París, julio 1924 . . . . . . . . . . .
Sr. Salvador Reyes
Estimado poeta y amigo:
He recibido su hermoso libro de versos y ahora a pocos días de su carta me apresuro a contestarle.
Pienso que no debe dar ninguna importancia a la opinión que tengan de Ud. o de mí en Chile. Es lo mismo y cuenta tanto en el mundo como lo que se piensa en las Islas Sandwichs. La raza chilena es tonta por naturaleza y aunque ello es muy triste no tiene remedio (A menos que lleven 500.000 europeos por año).
El pobre Omer Emeth es una gallina ciega, era el único asno que había en Francia por eso se sintió fraternalmente atraído a Chile y fue a encallar en nuestras playas. Díaz Arrieta es un títere que no sabe qué es arte por definición.
Por eso es que no hay que pensar en esa gentuza. Si quiere hacer obra en Chile, siga su camino deseado, derecho sin mirar a los lados. Allá. hay que ponerse anteojeras como los caballos y sobre todo hay que cortarse el cordón umbilical con la patria. No tener ningún contacto con nadie, vivir entre sus libros y trabajar mucho.
Es una gentecilla terrible y por mucho que uno huya de ellos tienen el tacto especial de venir a molestarlo en su rincón. Figúrese usted que aquí en París donde yo les ahuyento como la peste, no me dejan vivir con sus chismes.
Son unos podencos moralistas de pura impotencia. Están furiosos porque cuando di mi conferencia en La Sorbonne no envié invitación a ningún chileno.