Mari Kvla Kvyen (13 moons) es una producción interdisciplinar que ha juntado a artistas de distintos ámbitos creativos (Alex Mellado con la pintura y cerámica, Luz Angélica Llancafil y sus hijos con la música y el canto, Patricio Saavedra con la fotografía, Iván Antilef con la poesía, Leonel Lienlaf con la curatoría, Alejandro Gómez con el arte floral y Pamela Molina desde la lectura poética) en una obra abierta, orgánica y en marcha que va tranformándose en sus distintas puestas en escena, “no es una obra cerrada, sino un organismo en construcción” (Lienlaf, 2026) y que reivindica la conexión con el territorio y la memoria desde Temuko, una ciudad fundada como un fuerte militar chileno a fines del siglo XIX en pleno territorio mapuche, una ciudad con casas no mapuche, “mapuche no ruka” (Lienlaf, 2018, p. 16) y en cuyo río corre la sangre derramada de un genocidio del que sigue siendo difícil hablar.
El título de la exposición hace referencia a las 13 lunas que conforman el ciclo solar natural, sin los añadidos artificiales del calendario gregoriano, un ciclo que comienza en el solsticio de invierno, que es cuando la nación mapuche celebra el wiñon antü o we txipantu, esto es, la vuelta del sol o año nuevo (Ñanculef, 2016, p. 41; Quidel & Hernández, 2026, p. 174; Catriquir and Llanquinao, 2017, p. 119):
Sobre este territorio, el pueblo mapuche ha tejido su comprensión del tiempo a través de las trece lunas que componen su año, marcando la cotidianeidad y el ciclo agrícola. Trece momentos que no son imposición del calendario, sino ritmo, escucha, correspondencia con lo vivo. (Lienlaf, 2026).
En ese sentido, la exposición Mari kvla kvyen es también una forma de celebrar el wiñon antü, cuyo newen (energía) invita a recomenzar, a fortalecer las raíces, a profundizar la conexión con el territorio. Eso es principalmente lo que esta exposición viene a comunicar. Su inauguración tuvo lugar el 20 de junio de 2026, en el restaurante don Claudio de Temuco, también conocido como La Serpiente (Aguirre Delgado, 2026) un lugar alejado de los circuitos artísticos oficiales al que Antilef se refiere como un “tugurio” (2026, p. 46). La segunda presentación de la exposición tuvo lugar en un contexto diferente, en el marco del congreso NAISA, que por primera vez tiene lugar en Abya Yala y más concretamente en Wallmapu, territorio ancestral mapuche.
Esta iniciativa parte, tal y como comunica Lienlaf en su texto curatorial, de una decisión colectiva de volver a la raíz, evitando convertirse en meros reflejos impuestos, superficiales, de las vitrinas de la calle. La propuesta es el regreso, siguiendo con los ojos al “tiuque que sobre vuela las parroquias urbanas, testigo alado de un territorio que insiste en recordarnos quiénes somos y de dónde venimos”.
Extiende sus alas un tiuque: va, viene, vuelve. En su extenso abrazo respira el territorio. Es cierto que la ciudad duele, sus horadados adoquines, porque no pueden verse las estrellas, es un viaje, un desviaje obligado. La palabra desviaje parece contener muchas palabras: es un desvío del camino propio, de la lengua propia, el mapuzugun, la lengua de la tierra; es acaso, también, lo contrario del viaje, y desde ahí entonces el sentido de ese guión que explicita la negación: des-viaje. Pero es también quizá la frase de Teillier: “hay que viajar para no viajar”, porque estamos condenados a ver con nuestros ojos, que están ya impregnados de paisaje, un paisaje imborrable. También el tiuque se ve forzado a adaptarse al entorno hostil del asfalto, el espacio escatimado, reducido, desde el que atisbar el aire usurpado. En esa bruma avanza la memoria, en ese trukur en el que lo que denominamos concreto se difumina y podemos adivinar aún el espíritu, el eco antiguo que resuena hondamente para volver a despertar. Por eso Desviaje se presentó en We txipantu, y no es una propuesta solitaria. El txiwke que despliega sus alas en la portada del libro de Antilef es una foto de Patricio Saavedra que es emblema de ese retorno, de esa exposición, mari küla küyen, trece lunas, que desde la ciudad, desde la waria, se conecta con la tierra que late bajo los adoquines, con el txukur que se mezcla con el.smog en las calles de Temuko, con las luces fantasmales, con los árboles fantasmas que sún nos susurran poemas al oído diciendo wiñotuaiñ, volveremos. Las cosas naturales vuelven siempre, y por eso el sol nuevo del we txipantu es hoy, todavía, siempre, renacimiento, reconexión, grito, wirar, ül, canto en la voz de Angélica Llancafil, piedra preciosa sonando en la Serpiente, hilo de agua que nos lleva de vuelta a la sangre luciente del sol.
Tal y como explica Aguirre Delgado (2026), las luciérnagas, tan escasas, fueron multiplicándose gracias a las conexiones que se fueron estableciendo entre los artistas del grupo Sedimento, y que nos invitan también a conectarnos. Estas líneas quieren ser también el reflejo cordial, no aparente, de esa vinculación.
Esta muestra va a contracorriente del individualismo que se olvida del agua del río y de lo natural, que se olvida de la luz de la luna en las lunas neónicas de la ciudad (Trecaman, 2012) y aprovecha los moldes engañosos de la publicidad para subvertirlos y redirigirnos la mirada más allá de los estrechos límites citadinos, la ficción urbana que se pretende ajena al territorio. Es ahí donde el tiuque puede ser un guía en medio de la bruma para volver:
Las fotografías que habitaron el espacio durante la noche tenían su propia historia. Varias giraban en torno al tiuque, ave de rapiña que aparece tanto en los campos del sur como sobrevolando ciudades, y que en esta obra funciona como símbolo del desplazamiento entre mundos. Una imagen en particular mostraba al tiuque casi disuelto en la niebla densa -trukur en mapuzugun- en la comunidad donde vive Saavedra.
The photographs that inhabited the space during the night carried their own histories. Several revolved around the tiuque, a bird of prey that appears both in the southern countryside and soaring over urban landscapes. In this work, the bird functions as a symbol of displacement between worlds. One image in particular showed the tiuque almost dissolved in the dense fog—trukur in Mapuzugun—within the community where Saavedra lives.
(Aguirre Delgado, 2026)
La sociedad occidental nos exige ubicarnos de una determinada manera, plegarnos a ciertas exigencias que parecen naturales, pero en realidad nos desligan de lo natural. Ubicarse, situarse, y esta es la invitación de esta muestra, tiene que ver con ser consciente del lugar donde se vive y la historia que le precede, lo que en mapuzugun se denomina inarumen, una contemplación detenida de cuanto acontece, de cómo avanza la sombra de la montaña para avanzar con ella, de cómo el monte nos mira desde el final de la calle. Me dijeron: ¡ubíquese!; yo soy muy obediente: giré, miré los montes, siempreverdes al final de la calle; borré el rumor del tráfago, adiviné la luna y los planetas y me dije: aquí estoy, este es el centro: aquí escucho la lengua de la tierra, aquí me ubico (((mis ramas resplandecen))).
Las 13 lunas presentes en la instalación, 6 de ellas fotografías de Patricio Saavedra, otras seis en obras pictóricas y cerámicas de Álex Mellado, y una encarnada en la voz de Luz Angélica Llancafil, tal y como expresa Iván Antilef, no avanzan, regresan (2016, p. 42). Esto está relacionado, tal y como explica Lienlaf (2026) con una concepción del tiempo circular, espiral, que supera la linealidad occidental. Dentro de las poéticas mapuche, la propuesta textual de Antilef parece proponer una síntesis entre las poéticas diaspóricas y las poéticas del retorno que planteara Figueroa (2017) basándose en Niño (1998), porque aquí diáspora y retorno son, más que opuestas, complementarias, ya que el retorno implica la diáspora. Pero más allá de etiquetas o conceptualizaciones abstractas nos encontramos aquí con una propuesta que se erige desde la resistencia comunitaria, desde la amistad, la coordinación de distintas visiones artísticas y poéticas que son capaces de superar la competitividad y el nihilismo capitalista (Gómez Muller, 2016), una propuesta multiplicadora de las luminarias para que aprendamos a ser más ojos encendidos en la noche vegetal.

______________________________________
REFERENCIAS
—Aguirre Delgado, X. (20 de de 2025). Luciérnagas en La Serpiente: el colectivo Sedimento ilumina Temuco con su primera muestra de arte mapuche. Escritores y Poetas en Español. http://www.letras.mysite.com/xagu080726.html
—Antilef, I. (2026). Por otros Lof. Los caminos del des-viaje. Edición del autor.
—Catriquir, D. & Llanquinao, G. (2017). Wiñon antü zugu. Fenómeno natural, de vida y de kimün en el mapunche rakizuam. En Becerra, R.& Llanquinao, G. (Eds.), Mapun kimün: Relaciones mapunche entre persona, tiempo y espacio, pp. 119-136. Ocho Libros.
—Gómez Muller, A. (2016). Nihilismo y capitalismo. Desde abajo.
—Figueroa, D. (2017). Poéticas mapuche. Lecturas interculturales de la poesía mapuche actual. (Tesis Doctoral).
Universidad de Concepción. Facultad de Humanidades y Arte.
—Lienlaf, L. (2018).
La luz cae vertical. Lumen.
—Lienlaf, L. (2026). Mari küla küyen / 13 lunas. [Texto curatorial] NAISA.
—Niño, H. (1998). Poética indígena: diáspora y retorno. Cuadernos de literatura, (IV), 7-8: pp, 213-228.
—Ñanculef, J. (2016). Tayiñ mapuche kimün. Epistemología mapuche – Sabiduría y conocimientos. Universidad de Chile.
—Quidel, J. & Hernández, A. (2026). Ta iñ Ngütramkayam Mapuzungun mew. Para que conversemos en mapuzungun. Ediciones Universidad Católica de Temuco.
—Trecaman, M. (2012). Entre lunas neónicas. Comarca.