(Gustavo Mujica)[36]

Tiempo y espacio, a veces, se confunden en sus características negativas o en el anhelo de variación:

En que la patria borrada fue renaciendo como una playa que les
hacía luz de sus despojos y donde resurrectas hasta las piedras de
Chile se alzaron gritando de dicha . . . . delirantes . maravilladas
mirando todo el universo saludar la revivida que les vestía de
fiesta los ojos

(Fragmento de "A las playas de la patria", Raúl Zurita)[37]

Esta es una poesía que puede ser localizada o situada porque, muchas veces, explicita la concreción exacta de un espacio determinado, aunque en otras ocasiones —como en ciertos momentos del largo poema La ciudad de Gonzalo Millán— una buscada vaguedad tiende a la generalización e incita al lector a situar el acontecimiento donde lo sienta apropiado:

Los ascensores bajan.
Los soplones son ubicuos.
El ascensorista es un soplón.
••• •••
Dan de baja a varios generales.
Los pasajeros suben a cubierta.
Dan de baja a miles de obreros.
••• ••• •••
Piden papeles de identidad.
Detienen a los indocumentados.
•••
Toman once
Toman mate.[38]

Casi todos estos escritores se pronuncian contra la pérdida de las relaciones naturales originarias entre el hombre y el ambiente natural. La mayoría vive en ciudades que aparecen, en oportunidades, más que como simple mención o ámbito urbano —y capitalino—, transformándose en objeto poético (al que se canta), describiéndose o rechazándose:

Otoño Santiago viejo y cafesoso
El humo sale de las chimeneas
. . . . . . negro
. . . . . .. . . . denso
. . . . . .. . . .. . . . muerto
decididamente antiorgánico
Y LA TIERRA TIENE FRIO
PARA EL QUE PISA DESCALZO
El parque forestal
es una perfecta tarjeta para vender en Village
Otoño Santiago
larguirucha ciudad pálida como tía abuela
Esta estación te queda al callo

("En este otoño", fragmento. Bárbara Délano)[39]

En oposición, se sitúa la escritura más íntima, y menos frecuente, que nace del contacto directo con la naturaleza:

Y cuando llovía
sobre la carretera de Castro,
daba la impresión
de que el bus era una estrella fugaz
avanzando a tientas,
entre la totalidad
de los cabellos blancos de Dios.
Y a lo lejos,
el pueblo, que esperaba con las luces encendidas
colgando de una nube,
era como lo infinito de tus ojos
cuando esperan los míos.

("Ruta 5", Sergio Mansilla, 1958)[40]


Gritos de alerta pueden parecer, a veces, estos poemas en que se denuncia o se llama a la rebelión contra la sociedad de consumo:

y sean cuales fueren los cuentos que te cuenten, desgraciado
la cuenta que te pasen
. . . . . . . . saldrás del hospital, clínica o centro médico
tarareando gracias a la vida
motivado por los avisos y consejos de la publicidad que nos ayuda a vivir mejor
. . . . . . . . desde la radio o el televisor
que tanto habrán contribuido a tu curación
. . . . . . . . rumbo al local más cercano
. . . . . . . . en que se pueda jugarle una cartilla a la
Polla Gol . . . . a cambio de un templo donde sacrificar un
gallo a Esculapio ...
. . . . . . . . O sea que en resumen habría que morirse sin alharaca

(Fragmento de "4 trescientos sesenta y cinco y un 366 de onces". Rodrigo Lira)[41]

Llamados vigilantes contra la monotonía, contra la cómoda seguridad, contra la rutina que maquiniza deshumanizando, violentando y haciendo olvidar la magia y novedad de cada día:

Yo me doy una vuelta entera
Porque así obedezco
Pero pongo algo de mi parte
Y no se me achica la masita blanca que me hace
. . . . . . . . pensar
Y fomento como ellos mismos dicen la iniciativa
. . . . . . . . privada
Y me perdura algo de la hermosura humana
Y si quiero me pongo zapatos de vidrio
Y si no los tengo mc los invento
Me los imagino
Pero al final me los pongo
Y con los zapatos de vidrio vuelo
Me enajeno
Me condecoro amador de la utopía
... Aunque las balas no me entiendan...

(Fragmento de "Los zapatos de la utopía", Antonio Arévalo)[42]

La rebeldía del poeta grita al lector porque no quiere que la realidad hostil sea tomada como inamovible. No es extraño encontrar un sentimiento de desencanto ante la locura del mundo que parece ir hacia su propia destrucción:

moriremos todos de golpe
decapitados por un mono mayor
que supo regar su afrodisiaco
y sueña con viajes infernales
y ejecuciones cuadrafónicas
o moriremos en paz
cada uno en su accidente
pero vivir muriendo
es la peor traducción literal
que se conoce de Vallejo

(Fragmento de "Lo encontramos durmiendo en el rellano", Ricardo Cuadros, 1955).

Otras veces, la repulsión ante la injusticia muestra una actitud de decidida creencia en que un cambio de sociedad podrá enmendar caminos y construir soluciones:

No diré tu nombre
Porque me pueden escuchar
Hombres
Que no quieren saber nada con la lluvia
Seres que tratan de olvidar a los sin ropa
No diré tu nombre
Porque es el mío
Y ni tú ni yo
Estamos dispuestos a morir
Sin levantar la bandera
Que nos hará mejores.

("Testimonio anónimo", José María Memet)[43]

En un mundo de incomunicación, la poesía es una herramienta que sirve para romper el aislamiento: la necesidad de participar, el intento de superar la soledad, se evidencia en el constante uso de apelaciones al oyente, llamados que solicitan la atención del auditorio:

Se ha roto una columna: vi a Dios
aunque no lo creas te digo
sí hombre ayer domingo
con los mismos ojos de este vuelo

("Domingo en la mañana. Epílogo", Raúl Zurita)[44]

La ironía, el humor, la ambigüedad o el uso de ciertos efectos como el imprevisto y el suspenso, piden una mayor cercanía y una complicidad del lector que debe integrarse para comprender e intentar deducir la causa del doble sentido o del equívoco:

. . La consigna era sólo una:
caminar y encontrarse en una esquina
. . con su propio cuerpo
olvidado en una esquina

(Carlos Alberto Trujillo)[45]

La necesidad de eludir la evidencia reclama una comunidad, con el lector que debe saber leer (u oír) lo que se le dice veladamente: trabajo del oyente y del hablante que participan, en distintas etapas, de esta escritura:

Ay, ay, ay. que viene el huaso
en la noche negra,
ay, ay, ay, que viene sobre una yegua
clavándole las espuelas.
.
Ay, ay, ay, que blanco pañuelo lleva
el huaso en la noche negra,
ay, ay, ay, ¡qué vino tan frío toma
este huaso'e mierda!

Ay, ay, ay, que está llamando a las mozas
con su pañuelo en la noche llena,
ay, ay, ay, que ciegas son estas huasas
que no zapatean.

Ay, ay, ay, ya nadie le hace collera
ni le hacen "huifa",
ay, ay, ay, ¡qué cueca tan sola baila
el huaso chileno en la noche negra!

("La noche moderna", Armando Rubio)[46]

El humor también le sirve al poeta para crear una distancia entre él y la materia poetizada: usa esta función cuando quiere que su relación con el mundo poético sea menos emotiva. La ironía o el humor permiten, en otros momentos, degradar, ridiculizar o mostrar un sentir frente a lo que se dice. El escritor asume, entonces, diferentes actitudes que se expresan en tonos variados donde aparece la burla o la impavidez; la serenidad o la pasión; el temple grave, festivo o trivial. Posturas que se relacionan con la utilización de diferentes materiales y modos de decir en poemas que aluden a la complejidad de una realidad que no tiene una sola faz y que no puede ser interpretada unívocamente.

Es notoria la preocupación de casi todos los autores por su labor literaria. La inquietud y búsqueda sobre el trabajo del poeta, su actividad, su relación con el lenguaje o su necesidad de comunicación y expresión se explicita en diversos textos:

Y la voltereta
. . . . . Y el trapecio
Te abandona
. . . . . Y la caída
Te salva
. . . . . Ves
La palabra
. . . . . Como red.

(Fragmento de "Arte poética", Gustavo Mujica)

Y todo perdía validez en mis versos
cuando escribía un poema dedicado a tí:

Colocaba tu nombre entre paréntesis
y tú
te enredabas como en una telaraña.

(Carlos Alberto Trujillo)[47]

Como si lo humano fuera ciudad mental o campo verde
. .ante una aparente sencillez al escribir versos
. .que tratan , que se esfuerzan
en darte una parcial imagen
de esta vida

(Fragmento de "Peligro a toda máquina", Bruno Montané)

A veces, se alcanza un segundo grado de complejidad porque la metapoesía no alude simplemente a la actividad poética general sino que refiere al poema concreto y específico que se está escribiendo y que, en el momento de la lectura, está ante los ojos del lector:

Avanza la estación.
El poema avanza.
El tiempo avanza.
El autor es un hombre de edad avanzada.
... ... ...
La costurera hilvana.
El anciano hilvana.
... ... ...
El zapatero clavetea.
El anciano compone un poema.
El poema habla de una ciudad.
... ... ...
El anciano aún respira.
El anciano está en las postrimerías.
Estos son los versos postrimeros:
... ... ...
Se cierra el poema

(Fragmentos de La Ciudad, Gonzalo Millán)

sin temor ni consideraciones estilísticas, no pretendiendo incluso hacer por esta vez (sale p'allá) poesía, reconociendo una formación intelectual. Las citas de los hombres consagrados elevan el nivel del texto

Volviendo al tema. Los chilenos somos todos poetas. Lo difícil es mantener el ritmo, las metáforas, alguna reminiscencia de lo que Ellos llaman poesía, ... ...

Suspendamos un momento esta letanía para rendir un homenaje a todos aquellos que usaron alguna vez una manera de decir que de algún modo está presente en la intención de estos escritos

(Fragmento de "Perro con alas", Jorge Etcheverry)[48]

No existe una actitud homogénea frente a la función que se le otorga a la poesía ya que si algunos creen en el poder de la palabra o en su capacidad de ordenar el mundo caótico donde todo se convierte en mercancía y donde el hombre no vale por sí mismo sino por lo que posee o representa, los mismos u otros se interrogan sobre el sentido y la efectividad del poeta y su quehacer:

Yo creo que tengo un gran defecto,
un problema psíquico:
siempre estoy intentando escribir algo útil.
¡Qué manía la de encontrar utilidad
a una profesión inútil!
Ya ven ustedes como mi obsesión practicista
me hace llamar profesión al humilde oficio
del poeta.

(Fragmento de "Pequeño contratiempo justo a final de siglo", Eduardo Parra).


Muchos autores explicitan que la palabra es la fundadora de una realidad (poética) que tiene valor en sí misma:

llueve interminablemente dentro de una novela de tapas grises
pero si abro la ventana no sólo entrará la brisa tibia a mi dormitorio también el polen y veré pájaros tomando el sol en
los cables de luz y en los árboles sin embargo llueve dentro
de esta novela y un hombre se aleja corriendo de un grupo de
cabañas más veloz que la brisa y que los trenes y la primavera

(Fragmento de "Nenúfares", Roberto Bolaño)[49]

Algunos poetas utilizan personajes o sucesos del pasado para mostrar su pervivencia en el presente. El ayer es mostrado desde el hoy para actualizarlo y clarificar ciertas situaciones que se asemejan, se repiten o continúan existiendo:

¡Oh! Esos sí que eran Dictadores!
¡Casimiro Marcó del Pont volverá!
¡Las Monarquías aún no han muerto!

Santiago está disfrazado de campiña tranquila y reposada
Las grandes propiedades se comen la tierra y las ansias
La anemia se maquilla de adobe y remodelación
La tisis y el hambre bromean con los pobres y el polvo

(Fragmento de "Fosacomún. Trabajo sobre Santiago", Gregory Cohen)[50]

Me llamo Arturo
y soy un "pequeño-dios" de la oratoria
y me asomo desde el vagón de un tren francés
para saludar a mi chusma,
como Narciso se asomaría sobre el lago que lo refleja,
sobre los votos que me reflejan, sobre los fusiles que se reflejan
en matanzas y elecciones.
Yo soy el más hermoso de esta sala

(Fragmento de "Palabras del obstruccionista al senado", Cristián Warnken).

Esta poesía evidencia que los nuevos escritores chilenos se enfrentan e interrogan ante una realidad concreta cuya expresión literaria trasciende límites geográficos extendiéndose y mostrando el mundo del hombre contemporáneo.

La muestra precedente ha querido asomarse a la producción de los jóvenes poetas con el propósito de señalar algunos de sus rasgos específicos. Entre sus muchas limitaciones, el carácter incompleto y fragmentario de este panorama de recorrido y obra obedece, en parte, a las condiciones del objeto analizado: dispersión de una poesía que proviene de una realidad fracturada que necesita del encuentro para establecer el vínculo que le permitirá transformarse en comunidad y comunicación.

París, agosto de 1982

 


Postdata:

Este texto coincide, en su generalidad, con un curso sobre el mismo tema dictado en la "Segunda Escuela Internacional de Verano", realizada en Rotterdam en agosto de 1982, por iniciativa del Instituto para el Nuevo Chile.

El tiempo transcurrido ha variado ciertos datos: fueron publicados algunos libros que en ese momento eran inéditos, se han dado a conocer nuevos autores y otras "tendencias" poéticas, etc.

Sólo en 1983, gracias a Juan Castillo y, con posterioridad, al Primer Coloquio Internacional de Literatura Chilena, realizado en París, en junio de este año, pude acceder a obras de Carlos Cociña, Gonzalo Muñoz y Diego Maquieira, por la generosidad de Diamela Eltit, Bernardo Subercaseaux y Raúl Zurita. Estos textos exigirían, por lo menos, la mención de algunas de sus características. Este silencio, tal como muchas otras ausencias involuntarias, sólo pueden comprenderse por la distancia del exilio...

París, septiembre de 1983

__________________________
Notas

[1] Armando Donoso ya usaba el término en 1912: Los Nuevos. Para mayor precisión de este concepto ver, entre otros, los artículos de: Saúl Yurkievich, Martín Micharvegas, Jorge Alejandro Boccancra y Roberto Bolaño, mencionados en el artículo precedente: "Una generación dispersa".
[2] Benjamín Cares, léase Gustavo Mujica, en Canto Libre 6 (Paris, 2° semestre 1977), p.48, y Canto Libre 8 (París, s.f.), p.47.
[3] Término acuñado por Enrique Lafourcadc en Cuentos de la generación del cincuenta. Santiago, 1959.
[4] José Luis Rosasco: “Poesía joven. La generación del setenta” en Atenea 436 (Concepción, 2do. semestre 1977). 79-109; Soledad Bianchi: ver artículo anterior.
[5] Julio Cortázar. "Algunos aspectos del cuento" en Cuadernos Hispanoamericanos 255 (Madrid, mayo 1971),. p.413: "... El entusiasmo y la buena voluntad no bastan por sí solos, como tampoco basta el oficio de escritor por sí solo para escribir los cuentos que fijan literariamente (es decir, en la admiración colectiva, en la memoria de un pueblo) la grandeza de esa Revolución [se refiere a la Cubana] en marcha. Aquí, más que en ninguna otra parte, se requiere hoy de una fusión total de estas dos fuerzas, la del hombre plenamente comprometido con su realidad nacional y mundial, y la del escritor lúcidamente seguro de su oficio...".
[6] Revista CAL 3 (Santiago, 1979), p.7.
[7] Revista Hoy (Santiago, 2-8 junio 1982).
[8] Rainer María Rilke: Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, cit. en La Gota Pura 2 (Santiago, enero 1982), p.1 .
[9] Waldo Rojas llamó así a los poetas de su propia generación.
[10] Jaime Quezada: "Presencia y ausencia de una generación": texto leido el 19 de noviembre de 1981 en el acto del mismo nombre, organizado por el Taller de Poesía de la Sociedad de Escritores de Chile.
[11] La bibliografía sobre el tema ya es numerosa, me limitaré a remitir a: José Joaquín Brunner: La cultura autoritaria en Chile. Santiago, FLACSO, 1981.
[12] Antonio Skármeta: "Literatura chilena de hoy. Prosa y Poesía" en Review 27 (New York, 1980), pp.8-95; Primer cuaderno de Poesía Chilena. Ottawa, Ediciones Cordillera, 1980. 38 pp.; Miguel Vicuña: "Poesía chilena 1982, una muestra" en Tr ilce 17 (Madrid, abril 1982), pp.26-46.
Poesía para el camino, La más nueva poesía chilena, y Uno por uno, fueron mencionados en el artículo anterior.
Taller Nueve: Poesía en Sol. Santiago Alfabeta Impresores, 1980. 122 pp.
Puede encontrarse obra de poetas recientes en algunas antologías que incluyen a autores de diferentes promociones: Poetas chilenos de hoy. Selección de Daisy Benett y Ariel Fernández; David Turkeltaub: Ganymedes 6, Santiago, Ganymedes, 1980. 62 pp.; Omar Lara y Juan Armando Epple: Chile: poesía de la resistencia y del exilio; Sergio Macías: Los poetas chilenos luchan contra el fascismo; II sangue e la parola. Introducción, traducción y notas de Ignacio Delogu; Silverio Muñoz: 40 poemas de 8 poetas chilenos nacidos en los 40. University of Maryland, 1979. (No se entregan datos para aquéllas que fueron mencionadas en el artículo precedente).
[13] La Araucana. Buenos Aires-Santiago, Editorial Francisco de Aguirre S.A., 1977. (Colección Reino de Chile, 6), p.XXXIX.
[14] Alfonso Calderón: Antología de la poesía chilena contemporánea. Santiago, Editorial Universitaria, 1970, p.7.
[15] Jaime Concha: La poesía chilena. Santiago, Editora Nacional Quimantú, 1973. (Nosotros los chilenos N° 35), p.61.
[16] Zaida Soto: El analfabetismo en Chile. Santiago, Celade, 1972.
[17] Cit.por Jaime Concha, op.cit., p.9.
[18] Javier Campos: Las últimas fotografías. Montevideo, Acali Editorial, 1981.29 pp.
[19] Estos poemas de Bárbara Délano permanecen inéditos.
La fotografía como tema y concepción organizadora del poema en el que se detiene un tiempo y un espacio, puede encontrarse en numerosos poetas. Sin, embargo, esta atracción no justificaría hablar de una influencia determinada, parecería tratarse más bien de una convergencia de época justificada por la accesibilidad de este medio de reproducción. Ver "Foto" de Ernesto Cardenal en Poesía. La Habana, Casa de las Américas, 1979. (Colección Literatura Latinoamericana), p. 115.
[20] Antonio Gil: Los lugares habidos. Santiago, Las Ediciones del Ornitorrinco, s.f. 121 pp.
[21] Julio Cortázar nomina "poesía permutante" a aquélla donde las "unidades básicas del poema" pueden variarse infinitamente: Ultimo Round . 2a. ed., México, Siglo XXI Editores, 1970, planta baja 65-69. A este mismo juego combinatorio alude Gustavo Mujica.
[22] Iouri Lotman: La structure du texte artistique. París, Editions Gallimard, 1973. (Bibliotheque des Sciences Humaines), p.65.
[23] Ver revista CAL 2 (Santiago, julio 1979), 10-11; CAL 3 (1979), 20, y "Presentación" a op. cit. de José Joaquín Brunner, 7-13.
[24] Mauricio Redolés: Poemas urgentes. Edición mimeografiada, 73 pp.
[25] A.Gil: op.cit., p.61.
[26] M. Mellado: Uno por Uno, op. cit., p. 81.
[27] Poesía para el camino, op.cit., pp.68-70. "Rosa María se fue a la playa /se fue a la playa se fue a bañar/ y cuando estaba sentadita en la arena me decía con su boquita: 'ven que vamos a bailar’”: versos de una canción popular. La estrofa "Apurad la muerte..." pareciera estar dicha por un charlatán, un vendedor o un predicador. La estrofa "La abeja se queja..." se repite a lo largo del poema como un estribillo. En ella se juega con la repetición de ciertos sonidos.
[28] Pertenece al libro inédito: Notas para una contribución a un estudio materialista sobre los hermosos y horripilantes destellos de la (cabrona) tensa calma. Respecto al lenguaje, posiblemente más decidor sea "La amnesia" que pertenece a Poemas urgentes, pero la imposibilidad de publicarlo in extenso determinó la elección.
[29] Recuérdese que en 1980 se encontraron, en el pueblo sureño de Yumbel, restos de hombres y mujeres que habían desaparecido durante los primeros meses que siguieron al golpe de estado.
[30] El cansador intrabajable. Inglaterra, Beau Geste Press, 1973. s.p. El comienzo del poema transcribe una publicidad cantada que se transmitía por la radio.
[31] Cuaderno de poesía. Encuentro de Arte Joven, 1979. Juan Cameron fue seleccionado con el seudónimo de Claudio Zamorano en la antología de Martín Micharvegas, con este nombre firmó hasta hace pocos años.
[32]Cuadernos Marginales 4 (Santiago, agosto-septiembre 1980), p.30.
[33] Uno por uno, op.cit., pp. 26-27.
[34] Sabor a mí. Inglaterra, Beau Geste Press, 1973. s.p.
[35] Jorge Torres Ulloa (1948): Palabras en desuso. Chile, Edición Particular, otoño 1978.
[36] Cuadernos Marginales 3: "Diáspora Latino-Americana" (Santiago septiembre-octubre 1979).
[37] De "Las utopías" en Ganymedes 6, op. cit., p.50.
[38] La ciudad. Québec, Les Editions Maison Culturelle Québec-Amérique Latine, 1979. 120 pp.
[39] México Santiagol... . México, s.c., 1979.
[40] Poema que aparece en la antología: Poesía de la X Región de Gabriel Venegas. Osorno, Imp. Carrillo, octubre 1977, p.41.
[41] "4 trescientos ..." obtuvo el Primer Premio en el Concurso de Poesía que la revista santiaguina La Bicicleta organizó en 1980, y fue publicado en su N° 6, de marzo-abriF de ese año, pp.14.15.
[42] El luchexilio. Roma. Ediciones Maruri, 1981, pp.36-37.
[43] Bajo amenaza. Santiago, Editorial Aconcagua, 1979. (Colección Mistral), p.42.
[44] Purgatorio Santiago, Editorial Universitaria, 1979. p.21.
[45] Escrito sobre un balancín. Castro (Chiloé), Aumen Ediciones, 1979, p.29
[46] Hoy (Santiago, 17-23 diciembre 1980), p.43.
[47] Escrito, op.cit.., p.20.
[48] El evasionista - The Escape Artist:. Ottawa, Ediciones Cordillera, 1981. Edición bilingüe, pp.10-18.
[49] Araucaria 14 (Madrid 1981), p.148.
[50] Todos los poemas que no mencionan su procedencia no han sido publicados en libro por su autor. Varios aparecen en mi antología de reciente aparición: Entre la lluvia y el arcoíris. Algunos jóvenes poetas chilenos. Barcelona, Ediciones del Instituto para el Nuevo Chile, 1983. 286 pp. Esta sección, "Hacia un intento de caracterización", se basa en el último fragmento de su prólogo.








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