El anciano que grita de puerta en puerta comprando zapatos viejos
carga una bolsa llena de caminos usados
Abrir este libro en su primera lámina, es equivalente a descorrer las cortinas de una habitación en un país extranjero y descubrir que afuera hay una figura humana que, sin moverse ante el ojo, fluye intensa entre este instante que transcurre y el siguiente, inminente y rotundo, ese que tal vez nunca llegue.
Desde sus pies, sobre la calzada, se yergue en modo horizontal una sombra larga y dudosa. Es un trazo escrito en el suelo que no funciona como antiguo reloj de sol; sino como la medida exacta de una soledad en blanco y negro que nos invita a deambular junto a ella.
Las páginas llevan al recién llegado a través de espacios interiores y por los vacíos paisajes de una ciudad onírica que amenaza con despertar para siempre. Hay rieles antiguos de trenes y tranvías. Rieles obcecados, testigos protegidos de viajes largos que por fin concluyen; esos que vivieron para regalar sus chispas metálicas hasta que el último pasajero dejó de venir.
En el horizonte se pueden ver puentes que se alejan, que todavía parecen huir haciéndose pequeños e invisibles. Una prueba de ingeniería que demuestra que los ríos también pueden dividir vidas.
Todo sucede en escalas de tonos grises. Escaleras con peldaños hechos de sombra; cuando ésta falta, el espacio abandonado recién puede adquirir el apodo de puerta o ventana.
Nuevamente la figura humana se aparece en la Ruta, pero dando la espalda. Indica hacia una dirección con Entrada liberada al final del pasillo. El resto de la aventura es avanzar como un espeleólogo con su antorcha esencial en la mano, deteniéndose cada ciertos pasos sólo para respirar; como quien busca un motivo o el cofre vacío.
Afortunadamente y a diferencia de otras producciones, este trabajo plástico se manifiesta ante el lector-espectador de manera directa y transparente. No es un acertijo por descifrar que exige un conocimiento especializado propio de algunos, sino por el contrario, se brinda como una brisa, como una experiencia vital y estética; o acaso se requiere una formación especial para sentir la emoción del ahora o simplemente para contemplar el mar gallego en invierno... claro que no.
Este libro es un cuarto oscuro en movimiento, un oleaje interno donde se revelan imágenes pintadas que no ambicionan ser fotografías. Hace rato no envidian la nitidez ni el destello del fotograma; porque ya no es necesario.
La pintura en Interiores XLV de Xulio López Varcárcel es una elección que habita, y hace habitar, en el estremecimiento del ahora y la fortuna de respirar en este mundo; pero sin requerir forzosamente de la instantaneidad y la definición precisa en HD al seleccionar los elementos sujetos de pintura.
El imaginario de López Varcárcel se expone desde un lugar intuitivo ubicado entre el presente y la bruma; considerándolo también un intento de orden hiperrealista. Esto, en relación con su vigor, potencia, verosimilitud trágica y fragilidad cotidiana.
Es decir, cada oleo es “casi” una fotografía hecha a mano que posee la capacidad de dar forma al instante justo, al signo vivo que señala múltiples interpretaciones y sentidos; ahí donde el mundo palpita y lo efímero adquiere materialidad visual. Incluso podríamos hablar de una migración interior; desplazamientos expresivos entre luces y sombras, reales o no, en el claroscuro mental de Galicia.
Finalizando esta picto-lectura, se puede mirar hacia atrás y detectar en el recorrido algunas señales semejantes a huellas dejadas por alguien sobre el arenal. Están expuestas al clima y a la textura cambiante de la memoria; aquel constructo que cada uno de nosotros ordena a “su pinta”, lo queramos o no.
Las camas y los zapatos son claros ejemplos. Quizá sean presencias, densidades o pausas significativas dispuestas en lugares y tiempos estratégicos; o sea, son parte de la contemplación y la lectura. Como marcando el ritmo y el latir de algo, pero sin la menor certeza de que al hacer el viaje de regreso se puedan hallar estos elementos en la misma posición en la que fueron encontrados.
Interiores XLV de Xulio López Valcárcel son trazos y pinceladas escritas con volumen y silencio; también con claridad, nostalgia e incluso certeza. Es picto-escritura privada y vernácula. Es diario íntimo y a la vez registro, en los que se descarta el acto conservando la acción; donde se logra volver borrosa la silueta del recuerdo, pero sin olvidar jamás su inagotable desnudez.
En esta contundente obra, se hace visible para todos la maestría certera de un artista pleno, vigente y sólido.
Santiago de Chile, enero de 2026.
Señales en la Ruta
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Xulio López Valcárcel (Lugo, 1953) es un escritor de Galicia, España. Licenciado en
derecho por la Universidad de Santiago de Compostela, trabaja como procurador de
los tribunales y reside en la Coruña. Conocido sobre todo como poeta, participó en
los colectivos Cravo Hondo y De Amor e Desamor. Fue parte del consejo de
redacción de Luzes de Galiza. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía para menores
de 25 años, Premio Guimaraes, en Portugal, el premio "Celso Emilio Ferreiro" del
ayuntamiento de Santiago de Compostela en 1979, premio "Antonio Tovar" en
Orense, el premio Miguel González Garcés (1993), premio "Irmandade del libro",
otorgado por la Federación de Libreros, (2002) y el Premio de la Crítica de poesía
gallega en 1994 y 2004. Asimismo es autor de diversos trabajos sobre arte y
literatura y algunos libros de relatos. Colabora, además, en la prensa (Página
literaria de El Ideal Gallego y en la radio (Radio Coruña, Cadena Ser).
www.letras.mysite.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza. e-mail: letras.s5.com@gmail.com Solo en Blanco y Negro.
Sobre INTERIORES XLV de Xulio López Valcárcel.
Libro de pinturas al óleo, Galicia, España, 2025.
Por Víctor Hugo Díaz.